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jueves, 27 de agosto de 2009

ELIAS Y EL ¿DIOS? DE MUCHOS...

Durante años escuché sermones, así los llamaban con orgullo, basados en ese “pasaje bíblico” en el que Elías (a quien me vendieron como el “profeta de fuego¨) enfrenta a sacerdotes de Baal, un dios construido por hombres y que seguro sus sacerdotes nombraban con “d” mayúscula. Lo que hoy me parece curioso es que estos sermones señalaban el desempeño de Elías como protagónico y como la razón de existencia del “pasaje bíblico”, dando a entender que el ¿Dios? de ellos inspiró las Escrituras para resaltar a Elías y hacerlo un modelo para todo aquel que quiere figurar como un hombre de éxito dentro del sistema cristiano. Así se centraban en su desempeño para llegar a la definición del ¿Dios? de ellos, aun cuando yo sospecho que no tenían la menor idea de que en tales exposiciones dibujaban la imagen del ¿Dios? al que dicen servir.

Hoy, mientras recuerdo alguno de esos sermones se me hace obvio: el ¿Dios? que estos me dibujaron era uno del mismo calibre de Baal. La imagen que muchos proyectan de ¿Dios? es la de un ser amante de sacrificios, y este ¿Dios? de los sacrificios “respalda” a todo aquel que logra arrancarle las “señales y prodigios”, “señales y prodigios” son indicadores del apoyo de este ¿Dios? y el apoyo se traduce como éxito y actitudes que agradan a tal ¿Dios? Todo cuanto los servidores de este ¿Dios? interpretan lo hacen con esa formula barata: sacrificios + señales y prodigios= apoyo divino. De manera que la compañía de ¿Dios? y su “intervención” a “favor o en contra” son productos que resultan del esfuerzo humano.

Es obvio para mí, todo esto es un cuadro que nos permite ver el reflejo de un ¿Dios? cuyo atractivo es el “poder” y su poder está limitado a la capacidad humana, un ¿Dios? dependiente de sacrificios y esfuerzos. La imagen de este ¿Dios? es nociva para el hombre y es también útil para sus “representantes” en el intento de manipular a quienes “sedientos y cansados” se inclinan ante sus “coberturas”. Estos representantes por lo general ocultan móviles, se afanan por ser los más reconocidos, los más nombrados, “caciques” de parcelas, y utilizan la imagen de ese ¿Dios? para mantener un orden obsesivo en sus sistemas y para activar la voluntad de sus seguidores a merced de sus metas personales de “crecimiento y orden” variantes que les permite a estos “venderse” dentro del sistema como hombres de “éxito”. Nuestro Creador, tuvo cuidado de alertarnos sobre estos a través de los escritos de los apóstoles.

Según todo este ideal enfermizo y absurdo el fuego que cayó del cielo fue un producto del sacrificio de Elías al exponer su vida al riesgo de retar a los sacerdotes de Baal quienes eran apoyados por el régimen político de turno, sumado al cuidado que tuvo en la construcción y estética del altar donde presentó el sacrificio. Toman cada detalle para simbolizar aspectos que se deben tener en cuenta en el proceso de sacrificio. El argumento supone que un solo error, un descuido, una piedra mal puesta, un paso en falso del profeta Elías y no habría descendido fuego sobre el altar. Y ese mismo argumento es aplicado a los “pasajes bíblicos” en los que el Dios Real y Verdadero se presenta a sí mismo. Ya lo he dicho antes: “todo cuanto interpretan lo hacen con esa formula barata: sacrificios + señales y prodigios= apoyo divino”. Así predican con tono altanero que la sanidad del ciego Bartimeo fue el producto de su sacrificio al enfrentar a la multitud que servía de obstáculo entre él y el Cristo; de igual forma aseguran que la mujer del flujo de sangre “recibió” su milagro gracias a su osadía de tocar el manto de Cristo que suponía un gran sacrificio; para ellos el leproso que se le acercó a Jesús en Marcos 1: 40-42 logró desprenderle a ¿Dios? su sanidad mediante un mecanismo que supone su sacrificio: “Rogó e hincó la rodilla”, y he escuchado a muchos vender este modelo como una formula infalible para obtener “favores” de ¿Dios? siempre con la aclaratoria de que si falla es un problema de actitud humana o “no rogaste lo suficiente ni estuviste con tu rodilla hincada el tiempo necesario”, sencillamente “el poder” de ¿Dios?, el más grande atractivo de este ¿Dios?, depende del esfuerzo humano. Lo que reduce automáticamente, a mi parecer, tal atractivo a un chiste.

Ahora bien, si un Dios es dependiente del esfuerzo humano, si un Dios necesita de sacrificios para destellar poder entonces a quien se dirigió Elías no fue un Dios, pues quien consumió el altar con fuego lo hizo porque así lo había decidido ya, sin importar lo que Elías hizo o pudo haber hecho, ya Él había decidido hacerlo. Note usted mismo que en ese relato el llamado “profeta de fuego” conversa con nuestro creador y en su conversación u oración afirma haber actuado de esa forma porque Él (quien hizo descender fuego) así lo había ordenado. Su actuación no puede tomarse como un mecanismo o sacrificio, había recibido instrucciones y esto garantizaba que su actuación tendría resultado positivo, así que actuó confiado, el anuncio de los resultados pudo haberle inspirado la confianza y seguridad de que no correría peligro. Elías no tiene merito alguno en esta historia en la que quien la inspiró intenta mostrarse a sí mismo. La compañía de nuestro Creador no se mide por lo que llamamos “intervención”, o “prodigios y señales”, ya que lo que podríamos llamar “no intervención” sería ya una forma de intervenir si ya hemos presupuesto la realidad de su existencia. De insistir en que eso que llaman poder es parte de su atractivo tendríamos que concluir en que actúa por sí mismo y no actúa por sí mismo también, y su no actuación sería ya una forma de actuar.

Si Elías nos visitara hoy y escuchara hablar de ese ¿Dios? dependiente de los sacrificios y esfuerzo sin duda diría: “Ya conozco a ese ¿Dios?, en mis tiempos lo llamaban Baal, es un ¿Dios? muerto, hecho por hombres”.

martes, 11 de agosto de 2009

MUCHO MAS QUE UN ¿DIOS?...

Hoy quiero aclarar a quienes vienen leyendo la serie que estos artículos no tienen como objetivo culpar al Creador de los cielos y la tierra de la muerte de mi abuela, ni de los infortunios propios o ajenos. Tampoco negar la existencia de un Creador, de alguien superior que se hizo hombre y se nos mostró de diversas formas, entre ellas a través de la persona de Jesucristo. Lo aclaro no por tener la necesidad de hacerlo, es decir, no intento cuidar mi imagen o dar excusas, como me dijo hace poco un hombre a quien considero mi amigo “estoy sano en salud”. Lo aclaro más bien para que los objetivos de esta serie puedan lograrse en quienes leen, y en quienes leen con cierto prejuicio.

Continúo. Los infortunios vividos y vistos en quienes me rodean causaron en mí, en cierto tiempo, confusión, decepción y frustración. Estos sentimientos surgieron en mí como consecuencias de mis creencias relacionadas a ese ¿Dios? que me pintaron y que yo, iluso y fanático, acepté sin cuestionar nada. Pero estos sucesos despertaron mi sed, o mejor dicho: me hicieron más consciente de mi sed. Y esta sed me llevó a caminar, a emprender la búsqueda de agua para saciarme. Me obligó a salir del conformismo que me hacía aceptar todo cuanto vendían sobre ese ¿Dios?, hecho por hombres. Me di cuenta que hablar de Él como un ¿Dios?, según la imagen que me había construido de un ¿Dios? incluso con “d” mayúscula, no era hablar de Él, no era hablar del Creador, del que se hizo hombre. Este conflicto me llevó a preguntarme ¿sino es un ¿Dios?, y no es un humano, si tampoco es una cosa, entonces qué es?

Para entonces tenía claro que debía percibirlo y buscarlo como a “alguien” y no como a “algo”, como alguien no humano y tampoco ¿Dios?, repito: según la imagen que me había construido de un ¿Dios? incluso con “d” mayúscula.

Encontré una confusión parecida en un hombre llamado Moisés, de quien se habla en las Sagradas Escrituras.

Cuando el Creador, el ¿Dios? Verdadero, el que se muestra así mismo en las Escritura, el que Vive, es decir, el que no depende de nuestro raciocinio para vivir, el que Existe por sí mismo, cuando Él comisiona a Moisés para la tarea de libertar a los hijos de Israel, Moisés se preguntó y le preguntó a Él: “Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé?”.

Sabía que era real quien le hablaba, porque le hablaba, pero cómo le explicaba a sus paisanos sobre la existencia de aquella voz. Es curioso porque Moisés pudo obviar ese asunto y conformarse con dibujarles la idea de un ¿Dios? “zarza ardiendo en fuego”. El dibujo pudo haber sido atractivo para los suyos. Sin embargo, Moisés sabía de dioses, e incluso tal vez de dioses con “d” mayúscula, y aquel que hablaba no se sentía ni lucía como un ¿Dios? de esos conocidos.

La respuesta de aquella voz fue la que me llamó más la atención en ese pasaje. Él respondió a Moisés: “Yo Soy El Que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros”.

No lo envió una “zarza ardiendo en fuego parlante”, ni siquiera una voz, lo envió alguien que Es, alguien con identidad definida y no dependiente del tiempo, es decir, alguien que no depende del pasado, presente o futuro. Cuando leemos que “Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos”, no debemos pensar en que esas palabras nos revelan una formula para conocer el patrón de ¿Dios?, no se trata de sus actos, no nos dice que como Él “obró” así Él “obra” y “obrará”. Esas palabras nos hablan de Él, de su identidad que no está sujeta al tiempo.

Ningún ser humano puede afirmar “yo soy”, sin obviar que su identidad y todos los elementos que la componen cambian constantemente de acuerdo al tiempo que transcurre, y que incluso su comportamiento dependerá de su identidad. Cuando fui niño yo era como un niño porque fui niño, cuando fui joven yo era como joven porque fui joven, cuando soy adulto yo soy como adulto porque soy adulto, cuando sea anciano seré como anciano porque seré anciano. Y en cada etapa vamos cambiando, y lo que somos irá dependiendo de muchos factores que están sujetos al tiempo. El Yo Soy es un ser no dependiente ni sujeto a nada.

En este sentido hablar de quien inspiró las Escrituras, de quien se hizo hombre manifestándose en la persona de Jesucristo, es hablar del Yo Soy, llamarlo ¿Dios? sería acertado siempre y cuando estemos consciente que no es un ¿Dios? sujeto a “leyes” que ya a “lanzado al mundo”, que tampoco es un ¿Dios? comprometido “a su palabra”, es decir, no es ese pobre ¿Dios? que se hace atractivo a sí mismo queriéndose mostrar como una especia de genio. No es un ¿Dios? comprometido con un sistema al que quieren llamar “¿Dios? de orden” (luego hablaremos de ello). Llamar ¿Dios? al que Es, sería hacerlo entonces consciente y aclarándole a quienes nos escuchan hablar de Él que no es un ¿Dios? hecho por hombres y esquemas.

Por esta razón yo prefiero decir que no es un ¿Dios?, para mí es mucho más que eso que ahora llaman ¿Dios?

Si nos vamos entendiendo, entonces continuemos en esta búsqueda. La serie continua.

martes, 3 de marzo de 2009

LOS OJOS DEL MAESTRO.

-¡Papá!- Exclamó el niño de seis años desde su cama al ver que su padre abandonaba la habitación sin el hábito nocturno. Éste, se detuvo al mismo tiempo que una sonrisa centellaba en su rostro.

-¿Qué sucede?- Preguntó aun de espalda a su hijo que guardó silencio observando a su padre volviendo hacia él y cuando lo sintió sentado a su lado, en la cama, le dijo abrazándolo:

-Sabía que no te irías sin contarme una historia- El padre acarició el cabello del pequeño, casi seguro de que el acto de contarle historias era tan satisfactorio para él mismo que superaba la emoción del niño al escucharlas.

-Hoy te contaré la mejor historia que puedas escuchar.

Su mirada se perdía entre imágenes que formaban parte de los recuerdos de su niñez. Fijó sus ojos en los de su hijo, el pequeño ubicó sus brazos detrás de la cabeza haciendo de ellos una cómoda almohada. El melancólico padre esperó hasta ver que el niño estaba listo para escucharlo. – Te contaré una historia de la que fui testigo-. Le dijo.

-Padre, ¿Eres el héroe de la historia?-. Interrumpió el niño acostumbrado a escuchar las hazañas de personajes heroicos, unos reales y otros ficticios, cuyos actos eran narrados con el fin de cultivar en él buenos principios y costumbres.

-No, aunque al día siguiente muchos comentaban mi intervención y algunos me atribuían un grado de heroísmo y otros aseguraban que fui un instrumento para el único y verdadero héroe de esta historia… No fui ni lo uno ni lo otro.

Sus ojos se humedecieron al instante, tuvo que luchar para no enmudecer a causa de la emoción y pronunciar así las siguientes palabras:

-Yo solo fui un afortunado… Años después supe que aquel día, el maestro, como lo llamaban entonces sus seguidores, solo quería apartarse de la gente, deseaba internarse en la soledad propia, lo necesitaba después de escuchar sobre la muerte de su primo Juan. Aquel día para mí, no fue un maestro… Fue mucho más…

Ese fue el inicio de su historia, y continuó:

- Pero aquel hombre nunca se doblegó ante el egoísmo, jamás priorizó sus necesidades por encima de las del prójimo. Mientras sus palabras podían impresionar al más pretensioso erudito y despertar el alma de cualquier ser humano vivo o muerto – sonrió por un momento – Sus actos, siempre en armonía con sus palabras, despertaban en el hombre la extraña ilusión de estar frente al Mesías. La tarde en la que quiso abrazar la soledad se vio interrumpida por una gran multitud, tal vez cinco mil personas le rodearon, tal vez diez mil ojos le observaron, y la misma cantidad de brazos se extendieron hacia él... Esperando recibir.

Inclinó su rostro, movido por una solemne indignación y con tono melancólico dijo: - …Sin nada que ofrecerle al maestro, ni siquiera apoyo, él que nunca esperó recibir nada y siempre estuvo dispuesto a dar – Levantó el rostro fijando nuevamente sus ojos sobre el niño para continuar:

-La noche nos sorprendió. Y todos, algunos más conformes que otros, decidimos partir. Cada cual a su refugio, sin preguntarse ninguno por la suerte del maestro bajo el manto de la noche. Pero Él no era un maestro; era el Mesías. Y sin siquiera tomar en cuenta la actitud de ninguno, tuvo compasión. No nos permitió partir, no sin antes alimentarnos a todos: a los conformes y a los inconformes. Yo paseaba entre la multitud con mi canasta, llevaba en ella cinco panecillos de cebada y dos pececillos. De repente alguien se acercó a mi y me dijo que le diera mi canasta que el maestro quería con ella alimentar a la multitud. Escuché murmurar a alguien que “era una locura”, unos me decían: “no se la des”, “quiere aprovecharse de tu inocencia”. Otros me dijeron que aquel era un bribón que quería alimentarse con mi vianda. Otros rieron pensando que el hombre que me pidió mi vianda en nombre del maestro hacía un chiste. Pero yo era un niño, no sabía sacar cuentas. Le entregué mi canasta y al cabo de unos minutos toda la multitud se alimentaba con mi vianda, incluso aquel que dijo que lo que pretendía el seguidor del maestro era una locura.

El niño escuchaba el relato fascinado. Como es de esperarse no mostró asombro adicional por la cantidad de hombres alimentados con la vianda de su padre. Es una virtud de los niños burlarse de las cifras que a los adultos enloquecen. A un niño le asombra el amor incondicional de sus padres, el latido de un cachorro que lo recibe cuando llega del colegio, la bondad de los abuelos, el canto de las aves sorprendidas por el amanecer, el color del cielo mientras se prepara para el abandono del sol y la llegada de la luna. ¡Pero números! Ni lo intentes, da igual un millón de estrellas sobre el cielo a una, de hecho para un niño una estrella siempre es suficiente.

El padre ajustó la cobija al cuerpo de su hijo, ritual con el que acostumbraba a anunciar los finales de sus historias. Y luego que hubo hecho esto con una nostalgia más notable prosiguió su relato:

-Cuando la multitud sació su hambre, los seguidores del maestro recogieron lo que sobró. Yo aproveché aquel momento para acercarme al maestro. Parecía distraído, tal vez pensaba en los buenos momentos que vivió junto con su primo Juan. Él estaba de espaldas, pero creo que sintió mi presencia porque volteó clavando su mirada directamente en mí. Vi sus ojos, no eran ojos de hombre, eran profundos y llenos de pasión; brillaban como el sol, ardían en el corazón. Sentí que estaba frente al mismo Dios. “Eres el Mesías”, pensé y al instante Él me sonrió; sentí que no había pensado, que había hablado con Él. Años después un hombre me dijo: “Vi al maestro colgado en un madero, azotado y burlado por los hombres, algo me hizo pensar que era más que un maestro porque sus ojos estaban llenos de paz en su notable agonía, pensé que estaba frente al mismo Mesías, de inmediato Él me miró fijamente y sonrió, creo que Él escuchó mis pensamientos”.

En ese momento el niño mostró gran asombro.

-Padre, es la mejor historia que me has contado -. El padre sintió que un sentimiento indescriptible su espíritu, pensó que realmente nada podía compararse con el acto de contarle historias a su hijo. El hijo sintió los labios de su padre sellando un beso en su frente al mismo tiempo que un par de lágrimas humedecían su cabello. Luego lo escuchó decir:

-Aquel día, mientras el sol se marchaba y la luna se mostraba tímida fui un niño afortunado. Cada vez que veo tus ojos recuerdo a aquel Mesías y siento que sigo siendo un niño, uno muy afortunado.

Así el padre abandonó la habitación tras recibir un abrazo de su pequeño que ya solo en la habitación con sus ojos cerrados pensó: “maestro, yo también creo que eres mi Dios”.

Y yo creo que desde el cielo Él mantiene sus ojos fijos sobre el niño, escuchando sus pensamientos, al mismo tiempo que una sonrisa se dibuja en su rostro.

jueves, 17 de julio de 2008

HISTORIAS DE CISTERNAS, CUEVAS Y CARCELES. (Septima Parte)

Cárceles... Para mí es complicado hablar de cárceles... Es que aun siento fresco el olor a barrotes humedecidos por la lluvia, siente cerca el trauma por el encierro. Pero es un tema importante, para muchos no, pero para ti y para mi si lo es. Más que importante es necesario, claro es mucho más atractivo hablar del día de la liberación, pero no podemos saltar hasta ese momento. Hay detalles importantes que no deben obviarse. Y es cierto, a nadie le gusta hablar sobre su estadía en la cárcel. Sin embargo, Dios ha pensado en ello y ha grabado para nosotros algunas de esas historias que muchos no contarían.

Tal vez suene cruel al decirlo, pero de las historias de cárceles la siguiente es mi favorita. Tal vez compartan mi apreciación al final. No sé quien fue el primero en llamarlo profeta llorón, pero personalmente me molesta que sea llamado así. Quien lo hizo seguramente nunca ha estado encarcelado y no sabe nada de la sensibilidad de un profeta que lo abandonó todo y fue abandonado por todos a causa de su servicio a Dios y a su pueblo. Aunque no hizo jamás descender fuego del cielo, ni ordenó sequía en tiempo de lluvia este hombre era movido por una pasión sobrenatural y tenía la habilidad de encontrar en medio de la cotidianidad la voz de Dios. Daría lo que fuera para poseer tal habilidad, sé que tu también, y precisamente esa es la razón de ser de las cárceles, aun cuando suena aterrador.
Cuando este hombre recibió lo que algunos han definido como el llamado (lo que me parece un término muy mítico para una acción que glorifica el carácter de Dios y Su gracia y no la posición de un hombre, pero este es otro tema que tal vez algún día comente) no pensó jamás, no creyó, no imaginó la posibilidad de estar en una cárcel, éstas fueron creadas para delincuentes, después de todos entre los sinónimos de profeta no podría estar nunca "cárcel". Además cuando fue comisionado Dios no mencionó la cárcel. Pero él sabía sobre el riesgo de su comisión así que expresó no estar preparado... Pero Dios le regaló una promesa de protegerle y hacerlo poderoso frente a sus opresores. Y no me pregunten por qué lo digo, de hecho, no tengo bases teológicas para afirmarlo, pero puedo asegurarles que tales palabras no produjeron en él ambición alguna pero sí infundieron la tranquilidad que un hombre y una mujer necesita para dedicar su vida a un genuino servicio a Dios.

Así que emprendió su viaje, porque eso es servir a Dios, una caminata, un recorrido por uno de los senderos más extraños, donde abundan las cisternas cuevas y cárceles, pero que nos lleva al destino más especial, más hermoso, es que es más que un viaje de autorrealización, mucho más que encontrarnos a nosotros mismos, mejor que descubrir nuestro yo interno, este camino ofrece mejor resultado que el humanismo, que el psicoanálisis y cualquier filosofía creada a través de la historia. Es un viaje que nos lleva más allá de cuatro paredes que encierran a una religión, y nos eleva por encima de cualquier rito racional o culto. Amo este sendero, en el que aun las cárceles ofrecen una libertad difícil de describir, es que viajamos hacia el más glorioso de los conocimientos, vamos rumbo al conocimiento de Dios.
Este hombre al que ahora podemos llamar profeta vive experiencias jamás imaginadas, desarrolla habilidades que van más allá de lo natural, siente la compañía de Dios en todo momento. Pero también ha sentido la nostalgia de un forastero, que te lleva a añorar el lugar de donde saliste a causa de tu comisión, nostalgia que pocos pueden sentir. Y aun añorando su lugar, sabe bien que no podría volver porque allá en su pueblo, en aquella aldea de Benjamín, en Anatot, ya no hay lugar para él. Esa nostalgia que produce haber tenido una vida tranquila y normal con la que de igual forma ya no sabrías vivir conforme. Este profeta también a llorado traiciones, a lamentado soledades, a sentido la ira que producen los prejuicios, pero hoy, hoy es el peor día de su vida, hoy no entiende, hoy no hay mañana, es que hoy está en una cárcel siendo justo. Y hoy, parece haber descubierto que su injusta condena es perpetua, y al respecto Dios ha decidido no decir nada.

De manera que este justo y paciente profeta a decidido cuestionar a Dios y a gritado sus quejas, eso es lo que produce una cárcel. Saca lo malo de ti, lo manifiesta.
¿Por qué querría Dios sacar lo malo de ti?
Porque no lo quiere más en ti, porque desea que te hagas conciente de las características negativas de tu condición humana, porque conciente de ellas tendrás dos opciones: ignorarlo o trabajar en ellas.
Durante años en mí inculcaron la falsa creencia de que quejarse ante Dios es pecado, pero si Dios produce circunstancias que estimulan las quejas, acaso ¿quiere Dios que pequemos, nos arroja hacia el pecado? Entonces yo me quejaba cuando era inevitable y en mí quedaba el sabor amargo de haber pecado, y esto me lastimaba aun más obstaculizando mi relación con Dios, cuando las quejas son las respuestas naturales ante el dolor. Se le puede llamar pecado cuando nos lleva a una acción negativa, pero al quejarnos debemos identificar el dolor que la produce y buscar la cura inmediata y pertinente para el mismo, lo cual sería un comportamiento positivo, y he aquí la llave que abrirá la celda de nuestra cárcel.
Dios escucha la queja de este profeta, no le interrumpe pues sabe la importancia de escucharlo, y aun más de que él se escuche a sí mismo. En las cárceles es imposible no escucharte a ti mismo. Años antes un hombre ha generado todo un libro de quejas, y Dios le ha permitido expresarlas todas, guardando silencio hasta el momento oportuno, su momento. Esa es la razón de ese silencio odioso de Dios en las cárceles. Él no necesita hablar, necesita que tu hables. Él guardará silencio hasta asegurarse de que has sacado a la luz, a su luz, esas quejas guardadas que han echo pesado tu viaje hasta este momento. Es por ello que su silencio no puede interpretarse como ausencia, su silencio es la mejor compañía en nuestras cárceles, y debemos reconocer su compañía por el silencio.

Sé que les prometí un buen final, pero permítanme presentarles el final de esta historia de cárcel, junto a otras en un próximo post.

sábado, 21 de junio de 2008

HISTORIAS DE CISTERNAS,CUEVAS Y CÁRCELES (Tercera Parte).

Este post quiero dedicarlo a mi hijo Efraín, ayer cumplí 4 años de haber sido marcado con su nacimiento, ayer hace 4 años que le dio un nuevo significado a mi existencia.

- Disculpe Señor, ¿pero cómo es que ya se va?, pensé que me acompañaría en este lugar.
- Oh no jovencito, algunas cuevas son hechas para ser habitadas solo por una persona.
- Pero está muy oscuro aquí, y no estoy acostumbrado a tanto silencio, mucho menos a la soledad.
El anciano sonrió, y luego dijo:
- ¡Pues hoy es tu día de suerte! Aprenderás a amar el silencio y la soledad desde muy joven.
- Ahora que lo menciona -Interrumpió inquieto el joven- pensé que estos lugares eran para iniciarse, he leído todas las historias de cuevas y nunca imaginé que podría encontrar a un anciano en una... ¿A recibido ud una importante misión a su edad?
- Pues permíteme decirte que las cuevas están hechas hasta para los más ancianos, nunca se termina de aprender. Es muy útil leer las historias de cuevas y escucharlas también. Sin embargo, hay lecciones que solo puedes aprender cuando tú estas en una de ellas. Pero sospecho que nuestro encuentro tiene algún propósito así que ¿por qué no te sientas en esa roca? Voy a contarte una historia de un anciano en una cueva. ¿Has escuchado de Elías?
El joven que apenas se sentaba sobre la roca señalada por el anciano se levantó violentamente al escuchar aquel nombre.
- ¿Se refiere al Elías el vidente? No hay nadie en Israel que no haya escuchado de él, dicen que es un anciano, la verdad nunca le he visto, pero soy hijo de profetas... Conozco todas sus historias... Todas sus hazañas, sus profecías... Hace pocos días hizo descender fuego del cielo ¡demostrando al pueblo que solo Jehová es Dios! Desde entonces nadie le ha visto. Hay quienes dicen que está en algún lugar del desierto probablemente recibiendo alguna revelación de Dios. No puedo imaginas cuál será su próxima misión. ¿Qué puede ser más asombroso que hacer descender fuego del cielo? Ahora lo llaman el "profeta de fuego".
- Pues hay una historia que aun no ha sido contada, una que no conoces. ¿Estas listo para escucharla?
Se sentó nuevamente sin apartar su mirada del anciano, esperando ansioso el relato del anciano.
- Presta atención:
Conocía la soledad, también el silencio. Y al igual que tu, todas las historias de cuevas contadas y escritas. En su haber, hazañas jamás realizadas por otro mortal. Las cuevas no le asustan. A estado en ellas y si es cierto que son solitarias siempre, hasta ahora, podía contar con la compañía de cuervos que le sustentaban, Ángeles que le guiaban, o con la voz de Dios, quien en esas cuevas le guiaba hacia su próxima tarea.
No conoce el miedo. Pero una tarde, caminando por el desierto, huyendo del miedo para no conocerle lo encontró de frente. Éste era oscuro, más que las noches sin lunas sobre las ásperas arenas del desierto; silencioso, tanto que lo ensordece, que no le permite escuchar ni siquiera la voz de Dios. Y ahora que lo piensa, nunca... ni en las horas más silenciosas de su vida, había notado la ausencia de la voz de Dios. También era tenebrosamente solitario. Si alguien conoce la soledad, es este anciano profeta sin hogar, sin compañero, pues no expondría a nadie más a los peligros que le podrían amenazar a causa del desempeño de su servicio. Y allí, frente al miedo, se ve obligado a internarse en él.
- ¿En el miedo?- interrumpió el joven asombrado.
- Si en el miedo, es el único refugio frente a él. Al entrar un frío golpea su alma, y éste lo desnuda. Y por primera vez se pregunta qué habría sido de él de no haber sido escogido por Dios para ser vidente. Piensa que sería interesante saberlo, no es que desee no haber sido vidente, no es que en ese momento preferiría ser un esposo y padre, un carpintero o tal vez un pastor. Bueno si es todo eso, la verdad Elías desea ser un hombre normal, temeroso de Dios, pero normal. Es decir, con una familia, con un hogar, llegar las tardes a casa y ser recibido por ana amorosa esposa que te ha preparado la cena, respirar ese olor que ya conoces, que te dice que estas en casa. Ver a un niño correr hacia ti y escucharlo decir emocionado "papi llegaste". Pero sabe que ya no podría ser, que de todos los dones recibidos, y las señales permitidas, no recibió el poder de devolver el tiempo y cambiar su destino, y a decir verdad no tuvo elección para su destino, él fue sellado, su destino trazado, y esto que le transmitía paz y satisfacción hoy le duele hasta el alma. Si está consciente de eso ¿por qué insisten estos pensamientos en llegar? De repente se da cuenta que lleva largas horas viviendo como un mortal normal. Sí, en horas no ha escuchado la voz de Dios, en horas no ha recibido Su dirección, y esto no le gusta. "No podrías vivir una vida normal", piensa con frustración ante su descubrimiento. Aun así, hoy debe ser normal. Hoy debe aprender a asirse de Dios aun cuando no está su voz, aun cuando no hay señales por realizar, y peor aun, cuando no se sabe qué deberás hacer. Hoy es un día para olvidarse de los asuntos de la nación y del llamado, para enfrentar sus propios asuntos, aquellos de los cuales se ha mantenido distante, distraído. Pero en una cueva no hay distracciones; el tiempo se detiene para ti, y esto no es negativo. No quiere decir que todos se adelantan y tu te atrasas, por el contrario, te pones en sintonía
De repente una voz quiebra el silencio "¿Qué haces aquí Elías?" Apenas puede reconocerla, es la voz de Dios. Esta vez esa voz se originó en su interior, algo que nunca había experimentado. La respuesta es fácil, así que responde: "Estoy aquí por mi nación, por ti Jehová, porque buscan mi vida para matarme, y si eso sucede quién llevará a esta nación a tus pies".
- ¡Esa es la respuesta de un profeta!- Exclamó con mucha emoción el joven.
- No hijo, es la respuesta de uno que no admite sus miedos- Corrigió el anciano, logrando apagar la emoción del muchacho que ahora refleja confusión en su rostro.
- No entiendo.
- Su miedo era precisamente no responder como un profeta, dejar de serlo. Veras, todo hombre debe enfrentar el momento del relevo, de la entrega, del final.
- ¿Le tenía miedo a la muerte?- Preguntó sin poder creerlo.
- Más que eso. A veces nos da miedo admitir que llegan nuevos tiempos y otros deben tomar las riendas. Eso significa que debes confiar en que sin tí las cosas seguirán mejorando, pues no depende de lo que tú haces, sino de quien es el que actúa a través de ti. Debes confiar en la capacidad de otros. Debes creer y aceptar que no eres imprescindible. Y lo que has sembrado en el corazón de un hombre o un pueblo, de un hijo o un discípulo, crecerá y dará frutos, y tal vez, esos frutos serán tu único aporte. Y créeme que sin duda alguna, este aporte es el más significativo de un rey, de un maestro, de un padre, de un escritor, e incluso de un profeta.
- ¿El profeta de fuego entendió eso?
El narrador sonrió, y luego respondió:
- Si lo entendió, pero no fue en ese momento. Aquella voz lo guió justo a la salida de la cueva y frente al Monte Horeb...
- ¡Un momento! - Interrumpió nuevamente - ¿Frente a Horeb?, ¿Elías estuvo en esta cueva?
- Así es, y frente a Horeb pudo sentir la presencia de Dios pasando. Y tras su paso un viento poderoso y grande rompía los montes. Y luego del viento un gran terremoto hizo temblar la tierra, y luego fuego. Por último un acontecimiento nada asombroso, un simple silbo, apacible y delicado. Solo un detalle. Un silbo que quizá no notaria de no haber sido por su estadía en la cueva. Y era en ese silbo donde se escondía la más sublime manifestación de la presencia de Dios.
Elías es invadido por una profunda paz. No sabe que pasará después. No sabe si volverá a escuchar aquella voz. Pero mientras aquel silbo se desvanece, también sus miedos. Y mientras la noche se desvanece este hombre va entendiendo que podría no haber más señales, que podría no haber más misiones, que este mismo día podría entregar su puesto a otro y aun así Dios seguiría a su lado. Que su sublime presencia no se define por el bullicio o el silencio, sino porque sencillamente Dios está comprometido consigo mismo a acompañarle siempre. Y es así como Elías está listo para abandonar la cueva.
- Me ha gustado esta historia - Comentó el joven.
- Me da gusto que así halla sido, puedes contarla al pueblo al salir de aquí, o mejor aun, puedes escribirla. Veo en tus ojos que un día serán un gran cronista. Ya debo irme, sé que tu estadía aquí será fructífera.
- Espere un momento, no sé su nombre.
El anciano tomó su manto y lo colocó sobre sus hombros, y sonriendo de espalda al joven respondió:
- Según un jovencito que conocí en una cueva me llaman el profeta de fuego.

jueves, 19 de junio de 2008

HISTORIAS DE CISTERNAS,CUEVAS Y CÀRCELES (Segunda Parte).

¿Has soñado alguna vez?... Lo sé, lo sé... Es algo tonta mi pregunta. Y sé que lo sabes, es decir, que no hablo de sueños de noche, al menos no de los que tenemos dormidos e inconcientes. Estoy seguro que has soñado, porque antes de publicar este post le he orado a Dios, le he pedido que sea leído solo por soñadores. No es que me desagrade la gente no soñadora, tengo cantidades de amigos de este tipo y me agradan. Ellos me ayudan a mantenerme en equilibrio.
Creo que me he desviado un poco del asunto...
Volveré al punto...
Un soñador es aquel que estuvo en su futuro, así es, se le ha permitido estar en él solo por un momento, el tiempo necesario para saborearlo y alimentarse de esperanzas. Es aquel que no sabe estar cómodo y seguro, que no es aliado del conformismo. Pero hasta el más hábil soñador debe... (No me gusta decirlo)... debe ser internado alguna vez en una cisterna, cueva o cárcel.¿Por qué debe ser así?Hoy solo mencionaré dos razones:
1. Debe conocer de cerca y a detalles los sentimientos que intentan destruir la esperanza. Es la única forma de comprender a aquellos que no han soñado jamás y a quienes lo hicieron alguna vez pero luego se les hace imposible.
2. Estos lugares te permiten desintoxicarte, soltar el pesado equipaje de emociones y conductas que te harán más agotadora la caminata hacia el cumplimiento de tus sueños que, además, tus sueños sufrirán no una transformación, sino que podrás verlos como Dios los ha diseñado y no como tú quieres verlos.
Permítanme ilustrarles estos dos puntos con una de esas historias que leí repetidamente en aquel tiempo sin encontrar nada, pero que seguía leyendo porque si para algo hay tiempo en estos lugares es para leer.
Su nombre: Moisés. Edad: Ochenta años. Oficio: Pastor de ovejas... ovejas que no son suyas. Nacionalidad: Hebreo, bueno a decir verdad es solo un forastero en tierra ajena.Moisés no siempre fue anciano, no siempre fue pastor y no siempre fue forastero.
Pocos lo saben. Su pasado no es un asunto que quiere publicar o gritar a los cuatro vientos.
Alguna vez, cuando aquel pasado reinaba en su presente, se sintió orgulloso de lo que hoy fue. Paseaba por los jardines del palacio real del Faraón, disfrutaba de lujos inimaginables, y tenía una posición que pocos hebreos, a decir verdad, solo dos hebreos, han tenido en Egipto. Él era libre, mientras sus paisanos eran esclavos. Y estos esclavos murmuraban teorías sobre el futuro de Moisés, pues era un hebreo, y además, un príncipe. Y no hay un hebreo en Egipto que no conozca la historia de un hebreo príncipe que vivió hace cuatrocientos años antes del nacimiento de Moisés.
Él caminaba entre sus hermanos y observaba el duro trabajo que se les imponía bajo las más crueles condiciones que pudiera conocerse. Y en sus paseos llegó a escuchar las murmuraciones de sus hermanos acerca de él; fue en ese tiempo en el que descubrió lo que quería ser, cuando un sueño nació en su corazón: ser libertador de sus hermanos.Tenía las condiciones a su favor para ser un gran libertador. Y su sueño cada vez tomaba mejor forma, ideaba su plan perfecto, desde su punto de vista. Un día solicitaría una reunión extraordinaria en la que, frente al Faraón y todo su consejo, expondría argumentos irrefutables que harían inevitable el veredicto de libertad para el pueblo hebreo, lograría llevarlos al mismo nivel de los egipcios. Su pueblo depositaba sus esperanzas en Moisés. Sobre todo los más sabios y ancianos aquellos que conocían muy bien la historia y cada una de las profecías del Dios de Israel.
Moisés también tenía un carácter violento, esta era sin duda una de las cualidades más atractivas y pertinentes para el puesto que aspiraba. Solo había que esperar el tiempo y seguro ya estaba cerca; es que el protagonista de la leyenda del niño protegido por el río Nilo ya no es un niño, ahora es un hombre de cuarenta años. Pronto cuatrocientos años de esclavitud serían abolidos.
Pero allí se detuvo la historia. Y ahora Moisés camina una vez más, como en los últimos cuarenta años de su vida, en medio del desierto apacentando las ovejas de su suegro, intentando olvidar un pasado que duele, que frustra, que no le permite aceptar su presente y que por eso desea tanto olvidarlo, no es que no le agrade su esposa o su hijo, lo que sucede es que... es que sus sueños se han roto, y una vez estuvo en el futuro y hubiera sido bueno estar allí con su esposa e hijo, pero allí.
¿Cómo es que una historia que comienza como la de este hombre puede terminar asì?No le pregunten a él, Moisés tiene la respuesta, ha tenido cuarenta años para pensar en ello, pero no te daría la respuesta real, solo te diría: "Verás, maté a un egipcio por defender a mis hermanos y esos ingratos terminaron delatándome, y aquí estoy, escondido de la ira del Faraón". Pero esa es otra razón por la que no comenta su pasado, es la única forma de no tener que contestar preguntas.
Solo dos personas en Madián conocen su pasado: Su suegro, un hombre sabio, que no hace preguntas y cuyos comentarios producen sed, a Moisés le incomodan sus comentarios, pero sabe que su suegro es sabio. La otra persona es Séfora, su esposa, ella lo ama, acaricia sus frustraciones, apacigua la ira que causa no estar donde debes estar.
Él no lo sabe, porque ella es prudente, pero ella lo ama tanto que odia verlo partir cada verano con las ovejas de su padre. Y no se trata solo por la distancia que los alejará durante algunos días, sino también porque justo después del abrazo de despedida, y de verlo darle el beso de adiós al pequeño Gersón, ella puede ver en los ojos de su marido la amargura que él intenta ocultar. Es que una esposa y un buen amigo siempre saben.
Ella lo observa alejarse cada verano y solo cierra sus ojos y desde su corazón hace una petición al Dios de su padre: "Buen Dios Misericordioso, llévalo a su destino", y nuestro buen Dios sabe a qué se refiere ella.
Y allí va atravesando el desierto un pastor que debió ser libertador, un hombre que una vez fue violento, que tuvo oportunidades, que tuvo un sueño. Hoy no es más que un anciano que cometió un error y cuyo error le costó su destino; hoy es temeroso, dócil, humilde de espíritu, es paciente aunque no en el grado que debería, pues es casi un resignado, y eso no es paciencia pura, pero es estar más cerca de la paciencia que cuando se es soberbio; hoy no tiene oportunidades, no puede ser visto.
Hoy es un hombre que vive en una cueva, una muy grande, llamada Madían, pero cueva al fin. Un hombre por quien nadie daría un centavo...Nadie excepto uno... Uno que detendría el movimiento de la tierra por él, uno que apagaría el sol por él, que bajaría la luna y las estrellas a sus pies... Uno que diseñó el más hermoso sueño para él... El mismo que lo llevó por un momento al futuro... Que ha estado esperando cuarenta años para sorprenderlo y decirle: "Moisés tu sueño... Tu sueño hoy lo haré realidad, porque hoy estás listo para recibirlo". Uno que hoy a hecho arder una zarza y ha dejado escuchar una voz, una dulce y amorosa voz, solo para él. Una voz que sana cualquier herida que puede causar un desierto, una voz que disipa totalmente la frustración y cualquier sentimiento negativo, dejando solo un conocimiento acerca de ellos. Una voz que le da forma al carácter dócil, que lo moldea cual alfarero al barro.
Y al culminar el verano Séfora, con Gersón en sus brazos, ve volver a Moisés con las ovejas de su padre. Pero el que viene es un hombre diferente y al tenerlo frente a ella y mirar sus ojos lo sabe: Dios ha contestado su oración.
Ella sonríe, quizá no lo tendrá en casa tanto tiempo, tal vez deba compartirlo con el pueblo hebreo, pero ella lo ama...punto.Y Moisés en un par de días lo sabrá... Fue necesario estar en Madían... Fue necesario cambiar...

lunes, 16 de junio de 2008

HISTORIAS DE CISTERNAS, CUEVAS Y CÁRCELES. (Primera Parte)

Antes de iniciar esta serie debo darle credito a una Brisa que sopla por estos lados, quien con serias preguntas me ha hecho sentarme y reflexionar por largas horas sobre el tema que les presento.

-Dios es fiel y hará de ti lo que prometió, un día comprenderás que todo esto fue necesario- Su tono paterno, sus ojos reflejaban convicción, sus grandes y fuertes manos transmitían fortaleza.
Lo vi subir al expreso que una vez màs lo alejaría de mí, y como siempre sus palabras se hospedaron en mi corazón. Incliné mi rostro y pensé “por qué ahora me cuesta tanto creerlo”. Claro yo siempre lo creí pero en este momento estaba sin recursos, sin oportunidades, las condiciones no eran favorables, metido en una cisterna y a mi criterio todo empeoraba cada vez más, mi barca hecha pedazos y mis redes rotas.
Pero esa noche llegué a casa con una firme convicción: luchar, luchar para recuperar mis creencias. Esa misma noche tomé la Biblia y busqué algún pasaje que me ayudara a entender algunos principios para poder anclar, algún relato que me inspirara, pero era como si las escrituras estuvieran selladas para mí. Era como si no podía encontrar nada nuevo, como si las hubiera leído demasiado. Aun así decidí dormir convencido de que Dios seguía siendo fiel.
Al amanecer nada cambió, ni al día siguiente, ni la semana siguiente… No hubo formulas mágicas, ni oraciones modelos, no encontré un atajo para evitar la cruel caminata por el quebrantamiento, y créanme no percibí, durante lo que pudiera llamar el proceso, como todo fue cambiando para bien. Cuando todo pasó me pregunté ¿Cómo? Y fue entonces cuando comprendí.
Por favor discúlpenme si este post no ofrece fórmulas mágicas, me gustaría tenerlas para uds; pero hay procesos en esta vida que no deben evitarse, o debo decir, a quienes se les a confiado una promesa que implica un bien colectivo se les a entregado también un boleto de entrada para la más antigua institución sobre la tierra la institución del quebrantamiento; donde el carácter ha de ser transformado paulatinamente para hacerlo congruente a la promesa recibida, donde se fabrican los sueños que ya han sido diseñados por Dios y depositados en los corazones de los hombres, a la que debes entrar sin barcas y sin redes, pues es necesario estar quietos, sin distracciones, y sin posibilidad de tomar otra opción, otro rumbo.
¿Y cómo entramos? No lo hacemos, somos arrojados. José nunca se lanzaría a aquella cisterna por decisión propia, David no se habría mudado a la cueva de Adulam, dejando la comodidad de su hogar y alejándose del lujoso palacio real, Elías no decidiría por una cueva como refugio de no haber serias razones que le obligaran, Jeremías jamás abandonaría un seguro servicio en el templo para entrar en una cárcel, y yo… yo no entregaría un futuro prometedor dentro de una organización en la que a una corta edad ya tenía bases sólidas. Pero José tuvo hermanos envidiosos que lo arrojaron en una cisterna, David un rey celoso y con temor de ser desplazado, o como diría un amigo “inquieto por la sombra que David hacía sobre él”, Elías tuvo una reina resentida por el efecto de su ministerio sobre la nación, Jeremías fue encarcelado por hombres descontentos a causa de sus palabras y yo por lideres que no aceptaron que la gracia de Dios no solo cubre los pecados, errores y fracasos del hombre sino también mantiene vigente las promesas de Dios.
Así que lo que te obliga a entrar en la institución del quebrantamiento son: la envidia, los celos, el resentimiento, el descontento y el legalismo que actúa sobre quienes quizá deberían encaminarte hacia tu bienestar y propósito. De manera que, no hay por qué guardar odio en nuestros corazones hacia quienes solo han sido utilizados por estos factores, y que, además, en sus intentos por dañarnos bajo móviles inciertos, han logrado encaminarnos al lugar donde seremos procesados para bien. De no ser así seríamos nosotros mismos quienes arrojaríamos a otros dentro de una cisterna.
En este punto seguro habrá alguien a quien las historias de cisternas, cuevas y cárceles no les agrade. Que diga "como cristianos estamos llamados a una vida plena", "debemos reclamas las bendiciones de Dios", "no fuimos creados para la pobreza ni el sufrimiento", etc. Pues en todas estas declraciones hay cierto grado de verdad, pero no se puede negar la existencia de una institución llamada quebrantamiento. Esta institución ha formado reyes, principes, profetas, y hasta a un Salvador. Y este último a quien seguimos y de donde se desprende, o debería desprenderse lo que llamamos cristianismo, no ocultó la necesidad y posibilidad de que tu y yo entremos a esa institución, antes bien, nos alertó sobre ello.

En los siguientes días y por un tiempo determinado estaré compartiendo con uds algunas historias que nos ayudarán a comprender mucho sobre cisternas, cuevas y cárceles, sobre barcas destrozadas y redes rotas, sobre la más importante institución, la institución del quebrantamiento.

viernes, 6 de junio de 2008

UNA PROMESA ES SOLO EL INICIO...

Violento, caprichoso y solitario... Así es el mar, y él es un reflejo del mar. Tal vez por eso lo adoptó como refugio, quizá por eso optó por aquel oficio.
Las tempestades peligrosas, una persona corriente se mantendría fuera del alcance de una tempestad; pero incomprensiblemente era en esos momentos en que encontraba su paz, al menos eso creía él. En medio de una tempestad tienes que ignorar tus frustraciones, no hay tiempo para lamentarse por las malas decisiones, no puedes darte el lujo de quejarte por tu condición, debes concentrarte en sobrevivir, en mantenerte a flote. Y aunque en medio del mar el frío de la noche puede herir tu alma nadie lo sabrá, solo serán la noche, el mar y tu. Cuando las noches son tranquilas puedes llorar tus frustraciones, lamentar tus decisiones y darte el lujo e quejarte por tu condición, y aún así, seguirán siendo la noche, el mar y tu.
Violento, caprichoso y solitario... No es su carácter, solo una armadura, un mecanismo de defensa ante los duros e inmisericordes golpes de la vida. Y pronto olvidas tu verdadero carácter, abandonas tus sueños y te dejas llevar, te dejas llevar por el vaiven de las olas del mar. Entonces un día cualquiera, después de no sé cuánto tiempo en el mar, las preguntas llegan sin ser formuladas: ¿Quién soy? ¿Por qué sigo vivo?
Pero prefieres evadir las respuestas. Él las ha evadido. Lo hace porque a veces las preguntas no son tan sencillas de responder, ameritan tiempo de meditación, enfrentar recuerdos que ahora dañan y golpean tu armadura, y soñar, recuperar tus sueños más bien, y esto es un trance doloroso. Mientras menos perdamos el tiempo respondiendo preguntastan profundas más tiempo tendremos para llegar a ser mejores en nuestro oficio. Lo sé, porque llegué a ser un buen cocinero, y hasta un hábil organiador de eventos. Pero mientras más nos especializamos en nuestro oficio más nos alejamos de nuestra profesión, o nuestro llamado si así prefieres decirlo.
Una vez mi padre me dijo: "Nací para servir a Dios a través del pastorado, si un día decido hacer otra cosa puede que prospere pero mi vida perdería sentido...viviría en ruinas". Y la vida me a dicho que eso puedes disimularlo, puedes sonreir con tus labios y estar llorando por dentro. Pero alguien que una vez tuvo claro su propósito de vida no puede alejarse de ello para siempre, y este pescador está a tan solo horas de recuperar los sueños de su juventud.
Él no lo sospechó cuando aquel fanático y muy famoso predicador llegó a la orilla del mar seguido por una gran multitud. Lo observó detalladamente mientras éste se le acercaba lentamente. Jesús le pide al pescador que le preste su barca pra usarla como escenario y dirigirse a la multitud. Pudo habrse negado, tal vezestuvo tentado a hacerlo. ¿Por qué no lo hizo? Porque aun cuando quieras alejarte de tu destino hay una pequeña parte de ti que nunca muere, puede ser apagada por los recios vientos de la tempestad, pero solo por un tiempo. Esta pequeña parte de ti puede detectar cuando una oportunidad está a la puerta y al sentir las suaves y seductoras caricias del destino esa pequeña parte que has estado reprimiendo se hace cargo de tu voluntad.
Un simple "si puedes usar mi barca" fue suficiente para desencadenar una serie de eventos que lo llevaría a transitar el sendero de una promesa.
Jesús sube a la barca y comienza a pronunciar palabras que daban vida, para algunos eran solo palabras, una charla motivacional, una presentación de nuevas filosofías, un sermón de un fanático que de seguro ya tiene su muerte anunciada por contradecir a la tradición... Pero Simón, el pescador violento, caprichoso y solitario, siente que aquellas son palabras de vida. Palabras que responden las inquietudes más intranquilas del alma, palabras que dan respuesta a su ¿Quien soy realmente? ¿Para qué he nacido? El sermón culmina y Jesús mirá a Simón directo al alma, él siente como la mirada de este hombre penetra a traves de sus ojos y entonces escucha no una petición, sino una orden: "Vuelve mar adentro y echa la red al mar".
Dos compañeros de Simón que están en la barca se miran y sonríen, "si, este hombre es un buen orador pero desconoce sobre la pesca". Pero Simón no ha bajado su mirada y por un momento ha decidido desconocer todo lo que ha aprendido ore su oficio, así que responde: "Maestro, aun cuando hermos estado toda la noche trabajando sin obtener ningún fruto y estas no son horas para echar la red, hoy he escuchado tus palabrasy no sé qué entendió esta multitud, pero yo... yo he conocido que en tus palabras hay vida... Así que en tu nombre bogaré mar adentroy por la palabra que has dicho echaré la red al mar".
Sus dos compañeros no pueden creer lo que han escuchado "Perdimos a Simón", piensan. Pero Simón solo ha decidido creer que aquel hombre que ha podido dominar la tempestad en su alma, que ha echo latir de nuevo su corazón y encendido esa pequeña parte que estaba apagada, ese hombre seguro puede hacer fructíficar el trabajo perdido de toda una noche. Simón supo que quien era él estaba escondido en el corazón de Jesús y cuál era su destino ligado a Su mano. Sus compañero vieron por primera vez al verdadero Simón, el Simón que dejaba caer su armadura para delante de Jesús hacer la declaración más importante de su vida.
He escuchado muchos conferencistas motivacionales y leído algunos libros al respecto, una gran mayoría afirma que para una acción como esta se necesita valor y una buena actitud. Con el debido respeto señores, este pescador no tení ni lo uno ni lo otro, solo tenía el alma cansada y sus fuerzas degastadas. ¿Desalentador? Por el contrario, esperanzador.
Me tranquiliza saber que Dios hizo ilustre un hombre cuyo nombre era "dolor" y reflejaba su condición, un hombre cargado de dolor que elevó una humilde oración nacida de la desesperación suplicando el favor divino. Me emociona saber que el hombre que luchó con un ángel obtuvo su heroíca victoria porque lloró y gimió (en algún lugar del libro de Oseas encuentras la verdadera lucha de Jacob con el ángel), y quel llanto nació de estar cansado de huir... Historias como estas abundan en la Biblia, de hombres que creyeron en Él cuando ya no tenía nada en qué creer, que se apoyaron en él cuando ya no tenían en qué apoyarse. Me enamora aber que él a estadoen mis peores momentos y no le a importado el hecho de que no tengo nada para ofrecerle, aun así susurra a mi oído: "echa la red al mar". No es el momento ideal, todo está en mi contra, no tengo la actitud apropiada... "echa la red al mar".
Y Simón echa la red al mar. Como consecuencia: una pesca milagrosa. Esperen aun hay más... Simón sonríe, lo hace desde el corazón, como hacía mucho no sonreía. Jesús le mira nuevamente y conociendo el temor de su corazón, temor de no tener claro su destino y pasar el resto de su vida pescando, le dice: "No temas, desde hoy te haré pescador de hombres". Este día Simón ha pescado una promesa, y una promesa es tan solo el inicio...

viernes, 30 de mayo de 2008

LA MUJER QUE ENCONTRÓ EL AMOR.

Cuando leo la siguiente historia me conmuevo. Hubo un tiempo en que yo cometìa errores a diario, y sin intenciòn de excusarme debo decir que estos fueron productos de mi inexperiencia. Era dificil porque yo estaba rodeado de voces que reclamaban perfección, "santidad" (creo que debemos entender muy bien este concepto para conocer los paràmetros que lo definen); "eres hijo de ministros", "tus padres han servido a esta organizaciòn por tantos años", "esperamos esto de ti", "ya tienes una trayectoria"... ¡Por Dios! yo era solo un adolescente. Y además tan humano como ellos. Mis errores fueron tropiezos para entrar en el círculo de ellos, pero con esto, ellos se situaban al mismo nivel en el que yo estaba, y es que ante Dios solo hay un nivel: el nivel de su gracia. Muy bien, este post quiero dedicarlo a ellos, no están excluídos de mi círculo he aprendido a perdonarlos y apreciar el importante papel que jugaron en mi crecimiento y madurez. Dicho sea de paso, aun conservo tesoros extraaidos de sus enseñanzas.


Aquella mañana sucederían dos milagros, por lo menos así pudo haber sido. Los milagros se producen a diario, es cuestión de entenderlos, de estar alertas, de cononocer nuestras necesidades, de ser honestos. O como diría un maestro que conocí: de ser humildes.


Ella era una mujer como todas con una necesidad en particular. Una necesidad que es común en los seres humanos, sin importar sexo o edades, razas o credos. Es cierto, algunos la reprimen, otros logran cubrirla sin muchos problemas. Esta mujer estaba en la búsqueda. Su error apenas descubierto no desnuda su maldad, por favor no mal interpretemos la historia; si bien es ciertísimo que no es justa (quién puede jactarse de serlo) y si además, es cierto que su error más que un error es un pecado debo aclarar a su favor (o tal vez a favor de todos nosotros) que su error o pecado desnuda la desesperación por cubrir su más grande necesidad: sentirse amada.


A veces pienso que esta mujer fue abandonada por su padre cuando era muy niña y carecía de esos recuerdo lindos de una niñez junto a la figura paterna, tal vez creció viendo a otras niñas pasear con sus padres y compartir con ellos generándose en ella una profunda sed por sentir amor paterno, o quizá fue engañada en su juventud, un hombre al que amó y entregó sus ilusiones la abandona sin muchas explicaciones y luego lo ve lucir frente a ella una nueva pareja. En realidad no sé si fue lo uno o lo otro, pero su sed la llevó a los brazos de un hombre casado. Un hombre que se aprovechó de su necesidad, que no la amó. Y ella apenas lo descubre, pero es tarde.


Una vez más engañada y abandonada, pues él, ese miserable, no hizo nada para protegerla de aquella turba de fariseos, no, siquiera la acompaña al juicio donde dictarían su sentencia, aun sabiendo que aquella mañana ella moriría apedreada por una multitud de personas mejores que ella, personas que al parecer nunca han tenido una necesidad y nunca han cometido un error.


La caminata cesa. Alguien la toma con brutalidad por el brazo izquierdo y violentamente la lanza hacia adelante, ella cae de rodillas en la arena, el polvo que su brusca caida ha levantado hiere sus ojos humedecidos por el temor a morir, y sus manos son lastimadas por el roce de algunas rocas en la arena. Apenas puede observar los pies de su juez.


-¿Qué debemos hacer con ésta? Pregunta uno luego de exponer con desprecio e indignación la falta de aquella mujer. Ella levanta su rostro y observa por última vez el inmenso cielo y entonces al bajar la mirada puede reconocer el rostro de su juez y un rayito de esperanza se cuela entre las densas tinieblas de la desesperación que cubre su corazón. Sin embargo, el único hombre que pudiera brindarle el amor que ella necesita luce indiferente. Intenta suplicar, pero de seguro sus palabras serían usadas en su contra. Una vez más preguntan -¿Qué debemos hacer con ésta?.


Y en ese momento ella escucha a su juez decir una gran estupidez:


-El que esté libre de pecado lance la primera piedra.


Vamos maestros eston son hombres de leyes, son fariseos, son perfectos, viven para cumplir la ley, ¡no repitas eso!


Ella cierra sus ojos sabiendo que ya es inevitable, que no habrán milagros esta mañana. Y los fariseos, desde el menor hasta el mayor de ellos van abandonando la escena.


Y hay quienes dicen que se van porque Jesús les dio un golpe bajo, porque los condenó a ellos antes que a la mujer.


Permiteme decirte, él no los ha condenado con aquella declaración, les extiende una invitación. Reflexionen, les dice, no han adúlterado, pero ¿què los ha traído hasta aquí? No ha sido esta mujer, ni su falta, ustedes están en mi presencia hoy por sus propias faltas, por el orgullo que reina en sus corazones, por la necesidad de saciar el ego, de no sentirce amenazados. No se marchen, solo suelten las piedras, depongan las armas, bajen la guardia, reconozcan sus condiciones, yo los entiendo, hoy puede marcarse un nuevo comienzo en sus vidas.


Si señores, sus declaración no fue una estupidez. Pero ellos no quisieron entender, y se fueron. Lejos de Jesús, lejos del amor, lejos de lo que pudo haber sido el primer milagro aquella mañana.


Pero volvamos a la escena. Si ya no hay acusadores, ni testigos, ni verdugos, ¿puede alguien decirme por qué esta mujer no se ha ido de la escena?


Evidentemente ella espera algo más, y es que ya no eran rumores de calles, no, ya no era una leyenda urbana; sin duda alguna, aquel hombre que acaba de salvar su vida, aquel hombre era el hijo de Dios, es el mesías. Y ella quiere el milagro, el milagro que llenaría el vacío en su corazón causando un cambio en su caracter. Y el milagro suede:


-Mujer la razón por la que ellos no te condenan es porque no están libres de pecado, pero yo, yo que no he pecado, que soy el mesías, yo tampoco te condeno. Vete, sé libre. Olvida esto. Mi amor por tí no me permite condenarte.


Eso es un milagro, eso es una demostración de amor.


Me molesta mucho que se refieran a esta historia como "La Mujer Adúltera", ella dejó de serlo, esa étiqueta fue cambiada por el amor de Jesús, pues su amor cubrió sus faltas. Creo que esta historia debería llamarse "LA Mujer Que Encontró el Amor". Y permíteme concluir con dos preguntas, tal vez sean controversiales y ataquen las "doctrinas" de muchos, pero es necesario hacerla, la historia lo reclama, ¿estas listo?:


1. ¿Has pensado que si aquella mañana ella no hubiera amanecido en los brazos de un hombre casado tampoco habría sido arrastrada a los pies de Cristo?


2. ¿No has notado que la mala intención de aquellos fariseos fue necesaria y positiva para el destino de aquella mujer?


"Los atraje con cuerdas humanas", es una frase mucho más profunda hoy para mí de lo que fue hace 13 años cuando me encontré con ella. Y Fue un profeta el que la dijo. Fue una frase puesta por el mismo Dios en lo labios de un profeta engañado por una esposa adúltera, ¿irónico? no señores, ¡Perfecto!, así es Dios, perfecto. Bendiciones.


viernes, 23 de mayo de 2008

UN LUGAR PARA DEBILES.

Quiero dedicar este post a mi padre, a quien también debo llamar mi pastor y mi amigo. Cada vez que escribo algún artículo o subo a un púlpito para enseñar intento contar las historias con la misma pasión que he visto en él.


Nunca sospechó que era su día. No había forma de saberlo. Alguna vez soñó que algo así sucedería, eso fue hace ya muchos años. En aquel tiempo pensaba que si llegaba a recuperar su vista lo primero que observaría sin duda alguna sería el cielo en el atardecer, cuando las nubes se visten de oro, de niño aquellas nubes dibujaban figuras para él. Pero ya no es un buen momento para soñar, ni siquiera es un buen momento.

Ahora soñar es un ejercicio doloroso. El prejuicio de la gente suele asesinar los sueños. Él se ha convertido en objeto de burlas, para el pueblo él era un vivo ejemplo del juicio divino.

Su rutina sentarse junto al camino y esperar que quienes pasaban dejaran caer sus limosnas, limosnas con las que pretendían cubrirse de piedad, pero que en realidad desnudaban la arrogancia de ellos.

- ¿Lo ves?, esto es lo que pasa cuando quebrantas la ley.

Explicaban los padres a sus hijos señalando al pobre hombre ciego junto al camino.

Y él escuchaba cada palabra, es cierto, era ciego, pero no sordo. Al principio las palabras dolían, pronto el dolor era tan grande que ya las palabras parecían no causar ningún efecto negativo en él.

Con el tiempo se convenció de ello.Seguro Dios era un ser severo, iracundo, dispuesto a dejar caer todo el peso de su poder contra quienes quebrantaban la ley. No hay misericordia para quienes cometen errores. Él es un Dios para perfectos, para fuertes, para aventajados. Tal vez en Él no hay lugar para débiles, los desventurados lejos de Él.

Y si tienes al mismo Dios en tu contra, soñar es un suicidio.

La tarde comienza a caer, prepara el escenario para la noche. El día ha sido corriente, normal, nada fuera de lo común, y eso era tranquilizante. Es un alivio terminar el día sin sorpresas cuando se está en su situación.

Pero cuando las nubes comienzan a vestirse de oro un murmullo se cuela en su camino. Es la esperanza que intenta quebrar con ligeros golpes el hielo que envuelve su corazón. La esperanza nunca se rinde, a veces guarda silencio, pero solo mientras prepara su grandiosa aparición. Y les comparto un secreto, yo amo la esperanza, me atrae tanto la forma en que irrumpe en la rutina haciendo pedazos las cadenas del conformismo. Creo que es el mejor ángel de Dios, sí, la esperanza es un ángel.

Aquel murmullo despierta la curiosidad en el ciego y fórmula la pregunta perfecta, la que lleva a la respuesta perfecta. Cada detalle a sido planeado.

-Es que Jesús, un maestro curandero, que dice ser hijo de David, anda caminando por la ciudad.

Responde uno sin saber la importancia de lo que dice. Y aquí comienza la acción.

"No puedes correr hacia él, no podrías orientarte", susurran sus piernas.

"Ni siquiera sabes quien es de todos los que estan entre la multitud, nunca lo has visto, y no lo verás", dicen sus ojos.

"No cuentes conmigo, ni aún conociendo su voz podrías diferenciarla en medio de tanto bullicio", comenta el oído.

"No esperes la ayuda de la gente, ya sabes, ellos no te ayudarán, eres un pobre diablo, un don nadie", dice su mente.

Pero la esperanza deja escuchar su melodiosa voz desde el corazón:

"¡Grita! grita con toda tu fuerza, Él te escuchará, Él quiere escucharte".

Y la batalla comienza, la multitud intenta callarle pero no hay nada que pueda silenciar a uno que es prisionero de esperanza. Y cuando ya casi su voz se desgasta dos díscipulos lo guían hacia la presencia del maestro.

Y mientras camina lo entiende, el mejor momento para soñar es justo cuando no hay recursos, cuando las probabilidades son nulas, cuando los pronosticos están en tu contra.

Y ahora frente a Jesús le escucha preguntar "¿Qué quieres que te haga?.

No le molesta la pregunta, le agrada. Hace tanto que nadie le pregunta algo parecido.

Y sucede el milagro. Recibe de nuevo su vista. Justo cuando las nubes estan cubiertas de oro, justo cuando muestran sus mejores figuras, cuando el sol ya casi se oculta para dar paso a una hermosa luna plateada. Pero eso puede esperar, ya no es su prioridad. Bartimeo, el ciego de Jericó, esta vez solo quiere mirar el rostro del Hijo de Dios, es curioso pero ya no es un maestro curandero que dice ser hijo de David, es Dios mismo frente a Él, y entonces descubre una verdad que libera su alma. Dios tiene un lugar para los débiles, ese lugar esta en su corazón.

Gracias padre, por mostrarme mi lugar en el corazón de Dios.

lunes, 19 de mayo de 2008

GENEREMOS UN MILAGRO HOY.

Este post quiero dedicarlo a todas aquellas personas que a diario generan un milagro en la vida de otros, incluso de muchos que ni siquiera conocen. Algunas de estas personas que he podido conocer son: Jacsellys, Glendys Mosquera, Joel Lopez, Solange, el Rev. Mario Peraza, el Rev. Pompilio Chirinos, el Pastor Melvin Martínez, Eredis, y otras personas más.


Aquella pregunta hacia eco en su corazón y estimulaba los latidos de su corazón acelerándolos cada vez más. No es precisamente alegría lo que siente, aunque quisiera estar alegre, ahora tiene motivos para estarlo. La multitud aguarda silenciosa, y muchas veces el silencio tortura.

-¿Quien me ha tocado? El maestro insiste en preguntar.

Ella quisiera huir de aquel lugar, pero sus piernas no obedecen. Nunca sintió tanto miedo. De repente cae de rodillas temblando por el temor y finalmente sus lágrimas se dejan ver. Luchando contra el llanto intenta hablar. Quisiera poseer una gran elocuencia para persuadir al maestro y a la multitud de los motivos que la llevaron a tan desesperada acción. Ella solo puede describir el dolor que durante doce años la a acompañado, y culmina su torpe y breve discurso con una confesión:

-Maestro, yo... yo te he tocado.

De inmediato sus ojos se clavan en la arena, permanece de rodillas.

Ella lo sabe, su enfermedad no le permite tocar nada ni a nadie, y la priva también de recibir algún toque. Aquello que ella tocaba automáticamente se hacia inmunda. Debe estar separada de la sociedad. Ella no ha debido tocar al maestro. La multitud murmura pues mucho la conocen, claro no saben su nombre.

-Es la mujer del flujo de sangre-.Comentan a la espera de su condena.

Ella no ha parado de llorar, y el miedo se incremente con cada segundo que pasa, la angustia es más desesperante. Cuando su mundo está ya derrumbándose sucede el milagro, el verdadero milagro de esta historia.

Esta mujer siente que una mano acaricia suave y tiernamente su rostro secando sus lágrimas. No puede creerlo, hace doce años que su rostro no es acariciado, hace doce años que no recibe un abrazo. Aquella caricia comienza a cicatrizar tantas heridas en su alma, se van borrando las imágenes de desprecio e indiferencia que por doce años se repitieron en su cotidianidad. La mano se va separando de su rostro y ella quisiera tomarla y besarla aforrándose a esa bendita mano, pero aun siente temor.

La multitud está confundida. La mujer no se atreve a levantar la mirada. La multitud observa al maestro inclinarse a la altura de la mujer, sus miradas se han encontrado. Las lágrimas no le permiten detallar el rostro del maestro pero puede sentir la ternura que aquella mano a anunciado. Él sonríe con compasión. Entiende el temor de la mujer y la confusión de la multitud. Entonces Jesús pronuncia las palabras exactas que esta mujer necesitaba oír:

-Hija, tu fe te ha salvado, ve en paz.

Ella levanta nuevamente su mirada, y clava sus ojos en los ojos de Jesús, expresándole, a través de una mirada, el más sincero agradecimiento. Lo vio levantarse y darle la espalda para atender otros asuntos. Ella también se levanta y lo observa alejarse. Lleva sus manos al corazón y cierra sus ojos capturando el sabor de lo que acaba de vivir. Él ha acariciado su rostro, Él le ha hablado con dulzura, Él ha perdonado sus pecados. No recibió un reproche, no fue repudiada ni tratada con prejuicio. De hecho Él le ha dicho "hija" y "ve en paz". No recordaría ese día por haber sido sanada de un flujo de sangre, lo recordaría porque conoció a un hombre que le devolvió la paz, que le mostró el amor.

¿Sabes cuántas personas salen a la calle esperando oír una palabra de afecto, o recibir una sonrisa? ¿Cuántas nos tropiezan a diario intentando hacerse notar? Salgamos hoy y regalemos una sonrisa, un abrazo, una caricia. Iniciemos una conversación con un extraño, quien sabe, tal vez hoy tu y yo podamos generar un milagro.