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martes, 17 de abril de 2012

SANTÍSIMO DIOS...


No puedo generalizar, en mis treinta y un año de vida he pisado una gran cantidad de templos. Recuerdo, incluso, que a mis nueve años fui “un niño predicador” y eso me permitió pisar “los altares” de una gran cantidad de templos. Así que no puedo generalizar, he pisado algunos en los que se permite pensar, en los que uno puede expresarse, en los que la interacción es real y no conveniente. Pero sigue siendo mayor la cantidad de templos en los que la libertad sólo es un concepto conveniente que esclaviza.


No sólo la libertad es un concepto conveniente; en muchos lugares y a través de los labios de muchas personas, “dios” sigue siendo una idea, un instrumento, un método y hasta una credencial que acredita a sus portadores para validar las más retorcidas doctrinas que fomentan desigualdades y conflictos sociales…


Así que si hoy tuviera que iniciar mi oración con una frase como "santísimo dios", como condicionan en algunos templos, sería para decirle al dios de esos templos: 


"Santísimo dios, deja tus vestiduras santas en tu cielo y ven acá, ven dispuesto a ensuciarte mientras jugamos fútbol en alguna cancha abandonada, con los adolescentes de mi barrio o en algún terreno cubierto por la maleza, ven y juega con ellos que desesperados y en silencio anhelan un mejor porvenir... 


Ven y prueba nuestra versión del cielo, a lo mejor y te quedas aquí con nosotros. Sal de los templos un rato, míralos desde afuera, contempla la majestuosidad de esos templos y compáralos con los ranchos improvisados situados en esos lugares que con desprecio, muchos de los que entran a los templos, llaman “invasiones”. Si te llenas de ira, al comparar los lujos de esos templos y la pobre condición de muchos habitantes de las invasiones, prometo no juzgarte, no podría porque conozco la ira e incluso la impotencia. Pero si bajas de los cielos y sales de los límites de los templos quédate unos días y pasea por las calles de la América Latina, así podrás ver cómo el mundo está girando; tal vez escuches los gritos de los que dicen estar ofendidos, pero no te confundas, a ellos les ofende el hecho de que ya no podrán seguir abusando de las tierras que no son suyas, de la libertad que no puede seguir siendo administrada... 


Baja de los cielos, que a lo mejor te seducimos con el porvenir que vislumbramos, ven y junto a nosotros conviértete en prisionero de esperanzas...


Por un rato vístete de identidad latina y quédate en nuestras tierras a escuchar la lluvia bajo los techos de lata, quédate a escuchar a nuestros ancianos hablando de "aquellos tiempos", quédate y observa cómo el mundo va girando y nuestras tierras latinas van librándose de las cadenas y rastros del coloniaje... De paso, observa cómo vamos silenciando las voces de esos que dicen hablar en tu nombre, y que en tu nombre están saqueando los barrios, las familias, ven con nosotros a silenciar a esos que están robando con palabras santas el sustento de las familias, el salario que, con tanto trabajo, algunos adquieren... 


Ven y mira cuan absurdas se vuelven esas escatologías que se prenuncian en tu nombre... A lo mejor y termines brindando con nosotros mientras reímos de lo cruel que han sido quienes dibujan tu rostro... Conozco lugares en los que se puede estar tranquilo, en los que no importa si eres un dios o un mortal, no importa tu color de piel, no son templos, pero puedes sonreír y conversar hasta el amanecer… Siéntate un rato en una de nuestras plazas y admira cuán grandioso es ser humano, aunque muchos se obstinan en desconocer tal grandeza.


Ven y denunciemos juntos, acompáñanos a sabotearle el juego a quienes deberían fomentar el bienestar común y contrario a eso se aprovechan de sus posiciones para explotar y colonizar..." 

Esa sería mi oración y definitivamente no la pronunciaría dentro de algún templo, pues a veces pienso que en ellos dios está obligado a guardar silencio o a responder convenientemente...

sábado, 17 de marzo de 2012

¡BENDITO CIEGO Y BENDITA MUJER!

¡Benditos los ojos del ciego! La oscuridad que nublaba disipada fue… Bendito ciego, que se atrevió a responder un “qué quieres que te haga” pronunciado por el mismo cielo… ¡Qué suerte la suya! Llamado desgraciado, apartado del redil, obligado a estar lejos… Los prejuicios de los hombres lo arrinconaron, arrojándolo a los brazos del Cristo…

Échame pues, lejos de los rediles; nómbrame desgracia y vergüenza, dispara tus dardos, tonto prejuicio… Que dices estar más cerca del cielo, que dices que mio es el infierno… Ni cielo ni infierno, míos son los caminos que tanto desprecias. ¡Cobarde! Le temes a la verdad, por eso le das la espalda a la agonía de no tenerla, por eso te escondes entre las luces que tú mismo enciendes, para protegerte de las sombras inciertas y de la verdad que a nadie le pertenece…

Bendita la mirada de aquella mujer… Ella que vio la bondad que no administra, que no esclaviza ni condiciona… ¡Mujer bendita fuiste! Que tu vergüenza impuesta, que no era tuya, ridiculizó la arrogancia de aquellos que se impusieron frente a ti… Mujer libre, tu libertad amenazó la esclavitud de los hombres, y ellos con piedras quisieron callarte. Pero el silencio te exaltó, el silencio del Cristo pronunció tu nombre. Adúltera te llamaron ellos, pero él te dijo mujer, mujer sé libre, mujer ve en paz…

Ven frente a mí tonto prejuicio, con tu disfraz de siervo, con tu pretexto de santidad… Ven con todas tus excusas y apunta tus piedras; que uno viene a llamarme libre… Su silencio pulveriza tus piedras que ya no hieren porque me dijo “ve en paz”… Ven pues y alimenta tus fronteras, y llámanos pobres a los que andamos afuera, pobre eres tú y pobre tu dios que depende de ti.

Un ciego y una mujer escucharon su voz para ser libre; y tú, por la misma voz reprendido… Sujeta con fuerzas tus piedras y apunta en mi contra porque te lo diré: yo prefiero ser ciego y adúltero y no encarnarte a ti, tonto prejuicio…

domingo, 11 de marzo de 2012

HECHOS 8: 26-40, UNA LECTURA LEJOS DEL REDIL...

La primera vez que estudié “Historia Eclesiástica” fue más bien una catedra de adoctrinamiento para mí. La profesora, licenciada en teología y acreditada por la misma institución para la labor pedagógica, partió desde el presupuesto de que la iglesia “primitiva” fue la institución que el Cristo fundó, que su ministerio, su muerte y resurrección apuntó a la institución de la iglesia y a su organización, y que ésta es reconocida en la Escritura como “la esposa del cordero”. Al mismo tiempo yo veía materias como “Epístolas I”, “Escatología”, “Hermenéutica” entre otras. Todo el sistema educativo de la institución subordinada a una enorme organización de escala internacional, estaba destinado a fabricar “creyentes con una fe sólida e inquebrantable”. Así pretendieron que yo aceptara “el modelo primitivo de la iglesia” como uno impuesto por Dios, porque era descrito en las “Sagradas Escrituras”, inspiradas por el mismo Dios. Pero yo tenía un gran problema: desde mis trece años venía anidando amargura en mi corazón en contra de los presupuestos establecidos pues iba descubriendo a través de mis experiencias que ellos mentían.

El concepto de iglesia era condicionado, se reconocía que el creyente era la iglesia del Cristo, pero sino comulga las normas de una congregación local, y no se reúne en las iglesias, así nombradas en rótulos, entonces en nada es iglesia de Cristo. Se enseñaba a los “futuros teólogos” a no cuestionar, pues para aquellos hacer teología es repetir los presupuestos heredados, lo demás es herejía. Y así, mi romance con la teología de aquellos terminó; pasé a ser un “hereje”, un “contrario a la fe”, a veces “ateo”, otras veces “perdido y confundido”, “zarandeado por satanás”, “descarriado”, “indigno”, “débil”, “siervo del anticristo”, “cortado de la congregación”, y en una oportunidad hasta por escrito fui “oveja negra, rebelde y desobediente”.

Hoy estoy lejos del redil, sí, del redil de aquellos. Ellos sostienen que el Cristo es el pastor de ese redil, aunque desde acá los observo desconociendo el amor pastoral del Cristo, yendo en contra del derecho a la diversidad, de la igualdad del prójimo, desconociendo la responsabilidad con el bienestar social y la construcción de mejores escenarios para la sociedad. El asunto es que lejos del redil mi fe no está condicionada, y a pasado a ser como un grano de mostaza, pequeña, débil, dispuesta a la renovación y transformación; tan débil y endeble que con ella no puedo apuñalar al prójimo y condenarlo con pretensión a un lago de fuego o qué se yo; tan débil es mi fe que no puedo asegurar que el Cristo apuntó hacia la construcción de un sistema o institución, tan débil que puedo observar su amor como base para el progreso social, para un mejor porvenir, tan débil que no tengo aliento para contradecir lo que él en actos y palabras demostró.

Pero hoy, lejos del redil quiero leer Hechos 8: 26-40.

¿Lo has leído? Yo lo leí decenas de veces mientras mediante la historia eclesiástica se me vendía la eclesiología como sagrada, mientras se me enseñaba que sin iglesia institucionalizada en el escenario mundial el apocalipsis se hacía más inminente, mientras me decían que no importaban los errores en las estructuras de la iglesia institucionalizada, que no estaba llamado a cuestionarla, pues lo importante era ser parte de ella para “no perder la salvación alcanzada”. La hermenéutica que me enseñaban al mismo tiempo y ritmo que la historia eclesiástica sirve como pilar para las doctrinas que defienden la institución eclesiástica como elemento vital del cristiano. Así que mi lectura de Hechos 8: 26-40 estaba estigmatizada y en cierto grado viciada. Incluso, las palabras del Cristo como “sígueme” eran fórmulas hermenéuticas al servicio de la institución que no debía ser cuestionada y cuyas doctrinas debían ser respetadas porque ellas eran garantías y ayos de la salvación.

Me pregunto hoy, débil de fe y enfermo de dudas, qué era aquel “sígueme” pronunciado por el Cristo. “Sígueme” tal vez era un “huye”, “escapa”, “ven por este camino que es libertad”, “sacúdete las enfermedades del sistema”, “no le temas a las etiquetas”. Cristo se convirtió en la opción no oficial de su época, se convirtió en el camino contrario a las normas y la institución, el Cristo fue el “hereje” (sólo que ese término aun no era empleado), se convirtió en el “pastor de los descarriados”. “Sígueme” fue un desafío, porque así es la libertad, es un constante desafío. Y sé que la hermenéutica ortodoxa abusa del “sígueme” para apuntar hacia el camino a la institucionalidad de la iglesia. ¿Pero entonces cómo explicarían la aparente contradicción entre el “sígueme” y el “ve en paz” pronunciados por el mismo Cristo? En una frase el Cristo parece adherirlos a él y en otra parece arrojarlos en sentido contrario a él. Esta aparente contradicción es una burla a la hermenéutica ortodoxa. (Y a veces me gusta pensar que el Cristo lanzó esas burlas desde su presente hasta nuestro futuro para demoler las pretensiones dogmáticas). Y esta aparente contradicción nos dice que su “sígueme” no era una especie de condición, sino una opción contraria a la oficial, a esa que se sostenía sobre pilares fuertes, tan fuertes que resultaban en opresión al pueblo.

Ir en paz es igual a seguirle, y sólo se puede ir en paz cuando contemplamos su rostro frente a nosotros, rostro que nos habla de bienestar y libertad. ¿Cómo contemplamos el rostro del Cristo? Alguien me dijo en estos días que el Cristo no está en medio nuestro porque no ha salido por CNN, sin embargo, el Cristo está caminando por las calles de la América Latina, está extendiendo su mano a través de individuos que se han arrojado a las calles para construir un mejor porvenir, a través de grupos que no tienen interés en que se les reconozca como “camino oficial” o “interpretación oficial” sino que más bien están interesados en que se conozca el ejemplo del Cristo y sus palabras y actos como una canción para el bienestar.

La historia relatada en el libro de hechos es otra burla a la hermenéutica ortodoxa y su pretensión proselitista. Felipe recibe instrucciones que lo acercan a un etíope, y no a cualquiera, sino a un funcionario de la reina. El etíope iba a Jerusalén a adorar y según el pasaje iba sediento e interesado en comprender las Escrituras. Felipe le explica, responde a sus preguntas, le habla del Cristo y lo bautiza. Pero no tuvo tiempo de señalarle a dónde ir, no pudo apuntarle la dirección de una iglesia, no le habló de la “necesidad de congregarse para su salvación o crecimiento”, al parecer no era prioritario el tema pues mientras pudo haberlo hecho y no lo hizo, y al parecer a quien lo envió a esa misión tampoco le interesó pues antes de que pudiera hablarle al respecto fue arrebatado y el etíope no lo vio más. Y lo último que se dice del etíope es que “siguió su camino con gozo”.

No dejo de pensar desde hace tres días en el etíope, en su camino de búsqueda, tropezando con un Felipe cuya vida no estaba vendida a ningún sistema. Tuvo suerte el etíope, en nuestro tiempo la opción de seguir su camino gozoso habría sido condicionada... Es como el "ve en paz" del Cristo... ¿A dónde apuntaba su "ve en paz"? ¿A dónde señala su "ve"? ¿Y su "sígueme" en congruencia con el "ve", a dónde nos enviaría?

También me dijeron hace días que me seduce la teoría del caos, que promuevo la anarquía. Me han dicho tantas cosas, y no estoy en la obligación ni me preocupa en lo más mínimo excusarme o dar explicaciones a quienes las exigen con arrogancia. Sin embargo, más que el caos y la anarquía me seduce el Cristo y su libertad, me seduce la idea de que congregarse sea mucho más que vendernos a un sistema que pudre el alma humana y origina actitudes inhumanas, actitudes fronterizas, separatistas, dogmáticas, egoístas. Me seduce más la opción de seguir nuestros caminos con gozo, de ir en paz, de seguir a un Cristo que en nada se parece al que me venden muchas instituciones. ¿Me seduce la llamada “iglesia primitiva”? Mucho más que las expresiones actuales de “iglesia”, pero no la veo como un modelo impuesto, sino como una respuesta al contexto, basada en la actuación y las palabras del Cristo. Creo que nuevas respuestas deben surgir, respuestas a nuestra época, al contexto, respuestas a los problemas hoy, respuestas basadas en las palabras y actuación del Cristo.

Pero ¿se puede institucionalizar? Siempre y cuando la institución sea un reflejo del Cristo y no una construcción que opaca el esfuerzo renovador y en beneficio del hombre, que hizo el Cristo, siempre y cuando la institución siga el ejemplo de ser el sentido contrario a la opresión en todas sus expresiones, incluso en su expresión eclesiástica... De cualquier forma es sólo mi opinión, tal vez otros tienen mejores respuestas...

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Y SI DIOS ES?

¿Y si Dios es duda y oscuridad? ¿Y si él es silencio y soledad? ¿Y si Dios es valle de sombra y no sólo la compañía en el valle? ¿Y si Dios es sed? Esa misma que habló en la cruz, ese "tengo sed" que agonizaba. ¿Y si Dios es debilidad? Esa de la que hablan algunos solamente para intentar resaltarse.

¿Y si Dios es la sonrisa de la abuela que sigue viva alimentándose de tus logros y con orgullo hace de tu esfuerzo un mito entre sus compañeras mientras juegan bingo? ¿Y si Dios es la hermosa mirada de tu hijo de siete años, cuando te ve llegar ignorando que con impotencia y frustración te limitas al régimen de visita impuesto por el Estado tras tu divorcio? ¿Y si Dios también es el suspiro de la mujer que amas cuando te ve llegar? ¿Y si es el abrazo de tus padres cuando después de largos meses vuelves al pueblo?

¿Y si Dios es esa sonrisa que se te escapa un viernes por la noche cuando estás reunido con tus amigos compartiendo una pizza mientras ven una película? ¿Y si Dios es ese saludo tímido que arrojas al otro lado de la calle y que es correspondido por ella? ¿Y si Dios es ese "todo estará bien" que pronuncia tu amigo, ese "todo estará bien" tímido e inseguro pero deseado y necesitado? ¿Y si es la tranquilidad que sientes cuando es pronunciado aunque esa tranquilidad dure sólo un segundo? ¿Y si Dios es ese "te amo" que cuando lo pronuncia ella hace que la oscuridad y la luz sea un mismo elemento en los atardeceres? ¿Y si Dios es el llanto de tu hijo que recién nacido se anuncia en tu existencia?

¿Y si Dios es el abrazo de tu hijo menor, de cinco años, que un lunes en la noche te redime de todas tus culpas? ¿Y si es ese segundo que disfrutas tomando la mano de la chica que amas? ¿Y si es la espera mientras se acerca el momento que tanto soñaste? ¿Y si Dios es ese mate que compartes con tus amigos un sábado en la tarde? ¿Y si es el café que te tomas a las seis de la mañana antes de salir al trabajo mientras piensas que todo está mejorando?

¿Y si Dios es esa alegría que resplandece con vida propia cuando estás conversando con alguien que apenas conoces y te das cuenta que han recorrido las mismas veredas, sin coincidir, hasta llegar a un mismo escenario? ¿Y si Dios la melancolía que susurra en tu alma un "pronto llegarás a tu hogar"? ¿Y si Dios es esa sed de hogar y el sentimiento de peregrino que te impulsa a seguir caminando?

¿Y si Dios es un dibujo torpemente trazado por tu hija de seis años con el que intenta reflejar como te percibe y te siente a su lado? ¿Y si Dios es esa pregunta de tu amigo ateo que te desestabiliza y te hace pensar que tal vez Dios no es como piensas? ¿Y si Dios es la primera lluvia de mayo, esa que cae justo cuando llegas al pueblo de tu niñez después de meses de ausencia? ¿Y si Dios es ese soplo que apuntas contra las velas del pastel de cumpleaños, soplo que esparces con felicidad porque están todos tus amigos y toda tu familia a tu alrededor?

¿Imagina usted un sistema que se apoye en estas débiles figuras acerca de un Dios? Sin duda, no sería un sistema sino un escenario, y la fe sería entonces un clamor silencioso carente de orgullo...

sábado, 18 de febrero de 2012

UN ASALTO QUE LOGRÓ DESPERTARME...

Las siete de la noche, la luna llena anunciaba una noche tranquila y oscura. Salimos del trabajo y por ser viernes estábamos apurados por llegar cada uno a su destino para tomar las riendas de nuestro descanso y derrochar el fin de semana cada uno a su manera. Éramos tres compañeros de trabajo trasladándonos de una ciudad a otra en un transporte privado.

El auto venía fallando y apagándose, luego de quince minutos de viaje se apagó en un punto de la intercomunal entrando a la ciudad de Cabimas. Tres minutos transcurrieron, rápidos, fugaces, ni siquiera se notaron. Tres jóvenes de edades comprendidas entre dieciséis y dieciochos años, cada uno con un arma en sus manos, se acercaron al auto; dos se montaron en los asiento de atrás y uno me apuntó a mí que iba delante. Nos despojaron de nuestras pertenencias, yo conversaba con el que estaba a mi lado y le decía que estuviera tranquilo que no había necesidad de violencia pues podían llevarse lo que quisieran. Uno de los asaltantes que estaba detrás decía: “rápido, rápido, que tengo hambre…”. Amenazaron con llevarse el auto, pero notaron la falla y no quisieron arriesgarse. Fuimos astutos al lograr salvar nuestros teléfonos celulares y nuestros documentos personales (solo uno de los nuestro no pudo).

Cuando todo pasó, nos miramos las caras, vimos a los tres delincuentes alejarse. El auto encendió al instante. “¿Todo está bien?” “¿No golpearon a ninguno?” “¿No te faltaron el respeto?” (Preguntamos a la chica que iba con nosotros). Respiramos profundo. Y luego sonreímos porque salvamos la vida.

Mientras nos apuntaban y nos despojaban yo pensaba en mis hijos, pensaba en mis proyectos. En segundos me pregunté qué sería de mis hijos si esa noche un disparo hubiese acabado con mi vida. No sentí miedo, sentí agonía. Traté de mantenerlos a todos en calma y de hablar con el que me apuntaba, para que no recurrieran a la violencia y con nervios hicieran un disparo. Al llegar a casa no hice reproches. Recordé que siendo adolescente, e inmerso en las veredas ortodoxas del cristianismo heredado, fui victima de un asalto y en esa oportunidad lo primero que pensé después del trago amargo fue “cómo puede Dios permitir que estas cosas pasen”, luego pronuncié una estúpida oración de juicio en contra de los delincuentes. Pero esta vez no, todo fue diferente.

Creo que somos irresponsables al pensar que es Dios quien permite estas cosas o que es su descuido el que las propicia, creo que somos más irresponsables al responder con violencia o con ira frente a estas situaciones. Seamos honestos, asumamos nuestras culpas. ¿Qué estamos haciendo para que la sociedad sufra una transformación positiva? ¿Orando? Creo que la mejor oración es ser respuesta a la problemática social de nuestro entorno. Me sentí responsable del asalto, yo lo propicié. ¡Claro! Yo, por no hacer más de lo que creo que debo hacer para que mi entorno sea mejor. Pienso mucho en mis hijos, hace unos días conversaba con un amigo y le decía que por estar divorciado y no tenerlos todo el tiempo a mi lado siento una deuda inmensa con ellos en todo momento; quiero para ellos un mejor escenario de vida, una sociedad sin delincuencia, en la que los prejuicios religiosos no sean la constante, una sociedad humana, dispuesta al cambio para mejor, con un porvenir cada vez más claro y hermoso. Quiero que mis hijos me recuerden como alguien que hizo notar su cariño por ellos, que intentó, en congruencia con sus oportunidades, darles como herencia la tranquilidad de vivir en libertad.

Creo que se puede construir un escenario mejor si cada uno, en nuestro entorno, asumimos la responsabilidad social que nos corresponde. Si intentamos según nuestros medios y oportunidades aportar para el bienestar común, desarrollando programas sociales a favor del necesitado, del desmejorado, si nos abocamos a dignificar la vida.

No puedo concluir sin hacer un llamado a las instituciones cristianas, disculpen mi tonta ilusión de que se logre una evolución en tal institución que la desvíe o la haga transitar por el camino del bienestar social. Yo creo que si las instituciones cristianas, los templos que se hacen llamar “iglesias”, los “íconos” que se autonombran o son nombrados dentro de la esferas cristianas como “representantes del cristianismo”, si todos ellos se unen para hacer un aporte a la sociedad, para desarrollar y financiar programas de bienestar, algo grande podrá hacerse, un gran avance podrá lograrse. Creo que de esa forma se redimirían del “pecado de hacerse llamar representantes de Cristo” mientras le dan la espalda a la sociedad y sacan provecho de sus fantasías, sometiendo ideológicamente a otros… Pero mientras ellos se deciden, nosotros hagamos lo nuestro, lo propio, lo que está a nuestro alcance… Y por supuesto, reconozco que algunos grupos pequeños, algunas instituciones que van naciendo, están comprometiéndose con la sociedad y el bienestar…

No quiero hablar mucho al respecto por ahora, pero esa experiencia me hizo tomar decisiones y dar un paso adelante en los terrenos de algunos proyectos que no he culminado…

viernes, 3 de febrero de 2012

LUCAS 7:11-17, UNA LECTURA LEJOS DEL REDIL.

En esta oportunidad y con mucha humildad quiero dedicar esta nota, como una expresión de cariño y gratitud, a Manuel Tovar, su esposa Miriam y su niña Gracia Libertad...

El evangelio según San Lucas relata una sorprendente historia y la biblia versión Reina-Valera, revisión 95, la titula: Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín.

Repito, es una historia sorprendente. La ocasión que se teje es digna de una buena lectura. Yo me senté cómodo, aproveché la soledad y el silencio e intenté caminar por la calles de Naín.

Una gran multitud conquistaba las calles. ¿Un evento? Sí. ¿Un buen evento? No.

Es una danza que atraviesa las calles, es la danza de la muerte. Y a su paso tributos de gemidos y lagrimas, los “¡Ay Dios mío!” que hablan de esa rebeldía que no permite la comodidad de la resignación, que indican que lo sucedido todavía tiene olor fresco, fresco pero no agradable. La víctima una viuda, que no solamente se enfrenta a diario contra la ausencia del marido, sino que ahora va sumando la partida de un hijo, por quien va danzando la muerte. El hijo que perdió era su único hijo, quedó sin familia. ¿Esperanzas? ¿Qué esperanzas podría tener? ¿Una resurrección? Ni en sueños, esas cosas han sucedido en siglos, ¿por qué sucederían ahora?

Yo voy por las calles, soy parte de la multitud que va junto a la viuda. Voy lamentando la situación, siempre he lamentado la muerte, lo lamento por el vacío que deja y que no es fácil de comprender. Hace dos años perdí a un amigo, un hermano, su partida me dejó una lección, me enseñó a valorar la muerte; cuando uno le da valor a la muerte se esfuerza por vivir con sentido, por dejar huellas, por amar con tanta intensidad y pasión que ese amor siga latiendo aun después de la muerte. Eso me lo enseñó él, que invirtió cada día en amar y en su eternidad. Pero sigue doliendo, voy caminando por Naín y voy recordando a mi amigo, sintiendo el vacío a pesar de la lección que me regaló. No sucedió un milagro, él no se levantó de entre los muertos, nunca he visto que algo así suceda, por qué sucedería hoy.

De repente pienso en las historias que escuché de profetas y ungidos por Dios que resucitaron muertos. Recuerdo la historia de Eliseo y la viuda de Sarepta. Pero, ¿podría suceder hoy? Pienso en el presente, todavía soy parte de la multitud que sigue a la viuda. Los profetas han desaparecido, no se habla de milagros, los ungidos fueron remplazados por “maestros”, “escribas”, “fariseos”. Ellos representan la autoridad y la voz de Dios. Si algún milagro va a suceder tendría que venir por medio de ellos. Pero ellos, ellos… Ellos no andan caminando por las calles buscando oportunidades para resucitar a alguien, no están interesados en dar consuelo, ni siquiera saben que existe la viuda, no van caminando con nosotros.

Pero un profeta ha salido a las calles, va caminando. No está en un templo esperando que lleguen las viudas a llorar sus muertos, no está interesado en sacrificios ni en control. Va por las calles, seguido de una multitud también, con él danza la vida, la esperanza, detrás de él los “¡Ay Dios mío!” tienen otro tono, de alegría, de asombro. Desde aquí veo su rostro, acaba de afligirse, se le nota en el rostro. Es que ha visto a una viuda llorando a su hijo, sin esperanza, tal vez también me ha visto a mí, lamentando la ausencia de profetas en las calles de Naín.

No lo creerán, pero Jesús, el Cristo, se detuvo frente a la viuda y le ha dicho “no llores”. ¿No llores? Sí. Y de inmediato resucitó a su hijo.

Sigo dentro de la historia, han pasado días. Hay un gran alboroto en la ciudad. La viuda cuenta una gran historia, jamás será olvidada, y yo, yo… Yo sonrío, existe uno que no anda buscando beneficios egoístas, que no está encerrado en un templo, que ha hecho de su vida un milagro para otros. Y pienso que sí hay esperanza, un mejor porvenir se asoma, tal vez pueda construirse una sociedad más calurosa, más unida.

Pero no sigo en la historia, y aquí lejos de Naín, muchos que dicen ser la autoridad y voz de Dios andan buscando beneficios propios, persiguiendo visiones de prosperidad que pretenden alcanzar mediante la esclavitud de otros. Estoy en la América Latina, donde los criollos, los de casa, los que deberían ser nuestros hermanos, se adhieren a teologías y doctrinas que no nos pertenecen y que solo sirven de armas en contra del bienestar común. Son expresiones de la colonización, y están colonizando como si fueran una nación extranjera, golpeando a los de casa. Algunos lo hacen sin saber que lo hacen, es la herencia que recibieron y no tienen la capacidad o no están interesados en desconocerla.

Viudas se van lamentando por las calles, huérfanos, divorciados, abandonados, víctimas de la pobreza heredada… Una legión de desafortunados va caminando, y los templos están repletos, muchos de los que están en los templos podrían juntar una fortuna para poner a andar un programa social a favor del bienestar, otros tantos tienen la fuerza para cumplir un trabajo comunitario significativo; pero están en los templos, dando gracias por la abundancia y rogando por los pobrecitos desdichados, y muchas de estas oraciones son solo una “lavadita de manos”, un argumento para silenciar la responsabilidad.

¿Hay esperanza? Sí. Claro que la hay. Cristo no se ha quedado en el templo. Yo sonrío, porque él viene por las veredas de la América Latina, y viene sintiendo compasión. Lo sé porque voy viendo grupos de personas a quienes el cristianismo heredado acusa de herejes, de contrarios, de minoría; éstos son despreciados pero no les importa, no pueden tocar a todas las viudas, pero hacen lo posible. Vienen dando el ejemplo, y sospecho que terminarán seduciendo a parte de la mayoría, los templos tendrán que convertirse en centros de refugio, en comedores sociales, en centros educativos, en oficinas para desarrollar programas sociales, tendrán que proclamar en los templos un evangelio congruente, un cristianismo ligado a Cristo, eso o se quedarán vacíos.

La América Latina gritará como se grita en la calles de Naín: “Dios ha visitado a su pueblo”. Será escenario de un avivamiento real, no de esas payasadas, de esos eventos que duran tres días y que solo sirve de escenario para la promoción de nombres y títulos, no de esas campañas proselitistas; será escenario de un avivamiento real, uno que dejará vacíos los templos porque nadie querrá perderse de la transformación social que estará ocurriendo en las calles… Y no estoy profetizando no declarando, no estoy adivinando el futuro, estoy leyendo el presente, lejos del redil, viendo el inicio que hace deducible y obvio un mejor porvenir…

jueves, 2 de febrero de 2012

VOLVÍ A LEER MATEO 9:1-8.

No es fácil leer un libro como la biblia cuando se está inmerso en un mundo en el que todo ya se ha dicho y las verdades han sido definidas. Claro, depende desde el punto de vista del lector. Hace diez años era fácil para mí, era una ventaja saberlo todo ya, conocer “el pensamiento de dios y la intención de su pensamiento” en la “Palabra”; pero luego, cuando descubrí que el llamado “pensamiento de Dios” no era más que una idea construida y aceptada bajo el régimen llamado “tradición”, comenzó a estorbarme todo lo pre construido y pre establecido, entonces la biblia se me volvió complicada.

Dicen que estuve y algunos aseguran que todavía estoy “descarriado”, y es cierto; lo estuve cuando acepté los límites que me mantuvieron dentro de aquel redil de normas y estatutos, de tradiciones y costumbres, cuando “congregarme” bastaba pues no estaba “como muchos tenían por costumbre estar”; y también es cierto que todavía lo estoy, es que sigo andando por los caminos, lejos del redil, aunque prefiero llamarlo mi hogar, porque quiero pensar que al llegar lo sentiré mi hogar. Pero a pesar de que la biblia se me volvió algo complicado la he mantenido cerca de mí. No la considero “mi regla de fe”, es que ni siquiera considero que tengo fe. Contrario a eso reconozco y aseguro que a diario me azotan las dudas y no creo que la biblia pueda tener todas las respuestas, de hecho no se si existan las respuestas a todas mis dudas. Estar consciente de mi condición me ha ayudado, me permite estar atento en el camino y no olvidar que sigo siendo forastero.

Y hoy, en medio de mi andar, volví a leer Mateo 9:1-8.

Jesús volvió a su ciudad y le llevaron un paralítico tendido en una camilla. Es posible que muchos reconozcan la historia en este punto, en la biblia la titularon “Jesús sana a un paralítico”, pero no fue el acto principal de ese relato. Desde mi punto de vista y no “desde mi verdad” (pues no tengo verdades, sino muchas mentiras que me rodean y que son partes de lo que soy hasta ahora), el verdadero milagro no fue la sanidad del paralítico sino las palabras de Jesús.

Jesús ve al paralítico y a sus amigos y le dice al infortunado: “ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados”.

Mientras leía las palabras de Jesús pude ver los ojos del paralítico, del infortunado que no solo padecía una enfermedad física, sino que también llevaba dentro de sí el sentimiento de culpa, sentimiento profundo que puede matar el alma y entristecer para siempre la mirada, y cuando la culpa entristece la mirada todo lo que miras lastima, el pasado lastima porque te acusa, te condena, el presente lastima porque está encadenado y no hay alegría y el futuro porque solo te esperan días tormentosos, que azotan y siguen lastimando. Jesús vio dentro del hombre paralítico, y seamos honestos y realistas: no se necesita ser “el hijo de Dios” para saber que un paralítico, incrustado en una sociedad que señala de pecador a los infortunados y enfermos, se debe sentir culpable por su condición.

El paralítico necesitaba sanidad, es cierto. Pero más necesitaba redención, consigo, con su pasado, su presente y futuro. Necesitaba sanar su mirada. Podía sanar pero aquella sociedad lo seguiría llamando “el paralítico”, y no disfrutaría de la bendición recibida. Yo no se si Jesús tenía intención de sanarlo. Pero el narrador nos cuenta que algunos escribas decían entre ellos que Jesús “blasfemaba”. Por acercar su voz a un paralítico y decirle que el pasado no seguiría condenándolo, por eso blasfemaba; a ellos les molestaba la redención, tal vez porque bloqueaba su principal herramienta de proselitismo y esclavitud: la culpa. A los escribas no les convenía una sociedad libre de culpas, porque una sociedad libre de culpa no los necesitaría, no los respetaría, no se sentiría inferior a ellos. ¿Suena conocido? A mí sí. Yo fui parte de esa sociedad con culpa y dominada por “escribas”.

La actuación de Jesús, del Cristo, nos hace un llamado: vencer la culpa. No solo la nuestra, sino la impuesta desde las expresiones religiosas; nos invita a ser agentes liberadores, nos plantea el compromiso de “blasfemar”, de ir en contra de las técnicas de manipulación que han evolucionado. Los escribas representaban en cierta medida “la autoridad y las leyes”, pero cuando una autoridad pretende mediante sus leyes esclavizar y someter, entonces debe ser desconocida, esa es una ley, es la ley reflejada por los actos del Cristo.

Jesús confronta a los escribas y les pregunta: ¿Qué es más fácil, decir: “Los pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?

Respondamos la pregunta. Es más fácil decir: “Los pecados te son perdonados”. La pregunta apuntaba en contra de los escribas, que pudiendo hacer lo fácil no lo hacían, porque en sus intereses no estaba el bienestar común; sus intereses estaban en armonía con el control, poder, egoísmo... Entonces Jesús no solo hizo lo fácil, sino lo difícil también: le dio la sanidad al paralítico.

Podemos hacer lo fácil, podemos esforzarnos más y hacer también lo difícil. Podemos solo sonreírle al que es azotado por el infortunio, podemos caminar un poco más y sentarnos a su lado, podemos ir más allá y conversar con él, escucharlo, pero también podemos dar un poco más y aportar a su bienestar.

No se con que intención el narrador al final dice: “La gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres”. No quiero asegurar nada, no puedo hacerlo, ya no, porque ahora solo tengo dudas; pero a mí me gusta pensar que ese versículo dice que algunos comprendieron el mensaje del Cristo, entendieron que el hombre tiene el poder de aportar al bienestar común, de construir una mejor sociedad, de mostrar bondad y combatir en contra del sometimiento y las técnicas de manipulación que enferman a la sociedad. Me gusta pensar que entendieron que se puede mirar a un paralítico, a un ciego, a una mujer adúltera, a un infortunado y sonreírle, decirle que no hay pasado que pueda condenarle porque la redención siempre está a la puerta. Y por qué no, de vez en cuando se puede ver un paralítico andando…

sábado, 28 de enero de 2012

UN ÁNGEL QUE FUMA

En Venezuela muchas iglesias miran con prejuicio a las personas que fuman... Esto va a sonar muy sensacionalista para mi propio gusto, pero hoy me habló un ángel que fumaba...

Créanme, fue un ángel. El sol del mediodía apuntaba directo a mis ojos mientras yo caminaba por las calles de Ciudad Ojeda en dirección a la plaza Alonso. Caminaba lleno de cargas, de esas que uno no puede soltar de las manos porque no se llevan sujetas con ellas. Más que quejas eran lamentos los que jugaban en mi alma, lamentos que no dependen del llanto, que no obedecen al anhelo de silencio que a veces se hace tan necesario. Yo quería silencio, no pensar, tan solo andar, sin llegar a ningún lugar. No entiendo por qué muchos insisten en que es importante un destino, yo prefiero los caminos a ningún lugar… A veces pienso que es porque nunca pertenecí a nada ni a nadie.

Como un forastero caminé, tal vez me viste caminando por esas calles, lejos de mí mismo. Pensé en mi padre y lo extrañé… ¿Por qué estoy tan lejos de él? Decidí que al amanecer lo visitaría y disfrutaría de estar allí. Pero mis angustias y preocupaciones no cesaron, tampoco la intensidad del sol. ¿Has sentido la angustia llorando en tus ojos? No son lágrimas, pero se sienten húmedas, no son tuyas pero lloran en ti…

Llegué a la plaza. Ella lucía triste y sola… ¿Por qué ya nadie se sienta a conversar en las plazas? Cuando niño viví frente a una plaza, la placita. En las mañanas las madres de mis amigos se sentaban en los bancos a conversar, algunas regaban los jardines de la placita desde adentro de sus casas; por las tardes, los más adolescentes y jóvenes jugaban beisbol o futbol en la placita. Y por las noches era el turno de los niños, salíamos de nuestras casas como de guaridas, disparados hacia afuera con una velocidad extrema, nos agrupábamos a conversar, jugábamos al escondido, gritábamos, cantábamos. Y las bancas eran ocupadas por los ancianos. Se veían sabios y poderosos, en esa placita aprendí que un día yo sería anciano.

Estaba ya sentado debajo de un árbol, en la plaza Alonso, recordando mi niñez para distraerme del presente, entonces escuché una voz ronca que me preguntó: “¿Estás buscando sombra?”.

Honestamente no me di cuenta cuando ese anciano se sentó a mi lado, fue como una aparición. El anciano sonrió y se llevó un cigarro a la boca y le dio un jalón sonriendo aun.
Dejó escapar el humo inhalado y me dijo: “Yo aquí escondiéndome de la vida”. Esta vez sonreí yo, y no pude ignorarlo.

-Es lo que provoca, eso quisiera a veces, vivir escondido mientras vivo.-le dije.

-¡Ah! Pero es bueno esconderse por ratico, luego hay que seguir luchando. Volver a enfrentar la vida. Aquí estoy yo, echando una fumadita, fumándome mis problemas… ¿Qué más puedo hacer?

Dejé de mirarlo un momento. ¿Qué más puedo hacer? Pensé en el lema de esas congregaciones que miran con prejuicios a personas como ese anciano, pero qué más puede hacer ese anciano. ¿Qué le ofrecen a cambio del cigarrillo como medio de escape? Solo un “Cristo es la solución”, genérico e inservible. ¡Y por favor! Que no me refiero a que Cristo es genérico e inservible, inservible es esa frase como herramienta de evangelismo huérfana de un programa socio-espiritual; es genérica, sirve para justificar la conciencia ante la responsabilidad social, para escapar de la necesidad que grita violentamente alrededor nuestro, que denuncia la dejadez de la institución cristiana frente a la sociedad como escenario. Aquel anciano se fumaba sus problemas, problemas que el llamado cristianismo no generó, no directamente, pero de los que tiene cierto grado de responsabilidad. Porque no quiere poner al servicio del bienestar social sus estructuras, porque no le interesa tocar al necesitado, escucharlo, porque tiene miedo de seguir a Cristo. Sí, el cristianismo institucionalizado, en términos generales, tiene miedo de seguir a Cristo. Porque las huellas de Cristo apuntan hacia la renovación de las actitudes de los “lideres religiosos”, porque las huellas de Cristo señalan el transito por la vía del servicio comunitario, de la entrega a cambio de nada, de la satisfacción que se encuentra en hacer sonreír al prójimo. Porque las huellas de Cristo nos obligan a recorrer los sistemas políticos y educativos para afectarlo y hacerlos inclinarse delante del bien común.

Volví mi mirada para ver al viejo, pero no estaba. Me levanté para buscarlo, pero no lo encontré. En el lugar donde se sentó estaba un el filtro de su cigarrillo y las huellas de sus cenizas. Y entonces quise pensar que fue un ángel, uno que fumó a mi lado para decirme que puedo esconderme de la vida un ratico, para respirar el aire, para escuchar a un anciano, para vivir. Y puedo volver a la vida viviendo. Sí, un ángel que denunció mi tranquilidad frente a la matriz donde se forman los problemas sociales, que me permitió observar las huellas de Cristo un momento.

En Venezuela la iglesia no debería mirar a las personas que fuman con prejuicio, debería ofrecerles una opción para drenar sus ansiedades; debería trabajar por el bienestar, para que disminuyan las causan que generan las ansiedades, debería plantearse programas socio-espirituales; pero más importante aún, a veces, debería salir a las plazas y permitir que un anciano o un ángel que fuma se siente a su lado…

domingo, 22 de enero de 2012

HE VUELTO A LEER MATEO 8:23-27...

He vuelto a leer Mateo 8: 23-27. Es una gran historia, un buen relato. Un grupo de hombres que van en una barca pequeña y humilde, uno de ellos duerme y una gran tempestad se levanta en el mar agitando la barca, amenazando con destrucción. El que duerme es Jesús, un carpintero de una pequeña aldea.

El resto de los hombres se dedicaban a la pesca, entendían los asuntos de mares; más que un negocio la pesca fue para ellos un estilo de vida. Ellos saben que no se debe dormir en una barca, hay que estar atento al humor del mar. Pueden entender que Jesús duerma, no está acostumbrado a esos viajes, además seguro se siente cansado por las caminatas. De cualquier manera Jesús podría sentirse seguro, estaba rodeado de hombres expertos en mares.

La mayoría ha escuchado sobre esta historia, los cristianos la han hecho una de sus favoritas en muchas congregaciones. Si usted es alguien que visita frecuentemente alguna congregación seguro ha escuchado al menos un sermón basado en esta historia. Yo escuché cientos de sermones durante muchos años que describían asombrosamente y con mucho atractivo la escena en que los discípulos atemorizados despiertan a Jesús y él habla a los vientos y los mares y éstos se calman. Así Mateo 8:23-27 se convirtió para mí en el pasaje bíblico en que Jesús calma la tempestad. Creí que ya nada podía encontrar en ese relato. ¿Qué podría ser más grandioso en la narración de Mateo?

Hace unos minutos lo leí nuevamente, sí, todavía leo la Biblia de vez en cuando. Desperté pensando en Jesús, en el Cristo que heredé y al que adoré cuando pertenecí a una expresión del sistema cristiano que siente atracción hacia lo sensacional y que responde emocionalmente a todo cuanto lee. Hoy creo que Jesús, el Cristo, es mucho más que una fuente de sensacionalismo, que merece ser contemplado pausadamente, con atención. Creo entender que las narraciones bíblicas en las que su nombre sobresale son puntos de vistas del narrador en cuanto a sus actuaciones, que incluso quien narra intenta arrojar su criterio sobre el cómo Cristo fue observado y sentido por otros. Ahora, cuando leo las narraciones bíblicas sobre él, intento entender el por qué el narrador decidió narrar esa historia, el por qué plasmó su narración desde tal punto de vista. Y leyendo de nuevo el pasaje que antes identifiqué como “Jesús calma la tempestad” me pregunté por qué se les ocurrió a doce hombres expertos en asuntos del mar despertar a un carpintero para pedirle auxilio en medio de la tempestad.

Muchos me dirán: porque él era el Cristo, el todopoderoso, el papá de los helados, el que dominaba la tempestad, a quien los vientos y los mares le obedecen. Pero para los discípulos él no era, o al menos aun no lo reconocían, el Cristo. No podían afirmarlo a pesar de las señales y sus palabras. Para los discípulos tampoco era un todopoderoso, solo un profeta con habilidades, y en el caso de Pedro y quizá algunos otros era el Hijo del Dios Viviente. Una declaración que dejó escapar Pedro en una oportunidad. ¿Pero imaginaban ellos que Jesús calmaría la tempestad? El asombro de ellos después de hacerlo nos da la respuesta. Ellos se maravillaron y preguntaban: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. No sabían que él lo haría, no lo imaginaron.

Entonces, ¿por qué despertaron a Jesús? Porque les inspiró confianza, porque algo podía hacer, porque lo vieron extendiendo siempre la mano al necesitado, dando respuesta a los hombres. Algo podría hacer y de no poder al menos era mejor pasar por la tempestad teniéndolo despierto, escuchándolo, mirando sus ojos y recordando los buenos momentos vividos en tierra firme. Ante la dificultad ellos solo podían pensar en él, porque él les inspiró confianza.

Este pasaje es una denuncia en nuestra contra. Sí, en contra de quienes decimos seguir a Cristo. No solo en contra de la iglesia institucionalizada, no solo en contra de las organizaciones o denominaciones, no solo en contra de las expresiones del sistema cristiano. También nos acusa a quienes hemos decidido transitar, a quienes nos negamos a comprometernos con doctrinas y bandos. ¿Qué inspiramos en quienes nos rodean? ¿Qué recuerdan de nosotros quienes nos han tropezado en el camino? ¿Somos una opción en medio de la tempestad? Reflexionemos, seguir a Cristo es intentar imitarle. Es sonreírle a quien nos saluda, es saludar al que pasa por nuestro lado, es detenernos a escuchar, a conversar, es extender la mano con nuestros recursos, con lo poco o lo mucho que tenemos. Es cierto, la iglesia institucionalizada, las organizaciones cristianas y denominaciones, las expresiones cristianas deben fomentar un escenario más humano, un ambiente de armonía, desarrollar proyectos y programas en apoyo del bienestar social y tantas cosas más… Pero nosotros qué… También debemos hacerlo. Que quienes nos conocen no tengan temor de despertarnos en el viaje y compartir sus cargas con nosotros… Te invito, con mucha humildad, a leer de nuevo Mateo 8:13-27 y encontrarte una vez más con el Cristo que dormido tal vez soñó con una sociedad mejor…

martes, 17 de enero de 2012

DIALOGO ABIERTO...

‎"Si creemos que el cielo es nuestra tierra, allá debemos enviar todas nuestras riquezas, y no retenerlas aquí, donde habremos de dejarlas de un momento a otro, cuando debamos partir. ¿Y cómo las transportaremos? Ayudando a los pobres en sus necesidades, ya que el Señor tiene en cuenta todo cuanto se les da, como si a Él mismo le fuese dado (Mateo 25.40)" (Juan Calvino; INSTITUCION DE LA RELIGIÓN CRISTIANA; Volumen II;p.645)...

Gusmar Sosa: lo que me llamó la atención de esta declaración de Juan Calvino fue el desafío que lanza: "si creemos que el cielo es nuestra tierra...", la confrontación con la que seduce: "¿Cómo las transportaremos?"... Y la transformación a través de la acción definida de ese ideal aparentemente utópico a una invitación: "ayudando a los pobres en sus necesidades...".

Juan Manuel Gómez: Tienes toda la razón Gusmar. El problema radica en nuestros "amigos", (usted sabe cuales son) dirán que no es necesario, "que a los pobres siempre los vamos a tener". ¡Que poco retumba hoy el juicio escatológico de Mateo 25: 31-46! definitivamente tenemos un evangelio , déspota, desorientado, desdibujado, destructivo, descarado, despilfarrador, despiadado, desfasado, desencarnado, deshumanizante. Todos estos "des" porque no "das"…

Gusmar Sosa: Muy cierto, es un evangelio cuyas buenas noticias son malas para el "mundano"; y nuestros buenos amigos pretenden ignorar continuamente que este mundo será herencia a sus hijos y a los hijos de sus hijos... Y lo que dejemos hablará de nuestro carácter o guardará silencio, y ese silencio podría ser nuestro juicio en contra...

Juan Manuel Gómez: Son los extremos Gusmar, yo no sé por qué razón a nosotros los creyentes nos cuesta vivir en el equilibrio. La religión oficial en determinado momentos de su historia se olvidó de la fe y se dedicó a las obras. Después vinieron todos estos grupos "cristianos" y de "garaje", y se enfocaron en la fe olvidando la misericordia y la solidaridad. Es más cómodo ubicarse en posiciones o categorías de "o esto o aquello", o "esto contra aquello"; y mucho más difícil ubicarse en "esto y aquello"; Debemos comprender que se trata de "esto Y aquello", no de "esto o aquello"..., de lo contrario es inevitable caer en algún tipo de fanatismo siempre disfrazado con textos bíblicos. Razón tenía Bonhoeffer cuando decía: "Observo aquí de continuo que muy pocos hombres tienen la capacidad para albergar en sí, al mismo tiempo, muchas cosas". Muy pocos hombres, y en especial muy pocos creyentes, tienen la capacidad de asumir o de incluir en sus categorías, nociones y formas de pensar la "Y" decisiva…

El diálogo sigue abierto, te invito a unirte... Sobre este u otros temas...

(Juan Manuel Gómez es de Bogotá, Colombia. Incansable crítico a la teología cristiana y caminante de rutas).

viernes, 6 de enero de 2012

BREVE RELATO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA NECESIDAD DE MENGUAR...

Sonrió recordando las palabras de su madre, la interpretación del evangelio y las doctrinas aprendidas siempre fueron para ella suficientes ante cualquier problema. Quizá su madre tuvo razón, puede que él necesitó entender su posición tan diminuta en el mundo, su existencia finita y limitada delante de la existencia de un Dios que se extiende por la eternidad; quizá su consciencia golpeaba con fuerza en el alma para despertar y así hacerle transitar las veredas que le condujeran a los brazos de Dios. ¡Y por qué no! Chocar con la existencia de Cristo, con la vida del Salvador, le permitiría transitar una de esas veredas que son necesarias en la búsqueda de la verdad.

¿Resolvió “la oración de fe” la sed y búsqueda que despertaban en su alma? ¿Esa sed y búsqueda ha sido resuelta en nosotros con una sencilla oración de fe? Es una pregunta peligrosa, lo reconozco. ¿Nunca te has detenido hacerte esa pregunta? Yo me lo pregunté muchas veces, tratando de convencerme de que la respuesta es un “sí”, “sí, todo está resuelto”, “sí, ya no hay sed”, “sí, se acabó la búsqueda”. Él intentó hacerse uno con las doctrinas que aseguran que todo está resuelto. Pero la verdad es que una “oración de fe” es “linda” para marcar un inicio; chocar con la existencia de Cristo, decidir creer en su existencia, en su historicidad, en su papel salvador es solo un inicio. Aún queda mucho por resolver… ¿Cómo interpretamos la vida de Cristo? ¿Cómo la convertimos en agua para calmar constantemente esa sed? ¿Cómo nos mantenemos en el camino que él marcó con su propia vida al exclamar su “yo soy el camino”? ¿Cómo le descubrimos como verdad pronunciada en sí mismo?

Las mismas doctrinas cristianas muchas veces tienden a ser desvíos en el camino que él (Cristo) declaró ser; es agotador transitar esos desvíos, la invitación del Cristo al declarar su “venid a mí los cargados y cansados…” hoy parece resonar y hacer eco incluso en quienes se incorporan a las membresías de congregaciones ortodoxas o liberales. Y él piensa en ello parado frente a la biblioteca, sosteniendo la que fue su primera Biblia. Él fue formado en una congregación ortodoxa, pentecostal, en la que se profesaba un profundo y honesto sentimiento hacia la expresión más tradicional de lo que llamaban “evangelio”, y un día ni las doctrinas ni las prácticas aprendidas pudieron callar la agonía de sentirse aún perdido, sediento, cansado, sin propósito, como si estuviera en casa pero perdido. Y mientras estuvo en la ciudad creyó descubrir la verdadera expresión del cristianismo, la más congruente con Cristo; se unió a la lista de miembros de una iglesia que se autodenominaba “libre” por no pertenecer a un concilio, ni ser dirigida por tradiciones, pero en ocasiones la percibía más bien libre de la responsabilidad de seguir los pasos de Cristo y su desempeño a favor de la sociedad y esclava de fórmulas mágicas que solo despertaban sensacionalismo y emoción.

En medio de su reflexión un segundo pasaje bíblico relampagueó en su memoria, Juan 3:30. Sonrió porque aún recordaba el título que identifica el pasaje. Ese pasaje bíblico estuvo rondándole en la mente por muchos meses durante sus veinte años de edad. Para entonces ya había calmado su inquietud con la decisión de aceptar las doctrinas como absolutas e incuestionables, como suficientes y genéricas; pero la separación de sus padres despertó en él una dolida rebeldía contra la que intentó luchar, logró apagar la intensidad de su furor para no caer en extremos viciosos pero no pudo evitar recaer en terrenos de incredulidades y cuestionamientos frente al cristianismo y evangelio. Sin embargo, a su manera su madre logró inculcar en él un sentimiento de temor hacia Cristo y también su padre con sus confesiones de admiración hacia la obra de Cristo a favor de los pobres y la sociedad; y tanto el temor inculcado por su madre y las confesiones de admiración de su padre lo llevó a trazar una línea divisora entre Cristo, cristianismo y evangelio como religión. Así resolvió que Juan 3:30 desnuda la necesidad de separarse incluso de la pretensión de resolver a Cristo en la vida de uno a través de doctrinas y sistemas, eso también es menguar.

miércoles, 4 de enero de 2012

UNA SENCILLA REFLEXIÓN...

Uno de los relatos que más me gusta en relación al nacimiento de Cristo es el que narra Lucas en el capítulo dos de su evangelio. Ocho días después de su nacimiento José y María deciden llevar a Jesús al templo para presentarlo y hacer los sacrificios pertinentes. Ese mismo día un anciano llamado Simeón va al templo, y al ver a la pareja y su niño tomó al niño en sus brazos y exclamó:


“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”.


Me gusta este relato porque las palabras de Simeón desnuda el destino del niño, lo acusa de “la salvación que ha sido preparada en presencia de todos los pueblos”. Creo que sus palabras debieron despertar la curiosidad de María y José y de todos los que escucharon las palabras del anciano. María debió pensar en esas palabras durante el crecimiento del niño, en su adolescencia y juventud, y luego al verlo partir por las veredas de los pueblos y escuchar de sus obras. Tuvo que recordarlas al ver a su hijo colgando de un madero y expirando. Las palabras de Simeón nos ayudan a entender el destino de aquel niño que ahora reconocemos como el Cristo.


El niño Jesús fue la respuesta a la oración del pueblo, que clamaba por redención y lloraba por un cambio en su estructura social, que esperaba todo aquello que resumían en la expresión de “la salvación”. La vida de Cristo es acusada de salvación por este anciano, así que su vida es el ejemplo de la salvación que todo aquel que dice ser “seguidor de Cristo” está obligado a vivir. Su ejemplo de salvación debe transmitirse a través de nuestros pasos. Él en respuesta a la oración de una nación es nuestro ejemplo. Así debemos entenderlo. Y él en respuesta, él como salvación no se permitió ser limitado por las tradiciones, su desempeño socio espiritual fue indetenible; las leyes impuestas por el aparato religioso que además regía a la política tuvieron que adaptarse a él, y aquellos que le confrontaron para detenerle tuvieron que verlo actuar a favor de la sociedad y vivir la frustración de no poder detenerlo.


Jesús fue un espejismo en medio de la realidad. Porque la realidad decía que no se podía obrar un sábado y Jesús obró para el bienestar del hombre un sábado, porque la realidad decía que los sermones se dictaban en las sinagogas y Jesús expresaba sus sermones en un monte, o en la orilla del mar sentado en una barca, o mientras caminaba por las veredas de los pueblos. La realidad construida por las tradiciones, sus estructuras, sus conceptos no pudieron detener al Cristo porque él actuó siendo superior a la realidad: siendo respuesta y salvación.


Contrario a la actuación de Cristo la mayoría de los individuos que dicen ser cristianos se divorcian de la responsabilidad social, y conceptualizan la espiritualidad en separación y total contraposición a la sociedad... A veces Dios suele ser la excusa perfecta, la justificación genérica. La teología muchas veces se convierte en una herramienta útil para la dejadez. Millones de “creyentes” se aferran a argumentos fríos como “no somos de este mundo”, “todo está en las manos de Dios”, “Dios es Soberano”.


Hay incluso un apartado completo dentro de la teología para explicar la Soberanía de Dios, muchos aseguran que Dios tiene tres voluntades: su voluntad perfecta, permisiva y aquella que se remite al libre albedrío del hombre. Y éstos se dedican a desarrollar argumentos lo suficientemente amplios como para que el alma del creyente repose en alguna de esas tres voluntades divinas y justifique su indiferencia social. El creyente solo tiene que absorber la teología cristiana a su sistema de creencias, sin ni siquiera entender que es teología lo que absorbe, y de esa forma también puede callar su consciencia. Sin embargo, ¿es culpable la teología cristiana o la religión? Yo pienso que es culpable el hombre y su afán por controlarlo todo, haciendo de los instrumentos como teología y religión métodos para el proselitismo; que tanto religión como teología, incluso política, ciencia, y tantos conceptos más, nacieron como instrumentos de búsquedas; que tales conceptos expresan el deseo del hombre por encontrar una identidad, una verdad y una libertad trascendente...


Cristo no limitó su actuación ni siquiera por los esquemas de "soberanía divina"... Me gusta pensar que el anciano Simeón vio en un intstante la vida que trazaría el niño Jesús que sostuvo en sus brazos y así maravillado exclamó de gratitud...

sábado, 3 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DEL PROLOGO DEL ENSAYO "EL ESPÍRITU SANTO Y LAS FRONTERAS DOCTRINALES"...

Ellos le rodeaban, estaban allí con él porque querían estar, puedo entender la sed en sus almas.



Tal vez muchos no entienden por qué un grupo de hombres abandonaría sus labores y empresas para seguir a otro. Pero puede que usted si lo entienda: esperanza.



Todos soñaban con un mejor porvenir, cansados de la opresión política y religiosa, de los intentos fallidos por prosperar, en lo más profundo de sus almas el deseo de prosperar era solo una distracción, una forma de tratar de ignorar la sed que a veces no puede explicarse con palabras, quizás algunos sábados sus miradas apuntaban hacia el mismo horizonte.



Un “sígueme” había sido suficiente, dejaron sus redes, sus barcas, las orillas a las que se aferraron por años, los mares que muy bien conocían, el oficio que hasta entonces fue la experiencia más cercana al sentimiento de estar en el hogar y fueron en pos de un hombre, de una voz, de una invitación. Y echaron a andar sus vidas, tentando a la suerte, sin saber con certeza si iban por el camino correcto, solo fue un impulso, como esos que pueden justificarse en el momento y que luego de un par de horas se hacen débiles, pero uno piensa “ya comencé con esto, seguiré hacia adelante un momento más a ver qué pasa”. Y ese momento ya llevaba tres años transcurriendo. Al estilo de los personajes de los relatos antiguos, personajes que eran columnas de la historia de la nación, lo dejaron todo y se arrojaron hacia el horizonte en un acto de fe desnuda, inédita, una fe en respuesta a las circunstancias, algunos dirían emocional, pero fe al fin.



Y allí estaban, sin un esquema establecido para continuar el camino, con buenas experiencias, sí, increíbles, jamás imaginadas, pero no podían concebirlas como patrones para futuros pasos; la de ellos seguía siendo una fe inocente y desnuda de artilugios, a veces envidio la fe de esos hombres, el valor de ellos para dejar un sistema seguro, barcas, redes, mares, para seguir un rumbo incierto, incierto pero con la compañía de un gran hombre, o como diría uno de ellos, del “hijo del Dios viviente”. Tal vez no se preguntaron qué sería de ellos si ese hijo del Dios viviente se ausentara, no lo creyeron necesario, pensaron que él siempre estaría para ellos y con ellos… No se equivocaron.



Él les dio la noticia, anunció su muerte…



Y allí estaba él, rodeado de ellos. Consciente de que la hora llegaba, él, cuyo “sígueme” estaba destinado a resonar como un eco por el resto de la historia humana; un grupo pequeño de una sociedad grande, es todo lo que tenía, y lo único para ofrecerles el aroma de los buenos recuerdos, la alegría en los ojos del ciego que recibió la vista, la gratitud en las lágrimas de aquella mujer que gracias a sus palabras podía creer en una segunda oportunidad, buenos recuerdos… Los observa mientras les habla, ellos tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de ser el eco de sus palabras, de que éstas sean entendidas por otros como fueron entendidas por ellos mismos. Sus palabras en los labios de ellos no debían ser interpretadas como una carga sobre la fe genuina y sincera que se traduce en ese sentimiento de sed que mueve al ser humano hacia el horizonte y le hace levantar su mirada con esperanza...

sábado, 19 de noviembre de 2011

Bartimeu, o cego, e a multidão (Bartimeo el ciego y la multitud)

Gracias a la bondad de Gustavo Frederico, aquí está una de mis notas traducidad al portugués, aquí el link que lleva a la pagina en la que fue publicado en ese idioma AQUI.

Escutei durante a minha infância, adolescência e juventude talvez mais de cem sermões baseados na história de Bartimeu, o cego, e também algumas músicas que faziam referência a essa história. Ainda me lembro de uma que essa semana esteve rondando minha memória. Ele começava assim: “Como Bartimeu sentando no caminho pensou, espero que Jesus passe por aqui” e terminava com uma frase que me comovia: “Tu és o pão do céu, água da vida, e a pedra ferida que sacia minha sede”.

A variante em cada sermão sempre foi a fé. Pregadores exaltados exortavam “ao povo de Deus” a imitar a fé do cego que, movido por sua necessidade, gastou a sua voz gritando “mestre, filho de Davi, tem misericórdia de mim”, venceu os obstáculos do caminho, o preconceito da sociedade, sem ajuda e com uma multidão contra si conseguiu chamar a atenção do mestre para ouvi-lo perguntar “que queres que eu te faça”.

Com seus sermões, pastores expunham a necessidade de um “povo forte”, capaz de “vencer ao mundo”, “merecedor de estar na presença do Mestre e ganhar seus favores”. Esses argumentos definiam a teologia que aprendi: “a graça é o prêmio do esforço do crente por encontrar e permanecer na presença de Cristo”, “o Cristo só pode estar cercado de vencedores”, de forma que “ser o povo escolhido por Deus equivale a permanecer em uma bolha na qual não se admite perdedores e que está separada do mundo e suas paixões”, e “suas paixões” se interpreta como “seus problemas”, “suas políticas”, etc. “Somos melhores que tudo isso”. Com esses sermões, só conseguiam reproduzir a mesma sociedade que obstruiu o avanço do cego até a presença do Cristo.

O que esses pregadores expunham com entusiasmo era exatamente a mesma teologia, ou melhor, a ideologia, daqueles que cercavam Cristo em seu passeio por Jericó. Hoje, penso que aqueles pregadores se equivocaram ao comparar “o povo escolhido” com Bartimeu. Há todo um sistema que diz estar “procurando o mestre”, que diz segui-lo, e talvez esteja certo, mas em termos gerais esse sistema que hoje “cerca o mestre” continua sendo o mesmo sistema que o cercou nas ruas legendárias de Jericó.

Um sistema que obstrui a visão de quem deseja encontrá-lo, sistema que descansa sobre estruturas fortes e argumentos que ainda são pronunciados com “palavras liberais” foram construídos com ideais dogmáticos. Os gritos de Bartimeu, seu desespero e esforço para chegar até a presença do Cristo não falma de uma fé que deve ser imitada, mas gritam uma denúncia que deve ser escutada…

Até quando o cristianismo será um sistema adornado com doutrinas e burocracias equivalentes a ideologias imperialistas? Até quando se autoproclamará escada a um céu só para fortes e dignos? É incongruente a imagem do cristianismo atual com a imagem do Cristo de ontem. É ridículo dizer “Jesus Cristo é o mesmo ontem, hoje e sempre” enquanto o sistema cristão, dizendo ser embaixador do Cristo, não abre espaço entre a multidão para perguntar “o que queres que eu te faça?” aos que estão em desvantagem.

Alguém me perguntou se por acaso eu propunha que o cristianismo (ou qualquer sistema religioso que reivindique a Cristo como fundador e emblema) se converta em uma Organização Não-Governamental. Minha resposta é que nisso se converteu: em uma incongruente, contraditória, improdutiva e infrutífera ONG. Em um reflexo de um sistema político individualista, sinônimo de sectarismo, que na teoria é atraente, mas deixa muito a desejar na ação.

O Cristo que passeou por Jericó escutou os gritos do cego, não se preocupou em se definir, em construir um “império ideológico”, em apresentar estruturas que o fizessem transcender como sistema. Ele modelou tudo o que hoje os sistemas apenas definem.

Ainda há tempo: o cristianismo poderia derrubar os muros que o separam do “resto do mundo”, que só servem de desculpas para justificar sua indiferença, de argumentos para redimir sua apatia diante dos problemas sociais que surgiram do espaço que deveria ter ocupado.

A Bíblia diz que Bartimeu seguiu a Jesus pelo caminho. Gosto de pensar que seguindo-o, havendo recuperado a visão, caminhava com esperança. Não com esperança para ele e seus anseios. Talvez seus olhos brilhassem de alegria. Cada dia seguindo o mestre era uma aventura nova, um capítulo novo em favor da sociedade. Talvez pensasse: “onde quer que vá hoje o Cristo haverá alimento, bem-estar e felicidade”.

Se o cristianismo seguisse os passos do Cristo, se com ousadia deixasse suas desculpas teológicas de lado e, modelado as atitudes do Cristo, surgisse a partir dos campos transcendentais da sociedade, então muitos veriam com esperança também seu renascimento, pensando “onde quer que surja haverá alimento, bem-estar, felicidade”.

Uma sociedade nova e melhor é possível. Uma ordem social melhor é possível e – por que não? – uma melhor expressão do cristianismo é possível. Uma em que Bartimeu não deva se esforçar para ser escutado. Uma expressão que contagie de amor e de consciência social as estruturas fortes dos sistemas políticos, educativos, econômicos e religiosos. Que faça se inclinar a condição humana diante do bem comum.

Assim fez o Cristo, dando um soco na cara da indiferença e do orgulho ao pedir a dois de seus discípulos que trouxessem Bartimeu à sua presença… Se essa história estiver certa e se esse homem foi Deus, quero chegar na sua presença e dizer-lhe “ao contrário de tudo ao meu redor, a tudo o que ouvi, o que vi e que não pude ver, tu és, sim, o pão do céu, água da vida e a pedra ferida que sacia minha sede”.

Tradução: Gustavo K-fé Frederico

sábado, 5 de noviembre de 2011

BARTIMEO EL CIEGO Y LA MULTITUD...

Escuché durante mi niñez, adolescencia y juventud tal vez más de cien sermones basados en la historia de Bartimeo el ciego, también algunos cantos que hacían referencia a esa historia, aún recuerdo uno que durante esta semana ha estado rondando en mi memoria, este comenzaba así: “como Bartimeo sentado al camino, pensó, espero que pase Jesús por aquí”, y terminaba con una frase que me conmovía: “tú eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

La variante en cada sermón siempre fue la fe, predicadores fogosos exhortaban “al pueblo de Dios” a imitar la fe del ciego que movido por su necesidad degastó su voz gritando "maestro, hijo de David, ten misericordia de mí”, venció los obstáculos del camino, el prejuicio de la sociedad, sin ayuda y con una multitud en contra suya logró llamar la atención del maestro para escucharlo preguntar “qué quieres que te haga”. Con sus sermones exponían la necesidad de un “pueblo fuerte”, capaz de “vencer al mundo”, “merecedor de estar en la presencia del maestro y ganar sus favores”, estos argumentos definían la teología que aprendí: “la gracia es el premio al esfuerzo del creyente por encontrar y permanecer en la presencia del Cristo”, “el Cristo solo puede estar rodeado de vencedores”, así que “ser el pueblo escogido por Dios equivale a permanecer en una burbuja en la que no se admiten perdedores y que está separada del mundo y sus pasiones”, y “sus pasiones” se interpreta como “sus problemas”, “sus políticas”, etc. “Somos mejores que todo eso”. Y con estos sermones solo lograban reproducir la misma sociedad que obstaculizó el avance del ciego hasta la presencia del Cristo.

Lo que estos predicadores exponían con afán era exactamente la misma teología, o más bien la ideología de aquellos que rodearon al Cristo en su paseo por Jericó. Hoy pienso que aquellos predicadores se equivocaron al comparar “al pueblo escogido” con Bartimeo y sigue siendo un error. Hay todo un sistema que dice estar “en pos del maestro”, que dice seguirle, y tal vez sea cierto, pero en términos generales ese sistema que hoy “rodea al maestro” sigue siendo el mismo sistema que lo rodeó en las legendarias calles de Jericó, sistema que obstaculiza la visión de quienes desean encontrarlo, sistema que descansa sobre estructuras fuertes y argumentos que aunque son pronunciados con “palabras liberales” han sido construidos con ideales dogmáticos. Los gritos de Bartimeo, su desesperación y esfuerzo por llegar hasta la presencia del Cristo no habla de una fe que debe ser imitada, más bien grita una denuncia que debe ser escuchada… ¿Hasta cuándo el cristianismo será un sistema adornado con doctrinas y burocracias equivalentes a ideologías imperialistas? ¿Hasta cuándo se auto proclamará escalera a un cielo solo para fuertes y dignos? Es incongruente la imagen del cristianismo hoy a la imagen del Cristo de ayer. Es ridículo decir “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” mientras el sistema cristiano, diciendo ser embajador del Cristo, no abre paso entre la multitud para preguntar a los que están en desventaja “qué quieres que te haga”.

Alguien me preguntó ayer si acaso yo proponía que el cristianismo o cualquier sistema religioso que reclame al Cristo como fundador y emblema se conviertan en una Organización No Gubernamental, mi respuesta es que, a mí parecer, en eso se han convertido: en una incongruente, contradictoria, contraproducente e infructífera ONG. En un reflejo de un sistema político individualista, sinónimo de sectarismo, que en definición es atractivo pero en acción deja mucho que desear. El Cristo que paseó por Jericó, el que escuchó los gritos del ciego, no se preocupó por definirse, por construir un “imperio ideológico”, por presentar estructuras que le hicieran trascender como sistema, él modeló todo lo que hoy los sistemas solo definen. Estamos a tiempo, el cristianismo pudiera derribar los muros que lo separan del “resto del mundo”, que solo sirven de excusas para justificar su indiferencia, de argumentos para redimir su apatía ante los problemas sociales que han surgido desde el espacio que ha debido ocupar.

La Biblia dice que Bartimeo siguió a Jesús por el camino, me gusta pensar que siguiéndole, habiendo recuperado la vista, caminaba con esperanza, no con esperanza para él y sus anhelos, tal vez sus ojos brillaban de alegría, cada día siguiendo al maestro era una aventura nueva, un capítulo nuevo a favor de la sociedad. Quizá pensaba “a dónde sea que vaya hoy el Cristo habrá alimento, bienestar, felicidad”. Si el cristianismo siguiera los pasos del Cristo, si con osadía dejara sus excusas teológicas a un lado y modelando las actitudes del Cristo emergiera desde los campos trascendentales de la sociedad, muchos mirarían con esperanza también su renacimiento pensando “donde quiera que emerja habrá alimento, bienestar, felicidad”. Una nueva y mejor sociedad es posible, un mejor orden social es posible y por qué no: una mejor expresión del cristianismo es posible. Una en la que Bartimeo no deba esforzarse para ser escuchado, una expresión que infecte de amor y de conciencia social las estructuras fuertes de los sistemas políticos, educativos, económicos y religiosos. Que haga inclinar la condición humana ante el bien común. Así lo hizo el Cristo, bofeteando el rostro de la indiferencia y el orgullo al pedirle a dos de sus discípulos traerle a Bartimeo ante su presencia… Si esa historia es cierta y si ese hombre fue Dios quiero llegar hasta su presencia y decirle “contrario a todo lo que me rodeó, a todo lo que escuché, lo que vi y lo que no pude ver, tú si eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

sábado, 29 de octubre de 2011

LA MUJER ADULTERA (LA CUARTA DE LA SERIE).

Tal vez se equivocó, pero puede que solo buscaba satisfacer esa necesidad, es cierto, nos equivocamos a veces por nuestra desesperación y nos ciega el deseo de encontrar “agua que calme nuestra sed”. ¿Pero quién puede culparla? ¿Quién nos culpa?

A ella una turba de hombres “perfectos”, según los parámetros que ellos construyeron, según las interpretaciones emitidas entre las paredes de sus sinagogas. La llaman “adúltera”, porque ellos aprendieron a cambiar el nombre de quienes no encajan en el sistema. Y la “adúltera” es una herramienta este día, les permite brillar como rectos y estrechar entre ellos sus manos saludando la perfección que otros, evidentemente no han alcanzado; y la “adúltera” es mucho más aún, también es carnada. Allá van, buscando al que llaman Cristo para escupirle la perfección en la cara y dejar en sus manos la decisión de qué se debe hacer con la “adúltera”, apuestan a que no es lo suficientemente integro como para emitir el juicio correcto: apedrearla. Y si tiene la valentía para aprobar su ejecución tal vez su popularidad disminuya.

¿Quién nos culpa? ¿Cómo nos llaman? ¿Qué somos para ellos? ¿Somos oscuridad que les permite brillar? ¿Somos carnada para sus experimentos?

<<“Herejes”, “ateos”, “descarriados”, “ex creyentes”… “No lo llames hermano, no es tu hermano”… “Evita su compañía fue cortado de la congregación”… “No escuches sus razonamientos, el mundo y sus filosofías lo han seducido”… “No leas lo que escribe, satanás se viste de luz”…>>

Ellos siguen siendo una turba de hombres y mujeres, con piedras en las manos, tal vez piensan que la piedad necesita equilibrio y las piedras en las manos ayuda a mantenerlo. La “adúltera” de pie frente al Cristo, los perfectos la acusan y sonríen esperando su juicio. Ustedes conocen la historia, pero ella no la conocía, apenas la vivía: cada segundo es una eternidad de agonía tras otra, ella sabe cuán duro es el corazón del hombre, lo sabe porque más de uno la ha herido, no con piedras, pero si con caricias que se ausentan, con besos que no vuelven, con promesas que no se cumplen, con palabras que se desvanecen como la noche y huyen como el viento al sur. Podría morir apedreada, o tal vez sobrevivir y no es un consuelo, tendría que lucir las marcas del juicio por las calles del pueblo.

Pero el Cristo no defiende las enseñanzas de la sinagoga, ni es seducido por la perfección de la turba, al parecer no le interesa la perfección, tampoco mantener con vida un sistema que es capaz de reconciliar conceptos como “piedad y piedras”, que propicia la ocasión para atentar contra el ser humano, que sirve como escenario para juegos de “poder y control”.

La mujer quizás ni siquiera escuchó las palabras del Cristo, pero de repente no habían ni perfectos ni piedras a su alrededor. Allí estaba, frente a él, el agua que calma la sed, amor verdadero. Una vez dije, en una reunión con muchos hombres perfectos que “tal vez ser adúltera le permitió conocer al Cristo” y sentí las piedras apuntándome, me di cuenta que no soy perfecto y, honestamente, me gustó más desnudar mi imperfección aunque eso me convirtiera en un blanco y no seguir disimulando, con disfraces de piedad. En esta historia encuentro a un Cristo interesado en defender al hombre, disparando en contra de leyes, doctrinas, ideologías que dan pie a la estúpida actitud de superioridad, actitud que hace modelar conceptos como “la fe nos hace fuerte y mejores que el mundo”, actitud que alimenta la idea de un orden de clases, de divisiones dentro de la sociedad, de etiquetas según “logros”, conceptos que en muchas manifestaciones del cristianismo laten con fuerza, como si ellos, y no el Cristo, fueran el corazón del cristianismo.

No sé ustedes, pero si esa historia es cierta y ese hombre fue Dios, yo prefiero ser un adúltero, un hereje, un descarriado y cualquier otra cosa y no un defensor o embajador de un sistema que no es capaz de quedarse frente al maestro un minuto más para escucharlo decir “Ni yo te condeno”.

sábado, 22 de octubre de 2011

“LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE” (LA TERCERA DE LA SERIE).

El evangelio según San Lucas relata una historia que seguro usted ya conoce; mucha gente se refiere a ella como “la mujer del flujo de sangre”. He escuchado más de una docena de sermones basados en esa historia, sermones que hablan de “la fe cristiana”, de la responsabilidad que tiene “el creyente” de imitar la fe de la mujer que después de probarlo todo se aventura a tocar el manto de Jesús para conseguir su sanidad. He escuchado a predicadores invitando a su audiencia a “pasar al frente” para recibir la sanidad que esperan, “la palabra de bendición” que pondrá fin a la agonía, “la unción” que “se derrama” cuando “el creyente toca el manto de Jesús” pasando al frente. Si nada de eso pasa entonces no se esforzó usted por tocar el manto, su fe no está “a la medida de las exigencias” de quien con palabras simples expresó la fe simple, de quien destruyó los moldes de alta exigencia y declaró la frase que hoy solo sirve como eslogan de campañas y sermones: “si tuvieras fe como un grano de mostaza”.

La historia de “la mujer del flujo de sangre” recibiría otro título, sin duda, en manos de Cervantes, si el personaje central es el Cristo creo que la titularía más o menos así: “de como el Cristo provocó el escenario para darle libertad a una mujer”.

Si esa historia es cierta y prueba la divinidad del Cristo, la encarnación de Dios y todo lo que la teología cristiana sostiene en cuanto al Jesús de Nazaret, y a veces me gusta creer, tenemos mucho que aprender de esa historia, mucho más que formulas mágica, mucho más que frases para armar cánticos como “si tu pruebas todo y todo te falla prueba a Cristo”. Insisto, el cristianismo reclama a Cristo como fundador y eje central de sus argumentos, doctrinas y teologías, pero juega con su manto como si éste fuera la vestimenta de un títere. Ignora la acción social de Cristo, promueve una expresión de sistema que él atacó en su afán de dar “libertad”. Si Cristo modeló alguna “teología” debemos esforzarnos más en traducirla; yo pienso que, y sé que puedo estar equivocado, a él no le interesó tanto expresar una teología, sus acciones me llevan a pensar que mucho más le interesó expresar un mejor orden social, mostrar que se le puede dar una mejor utilidad al “ser” humano, que se pueden dirigir los aspectos de la condición humana hacia la construcción de escenarios humanos cálidos, de armonía, de bienestar. Y no digo que fue “socialista” en el sentido doctrinal o ideológico, digo que fue mucho más que eso, y tal vez su afán marca o acentúa su divinidad.

Dos cosas, solamente dos, me llaman verdaderamente la atención de esa historia. Honestamente me aburrí de la parte en la que es sanada y “el poder de Dios enjaulado en el recipiente humano de Jesús” pasea por su manto y se “transfiere a la mujer resultando en su sanidad”. Es extraordinaria la forma en la que “prominentes oradores” describen ese instante, pero me aburrí, para mí pasó de ser un “gran evento” a una excusa y ocasión para la religión y su afán de “esclavizar” mediante “esperanzas”.

Pero una de las cosas que sí me inquieta en esta historia es que la mujer no celebró al instante, al parecer cuando Jesús señala que “alguien le tocó” ella tiembla, y se acerca excusándose por su osadía, le explica temblando su travesía, su desventura, su mala fortuna, sus intentos y con todo eso justifica lo que al parecer estuvo mal: tocar su manto. Puedo entenderla, rodeada de hombres y mujeres que se aprovechan de favores para esclavizar, sumergida en un contexto en el que la religión cuesta cara, tiene un alto precio disfrutar de las bondades de la religión, puedo justificar sus miedos. Creo que hoy el cristianismo en muchas de sus expresiones causa la misma sensación, no la de Cristo, sino la del contexto contra el cual luchó Cristo. Recibir “el favor y la gracia de Dios” (sin importar qué rayos es eso) hoy equivale a rendir la voluntad frente a doctrinas cuyos fines son proselitistas, equivale a abrazar una secta y adaptarse a sus exigencias, a “ofrendarlo todo”, no a Dios, sino a “Dios”, no al Cristo, sino al “Cristo”, que no es el mismo que caminó por las calles y se dejó tocar. Lo sé porque el “Cristo” de este cristianismo se afana en permitir disfrutar una libertad dentro de los límites del cristianismo, donde él pueda controlarlo todo, donde él pueda asegurarse de que sus favores sean pagados; pero el Cristo de la historia que alguien llamó “la mujer del flujo de sangre” llama mi atención, y ésta es la segunda cosa que me gusta de esta historia: él escucha a la mujer, la observa temblando y la toca con sus palabras al decirle “tu fe te ha salvado, ve en paz”.

“Ve en paz”, “ve”, sigue caminando, no te quedes aquí, no tienes ni siquiera que ir a donde voy, no tienes que renunciar a tu identidad, no te pido que me des las gracias, solo “ve”, y eso sí, “ve en paz”, no tienes que temblar, no hay nada que temer, no te pediré nada a cambio, no hay doctrinas en letras pequeñas en el borde de mi manto. Mientras el cristianismo dice “quédate entre mis paredes”, “respeta mis doctrinas”, “repite mis oraciones”, “sé embajador de mi sistema”; Jesús solo dice “ve”, sé libre, vive, camina, cuenta a otros, toca a otros, ama, déjate amar, no seas esclavo… Honestamente guardo silencio ante ese Cristo y no me atrevo a dudar de él, si esa historia es cierta yo quiero seguirle, y si ese hombre fue Dios yo quiero encontrarlo…

sábado, 8 de octubre de 2011

NO ES UNA ORACION...

No es una oración y si lo fuera preguntaría: ¿Dónde estás? ¿Eres real? ¿Qué eres? ¿Tú nos creaste? ¿Es cierto todo lo que he creído de ti? ¿Qué es cierto y qué no lo es? ¿Es cierto que te has dejado escuchar? ¿Por qué no he podido escucharte? ¿Estás cerca? ¿Podría tocarte? ¿Supervisas mi vida y me dejas caer en abismos profundos? Pero no es una oración, hace rato dejé de orar porque para hacerlo necesitaría un templo, y esos lugares me asustan… ¿Por qué? Es que allí mascaras se adueñan del alma humana y emergen vicios dañinos, así lo veo yo, y si esa es tu casa debo creer que amas el terror.

Pero no es una oración, ni siquiera estoy en un templo, no estoy conversando, solo escribo, y los expertos en ti dicen que oyes las oraciones pero no dicen que puedes leer lo que se escribe desde la agonía, hablan de tus ojos para asegurar que tú observas las iniquidades, que castigas el pecado, sin importar que pecamos porque somos ciegos, porque no comprendemos y nos equivocamos. ¿Eres real? No es una oración porque se necesita fe para orar, es lo que dicen, y yo solo tengo dudas… ¿En verdad nuestros pasos, nuestro destino esta en tus manos? ¿Es cierto lo que dicen de ti? ¿Eres poderoso? ¿Existe lo que te atribuyen como soberanía y voluntad? Es cruel, es cruel ver al mundo entero, millones de criaturas esperanzadas en ti, creerte con poder ilimitado pero sometido a reglas, a conceptos como voluntad, soberanía, libre albedrío, yo pienso que sin esos conceptos serías perfecto… ¿Eres perfecto? ¿Qué eres? ¿Cómo razones? ¿Cómo son tus pensamientos?

¿Ves las mansas ondas de aquel lago y tienes cuidado de su paz? ¿Ves las recias olas del mar y alimentas su ira? Si las aguas de la tierra están en tus manos y cuidas el carácter de ellas de acuerdo a lo que son… ¿Haces el mismo empeño con el hombre? ¿Es que no nacimos para ser ondas de paz en un lago tranquilo? ¿Es nuestro destino ser olas recias movidas por ira, dañándolo todo, agitándolo todo? Serías perfecto si no tuvieras nada que ver con la naturaleza de las aguas ni con la naturaleza del hombre… Si todo es nuestra culpa, si con nuestro razonamiento hemos originado el caos, si es nuestro egoísmo el que ha pregonado nuestras propias ideas de ti, si ese carácter incongruente que esquematizamos de ti fuera ficción y nada más que un intento de controlar al prójimo, el destino, los planes, el progreso, serías perfecto porque entonces aun no sabría el hombre quién eres, qué eres, cuáles son tus pensamientos… Pero tendríamos que dudar también de tu existencia, pues no tendríamos nada seguro de ti, ni una prueba, ni la más remota evidencia, nos tocaría caminar con los ojos abierto, buscando el lugar donde te escondes, suponiendo que no te escondes, sino que solo somos ciegos caminando a tientas, tropezando, enredándonos, con la esperanza de un día poder mirarte y con la agonía de descubrir que perdimos nuestros pasos porque no eres real; pero aun así serías perfecto, reconciliando en tu nombre la fe y la duda, la esperanza y la agonía… Tu invisibilidad sería entonces una espada en contra del egoísmo y no habría teorías como herramientas para manipular…

No es una oración porque no tengo ya el valor para orar, pero apuesto a que no soy el único sentado frente a un lago escribiendo para no gritar desesperado, para no enloquecer por no saber, te apuesto a que si eres real y pudieras leer las letras escritas y escondidas en cada alma llorarías conmigo, con él, con ella… Escucharías el eco del dolor que nace desde alguna montaña, donde una mirada que se pierde, donde la brisa que dicen que nace en ti no es más que un frío solitario que no sirve de nada… Danzarías en el abismo frente a aquella montaña y sonreirías entre las ondas de este calmado lago… Tal vez un día podremos verte danzar y contemplar tu sonrisa, o quizá miraremos atrás desde el final del camino y solo tendremos preguntas… ¿Lo ves? No puede ser una oración, no he podido si quiera cerrar los ojos…

viernes, 11 de marzo de 2011

SOBRE LA ETERNIDAD...

Estaba escribiendo sobre la eternidad mientras conversaba con ella, y la conversación le dio un giro violento a lo que escribía, borré todo lo redactado porque me hizo pensar en la eternidad de una forma más real, palpable, viva… No se necesitan términos como paraísos o infiernos para hablar de eternidad, no se necesita o así lo pensé hablar de alma, o un más allá. Los últimos acontecimientos, dolorosos, lamentables, comentados en los programas de noticias y demás medios informativos han despertado o generado una serie de polémicas y declaraciones que solo atestiguan en contra de la religión y de las actitudes que se cultivan en sus patios, es inhumano, es muestra de la aberración de las actitudes humanas, utilizar desgracias como recursos para ilustrar creencias e intentar convertir a otros e inducirlos a abrazar ciertas creencias… Tal intención enlaza la eternidad a conceptos como juicios, maldición y otros de los que no quiero hablar.

Conversando con ella pensé en la eternidad como vida, alegría, logros… Tal vez el camino a la eternidad es vivir, es luchar por lograr, es intentar, perseguir el logro de nuestros sueños, ser humanos… Tal vez eternidad es no afectar negativamente a nadie, es servir de ayuda, amar, reír, llorar sin miedo, bailar, disfrutar la lluvia, hacer uso del aire para alimentar la vida propia y así tener aliento para despertar cada mañana y caminar, saludar, abrazar… Tal vez la eternidad sea una reunión con los amigos, brindar por el éxito que alguno alcanzó, celebrar las etapas que van caducando y aquellas que se inician… Puede que la eternidad sea apoyar a quien necesita sostenerse para seguir en pie en sus batallas, puede que sea reverenciar la vejez y la sabiduría, vencer los miedos que nos atan a veces y nos impiden asomarnos por las ventanas de oportunidades que se lanzan cobre nosotros…

Es posible que ser eterno sea vivir, cada día, cada segundo, contemplar y memorizar, e invitar a otros a nuestra memoria, extender las manos al cielo y dar gracias sin importar a quién o a dónde… Respetar, sonreír… Ser solidario… Tal vez ser eterno es desconocer la religión como sistema o escenario de limitantes, quizá abandonar el fanatismo, dejar de pretender ser dueños de la verdad, abandonar la pretensión de adueñarse de un cielo o paraíso y administrar la entrada mediante normas…

Quizá sabremos si somos eternos y si nuestros nombres sobrevivirán a la muerte y seguirán danzando entre los vivos cuando cada día miremos atrás sin deseos de volver porque olvidamos vivir… Tal vez sean los fragmentos de nuestras vidas incrustados en la memoria, en los dichos, en las letras y en el sentimiento de otros los que nos mantengan vivos y nos hagan eternos…