martes, 17 de abril de 2012

SANTÍSIMO DIOS...


No puedo generalizar, en mis treinta y un año de vida he pisado una gran cantidad de templos. Recuerdo, incluso, que a mis nueve años fui “un niño predicador” y eso me permitió pisar “los altares” de una gran cantidad de templos. Así que no puedo generalizar, he pisado algunos en los que se permite pensar, en los que uno puede expresarse, en los que la interacción es real y no conveniente. Pero sigue siendo mayor la cantidad de templos en los que la libertad sólo es un concepto conveniente que esclaviza.


No sólo la libertad es un concepto conveniente; en muchos lugares y a través de los labios de muchas personas, “dios” sigue siendo una idea, un instrumento, un método y hasta una credencial que acredita a sus portadores para validar las más retorcidas doctrinas que fomentan desigualdades y conflictos sociales…


Así que si hoy tuviera que iniciar mi oración con una frase como "santísimo dios", como condicionan en algunos templos, sería para decirle al dios de esos templos: 


"Santísimo dios, deja tus vestiduras santas en tu cielo y ven acá, ven dispuesto a ensuciarte mientras jugamos fútbol en alguna cancha abandonada, con los adolescentes de mi barrio o en algún terreno cubierto por la maleza, ven y juega con ellos que desesperados y en silencio anhelan un mejor porvenir... 


Ven y prueba nuestra versión del cielo, a lo mejor y te quedas aquí con nosotros. Sal de los templos un rato, míralos desde afuera, contempla la majestuosidad de esos templos y compáralos con los ranchos improvisados situados en esos lugares que con desprecio, muchos de los que entran a los templos, llaman “invasiones”. Si te llenas de ira, al comparar los lujos de esos templos y la pobre condición de muchos habitantes de las invasiones, prometo no juzgarte, no podría porque conozco la ira e incluso la impotencia. Pero si bajas de los cielos y sales de los límites de los templos quédate unos días y pasea por las calles de la América Latina, así podrás ver cómo el mundo está girando; tal vez escuches los gritos de los que dicen estar ofendidos, pero no te confundas, a ellos les ofende el hecho de que ya no podrán seguir abusando de las tierras que no son suyas, de la libertad que no puede seguir siendo administrada... 


Baja de los cielos, que a lo mejor te seducimos con el porvenir que vislumbramos, ven y junto a nosotros conviértete en prisionero de esperanzas...


Por un rato vístete de identidad latina y quédate en nuestras tierras a escuchar la lluvia bajo los techos de lata, quédate a escuchar a nuestros ancianos hablando de "aquellos tiempos", quédate y observa cómo el mundo va girando y nuestras tierras latinas van librándose de las cadenas y rastros del coloniaje... De paso, observa cómo vamos silenciando las voces de esos que dicen hablar en tu nombre, y que en tu nombre están saqueando los barrios, las familias, ven con nosotros a silenciar a esos que están robando con palabras santas el sustento de las familias, el salario que, con tanto trabajo, algunos adquieren... 


Ven y mira cuan absurdas se vuelven esas escatologías que se prenuncian en tu nombre... A lo mejor y termines brindando con nosotros mientras reímos de lo cruel que han sido quienes dibujan tu rostro... Conozco lugares en los que se puede estar tranquilo, en los que no importa si eres un dios o un mortal, no importa tu color de piel, no son templos, pero puedes sonreír y conversar hasta el amanecer… Siéntate un rato en una de nuestras plazas y admira cuán grandioso es ser humano, aunque muchos se obstinan en desconocer tal grandeza.


Ven y denunciemos juntos, acompáñanos a sabotearle el juego a quienes deberían fomentar el bienestar común y contrario a eso se aprovechan de sus posiciones para explotar y colonizar..." 

Esa sería mi oración y definitivamente no la pronunciaría dentro de algún templo, pues a veces pienso que en ellos dios está obligado a guardar silencio o a responder convenientemente...

2 comentarios:

RIchard Yance dijo...

groso gusmar

Isa dijo...

Me haces recordar un canto que dice: "Baja a Dios de las nubes
y llévale a la fábrica donde trabajas,
quita a Dios del retablo y grábalo dentro de tu corazón.
Borra a Dios de los templos donde lo encerraron hace muchos años,
y déjalo libre en las plazas,
y llévale también al mercado del pueblo..."
Saludos afectuosos, después de muchísimo tiempo transcurrido bajo el puente.