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martes, 17 de abril de 2012

SANTÍSIMO DIOS...


No puedo generalizar, en mis treinta y un año de vida he pisado una gran cantidad de templos. Recuerdo, incluso, que a mis nueve años fui “un niño predicador” y eso me permitió pisar “los altares” de una gran cantidad de templos. Así que no puedo generalizar, he pisado algunos en los que se permite pensar, en los que uno puede expresarse, en los que la interacción es real y no conveniente. Pero sigue siendo mayor la cantidad de templos en los que la libertad sólo es un concepto conveniente que esclaviza.


No sólo la libertad es un concepto conveniente; en muchos lugares y a través de los labios de muchas personas, “dios” sigue siendo una idea, un instrumento, un método y hasta una credencial que acredita a sus portadores para validar las más retorcidas doctrinas que fomentan desigualdades y conflictos sociales…


Así que si hoy tuviera que iniciar mi oración con una frase como "santísimo dios", como condicionan en algunos templos, sería para decirle al dios de esos templos: 


"Santísimo dios, deja tus vestiduras santas en tu cielo y ven acá, ven dispuesto a ensuciarte mientras jugamos fútbol en alguna cancha abandonada, con los adolescentes de mi barrio o en algún terreno cubierto por la maleza, ven y juega con ellos que desesperados y en silencio anhelan un mejor porvenir... 


Ven y prueba nuestra versión del cielo, a lo mejor y te quedas aquí con nosotros. Sal de los templos un rato, míralos desde afuera, contempla la majestuosidad de esos templos y compáralos con los ranchos improvisados situados en esos lugares que con desprecio, muchos de los que entran a los templos, llaman “invasiones”. Si te llenas de ira, al comparar los lujos de esos templos y la pobre condición de muchos habitantes de las invasiones, prometo no juzgarte, no podría porque conozco la ira e incluso la impotencia. Pero si bajas de los cielos y sales de los límites de los templos quédate unos días y pasea por las calles de la América Latina, así podrás ver cómo el mundo está girando; tal vez escuches los gritos de los que dicen estar ofendidos, pero no te confundas, a ellos les ofende el hecho de que ya no podrán seguir abusando de las tierras que no son suyas, de la libertad que no puede seguir siendo administrada... 


Baja de los cielos, que a lo mejor te seducimos con el porvenir que vislumbramos, ven y junto a nosotros conviértete en prisionero de esperanzas...


Por un rato vístete de identidad latina y quédate en nuestras tierras a escuchar la lluvia bajo los techos de lata, quédate a escuchar a nuestros ancianos hablando de "aquellos tiempos", quédate y observa cómo el mundo va girando y nuestras tierras latinas van librándose de las cadenas y rastros del coloniaje... De paso, observa cómo vamos silenciando las voces de esos que dicen hablar en tu nombre, y que en tu nombre están saqueando los barrios, las familias, ven con nosotros a silenciar a esos que están robando con palabras santas el sustento de las familias, el salario que, con tanto trabajo, algunos adquieren... 


Ven y mira cuan absurdas se vuelven esas escatologías que se prenuncian en tu nombre... A lo mejor y termines brindando con nosotros mientras reímos de lo cruel que han sido quienes dibujan tu rostro... Conozco lugares en los que se puede estar tranquilo, en los que no importa si eres un dios o un mortal, no importa tu color de piel, no son templos, pero puedes sonreír y conversar hasta el amanecer… Siéntate un rato en una de nuestras plazas y admira cuán grandioso es ser humano, aunque muchos se obstinan en desconocer tal grandeza.


Ven y denunciemos juntos, acompáñanos a sabotearle el juego a quienes deberían fomentar el bienestar común y contrario a eso se aprovechan de sus posiciones para explotar y colonizar..." 

Esa sería mi oración y definitivamente no la pronunciaría dentro de algún templo, pues a veces pienso que en ellos dios está obligado a guardar silencio o a responder convenientemente...

lunes, 2 de abril de 2012

HISTORIAS DE ABRIL: II.


Lo comprendió al verla.


Esas cosas suceden a menudo, he sido testigo algunas veces, tal vez tú también; te pasas toda una vida argumentando, negando lo que consideras insostenible, y en un instante todos tus argumentos son ridículos.


A pesar de toda la angustia vivida su madre murió en paz, con una extraña convicción o una tonta ilusión: en algún momento él volvería a ser aquel hombre sonriente que una vez fue. Y así murió ella, sonriéndole a la vida, sonriéndole a él que también fue su vida.


La muerte anunciada le confirmó lo que él creyó descubrir quince años antes, cuando su padre murió en aquel trágico accidente en la autopista intercomunal de la ciudad. Renunció a su rutina dominical de asistencia a la iglesia y reconoció que su rutina no lo salvaría del único destino seguro del ser humano y de todo ser vivo.


Creyó absurda la ilusión que tantas veces lo llevó a pensar y asegurar la existencia de un dios;  afirmó en algunas conversaciones que si algún hecho o idea tenía caracteres superiores y divinos, era la muerte. Decidió jamás pensar en dios y por un tiempo mientras intentaba dejar de pensar en dios pensó más en el asunto, descubriendo que existen tantos dioses como lo suponen los seres humanos al creerlos ciertos. Se ejercitó para no darle vida a ningún dios con sus pensamientos, y en su aventura se volvió desconfiado y solitario, su vida insípida; a veces caía en cuenta de su aburrimiento, pero creía que su coraza lo mantendría un poco más alejado de la muerte.


Algunas noches lloraba la ausencia de su padre, o se excusaba en ella para llorarse a sí mismo; y cuando ya la ausencia de su padre no justificaba su llanto ocurrió lo de su madre.


En algún momento tomó  la decisión de sentarse algunas tardes en la plaza del parque La Bandera, allí lo conocí. Caminaba un rato y luego se sentaba y encendía un cigarrillo mientras a su alrededor una manada de humanos trotaban hacia todas las direcciones y por todos los senderos del parque. Al principio intenté convencerlo de mis ideas sobre un dios, también del supuesto sentido que le encontré a la vida, pero él sin intentar convencerme desarmaba mis argumentos dejándome cada vez con menos convicciones. En cada encuentro sus conceptos y el sabor amargo de la vida, que emanaba de su alma, se tornaban en néctar dulce para mí.


Conversando con él aprendí que la historia revela tantas identidades de dioses como tiempos y espacios han sucedido, y que cada concepto e identidad de los dioses en la historia refleja el concepto e identidad de la sociedad en cada escenario. Aprendí que tengo derecho a cuestionarlo todo, que puedo hacerlo, que puedo dejar de ser esclavo, constantemente, de las ideas que creyéndolas mías no son más que herencia histórica. Eso creí muchas veces hablando con él.


Fue una tarde, yo estaba sentado a su lado, él encendía un cigarrillo mientras conversábamos. Una chica se acercó a nosotros y sonriendo lo saludó y le pidió un cigarrillo. Lo vi en su rostro mientras respondía al saludo y extendía su mano con los cigarrillos. Ella le dio las gracias y se alejó mientras él sonreía, de nuevo sonreía. Volvió a mí para continuar con la conversación, sin importarle en qué habíamos quedado, sólo me miró y me dijo: “Tal vez de nuevo estoy equivocado, tal vez puede que exista un dios, y creo que lo vi en los ojos de esa linda chica”.

Se despidió y se fue fumándose su cigarrillo, y una vez más me quedé yo, allí sentado, pensando que todo es posible, que no existen convicciones tan seguras y firmes para no cuestionarse… No se si volvió a creer en algún dios, después de aquella tarde no pude volver al parque de aquella ciudad, pero tuvo razón su madre: él volvió a sonreírle a la vida.

sábado, 17 de marzo de 2012

¡BENDITO CIEGO Y BENDITA MUJER!

¡Benditos los ojos del ciego! La oscuridad que nublaba disipada fue… Bendito ciego, que se atrevió a responder un “qué quieres que te haga” pronunciado por el mismo cielo… ¡Qué suerte la suya! Llamado desgraciado, apartado del redil, obligado a estar lejos… Los prejuicios de los hombres lo arrinconaron, arrojándolo a los brazos del Cristo…

Échame pues, lejos de los rediles; nómbrame desgracia y vergüenza, dispara tus dardos, tonto prejuicio… Que dices estar más cerca del cielo, que dices que mio es el infierno… Ni cielo ni infierno, míos son los caminos que tanto desprecias. ¡Cobarde! Le temes a la verdad, por eso le das la espalda a la agonía de no tenerla, por eso te escondes entre las luces que tú mismo enciendes, para protegerte de las sombras inciertas y de la verdad que a nadie le pertenece…

Bendita la mirada de aquella mujer… Ella que vio la bondad que no administra, que no esclaviza ni condiciona… ¡Mujer bendita fuiste! Que tu vergüenza impuesta, que no era tuya, ridiculizó la arrogancia de aquellos que se impusieron frente a ti… Mujer libre, tu libertad amenazó la esclavitud de los hombres, y ellos con piedras quisieron callarte. Pero el silencio te exaltó, el silencio del Cristo pronunció tu nombre. Adúltera te llamaron ellos, pero él te dijo mujer, mujer sé libre, mujer ve en paz…

Ven frente a mí tonto prejuicio, con tu disfraz de siervo, con tu pretexto de santidad… Ven con todas tus excusas y apunta tus piedras; que uno viene a llamarme libre… Su silencio pulveriza tus piedras que ya no hieren porque me dijo “ve en paz”… Ven pues y alimenta tus fronteras, y llámanos pobres a los que andamos afuera, pobre eres tú y pobre tu dios que depende de ti.

Un ciego y una mujer escucharon su voz para ser libre; y tú, por la misma voz reprendido… Sujeta con fuerzas tus piedras y apunta en mi contra porque te lo diré: yo prefiero ser ciego y adúltero y no encarnarte a ti, tonto prejuicio…

domingo, 11 de marzo de 2012

HECHOS 8: 26-40, UNA LECTURA LEJOS DEL REDIL...

La primera vez que estudié “Historia Eclesiástica” fue más bien una catedra de adoctrinamiento para mí. La profesora, licenciada en teología y acreditada por la misma institución para la labor pedagógica, partió desde el presupuesto de que la iglesia “primitiva” fue la institución que el Cristo fundó, que su ministerio, su muerte y resurrección apuntó a la institución de la iglesia y a su organización, y que ésta es reconocida en la Escritura como “la esposa del cordero”. Al mismo tiempo yo veía materias como “Epístolas I”, “Escatología”, “Hermenéutica” entre otras. Todo el sistema educativo de la institución subordinada a una enorme organización de escala internacional, estaba destinado a fabricar “creyentes con una fe sólida e inquebrantable”. Así pretendieron que yo aceptara “el modelo primitivo de la iglesia” como uno impuesto por Dios, porque era descrito en las “Sagradas Escrituras”, inspiradas por el mismo Dios. Pero yo tenía un gran problema: desde mis trece años venía anidando amargura en mi corazón en contra de los presupuestos establecidos pues iba descubriendo a través de mis experiencias que ellos mentían.

El concepto de iglesia era condicionado, se reconocía que el creyente era la iglesia del Cristo, pero sino comulga las normas de una congregación local, y no se reúne en las iglesias, así nombradas en rótulos, entonces en nada es iglesia de Cristo. Se enseñaba a los “futuros teólogos” a no cuestionar, pues para aquellos hacer teología es repetir los presupuestos heredados, lo demás es herejía. Y así, mi romance con la teología de aquellos terminó; pasé a ser un “hereje”, un “contrario a la fe”, a veces “ateo”, otras veces “perdido y confundido”, “zarandeado por satanás”, “descarriado”, “indigno”, “débil”, “siervo del anticristo”, “cortado de la congregación”, y en una oportunidad hasta por escrito fui “oveja negra, rebelde y desobediente”.

Hoy estoy lejos del redil, sí, del redil de aquellos. Ellos sostienen que el Cristo es el pastor de ese redil, aunque desde acá los observo desconociendo el amor pastoral del Cristo, yendo en contra del derecho a la diversidad, de la igualdad del prójimo, desconociendo la responsabilidad con el bienestar social y la construcción de mejores escenarios para la sociedad. El asunto es que lejos del redil mi fe no está condicionada, y a pasado a ser como un grano de mostaza, pequeña, débil, dispuesta a la renovación y transformación; tan débil y endeble que con ella no puedo apuñalar al prójimo y condenarlo con pretensión a un lago de fuego o qué se yo; tan débil es mi fe que no puedo asegurar que el Cristo apuntó hacia la construcción de un sistema o institución, tan débil que puedo observar su amor como base para el progreso social, para un mejor porvenir, tan débil que no tengo aliento para contradecir lo que él en actos y palabras demostró.

Pero hoy, lejos del redil quiero leer Hechos 8: 26-40.

¿Lo has leído? Yo lo leí decenas de veces mientras mediante la historia eclesiástica se me vendía la eclesiología como sagrada, mientras se me enseñaba que sin iglesia institucionalizada en el escenario mundial el apocalipsis se hacía más inminente, mientras me decían que no importaban los errores en las estructuras de la iglesia institucionalizada, que no estaba llamado a cuestionarla, pues lo importante era ser parte de ella para “no perder la salvación alcanzada”. La hermenéutica que me enseñaban al mismo tiempo y ritmo que la historia eclesiástica sirve como pilar para las doctrinas que defienden la institución eclesiástica como elemento vital del cristiano. Así que mi lectura de Hechos 8: 26-40 estaba estigmatizada y en cierto grado viciada. Incluso, las palabras del Cristo como “sígueme” eran fórmulas hermenéuticas al servicio de la institución que no debía ser cuestionada y cuyas doctrinas debían ser respetadas porque ellas eran garantías y ayos de la salvación.

Me pregunto hoy, débil de fe y enfermo de dudas, qué era aquel “sígueme” pronunciado por el Cristo. “Sígueme” tal vez era un “huye”, “escapa”, “ven por este camino que es libertad”, “sacúdete las enfermedades del sistema”, “no le temas a las etiquetas”. Cristo se convirtió en la opción no oficial de su época, se convirtió en el camino contrario a las normas y la institución, el Cristo fue el “hereje” (sólo que ese término aun no era empleado), se convirtió en el “pastor de los descarriados”. “Sígueme” fue un desafío, porque así es la libertad, es un constante desafío. Y sé que la hermenéutica ortodoxa abusa del “sígueme” para apuntar hacia el camino a la institucionalidad de la iglesia. ¿Pero entonces cómo explicarían la aparente contradicción entre el “sígueme” y el “ve en paz” pronunciados por el mismo Cristo? En una frase el Cristo parece adherirlos a él y en otra parece arrojarlos en sentido contrario a él. Esta aparente contradicción es una burla a la hermenéutica ortodoxa. (Y a veces me gusta pensar que el Cristo lanzó esas burlas desde su presente hasta nuestro futuro para demoler las pretensiones dogmáticas). Y esta aparente contradicción nos dice que su “sígueme” no era una especie de condición, sino una opción contraria a la oficial, a esa que se sostenía sobre pilares fuertes, tan fuertes que resultaban en opresión al pueblo.

Ir en paz es igual a seguirle, y sólo se puede ir en paz cuando contemplamos su rostro frente a nosotros, rostro que nos habla de bienestar y libertad. ¿Cómo contemplamos el rostro del Cristo? Alguien me dijo en estos días que el Cristo no está en medio nuestro porque no ha salido por CNN, sin embargo, el Cristo está caminando por las calles de la América Latina, está extendiendo su mano a través de individuos que se han arrojado a las calles para construir un mejor porvenir, a través de grupos que no tienen interés en que se les reconozca como “camino oficial” o “interpretación oficial” sino que más bien están interesados en que se conozca el ejemplo del Cristo y sus palabras y actos como una canción para el bienestar.

La historia relatada en el libro de hechos es otra burla a la hermenéutica ortodoxa y su pretensión proselitista. Felipe recibe instrucciones que lo acercan a un etíope, y no a cualquiera, sino a un funcionario de la reina. El etíope iba a Jerusalén a adorar y según el pasaje iba sediento e interesado en comprender las Escrituras. Felipe le explica, responde a sus preguntas, le habla del Cristo y lo bautiza. Pero no tuvo tiempo de señalarle a dónde ir, no pudo apuntarle la dirección de una iglesia, no le habló de la “necesidad de congregarse para su salvación o crecimiento”, al parecer no era prioritario el tema pues mientras pudo haberlo hecho y no lo hizo, y al parecer a quien lo envió a esa misión tampoco le interesó pues antes de que pudiera hablarle al respecto fue arrebatado y el etíope no lo vio más. Y lo último que se dice del etíope es que “siguió su camino con gozo”.

No dejo de pensar desde hace tres días en el etíope, en su camino de búsqueda, tropezando con un Felipe cuya vida no estaba vendida a ningún sistema. Tuvo suerte el etíope, en nuestro tiempo la opción de seguir su camino gozoso habría sido condicionada... Es como el "ve en paz" del Cristo... ¿A dónde apuntaba su "ve en paz"? ¿A dónde señala su "ve"? ¿Y su "sígueme" en congruencia con el "ve", a dónde nos enviaría?

También me dijeron hace días que me seduce la teoría del caos, que promuevo la anarquía. Me han dicho tantas cosas, y no estoy en la obligación ni me preocupa en lo más mínimo excusarme o dar explicaciones a quienes las exigen con arrogancia. Sin embargo, más que el caos y la anarquía me seduce el Cristo y su libertad, me seduce la idea de que congregarse sea mucho más que vendernos a un sistema que pudre el alma humana y origina actitudes inhumanas, actitudes fronterizas, separatistas, dogmáticas, egoístas. Me seduce más la opción de seguir nuestros caminos con gozo, de ir en paz, de seguir a un Cristo que en nada se parece al que me venden muchas instituciones. ¿Me seduce la llamada “iglesia primitiva”? Mucho más que las expresiones actuales de “iglesia”, pero no la veo como un modelo impuesto, sino como una respuesta al contexto, basada en la actuación y las palabras del Cristo. Creo que nuevas respuestas deben surgir, respuestas a nuestra época, al contexto, respuestas a los problemas hoy, respuestas basadas en las palabras y actuación del Cristo.

Pero ¿se puede institucionalizar? Siempre y cuando la institución sea un reflejo del Cristo y no una construcción que opaca el esfuerzo renovador y en beneficio del hombre, que hizo el Cristo, siempre y cuando la institución siga el ejemplo de ser el sentido contrario a la opresión en todas sus expresiones, incluso en su expresión eclesiástica... De cualquier forma es sólo mi opinión, tal vez otros tienen mejores respuestas...

sábado, 18 de febrero de 2012

UN ASALTO QUE LOGRÓ DESPERTARME...

Las siete de la noche, la luna llena anunciaba una noche tranquila y oscura. Salimos del trabajo y por ser viernes estábamos apurados por llegar cada uno a su destino para tomar las riendas de nuestro descanso y derrochar el fin de semana cada uno a su manera. Éramos tres compañeros de trabajo trasladándonos de una ciudad a otra en un transporte privado.

El auto venía fallando y apagándose, luego de quince minutos de viaje se apagó en un punto de la intercomunal entrando a la ciudad de Cabimas. Tres minutos transcurrieron, rápidos, fugaces, ni siquiera se notaron. Tres jóvenes de edades comprendidas entre dieciséis y dieciochos años, cada uno con un arma en sus manos, se acercaron al auto; dos se montaron en los asiento de atrás y uno me apuntó a mí que iba delante. Nos despojaron de nuestras pertenencias, yo conversaba con el que estaba a mi lado y le decía que estuviera tranquilo que no había necesidad de violencia pues podían llevarse lo que quisieran. Uno de los asaltantes que estaba detrás decía: “rápido, rápido, que tengo hambre…”. Amenazaron con llevarse el auto, pero notaron la falla y no quisieron arriesgarse. Fuimos astutos al lograr salvar nuestros teléfonos celulares y nuestros documentos personales (solo uno de los nuestro no pudo).

Cuando todo pasó, nos miramos las caras, vimos a los tres delincuentes alejarse. El auto encendió al instante. “¿Todo está bien?” “¿No golpearon a ninguno?” “¿No te faltaron el respeto?” (Preguntamos a la chica que iba con nosotros). Respiramos profundo. Y luego sonreímos porque salvamos la vida.

Mientras nos apuntaban y nos despojaban yo pensaba en mis hijos, pensaba en mis proyectos. En segundos me pregunté qué sería de mis hijos si esa noche un disparo hubiese acabado con mi vida. No sentí miedo, sentí agonía. Traté de mantenerlos a todos en calma y de hablar con el que me apuntaba, para que no recurrieran a la violencia y con nervios hicieran un disparo. Al llegar a casa no hice reproches. Recordé que siendo adolescente, e inmerso en las veredas ortodoxas del cristianismo heredado, fui victima de un asalto y en esa oportunidad lo primero que pensé después del trago amargo fue “cómo puede Dios permitir que estas cosas pasen”, luego pronuncié una estúpida oración de juicio en contra de los delincuentes. Pero esta vez no, todo fue diferente.

Creo que somos irresponsables al pensar que es Dios quien permite estas cosas o que es su descuido el que las propicia, creo que somos más irresponsables al responder con violencia o con ira frente a estas situaciones. Seamos honestos, asumamos nuestras culpas. ¿Qué estamos haciendo para que la sociedad sufra una transformación positiva? ¿Orando? Creo que la mejor oración es ser respuesta a la problemática social de nuestro entorno. Me sentí responsable del asalto, yo lo propicié. ¡Claro! Yo, por no hacer más de lo que creo que debo hacer para que mi entorno sea mejor. Pienso mucho en mis hijos, hace unos días conversaba con un amigo y le decía que por estar divorciado y no tenerlos todo el tiempo a mi lado siento una deuda inmensa con ellos en todo momento; quiero para ellos un mejor escenario de vida, una sociedad sin delincuencia, en la que los prejuicios religiosos no sean la constante, una sociedad humana, dispuesta al cambio para mejor, con un porvenir cada vez más claro y hermoso. Quiero que mis hijos me recuerden como alguien que hizo notar su cariño por ellos, que intentó, en congruencia con sus oportunidades, darles como herencia la tranquilidad de vivir en libertad.

Creo que se puede construir un escenario mejor si cada uno, en nuestro entorno, asumimos la responsabilidad social que nos corresponde. Si intentamos según nuestros medios y oportunidades aportar para el bienestar común, desarrollando programas sociales a favor del necesitado, del desmejorado, si nos abocamos a dignificar la vida.

No puedo concluir sin hacer un llamado a las instituciones cristianas, disculpen mi tonta ilusión de que se logre una evolución en tal institución que la desvíe o la haga transitar por el camino del bienestar social. Yo creo que si las instituciones cristianas, los templos que se hacen llamar “iglesias”, los “íconos” que se autonombran o son nombrados dentro de la esferas cristianas como “representantes del cristianismo”, si todos ellos se unen para hacer un aporte a la sociedad, para desarrollar y financiar programas de bienestar, algo grande podrá hacerse, un gran avance podrá lograrse. Creo que de esa forma se redimirían del “pecado de hacerse llamar representantes de Cristo” mientras le dan la espalda a la sociedad y sacan provecho de sus fantasías, sometiendo ideológicamente a otros… Pero mientras ellos se deciden, nosotros hagamos lo nuestro, lo propio, lo que está a nuestro alcance… Y por supuesto, reconozco que algunos grupos pequeños, algunas instituciones que van naciendo, están comprometiéndose con la sociedad y el bienestar…

No quiero hablar mucho al respecto por ahora, pero esa experiencia me hizo tomar decisiones y dar un paso adelante en los terrenos de algunos proyectos que no he culminado…

sábado, 28 de enero de 2012

UN ÁNGEL QUE FUMA

En Venezuela muchas iglesias miran con prejuicio a las personas que fuman... Esto va a sonar muy sensacionalista para mi propio gusto, pero hoy me habló un ángel que fumaba...

Créanme, fue un ángel. El sol del mediodía apuntaba directo a mis ojos mientras yo caminaba por las calles de Ciudad Ojeda en dirección a la plaza Alonso. Caminaba lleno de cargas, de esas que uno no puede soltar de las manos porque no se llevan sujetas con ellas. Más que quejas eran lamentos los que jugaban en mi alma, lamentos que no dependen del llanto, que no obedecen al anhelo de silencio que a veces se hace tan necesario. Yo quería silencio, no pensar, tan solo andar, sin llegar a ningún lugar. No entiendo por qué muchos insisten en que es importante un destino, yo prefiero los caminos a ningún lugar… A veces pienso que es porque nunca pertenecí a nada ni a nadie.

Como un forastero caminé, tal vez me viste caminando por esas calles, lejos de mí mismo. Pensé en mi padre y lo extrañé… ¿Por qué estoy tan lejos de él? Decidí que al amanecer lo visitaría y disfrutaría de estar allí. Pero mis angustias y preocupaciones no cesaron, tampoco la intensidad del sol. ¿Has sentido la angustia llorando en tus ojos? No son lágrimas, pero se sienten húmedas, no son tuyas pero lloran en ti…

Llegué a la plaza. Ella lucía triste y sola… ¿Por qué ya nadie se sienta a conversar en las plazas? Cuando niño viví frente a una plaza, la placita. En las mañanas las madres de mis amigos se sentaban en los bancos a conversar, algunas regaban los jardines de la placita desde adentro de sus casas; por las tardes, los más adolescentes y jóvenes jugaban beisbol o futbol en la placita. Y por las noches era el turno de los niños, salíamos de nuestras casas como de guaridas, disparados hacia afuera con una velocidad extrema, nos agrupábamos a conversar, jugábamos al escondido, gritábamos, cantábamos. Y las bancas eran ocupadas por los ancianos. Se veían sabios y poderosos, en esa placita aprendí que un día yo sería anciano.

Estaba ya sentado debajo de un árbol, en la plaza Alonso, recordando mi niñez para distraerme del presente, entonces escuché una voz ronca que me preguntó: “¿Estás buscando sombra?”.

Honestamente no me di cuenta cuando ese anciano se sentó a mi lado, fue como una aparición. El anciano sonrió y se llevó un cigarro a la boca y le dio un jalón sonriendo aun.
Dejó escapar el humo inhalado y me dijo: “Yo aquí escondiéndome de la vida”. Esta vez sonreí yo, y no pude ignorarlo.

-Es lo que provoca, eso quisiera a veces, vivir escondido mientras vivo.-le dije.

-¡Ah! Pero es bueno esconderse por ratico, luego hay que seguir luchando. Volver a enfrentar la vida. Aquí estoy yo, echando una fumadita, fumándome mis problemas… ¿Qué más puedo hacer?

Dejé de mirarlo un momento. ¿Qué más puedo hacer? Pensé en el lema de esas congregaciones que miran con prejuicios a personas como ese anciano, pero qué más puede hacer ese anciano. ¿Qué le ofrecen a cambio del cigarrillo como medio de escape? Solo un “Cristo es la solución”, genérico e inservible. ¡Y por favor! Que no me refiero a que Cristo es genérico e inservible, inservible es esa frase como herramienta de evangelismo huérfana de un programa socio-espiritual; es genérica, sirve para justificar la conciencia ante la responsabilidad social, para escapar de la necesidad que grita violentamente alrededor nuestro, que denuncia la dejadez de la institución cristiana frente a la sociedad como escenario. Aquel anciano se fumaba sus problemas, problemas que el llamado cristianismo no generó, no directamente, pero de los que tiene cierto grado de responsabilidad. Porque no quiere poner al servicio del bienestar social sus estructuras, porque no le interesa tocar al necesitado, escucharlo, porque tiene miedo de seguir a Cristo. Sí, el cristianismo institucionalizado, en términos generales, tiene miedo de seguir a Cristo. Porque las huellas de Cristo apuntan hacia la renovación de las actitudes de los “lideres religiosos”, porque las huellas de Cristo señalan el transito por la vía del servicio comunitario, de la entrega a cambio de nada, de la satisfacción que se encuentra en hacer sonreír al prójimo. Porque las huellas de Cristo nos obligan a recorrer los sistemas políticos y educativos para afectarlo y hacerlos inclinarse delante del bien común.

Volví mi mirada para ver al viejo, pero no estaba. Me levanté para buscarlo, pero no lo encontré. En el lugar donde se sentó estaba un el filtro de su cigarrillo y las huellas de sus cenizas. Y entonces quise pensar que fue un ángel, uno que fumó a mi lado para decirme que puedo esconderme de la vida un ratico, para respirar el aire, para escuchar a un anciano, para vivir. Y puedo volver a la vida viviendo. Sí, un ángel que denunció mi tranquilidad frente a la matriz donde se forman los problemas sociales, que me permitió observar las huellas de Cristo un momento.

En Venezuela la iglesia no debería mirar a las personas que fuman con prejuicio, debería ofrecerles una opción para drenar sus ansiedades; debería trabajar por el bienestar, para que disminuyan las causan que generan las ansiedades, debería plantearse programas socio-espirituales; pero más importante aún, a veces, debería salir a las plazas y permitir que un anciano o un ángel que fuma se siente a su lado…

domingo, 22 de enero de 2012

HE VUELTO A LEER MATEO 8:23-27...

He vuelto a leer Mateo 8: 23-27. Es una gran historia, un buen relato. Un grupo de hombres que van en una barca pequeña y humilde, uno de ellos duerme y una gran tempestad se levanta en el mar agitando la barca, amenazando con destrucción. El que duerme es Jesús, un carpintero de una pequeña aldea.

El resto de los hombres se dedicaban a la pesca, entendían los asuntos de mares; más que un negocio la pesca fue para ellos un estilo de vida. Ellos saben que no se debe dormir en una barca, hay que estar atento al humor del mar. Pueden entender que Jesús duerma, no está acostumbrado a esos viajes, además seguro se siente cansado por las caminatas. De cualquier manera Jesús podría sentirse seguro, estaba rodeado de hombres expertos en mares.

La mayoría ha escuchado sobre esta historia, los cristianos la han hecho una de sus favoritas en muchas congregaciones. Si usted es alguien que visita frecuentemente alguna congregación seguro ha escuchado al menos un sermón basado en esta historia. Yo escuché cientos de sermones durante muchos años que describían asombrosamente y con mucho atractivo la escena en que los discípulos atemorizados despiertan a Jesús y él habla a los vientos y los mares y éstos se calman. Así Mateo 8:23-27 se convirtió para mí en el pasaje bíblico en que Jesús calma la tempestad. Creí que ya nada podía encontrar en ese relato. ¿Qué podría ser más grandioso en la narración de Mateo?

Hace unos minutos lo leí nuevamente, sí, todavía leo la Biblia de vez en cuando. Desperté pensando en Jesús, en el Cristo que heredé y al que adoré cuando pertenecí a una expresión del sistema cristiano que siente atracción hacia lo sensacional y que responde emocionalmente a todo cuanto lee. Hoy creo que Jesús, el Cristo, es mucho más que una fuente de sensacionalismo, que merece ser contemplado pausadamente, con atención. Creo entender que las narraciones bíblicas en las que su nombre sobresale son puntos de vistas del narrador en cuanto a sus actuaciones, que incluso quien narra intenta arrojar su criterio sobre el cómo Cristo fue observado y sentido por otros. Ahora, cuando leo las narraciones bíblicas sobre él, intento entender el por qué el narrador decidió narrar esa historia, el por qué plasmó su narración desde tal punto de vista. Y leyendo de nuevo el pasaje que antes identifiqué como “Jesús calma la tempestad” me pregunté por qué se les ocurrió a doce hombres expertos en asuntos del mar despertar a un carpintero para pedirle auxilio en medio de la tempestad.

Muchos me dirán: porque él era el Cristo, el todopoderoso, el papá de los helados, el que dominaba la tempestad, a quien los vientos y los mares le obedecen. Pero para los discípulos él no era, o al menos aun no lo reconocían, el Cristo. No podían afirmarlo a pesar de las señales y sus palabras. Para los discípulos tampoco era un todopoderoso, solo un profeta con habilidades, y en el caso de Pedro y quizá algunos otros era el Hijo del Dios Viviente. Una declaración que dejó escapar Pedro en una oportunidad. ¿Pero imaginaban ellos que Jesús calmaría la tempestad? El asombro de ellos después de hacerlo nos da la respuesta. Ellos se maravillaron y preguntaban: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. No sabían que él lo haría, no lo imaginaron.

Entonces, ¿por qué despertaron a Jesús? Porque les inspiró confianza, porque algo podía hacer, porque lo vieron extendiendo siempre la mano al necesitado, dando respuesta a los hombres. Algo podría hacer y de no poder al menos era mejor pasar por la tempestad teniéndolo despierto, escuchándolo, mirando sus ojos y recordando los buenos momentos vividos en tierra firme. Ante la dificultad ellos solo podían pensar en él, porque él les inspiró confianza.

Este pasaje es una denuncia en nuestra contra. Sí, en contra de quienes decimos seguir a Cristo. No solo en contra de la iglesia institucionalizada, no solo en contra de las organizaciones o denominaciones, no solo en contra de las expresiones del sistema cristiano. También nos acusa a quienes hemos decidido transitar, a quienes nos negamos a comprometernos con doctrinas y bandos. ¿Qué inspiramos en quienes nos rodean? ¿Qué recuerdan de nosotros quienes nos han tropezado en el camino? ¿Somos una opción en medio de la tempestad? Reflexionemos, seguir a Cristo es intentar imitarle. Es sonreírle a quien nos saluda, es saludar al que pasa por nuestro lado, es detenernos a escuchar, a conversar, es extender la mano con nuestros recursos, con lo poco o lo mucho que tenemos. Es cierto, la iglesia institucionalizada, las organizaciones cristianas y denominaciones, las expresiones cristianas deben fomentar un escenario más humano, un ambiente de armonía, desarrollar proyectos y programas en apoyo del bienestar social y tantas cosas más… Pero nosotros qué… También debemos hacerlo. Que quienes nos conocen no tengan temor de despertarnos en el viaje y compartir sus cargas con nosotros… Te invito, con mucha humildad, a leer de nuevo Mateo 8:13-27 y encontrarte una vez más con el Cristo que dormido tal vez soñó con una sociedad mejor…

martes, 17 de enero de 2012

DIALOGO ABIERTO...

‎"Si creemos que el cielo es nuestra tierra, allá debemos enviar todas nuestras riquezas, y no retenerlas aquí, donde habremos de dejarlas de un momento a otro, cuando debamos partir. ¿Y cómo las transportaremos? Ayudando a los pobres en sus necesidades, ya que el Señor tiene en cuenta todo cuanto se les da, como si a Él mismo le fuese dado (Mateo 25.40)" (Juan Calvino; INSTITUCION DE LA RELIGIÓN CRISTIANA; Volumen II;p.645)...

Gusmar Sosa: lo que me llamó la atención de esta declaración de Juan Calvino fue el desafío que lanza: "si creemos que el cielo es nuestra tierra...", la confrontación con la que seduce: "¿Cómo las transportaremos?"... Y la transformación a través de la acción definida de ese ideal aparentemente utópico a una invitación: "ayudando a los pobres en sus necesidades...".

Juan Manuel Gómez: Tienes toda la razón Gusmar. El problema radica en nuestros "amigos", (usted sabe cuales son) dirán que no es necesario, "que a los pobres siempre los vamos a tener". ¡Que poco retumba hoy el juicio escatológico de Mateo 25: 31-46! definitivamente tenemos un evangelio , déspota, desorientado, desdibujado, destructivo, descarado, despilfarrador, despiadado, desfasado, desencarnado, deshumanizante. Todos estos "des" porque no "das"…

Gusmar Sosa: Muy cierto, es un evangelio cuyas buenas noticias son malas para el "mundano"; y nuestros buenos amigos pretenden ignorar continuamente que este mundo será herencia a sus hijos y a los hijos de sus hijos... Y lo que dejemos hablará de nuestro carácter o guardará silencio, y ese silencio podría ser nuestro juicio en contra...

Juan Manuel Gómez: Son los extremos Gusmar, yo no sé por qué razón a nosotros los creyentes nos cuesta vivir en el equilibrio. La religión oficial en determinado momentos de su historia se olvidó de la fe y se dedicó a las obras. Después vinieron todos estos grupos "cristianos" y de "garaje", y se enfocaron en la fe olvidando la misericordia y la solidaridad. Es más cómodo ubicarse en posiciones o categorías de "o esto o aquello", o "esto contra aquello"; y mucho más difícil ubicarse en "esto y aquello"; Debemos comprender que se trata de "esto Y aquello", no de "esto o aquello"..., de lo contrario es inevitable caer en algún tipo de fanatismo siempre disfrazado con textos bíblicos. Razón tenía Bonhoeffer cuando decía: "Observo aquí de continuo que muy pocos hombres tienen la capacidad para albergar en sí, al mismo tiempo, muchas cosas". Muy pocos hombres, y en especial muy pocos creyentes, tienen la capacidad de asumir o de incluir en sus categorías, nociones y formas de pensar la "Y" decisiva…

El diálogo sigue abierto, te invito a unirte... Sobre este u otros temas...

(Juan Manuel Gómez es de Bogotá, Colombia. Incansable crítico a la teología cristiana y caminante de rutas).

viernes, 6 de enero de 2012

BREVE RELATO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA NECESIDAD DE MENGUAR...

Sonrió recordando las palabras de su madre, la interpretación del evangelio y las doctrinas aprendidas siempre fueron para ella suficientes ante cualquier problema. Quizá su madre tuvo razón, puede que él necesitó entender su posición tan diminuta en el mundo, su existencia finita y limitada delante de la existencia de un Dios que se extiende por la eternidad; quizá su consciencia golpeaba con fuerza en el alma para despertar y así hacerle transitar las veredas que le condujeran a los brazos de Dios. ¡Y por qué no! Chocar con la existencia de Cristo, con la vida del Salvador, le permitiría transitar una de esas veredas que son necesarias en la búsqueda de la verdad.

¿Resolvió “la oración de fe” la sed y búsqueda que despertaban en su alma? ¿Esa sed y búsqueda ha sido resuelta en nosotros con una sencilla oración de fe? Es una pregunta peligrosa, lo reconozco. ¿Nunca te has detenido hacerte esa pregunta? Yo me lo pregunté muchas veces, tratando de convencerme de que la respuesta es un “sí”, “sí, todo está resuelto”, “sí, ya no hay sed”, “sí, se acabó la búsqueda”. Él intentó hacerse uno con las doctrinas que aseguran que todo está resuelto. Pero la verdad es que una “oración de fe” es “linda” para marcar un inicio; chocar con la existencia de Cristo, decidir creer en su existencia, en su historicidad, en su papel salvador es solo un inicio. Aún queda mucho por resolver… ¿Cómo interpretamos la vida de Cristo? ¿Cómo la convertimos en agua para calmar constantemente esa sed? ¿Cómo nos mantenemos en el camino que él marcó con su propia vida al exclamar su “yo soy el camino”? ¿Cómo le descubrimos como verdad pronunciada en sí mismo?

Las mismas doctrinas cristianas muchas veces tienden a ser desvíos en el camino que él (Cristo) declaró ser; es agotador transitar esos desvíos, la invitación del Cristo al declarar su “venid a mí los cargados y cansados…” hoy parece resonar y hacer eco incluso en quienes se incorporan a las membresías de congregaciones ortodoxas o liberales. Y él piensa en ello parado frente a la biblioteca, sosteniendo la que fue su primera Biblia. Él fue formado en una congregación ortodoxa, pentecostal, en la que se profesaba un profundo y honesto sentimiento hacia la expresión más tradicional de lo que llamaban “evangelio”, y un día ni las doctrinas ni las prácticas aprendidas pudieron callar la agonía de sentirse aún perdido, sediento, cansado, sin propósito, como si estuviera en casa pero perdido. Y mientras estuvo en la ciudad creyó descubrir la verdadera expresión del cristianismo, la más congruente con Cristo; se unió a la lista de miembros de una iglesia que se autodenominaba “libre” por no pertenecer a un concilio, ni ser dirigida por tradiciones, pero en ocasiones la percibía más bien libre de la responsabilidad de seguir los pasos de Cristo y su desempeño a favor de la sociedad y esclava de fórmulas mágicas que solo despertaban sensacionalismo y emoción.

En medio de su reflexión un segundo pasaje bíblico relampagueó en su memoria, Juan 3:30. Sonrió porque aún recordaba el título que identifica el pasaje. Ese pasaje bíblico estuvo rondándole en la mente por muchos meses durante sus veinte años de edad. Para entonces ya había calmado su inquietud con la decisión de aceptar las doctrinas como absolutas e incuestionables, como suficientes y genéricas; pero la separación de sus padres despertó en él una dolida rebeldía contra la que intentó luchar, logró apagar la intensidad de su furor para no caer en extremos viciosos pero no pudo evitar recaer en terrenos de incredulidades y cuestionamientos frente al cristianismo y evangelio. Sin embargo, a su manera su madre logró inculcar en él un sentimiento de temor hacia Cristo y también su padre con sus confesiones de admiración hacia la obra de Cristo a favor de los pobres y la sociedad; y tanto el temor inculcado por su madre y las confesiones de admiración de su padre lo llevó a trazar una línea divisora entre Cristo, cristianismo y evangelio como religión. Así resolvió que Juan 3:30 desnuda la necesidad de separarse incluso de la pretensión de resolver a Cristo en la vida de uno a través de doctrinas y sistemas, eso también es menguar.

miércoles, 4 de enero de 2012

UNA SENCILLA REFLEXIÓN...

Uno de los relatos que más me gusta en relación al nacimiento de Cristo es el que narra Lucas en el capítulo dos de su evangelio. Ocho días después de su nacimiento José y María deciden llevar a Jesús al templo para presentarlo y hacer los sacrificios pertinentes. Ese mismo día un anciano llamado Simeón va al templo, y al ver a la pareja y su niño tomó al niño en sus brazos y exclamó:


“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”.


Me gusta este relato porque las palabras de Simeón desnuda el destino del niño, lo acusa de “la salvación que ha sido preparada en presencia de todos los pueblos”. Creo que sus palabras debieron despertar la curiosidad de María y José y de todos los que escucharon las palabras del anciano. María debió pensar en esas palabras durante el crecimiento del niño, en su adolescencia y juventud, y luego al verlo partir por las veredas de los pueblos y escuchar de sus obras. Tuvo que recordarlas al ver a su hijo colgando de un madero y expirando. Las palabras de Simeón nos ayudan a entender el destino de aquel niño que ahora reconocemos como el Cristo.


El niño Jesús fue la respuesta a la oración del pueblo, que clamaba por redención y lloraba por un cambio en su estructura social, que esperaba todo aquello que resumían en la expresión de “la salvación”. La vida de Cristo es acusada de salvación por este anciano, así que su vida es el ejemplo de la salvación que todo aquel que dice ser “seguidor de Cristo” está obligado a vivir. Su ejemplo de salvación debe transmitirse a través de nuestros pasos. Él en respuesta a la oración de una nación es nuestro ejemplo. Así debemos entenderlo. Y él en respuesta, él como salvación no se permitió ser limitado por las tradiciones, su desempeño socio espiritual fue indetenible; las leyes impuestas por el aparato religioso que además regía a la política tuvieron que adaptarse a él, y aquellos que le confrontaron para detenerle tuvieron que verlo actuar a favor de la sociedad y vivir la frustración de no poder detenerlo.


Jesús fue un espejismo en medio de la realidad. Porque la realidad decía que no se podía obrar un sábado y Jesús obró para el bienestar del hombre un sábado, porque la realidad decía que los sermones se dictaban en las sinagogas y Jesús expresaba sus sermones en un monte, o en la orilla del mar sentado en una barca, o mientras caminaba por las veredas de los pueblos. La realidad construida por las tradiciones, sus estructuras, sus conceptos no pudieron detener al Cristo porque él actuó siendo superior a la realidad: siendo respuesta y salvación.


Contrario a la actuación de Cristo la mayoría de los individuos que dicen ser cristianos se divorcian de la responsabilidad social, y conceptualizan la espiritualidad en separación y total contraposición a la sociedad... A veces Dios suele ser la excusa perfecta, la justificación genérica. La teología muchas veces se convierte en una herramienta útil para la dejadez. Millones de “creyentes” se aferran a argumentos fríos como “no somos de este mundo”, “todo está en las manos de Dios”, “Dios es Soberano”.


Hay incluso un apartado completo dentro de la teología para explicar la Soberanía de Dios, muchos aseguran que Dios tiene tres voluntades: su voluntad perfecta, permisiva y aquella que se remite al libre albedrío del hombre. Y éstos se dedican a desarrollar argumentos lo suficientemente amplios como para que el alma del creyente repose en alguna de esas tres voluntades divinas y justifique su indiferencia social. El creyente solo tiene que absorber la teología cristiana a su sistema de creencias, sin ni siquiera entender que es teología lo que absorbe, y de esa forma también puede callar su consciencia. Sin embargo, ¿es culpable la teología cristiana o la religión? Yo pienso que es culpable el hombre y su afán por controlarlo todo, haciendo de los instrumentos como teología y religión métodos para el proselitismo; que tanto religión como teología, incluso política, ciencia, y tantos conceptos más, nacieron como instrumentos de búsquedas; que tales conceptos expresan el deseo del hombre por encontrar una identidad, una verdad y una libertad trascendente...


Cristo no limitó su actuación ni siquiera por los esquemas de "soberanía divina"... Me gusta pensar que el anciano Simeón vio en un intstante la vida que trazaría el niño Jesús que sostuvo en sus brazos y así maravillado exclamó de gratitud...

domingo, 18 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DE "ADIÓS MUNDO CRUEL"...

A continuación un fragmento de mi nuevo relato en construcción: “Adiós Mundo Cruel”… Expreso mi agradecimiento a Fausto Liriano Hernández por el apoyo y oportunidad a este proyecto (luego les comento).

...Quizá usted ha leído la historia de Jacob. Hijo de Isaac, quien fue hijo de Abraham. Jacob vivió trece años enlutado, creyendo que su hijo José había muerto, y culpándose por la supuesta muerte. Para Jacob el Dios de sus padres decidió cobrarle sus cuentas pendientes: sus engaños, sus malas decisiones motivadas por la ambición, su irreverencia y tantas cosas más. Así hemos vivido muchos, con la idea de un Dios que no puede consentir los errores humanos, que necesita castigar al hombre por sus acciones para demostrar su propia soberanía y control. Y así justificamos algunas de nuestras desgracias, o de las desgracias ajenas que nos afectan, también justificamos nuestra pasividad ante las circunstancias adversas, aceptarlas como un “castigo divino” nos protege de la responsabilidad de afrontarlas y superarlas. Pensamos que “a su tiempo” todo volverá a la normalidad.

Trece años vivió Jacob con extrema pasividad, sin ninguna acción digna de ser relatada en algún pasaje bíblico, trece años de silencio, de conformidad, de resignación. La Biblia relata que cuando sus otros hijos le dijeron que José aún vivía “el corazón de Jacob desfalleció porque no lo creía”. ¿Desfalleció? ¿Se debilitó? ¿Desmejoró? ¿Quién desfallece, se debilita o desmejora ante una buena noticia? Solo alguien que ha incorporado a su sistema de creencias argumentos que justifican las malas noticias.

¿Las buenas noticias llegan tarde? Es posible, pero ya he citado ese dicho popular que hace eco en los rincones de nuestra región: más vale tarde que nunca. Jacob necesitó ver los carros que su hijo José envió para buscarlo, necesitó escuchar a sus hijos repetirle la historia una y otra vez para que su espíritu reviviera, entonces exclamó un “¡Basta ya!”. Y así emprendió un viaje que lo acercó a su hijo, a su amado hijo, a quien lloró durante trece años, a quien creyó muerto por culpa suya. Un viaje que lo acercó a un nuevo comienzo, que lo arrojó a los brazos de un Dios nada parecido a lo que él había creído, que no se ajustaba a los esquemas trazados. Un Dios que no cobró sus errores, que no le castigó, y que le brindó la oportunidad de un reencuentro.

Pero, ¿estaba listo Javier Crespo para un nuevo comienzo?

Listo o no allí estaba, con la toalla ajustada a su cintura, luego de la ducha matutina, frente al espejo del baño, con el amanecer cantando detrás de la ventana, en su mano izquierda la hojilla y en la derecha la espuma de afeitar. Con las imágenes frescas de ese mal espejismo que suele invadirlo algunas noches. Así es, todavía hoy se cuela en su sueño ese espejismo atormentador.

Observó fijamente sus ojos reflejados en el espejo, la oscuridad de ellos es la misma oscuridad de la noche en la que corre perdido en su sueño buscando un refugio, la desesperación le invade mientras corriendo se aventura a tomar veredas al azar que lo van llevando a lugares que reconoce pero que no son el refugio que anhela. Entonces en medio de la oscuridad una voz interrumpe su empeño al preguntarle “¿Qué buscas Javier?” Reconoce la voz, es su padre...

sábado, 3 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DEL PROLOGO DEL ENSAYO "EL ESPÍRITU SANTO Y LAS FRONTERAS DOCTRINALES"...

Ellos le rodeaban, estaban allí con él porque querían estar, puedo entender la sed en sus almas.



Tal vez muchos no entienden por qué un grupo de hombres abandonaría sus labores y empresas para seguir a otro. Pero puede que usted si lo entienda: esperanza.



Todos soñaban con un mejor porvenir, cansados de la opresión política y religiosa, de los intentos fallidos por prosperar, en lo más profundo de sus almas el deseo de prosperar era solo una distracción, una forma de tratar de ignorar la sed que a veces no puede explicarse con palabras, quizás algunos sábados sus miradas apuntaban hacia el mismo horizonte.



Un “sígueme” había sido suficiente, dejaron sus redes, sus barcas, las orillas a las que se aferraron por años, los mares que muy bien conocían, el oficio que hasta entonces fue la experiencia más cercana al sentimiento de estar en el hogar y fueron en pos de un hombre, de una voz, de una invitación. Y echaron a andar sus vidas, tentando a la suerte, sin saber con certeza si iban por el camino correcto, solo fue un impulso, como esos que pueden justificarse en el momento y que luego de un par de horas se hacen débiles, pero uno piensa “ya comencé con esto, seguiré hacia adelante un momento más a ver qué pasa”. Y ese momento ya llevaba tres años transcurriendo. Al estilo de los personajes de los relatos antiguos, personajes que eran columnas de la historia de la nación, lo dejaron todo y se arrojaron hacia el horizonte en un acto de fe desnuda, inédita, una fe en respuesta a las circunstancias, algunos dirían emocional, pero fe al fin.



Y allí estaban, sin un esquema establecido para continuar el camino, con buenas experiencias, sí, increíbles, jamás imaginadas, pero no podían concebirlas como patrones para futuros pasos; la de ellos seguía siendo una fe inocente y desnuda de artilugios, a veces envidio la fe de esos hombres, el valor de ellos para dejar un sistema seguro, barcas, redes, mares, para seguir un rumbo incierto, incierto pero con la compañía de un gran hombre, o como diría uno de ellos, del “hijo del Dios viviente”. Tal vez no se preguntaron qué sería de ellos si ese hijo del Dios viviente se ausentara, no lo creyeron necesario, pensaron que él siempre estaría para ellos y con ellos… No se equivocaron.



Él les dio la noticia, anunció su muerte…



Y allí estaba él, rodeado de ellos. Consciente de que la hora llegaba, él, cuyo “sígueme” estaba destinado a resonar como un eco por el resto de la historia humana; un grupo pequeño de una sociedad grande, es todo lo que tenía, y lo único para ofrecerles el aroma de los buenos recuerdos, la alegría en los ojos del ciego que recibió la vista, la gratitud en las lágrimas de aquella mujer que gracias a sus palabras podía creer en una segunda oportunidad, buenos recuerdos… Los observa mientras les habla, ellos tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de ser el eco de sus palabras, de que éstas sean entendidas por otros como fueron entendidas por ellos mismos. Sus palabras en los labios de ellos no debían ser interpretadas como una carga sobre la fe genuina y sincera que se traduce en ese sentimiento de sed que mueve al ser humano hacia el horizonte y le hace levantar su mirada con esperanza...

sábado, 19 de noviembre de 2011

Bartimeu, o cego, e a multidão (Bartimeo el ciego y la multitud)

Gracias a la bondad de Gustavo Frederico, aquí está una de mis notas traducidad al portugués, aquí el link que lleva a la pagina en la que fue publicado en ese idioma AQUI.

Escutei durante a minha infância, adolescência e juventude talvez mais de cem sermões baseados na história de Bartimeu, o cego, e também algumas músicas que faziam referência a essa história. Ainda me lembro de uma que essa semana esteve rondando minha memória. Ele começava assim: “Como Bartimeu sentando no caminho pensou, espero que Jesus passe por aqui” e terminava com uma frase que me comovia: “Tu és o pão do céu, água da vida, e a pedra ferida que sacia minha sede”.

A variante em cada sermão sempre foi a fé. Pregadores exaltados exortavam “ao povo de Deus” a imitar a fé do cego que, movido por sua necessidade, gastou a sua voz gritando “mestre, filho de Davi, tem misericórdia de mim”, venceu os obstáculos do caminho, o preconceito da sociedade, sem ajuda e com uma multidão contra si conseguiu chamar a atenção do mestre para ouvi-lo perguntar “que queres que eu te faça”.

Com seus sermões, pastores expunham a necessidade de um “povo forte”, capaz de “vencer ao mundo”, “merecedor de estar na presença do Mestre e ganhar seus favores”. Esses argumentos definiam a teologia que aprendi: “a graça é o prêmio do esforço do crente por encontrar e permanecer na presença de Cristo”, “o Cristo só pode estar cercado de vencedores”, de forma que “ser o povo escolhido por Deus equivale a permanecer em uma bolha na qual não se admite perdedores e que está separada do mundo e suas paixões”, e “suas paixões” se interpreta como “seus problemas”, “suas políticas”, etc. “Somos melhores que tudo isso”. Com esses sermões, só conseguiam reproduzir a mesma sociedade que obstruiu o avanço do cego até a presença do Cristo.

O que esses pregadores expunham com entusiasmo era exatamente a mesma teologia, ou melhor, a ideologia, daqueles que cercavam Cristo em seu passeio por Jericó. Hoje, penso que aqueles pregadores se equivocaram ao comparar “o povo escolhido” com Bartimeu. Há todo um sistema que diz estar “procurando o mestre”, que diz segui-lo, e talvez esteja certo, mas em termos gerais esse sistema que hoje “cerca o mestre” continua sendo o mesmo sistema que o cercou nas ruas legendárias de Jericó.

Um sistema que obstrui a visão de quem deseja encontrá-lo, sistema que descansa sobre estruturas fortes e argumentos que ainda são pronunciados com “palavras liberais” foram construídos com ideais dogmáticos. Os gritos de Bartimeu, seu desespero e esforço para chegar até a presença do Cristo não falma de uma fé que deve ser imitada, mas gritam uma denúncia que deve ser escutada…

Até quando o cristianismo será um sistema adornado com doutrinas e burocracias equivalentes a ideologias imperialistas? Até quando se autoproclamará escada a um céu só para fortes e dignos? É incongruente a imagem do cristianismo atual com a imagem do Cristo de ontem. É ridículo dizer “Jesus Cristo é o mesmo ontem, hoje e sempre” enquanto o sistema cristão, dizendo ser embaixador do Cristo, não abre espaço entre a multidão para perguntar “o que queres que eu te faça?” aos que estão em desvantagem.

Alguém me perguntou se por acaso eu propunha que o cristianismo (ou qualquer sistema religioso que reivindique a Cristo como fundador e emblema) se converta em uma Organização Não-Governamental. Minha resposta é que nisso se converteu: em uma incongruente, contraditória, improdutiva e infrutífera ONG. Em um reflexo de um sistema político individualista, sinônimo de sectarismo, que na teoria é atraente, mas deixa muito a desejar na ação.

O Cristo que passeou por Jericó escutou os gritos do cego, não se preocupou em se definir, em construir um “império ideológico”, em apresentar estruturas que o fizessem transcender como sistema. Ele modelou tudo o que hoje os sistemas apenas definem.

Ainda há tempo: o cristianismo poderia derrubar os muros que o separam do “resto do mundo”, que só servem de desculpas para justificar sua indiferença, de argumentos para redimir sua apatia diante dos problemas sociais que surgiram do espaço que deveria ter ocupado.

A Bíblia diz que Bartimeu seguiu a Jesus pelo caminho. Gosto de pensar que seguindo-o, havendo recuperado a visão, caminhava com esperança. Não com esperança para ele e seus anseios. Talvez seus olhos brilhassem de alegria. Cada dia seguindo o mestre era uma aventura nova, um capítulo novo em favor da sociedade. Talvez pensasse: “onde quer que vá hoje o Cristo haverá alimento, bem-estar e felicidade”.

Se o cristianismo seguisse os passos do Cristo, se com ousadia deixasse suas desculpas teológicas de lado e, modelado as atitudes do Cristo, surgisse a partir dos campos transcendentais da sociedade, então muitos veriam com esperança também seu renascimento, pensando “onde quer que surja haverá alimento, bem-estar, felicidade”.

Uma sociedade nova e melhor é possível. Uma ordem social melhor é possível e – por que não? – uma melhor expressão do cristianismo é possível. Uma em que Bartimeu não deva se esforçar para ser escutado. Uma expressão que contagie de amor e de consciência social as estruturas fortes dos sistemas políticos, educativos, econômicos e religiosos. Que faça se inclinar a condição humana diante do bem comum.

Assim fez o Cristo, dando um soco na cara da indiferença e do orgulho ao pedir a dois de seus discípulos que trouxessem Bartimeu à sua presença… Se essa história estiver certa e se esse homem foi Deus, quero chegar na sua presença e dizer-lhe “ao contrário de tudo ao meu redor, a tudo o que ouvi, o que vi e que não pude ver, tu és, sim, o pão do céu, água da vida e a pedra ferida que sacia minha sede”.

Tradução: Gustavo K-fé Frederico

sábado, 5 de noviembre de 2011

BARTIMEO EL CIEGO Y LA MULTITUD...

Escuché durante mi niñez, adolescencia y juventud tal vez más de cien sermones basados en la historia de Bartimeo el ciego, también algunos cantos que hacían referencia a esa historia, aún recuerdo uno que durante esta semana ha estado rondando en mi memoria, este comenzaba así: “como Bartimeo sentado al camino, pensó, espero que pase Jesús por aquí”, y terminaba con una frase que me conmovía: “tú eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

La variante en cada sermón siempre fue la fe, predicadores fogosos exhortaban “al pueblo de Dios” a imitar la fe del ciego que movido por su necesidad degastó su voz gritando "maestro, hijo de David, ten misericordia de mí”, venció los obstáculos del camino, el prejuicio de la sociedad, sin ayuda y con una multitud en contra suya logró llamar la atención del maestro para escucharlo preguntar “qué quieres que te haga”. Con sus sermones exponían la necesidad de un “pueblo fuerte”, capaz de “vencer al mundo”, “merecedor de estar en la presencia del maestro y ganar sus favores”, estos argumentos definían la teología que aprendí: “la gracia es el premio al esfuerzo del creyente por encontrar y permanecer en la presencia del Cristo”, “el Cristo solo puede estar rodeado de vencedores”, así que “ser el pueblo escogido por Dios equivale a permanecer en una burbuja en la que no se admiten perdedores y que está separada del mundo y sus pasiones”, y “sus pasiones” se interpreta como “sus problemas”, “sus políticas”, etc. “Somos mejores que todo eso”. Y con estos sermones solo lograban reproducir la misma sociedad que obstaculizó el avance del ciego hasta la presencia del Cristo.

Lo que estos predicadores exponían con afán era exactamente la misma teología, o más bien la ideología de aquellos que rodearon al Cristo en su paseo por Jericó. Hoy pienso que aquellos predicadores se equivocaron al comparar “al pueblo escogido” con Bartimeo y sigue siendo un error. Hay todo un sistema que dice estar “en pos del maestro”, que dice seguirle, y tal vez sea cierto, pero en términos generales ese sistema que hoy “rodea al maestro” sigue siendo el mismo sistema que lo rodeó en las legendarias calles de Jericó, sistema que obstaculiza la visión de quienes desean encontrarlo, sistema que descansa sobre estructuras fuertes y argumentos que aunque son pronunciados con “palabras liberales” han sido construidos con ideales dogmáticos. Los gritos de Bartimeo, su desesperación y esfuerzo por llegar hasta la presencia del Cristo no habla de una fe que debe ser imitada, más bien grita una denuncia que debe ser escuchada… ¿Hasta cuándo el cristianismo será un sistema adornado con doctrinas y burocracias equivalentes a ideologías imperialistas? ¿Hasta cuándo se auto proclamará escalera a un cielo solo para fuertes y dignos? Es incongruente la imagen del cristianismo hoy a la imagen del Cristo de ayer. Es ridículo decir “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” mientras el sistema cristiano, diciendo ser embajador del Cristo, no abre paso entre la multitud para preguntar a los que están en desventaja “qué quieres que te haga”.

Alguien me preguntó ayer si acaso yo proponía que el cristianismo o cualquier sistema religioso que reclame al Cristo como fundador y emblema se conviertan en una Organización No Gubernamental, mi respuesta es que, a mí parecer, en eso se han convertido: en una incongruente, contradictoria, contraproducente e infructífera ONG. En un reflejo de un sistema político individualista, sinónimo de sectarismo, que en definición es atractivo pero en acción deja mucho que desear. El Cristo que paseó por Jericó, el que escuchó los gritos del ciego, no se preocupó por definirse, por construir un “imperio ideológico”, por presentar estructuras que le hicieran trascender como sistema, él modeló todo lo que hoy los sistemas solo definen. Estamos a tiempo, el cristianismo pudiera derribar los muros que lo separan del “resto del mundo”, que solo sirven de excusas para justificar su indiferencia, de argumentos para redimir su apatía ante los problemas sociales que han surgido desde el espacio que ha debido ocupar.

La Biblia dice que Bartimeo siguió a Jesús por el camino, me gusta pensar que siguiéndole, habiendo recuperado la vista, caminaba con esperanza, no con esperanza para él y sus anhelos, tal vez sus ojos brillaban de alegría, cada día siguiendo al maestro era una aventura nueva, un capítulo nuevo a favor de la sociedad. Quizá pensaba “a dónde sea que vaya hoy el Cristo habrá alimento, bienestar, felicidad”. Si el cristianismo siguiera los pasos del Cristo, si con osadía dejara sus excusas teológicas a un lado y modelando las actitudes del Cristo emergiera desde los campos trascendentales de la sociedad, muchos mirarían con esperanza también su renacimiento pensando “donde quiera que emerja habrá alimento, bienestar, felicidad”. Una nueva y mejor sociedad es posible, un mejor orden social es posible y por qué no: una mejor expresión del cristianismo es posible. Una en la que Bartimeo no deba esforzarse para ser escuchado, una expresión que infecte de amor y de conciencia social las estructuras fuertes de los sistemas políticos, educativos, económicos y religiosos. Que haga inclinar la condición humana ante el bien común. Así lo hizo el Cristo, bofeteando el rostro de la indiferencia y el orgullo al pedirle a dos de sus discípulos traerle a Bartimeo ante su presencia… Si esa historia es cierta y si ese hombre fue Dios quiero llegar hasta su presencia y decirle “contrario a todo lo que me rodeó, a todo lo que escuché, lo que vi y lo que no pude ver, tú si eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

sábado, 29 de octubre de 2011

LA MUJER ADULTERA (LA CUARTA DE LA SERIE).

Tal vez se equivocó, pero puede que solo buscaba satisfacer esa necesidad, es cierto, nos equivocamos a veces por nuestra desesperación y nos ciega el deseo de encontrar “agua que calme nuestra sed”. ¿Pero quién puede culparla? ¿Quién nos culpa?

A ella una turba de hombres “perfectos”, según los parámetros que ellos construyeron, según las interpretaciones emitidas entre las paredes de sus sinagogas. La llaman “adúltera”, porque ellos aprendieron a cambiar el nombre de quienes no encajan en el sistema. Y la “adúltera” es una herramienta este día, les permite brillar como rectos y estrechar entre ellos sus manos saludando la perfección que otros, evidentemente no han alcanzado; y la “adúltera” es mucho más aún, también es carnada. Allá van, buscando al que llaman Cristo para escupirle la perfección en la cara y dejar en sus manos la decisión de qué se debe hacer con la “adúltera”, apuestan a que no es lo suficientemente integro como para emitir el juicio correcto: apedrearla. Y si tiene la valentía para aprobar su ejecución tal vez su popularidad disminuya.

¿Quién nos culpa? ¿Cómo nos llaman? ¿Qué somos para ellos? ¿Somos oscuridad que les permite brillar? ¿Somos carnada para sus experimentos?

<<“Herejes”, “ateos”, “descarriados”, “ex creyentes”… “No lo llames hermano, no es tu hermano”… “Evita su compañía fue cortado de la congregación”… “No escuches sus razonamientos, el mundo y sus filosofías lo han seducido”… “No leas lo que escribe, satanás se viste de luz”…>>

Ellos siguen siendo una turba de hombres y mujeres, con piedras en las manos, tal vez piensan que la piedad necesita equilibrio y las piedras en las manos ayuda a mantenerlo. La “adúltera” de pie frente al Cristo, los perfectos la acusan y sonríen esperando su juicio. Ustedes conocen la historia, pero ella no la conocía, apenas la vivía: cada segundo es una eternidad de agonía tras otra, ella sabe cuán duro es el corazón del hombre, lo sabe porque más de uno la ha herido, no con piedras, pero si con caricias que se ausentan, con besos que no vuelven, con promesas que no se cumplen, con palabras que se desvanecen como la noche y huyen como el viento al sur. Podría morir apedreada, o tal vez sobrevivir y no es un consuelo, tendría que lucir las marcas del juicio por las calles del pueblo.

Pero el Cristo no defiende las enseñanzas de la sinagoga, ni es seducido por la perfección de la turba, al parecer no le interesa la perfección, tampoco mantener con vida un sistema que es capaz de reconciliar conceptos como “piedad y piedras”, que propicia la ocasión para atentar contra el ser humano, que sirve como escenario para juegos de “poder y control”.

La mujer quizás ni siquiera escuchó las palabras del Cristo, pero de repente no habían ni perfectos ni piedras a su alrededor. Allí estaba, frente a él, el agua que calma la sed, amor verdadero. Una vez dije, en una reunión con muchos hombres perfectos que “tal vez ser adúltera le permitió conocer al Cristo” y sentí las piedras apuntándome, me di cuenta que no soy perfecto y, honestamente, me gustó más desnudar mi imperfección aunque eso me convirtiera en un blanco y no seguir disimulando, con disfraces de piedad. En esta historia encuentro a un Cristo interesado en defender al hombre, disparando en contra de leyes, doctrinas, ideologías que dan pie a la estúpida actitud de superioridad, actitud que hace modelar conceptos como “la fe nos hace fuerte y mejores que el mundo”, actitud que alimenta la idea de un orden de clases, de divisiones dentro de la sociedad, de etiquetas según “logros”, conceptos que en muchas manifestaciones del cristianismo laten con fuerza, como si ellos, y no el Cristo, fueran el corazón del cristianismo.

No sé ustedes, pero si esa historia es cierta y ese hombre fue Dios, yo prefiero ser un adúltero, un hereje, un descarriado y cualquier otra cosa y no un defensor o embajador de un sistema que no es capaz de quedarse frente al maestro un minuto más para escucharlo decir “Ni yo te condeno”.

sábado, 22 de octubre de 2011

“LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE” (LA TERCERA DE LA SERIE).

El evangelio según San Lucas relata una historia que seguro usted ya conoce; mucha gente se refiere a ella como “la mujer del flujo de sangre”. He escuchado más de una docena de sermones basados en esa historia, sermones que hablan de “la fe cristiana”, de la responsabilidad que tiene “el creyente” de imitar la fe de la mujer que después de probarlo todo se aventura a tocar el manto de Jesús para conseguir su sanidad. He escuchado a predicadores invitando a su audiencia a “pasar al frente” para recibir la sanidad que esperan, “la palabra de bendición” que pondrá fin a la agonía, “la unción” que “se derrama” cuando “el creyente toca el manto de Jesús” pasando al frente. Si nada de eso pasa entonces no se esforzó usted por tocar el manto, su fe no está “a la medida de las exigencias” de quien con palabras simples expresó la fe simple, de quien destruyó los moldes de alta exigencia y declaró la frase que hoy solo sirve como eslogan de campañas y sermones: “si tuvieras fe como un grano de mostaza”.

La historia de “la mujer del flujo de sangre” recibiría otro título, sin duda, en manos de Cervantes, si el personaje central es el Cristo creo que la titularía más o menos así: “de como el Cristo provocó el escenario para darle libertad a una mujer”.

Si esa historia es cierta y prueba la divinidad del Cristo, la encarnación de Dios y todo lo que la teología cristiana sostiene en cuanto al Jesús de Nazaret, y a veces me gusta creer, tenemos mucho que aprender de esa historia, mucho más que formulas mágica, mucho más que frases para armar cánticos como “si tu pruebas todo y todo te falla prueba a Cristo”. Insisto, el cristianismo reclama a Cristo como fundador y eje central de sus argumentos, doctrinas y teologías, pero juega con su manto como si éste fuera la vestimenta de un títere. Ignora la acción social de Cristo, promueve una expresión de sistema que él atacó en su afán de dar “libertad”. Si Cristo modeló alguna “teología” debemos esforzarnos más en traducirla; yo pienso que, y sé que puedo estar equivocado, a él no le interesó tanto expresar una teología, sus acciones me llevan a pensar que mucho más le interesó expresar un mejor orden social, mostrar que se le puede dar una mejor utilidad al “ser” humano, que se pueden dirigir los aspectos de la condición humana hacia la construcción de escenarios humanos cálidos, de armonía, de bienestar. Y no digo que fue “socialista” en el sentido doctrinal o ideológico, digo que fue mucho más que eso, y tal vez su afán marca o acentúa su divinidad.

Dos cosas, solamente dos, me llaman verdaderamente la atención de esa historia. Honestamente me aburrí de la parte en la que es sanada y “el poder de Dios enjaulado en el recipiente humano de Jesús” pasea por su manto y se “transfiere a la mujer resultando en su sanidad”. Es extraordinaria la forma en la que “prominentes oradores” describen ese instante, pero me aburrí, para mí pasó de ser un “gran evento” a una excusa y ocasión para la religión y su afán de “esclavizar” mediante “esperanzas”.

Pero una de las cosas que sí me inquieta en esta historia es que la mujer no celebró al instante, al parecer cuando Jesús señala que “alguien le tocó” ella tiembla, y se acerca excusándose por su osadía, le explica temblando su travesía, su desventura, su mala fortuna, sus intentos y con todo eso justifica lo que al parecer estuvo mal: tocar su manto. Puedo entenderla, rodeada de hombres y mujeres que se aprovechan de favores para esclavizar, sumergida en un contexto en el que la religión cuesta cara, tiene un alto precio disfrutar de las bondades de la religión, puedo justificar sus miedos. Creo que hoy el cristianismo en muchas de sus expresiones causa la misma sensación, no la de Cristo, sino la del contexto contra el cual luchó Cristo. Recibir “el favor y la gracia de Dios” (sin importar qué rayos es eso) hoy equivale a rendir la voluntad frente a doctrinas cuyos fines son proselitistas, equivale a abrazar una secta y adaptarse a sus exigencias, a “ofrendarlo todo”, no a Dios, sino a “Dios”, no al Cristo, sino al “Cristo”, que no es el mismo que caminó por las calles y se dejó tocar. Lo sé porque el “Cristo” de este cristianismo se afana en permitir disfrutar una libertad dentro de los límites del cristianismo, donde él pueda controlarlo todo, donde él pueda asegurarse de que sus favores sean pagados; pero el Cristo de la historia que alguien llamó “la mujer del flujo de sangre” llama mi atención, y ésta es la segunda cosa que me gusta de esta historia: él escucha a la mujer, la observa temblando y la toca con sus palabras al decirle “tu fe te ha salvado, ve en paz”.

“Ve en paz”, “ve”, sigue caminando, no te quedes aquí, no tienes ni siquiera que ir a donde voy, no tienes que renunciar a tu identidad, no te pido que me des las gracias, solo “ve”, y eso sí, “ve en paz”, no tienes que temblar, no hay nada que temer, no te pediré nada a cambio, no hay doctrinas en letras pequeñas en el borde de mi manto. Mientras el cristianismo dice “quédate entre mis paredes”, “respeta mis doctrinas”, “repite mis oraciones”, “sé embajador de mi sistema”; Jesús solo dice “ve”, sé libre, vive, camina, cuenta a otros, toca a otros, ama, déjate amar, no seas esclavo… Honestamente guardo silencio ante ese Cristo y no me atrevo a dudar de él, si esa historia es cierta yo quiero seguirle, y si ese hombre fue Dios yo quiero encontrarlo…

sábado, 15 de octubre de 2011

SI ESA HISTORIA ES CIERTA Y SI ESE HOMBRE FUE DIOS (II)

La Biblia dice “¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?”

Si bien pensamos en Cristo y su resurrección al leerlo, no podemos negar que lo atractivo de este versículo bíblico es su tono de burla. “¿De burla?”, preguntarían algunos de quienes fueron mis maestros bíblicos, pues sí, de burla. Es como ver a David, delgado, adolescente, inexperto, sonriendo frente al cuerpo frío e inanimado, pero voluminoso y gigante de Goliat, observando al ejército israelí y las expresiones de asombro de los veteranos de guerra; es como mirar a Daniel, despreocupado en un foso junto a leones hambrientos que no lo atacan. Es como sentarse al lado de Moisés en la legendaria cumbre del Pisga y contemplar su vigor, es como descubrir la juventud de su mirada a pesar de su edad anciana, es como sentir su tranquilidad que no se quebranta ante la hora de su partida. Lo que ese pasaje bíblico dice de forma directa es dibujado muchas veces en las páginas de la Biblia a través de sus relatos.

En la proximidad a mis treinta años de edad no me preocupaba tanto la muerte como el silencio con el que amenaza arropar la obra del hombre. No sé si usted ha vivido ya esa agonía que ahoga, que presiona desde el pecho hasta la garganta y abraza la existencia hasta sofocarla; no sé si usted se ha preguntado, tal vez seguro de que su eternidad está escondida y confiada en los brazos de un amoroso Dios, qué pasará con sus obras, o tal vez su pregunta sea: ¿he hecho algo digno de ser recordado en mi ausencia?

Jesús caminó por las veredas de aldeas y pueblos, por sus calles, tocó a mucha gente y mientras él yace crucificado, como protagonista de un espectáculo, algunos recuerdan que él los tocó. Jesús expira y muchos de los tocados, lamentan su muerte. Jesús resucita y la noticia llega a oído de algunos de ellos, éstos se alegran, por momento no pueden creerlo, es como una ficción, una parábola o un cuento, pero se alegran; ficción, parábola o cuento es una buena noticia, y con sinceridad prefieren creerla cierta. Pero cierta o no, Jesús no es visto caminando más por las veredas y calles, sus manos no tocaron más a ningún leproso, su mirada no reposó más sobre alguna mujer adúltera en apuros u otro rico confundido y desesperado por encontrar la verdad, su voz no acarició otra vez los oídos cansados de algún ciego a punto de recibir la vista ni pronunció algún discurso de amor. Así que tal vez la muerte venció, puso fin a la existencia de un hombre, interrumpió su obra, sus pasos. ¿Imagina usted lo que pudo lograr Jesús con treinta años más de vida? Puede que desde un punto de vista poético y trágico la muerte sonríe y disfruta de su poder de ponerle fin a esos otros posibles treinta años.

He dicho anteriormente que mientras muchos aseguran la veracidad de los relatos bíblicos con argumentos verbales los niegan al mismo ritmo, y mejor elocuencia, con sus actitudes. He afirmado ya que mientras imponen sus posiciones teológicas respecto a la divinidad del Cristo exponen sus incongruencias al respecto mediante los mecanismos y estrategias sistemáticas de imposición… El afán de construir instituciones e institucionalizar “construcciones” fuertes, con un fin sectario, proselitista, con pretensiones absolutista, con métodos dogmáticos y programas excluyentes para delimitar y fronterizar asegurando la atención del progreso de un movimiento cuyo ritmo puede ser medido y por lo tanto declarado como “fuerte”, “exitoso” y “rígido” no es una burla a la muerte, no es ni siquiera una herencia digna o una razón para ser recordado; es una burla, cierto, pero una burla a la actuación de Cristo, al coraje de los personajes bíblicos (reales o ficticios), a la esperanza a la cual se aferraron muchos de esos personajes y por la cual caminaron dejando huellas firmes y dignas de ser seguidas.

Escuché dentro de muchas de esas construcciones fuertes “aplausos y gritos de júbilos” mientras “exitosos oradores” recitaban el “¡Donde está muerte tu aguijón!”; allí mismo, en muchas de esas construcciones está el aguijón de la muerte, que amenaza con extinguir y silenciar la verdadera obra del Cristo que caminó entre los hombres, que se detuvo para escuchar y hablar, para amar, para dar sin intentar quitar algo a cambio, que sembró su vida para que otros extendieran sus manos y recogieran los frutos; al menos eso es lo que reflejan los relatos bíblicos de él, relatos que hoy son usados como fundamento de un cristianismo que es cualquier cosa menos cristiano. La muerte se burla de Cristo, de la veracidad de los relatos de la biblia, incluso de lo que llaman divinidad del Cristo, se burla dentro de los templos, desde los pulpitos, hasta tiene canales de televisión, estaciones radiales, la muerte desnuda hoy su aguijón, y hasta porta credenciales, erige ostentosos rótulos. Si usted se ha preguntado qué hacer para ser recordado, qué le parece imitar las actitudes del Cristo, intentar hacer brillar su labor social en las calles y veredas de su comunidad, tal vez de esa forma podemos burlar la muerte, quizá podemos vencer su aguijón con la simpleza de una vida sin pretensiones individualistas a través de mecanismos colectivistas.

Supongamos que Jesús no resucitó, que ni siquiera fue un Dios, ¿acaso si modeláramos su actuación a través de la nuestra no estaría resucitando y su humanidad no sería divina? No sé si puedo explicarme, pero lo que quiero decir es que si la historia de su resurrección es cierta y eso es prueba de su divinidad, entonces merece ser honrada con un cristianismo más social, no absolutista, incluyente.

¿Dónde está muerte tu aguijón? Puedo verlo en las actitudes ortodoxas, dogmáticas, egoístas, controladores, opresivas, y tantas más, pero tu victoria, tal vez en el mismo lugar de tu derrota…

viernes, 11 de marzo de 2011

SOBRE LA ETERNIDAD...

Estaba escribiendo sobre la eternidad mientras conversaba con ella, y la conversación le dio un giro violento a lo que escribía, borré todo lo redactado porque me hizo pensar en la eternidad de una forma más real, palpable, viva… No se necesitan términos como paraísos o infiernos para hablar de eternidad, no se necesita o así lo pensé hablar de alma, o un más allá. Los últimos acontecimientos, dolorosos, lamentables, comentados en los programas de noticias y demás medios informativos han despertado o generado una serie de polémicas y declaraciones que solo atestiguan en contra de la religión y de las actitudes que se cultivan en sus patios, es inhumano, es muestra de la aberración de las actitudes humanas, utilizar desgracias como recursos para ilustrar creencias e intentar convertir a otros e inducirlos a abrazar ciertas creencias… Tal intención enlaza la eternidad a conceptos como juicios, maldición y otros de los que no quiero hablar.

Conversando con ella pensé en la eternidad como vida, alegría, logros… Tal vez el camino a la eternidad es vivir, es luchar por lograr, es intentar, perseguir el logro de nuestros sueños, ser humanos… Tal vez eternidad es no afectar negativamente a nadie, es servir de ayuda, amar, reír, llorar sin miedo, bailar, disfrutar la lluvia, hacer uso del aire para alimentar la vida propia y así tener aliento para despertar cada mañana y caminar, saludar, abrazar… Tal vez la eternidad sea una reunión con los amigos, brindar por el éxito que alguno alcanzó, celebrar las etapas que van caducando y aquellas que se inician… Puede que la eternidad sea apoyar a quien necesita sostenerse para seguir en pie en sus batallas, puede que sea reverenciar la vejez y la sabiduría, vencer los miedos que nos atan a veces y nos impiden asomarnos por las ventanas de oportunidades que se lanzan cobre nosotros…

Es posible que ser eterno sea vivir, cada día, cada segundo, contemplar y memorizar, e invitar a otros a nuestra memoria, extender las manos al cielo y dar gracias sin importar a quién o a dónde… Respetar, sonreír… Ser solidario… Tal vez ser eterno es desconocer la religión como sistema o escenario de limitantes, quizá abandonar el fanatismo, dejar de pretender ser dueños de la verdad, abandonar la pretensión de adueñarse de un cielo o paraíso y administrar la entrada mediante normas…

Quizá sabremos si somos eternos y si nuestros nombres sobrevivirán a la muerte y seguirán danzando entre los vivos cuando cada día miremos atrás sin deseos de volver porque olvidamos vivir… Tal vez sean los fragmentos de nuestras vidas incrustados en la memoria, en los dichos, en las letras y en el sentimiento de otros los que nos mantengan vivos y nos hagan eternos…

martes, 11 de enero de 2011

CRONICAS DE UN DESPERTAR... (NO ES PRETENSIÓN DE IMPONER).

Haber despertado, y lograr cambiar mi perspectiva sobre cualidades como la debilidad y reconocerlas como potenciales estructuras para un cristianismo como escenario que pueda derrocar ese cristianismo de historieta, ese mundo de cristal del cual emergí, me permitió tomar más en serio mi relación con el tiempo y el espacio al cual irremediablemente estoy sometido, me permitió intentar centrarme más en mi búsqueda y ver más allá de los límites sectarios a los que por años estuve sometido.

Comencé a preocuparme más por los asuntos tocantes al encuentro de un Dios, dejando a un lado los conceptos prefabricados con el paso de los siglos y que vinieron resultando de la mezcla de visiones culturales y contextos atados a diferentes edades, cuando esto sucede te das cuenta que no tienes dios, porque no te has preocupado realmente en buscarlo sino que te has entregado a la suerte de las interpretaciones y dibujos heredados. También quise entender la obra de Cristo, conocerla, y ocurrió lo mismo, me estorbaron los sermones que hasta entonces le daban matices favorables al sistema cristiano heredado y protegido fanáticamente, también las doctrinas que intentaban mostrarse como interpretaciones de sus palabras y actos, odié la osadía de quienes viciados por las estructura de un sistema opresivo se proclamaban a sí mismos voceros de los designios divinos y en nombre del Cristo proferían supuestos deseos de él, como si éste fuera un muñeco sentado en sus piernas y ellos ventrílocuos frente a sus oyentes. Pude desnudar conceptos como unción y sujeción, entre otros, cuyas estructuras conceptuales indican que han mutado desde su origen al ritmo de las ambiciones y metas del sistema convirtiéndose en estrategias para oprimir y suprimir todo tipo de rasgos que indiquen el despertar del individuo y la rebelión ante las incongruencias y contradicciones en las doctrinas que promueve el cristianismo heredado y ante sus intenciones proselitistas.

Comprendí que el ser humano a través de la historia ha reclamado su independencia frente a la opresión religiosa, política, económica, y demás. El surgimiento de rebeliones y reformas dentro del mismo cristianismo es prueba de ello, el hombre ha intentado desprenderse a través de los siglos de la manipulación a través de la religión, queriendo demostrar que su sensibilidad hacia la “sed espiritual” no lo convierte en un monigote de ningún sistema religioso. Pero de esa misma forma la historia refleja que la obstinación del hombre y sus ambiciones llevan a institucionalizar los caminos emprendidos con libertad como esclavizadores. Sucede porque el despertar sugiere una constante génesis, reforma, nos reclama como forjadores pero para que el desempeño de nuestra responsabilidad como tales sea eficaz, para que podamos construir un escenario acorde a lo que en principio nos movió debemos mantenernos alertas, regenerando nuestros métodos, examinando nuestras intenciones y propuestas. Debemos mantener nuestra disposición a la debilidad. ¿Podemos forjar un nuevo camino? Creo que más bien un nuevo modelo que sirva para la construcción de un nuevo camino. Y hay una gran diferencia entre un nuevo camino y un nuevo modelo, entre un nuevo cristianismo y una nueva expresión del cristianismo, un nuevo sistema y un nuevo escenario para la constante génesis de los sistemas.

Despertar no es pretender imponer, no nos impulsa a “un nuevo destino”, a “un nuevo propósito”. El hombre siempre como masa o sociedad ha querido como destino una mejor calidad social y ha asumido como propósito un mejor desempeño para la construcción de su destino. Haber despertado me permitió saber que puedo tener un concepto propio de Cristo y una interpretación inédita de su obra. Y aprendí a ver a mi lado antes de ver hacia arriba, que importa el mundo ahora, como escenario ahora, que importa el mundo mañana, como escenario mañana, pero que para llegar al mañana debo hacer lo que ahora me corresponde. Cristo actúo cuando caminó en esta tierra, actuó de tal forma que afectó el escenario en el que desempeñó su actuación, el mundo que conoció, transformó la forma como muchos veían la sociedad y propuso con sus palabras y actuación un mejor orden social, y su obra sirvió en un período de transición de tal forma que en un período siguiente aquellos que se decían seguidores de Cristo construyeron a partir de su actuación, porque él había dejado su actuación y palabras como herramientas.

Despertar no es correr hacia otro mundo de cristal, no es escribir otra historieta, es ver la realidad que nos rodea y asumir nuestro rol social, nuestro desempeño como agentes en un período de transición, en el que estamos obligados a dejar herramientas para que en un siguiente período se continúe la construcción de un mejor escenario. Es asumir nuestro compromiso con los valores que vimos ausentes en aquel sistema al cual pertenecimos o nos sometimos, cuya ausencia nos arrinconó a despertar, y mantenernos en constante génesis para no viciarnos de actitudes dogmaticas que puedan llevarnos a la tentación de proponer o construir estructuras de opresión expresadas en formas novedosas. Nuestro rol social nos llevará constantemente a proponer reformas en las estructuras sistemáticas que surjan como parte de un nuevo orden en el escenario humano, y estas reformas deberán abogar a favor de que se mantenga el respeto hacia las distintas expresiones ideológicas, lo cual podría resultar dificultoso pues se deberá apuntar en contra de las estructuras opresivas y actitudes limitante de muchos sistemas que con sus metas proselitistas, métodos ortodoxos, recursos dogmáticos continuarán proponiendo un escenario hostil y contrario a la evolución social. Hoy después de transitar junto al tiempo por la ruta del despertar, mientras actúo en el espacio donde me ha tocado estar, sigo buscando, intentando sugerir estructuras débiles sin pretensión de imponer sino más bien de aportar para un escenario dócil, donde el bienestar social y humano esté por encima de cualquier pretensión dogmática, y a veces creo saber que esta fue la intención de Cristo…