viernes, 6 de enero de 2012

BREVE RELATO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA NECESIDAD DE MENGUAR...

Sonrió recordando las palabras de su madre, la interpretación del evangelio y las doctrinas aprendidas siempre fueron para ella suficientes ante cualquier problema. Quizá su madre tuvo razón, puede que él necesitó entender su posición tan diminuta en el mundo, su existencia finita y limitada delante de la existencia de un Dios que se extiende por la eternidad; quizá su consciencia golpeaba con fuerza en el alma para despertar y así hacerle transitar las veredas que le condujeran a los brazos de Dios. ¡Y por qué no! Chocar con la existencia de Cristo, con la vida del Salvador, le permitiría transitar una de esas veredas que son necesarias en la búsqueda de la verdad.

¿Resolvió “la oración de fe” la sed y búsqueda que despertaban en su alma? ¿Esa sed y búsqueda ha sido resuelta en nosotros con una sencilla oración de fe? Es una pregunta peligrosa, lo reconozco. ¿Nunca te has detenido hacerte esa pregunta? Yo me lo pregunté muchas veces, tratando de convencerme de que la respuesta es un “sí”, “sí, todo está resuelto”, “sí, ya no hay sed”, “sí, se acabó la búsqueda”. Él intentó hacerse uno con las doctrinas que aseguran que todo está resuelto. Pero la verdad es que una “oración de fe” es “linda” para marcar un inicio; chocar con la existencia de Cristo, decidir creer en su existencia, en su historicidad, en su papel salvador es solo un inicio. Aún queda mucho por resolver… ¿Cómo interpretamos la vida de Cristo? ¿Cómo la convertimos en agua para calmar constantemente esa sed? ¿Cómo nos mantenemos en el camino que él marcó con su propia vida al exclamar su “yo soy el camino”? ¿Cómo le descubrimos como verdad pronunciada en sí mismo?

Las mismas doctrinas cristianas muchas veces tienden a ser desvíos en el camino que él (Cristo) declaró ser; es agotador transitar esos desvíos, la invitación del Cristo al declarar su “venid a mí los cargados y cansados…” hoy parece resonar y hacer eco incluso en quienes se incorporan a las membresías de congregaciones ortodoxas o liberales. Y él piensa en ello parado frente a la biblioteca, sosteniendo la que fue su primera Biblia. Él fue formado en una congregación ortodoxa, pentecostal, en la que se profesaba un profundo y honesto sentimiento hacia la expresión más tradicional de lo que llamaban “evangelio”, y un día ni las doctrinas ni las prácticas aprendidas pudieron callar la agonía de sentirse aún perdido, sediento, cansado, sin propósito, como si estuviera en casa pero perdido. Y mientras estuvo en la ciudad creyó descubrir la verdadera expresión del cristianismo, la más congruente con Cristo; se unió a la lista de miembros de una iglesia que se autodenominaba “libre” por no pertenecer a un concilio, ni ser dirigida por tradiciones, pero en ocasiones la percibía más bien libre de la responsabilidad de seguir los pasos de Cristo y su desempeño a favor de la sociedad y esclava de fórmulas mágicas que solo despertaban sensacionalismo y emoción.

En medio de su reflexión un segundo pasaje bíblico relampagueó en su memoria, Juan 3:30. Sonrió porque aún recordaba el título que identifica el pasaje. Ese pasaje bíblico estuvo rondándole en la mente por muchos meses durante sus veinte años de edad. Para entonces ya había calmado su inquietud con la decisión de aceptar las doctrinas como absolutas e incuestionables, como suficientes y genéricas; pero la separación de sus padres despertó en él una dolida rebeldía contra la que intentó luchar, logró apagar la intensidad de su furor para no caer en extremos viciosos pero no pudo evitar recaer en terrenos de incredulidades y cuestionamientos frente al cristianismo y evangelio. Sin embargo, a su manera su madre logró inculcar en él un sentimiento de temor hacia Cristo y también su padre con sus confesiones de admiración hacia la obra de Cristo a favor de los pobres y la sociedad; y tanto el temor inculcado por su madre y las confesiones de admiración de su padre lo llevó a trazar una línea divisora entre Cristo, cristianismo y evangelio como religión. Así resolvió que Juan 3:30 desnuda la necesidad de separarse incluso de la pretensión de resolver a Cristo en la vida de uno a través de doctrinas y sistemas, eso también es menguar.

2 comentarios:

Evanir dijo...

Que a fé e a esperança anda de mãos dadas, bem juntinho de você.
Esta esperança é nossa esperança. É com esta fé em Deus que
estou para 2012.
É com esta fé que nós seremos capazes de transformar esse mundo se cada um de nos
fizermos nossa parte.
E a esperança não ilude, porque o amor de
Deus foi derramado sobre todos nos.
Esta luta do filho de Deus não anda de mãos dadas com renúncias e tristezas,
e sim de esperança num amanhã mais feliz.
Um feliz final de semana.
O primeiro de 2012.
Muita paz muito amor para você.
Beijos no coração.
Evanir..

GUSMAR SOSA dijo...

Muchas Gracias Evanir, gracias por los deseos de paz y amor. Y Contagiemos con esfuerzo de esta esperanza... Un abrazo para usted... ¿De qué región de Brasil es usted? Brasil es un hermoso país...