jueves, 19 de junio de 2008

HISTORIAS DE CISTERNAS,CUEVAS Y CÀRCELES (Segunda Parte).

¿Has soñado alguna vez?... Lo sé, lo sé... Es algo tonta mi pregunta. Y sé que lo sabes, es decir, que no hablo de sueños de noche, al menos no de los que tenemos dormidos e inconcientes. Estoy seguro que has soñado, porque antes de publicar este post le he orado a Dios, le he pedido que sea leído solo por soñadores. No es que me desagrade la gente no soñadora, tengo cantidades de amigos de este tipo y me agradan. Ellos me ayudan a mantenerme en equilibrio.
Creo que me he desviado un poco del asunto...
Volveré al punto...
Un soñador es aquel que estuvo en su futuro, así es, se le ha permitido estar en él solo por un momento, el tiempo necesario para saborearlo y alimentarse de esperanzas. Es aquel que no sabe estar cómodo y seguro, que no es aliado del conformismo. Pero hasta el más hábil soñador debe... (No me gusta decirlo)... debe ser internado alguna vez en una cisterna, cueva o cárcel.¿Por qué debe ser así?Hoy solo mencionaré dos razones:
1. Debe conocer de cerca y a detalles los sentimientos que intentan destruir la esperanza. Es la única forma de comprender a aquellos que no han soñado jamás y a quienes lo hicieron alguna vez pero luego se les hace imposible.
2. Estos lugares te permiten desintoxicarte, soltar el pesado equipaje de emociones y conductas que te harán más agotadora la caminata hacia el cumplimiento de tus sueños que, además, tus sueños sufrirán no una transformación, sino que podrás verlos como Dios los ha diseñado y no como tú quieres verlos.
Permítanme ilustrarles estos dos puntos con una de esas historias que leí repetidamente en aquel tiempo sin encontrar nada, pero que seguía leyendo porque si para algo hay tiempo en estos lugares es para leer.
Su nombre: Moisés. Edad: Ochenta años. Oficio: Pastor de ovejas... ovejas que no son suyas. Nacionalidad: Hebreo, bueno a decir verdad es solo un forastero en tierra ajena.Moisés no siempre fue anciano, no siempre fue pastor y no siempre fue forastero.
Pocos lo saben. Su pasado no es un asunto que quiere publicar o gritar a los cuatro vientos.
Alguna vez, cuando aquel pasado reinaba en su presente, se sintió orgulloso de lo que hoy fue. Paseaba por los jardines del palacio real del Faraón, disfrutaba de lujos inimaginables, y tenía una posición que pocos hebreos, a decir verdad, solo dos hebreos, han tenido en Egipto. Él era libre, mientras sus paisanos eran esclavos. Y estos esclavos murmuraban teorías sobre el futuro de Moisés, pues era un hebreo, y además, un príncipe. Y no hay un hebreo en Egipto que no conozca la historia de un hebreo príncipe que vivió hace cuatrocientos años antes del nacimiento de Moisés.
Él caminaba entre sus hermanos y observaba el duro trabajo que se les imponía bajo las más crueles condiciones que pudiera conocerse. Y en sus paseos llegó a escuchar las murmuraciones de sus hermanos acerca de él; fue en ese tiempo en el que descubrió lo que quería ser, cuando un sueño nació en su corazón: ser libertador de sus hermanos.Tenía las condiciones a su favor para ser un gran libertador. Y su sueño cada vez tomaba mejor forma, ideaba su plan perfecto, desde su punto de vista. Un día solicitaría una reunión extraordinaria en la que, frente al Faraón y todo su consejo, expondría argumentos irrefutables que harían inevitable el veredicto de libertad para el pueblo hebreo, lograría llevarlos al mismo nivel de los egipcios. Su pueblo depositaba sus esperanzas en Moisés. Sobre todo los más sabios y ancianos aquellos que conocían muy bien la historia y cada una de las profecías del Dios de Israel.
Moisés también tenía un carácter violento, esta era sin duda una de las cualidades más atractivas y pertinentes para el puesto que aspiraba. Solo había que esperar el tiempo y seguro ya estaba cerca; es que el protagonista de la leyenda del niño protegido por el río Nilo ya no es un niño, ahora es un hombre de cuarenta años. Pronto cuatrocientos años de esclavitud serían abolidos.
Pero allí se detuvo la historia. Y ahora Moisés camina una vez más, como en los últimos cuarenta años de su vida, en medio del desierto apacentando las ovejas de su suegro, intentando olvidar un pasado que duele, que frustra, que no le permite aceptar su presente y que por eso desea tanto olvidarlo, no es que no le agrade su esposa o su hijo, lo que sucede es que... es que sus sueños se han roto, y una vez estuvo en el futuro y hubiera sido bueno estar allí con su esposa e hijo, pero allí.
¿Cómo es que una historia que comienza como la de este hombre puede terminar asì?No le pregunten a él, Moisés tiene la respuesta, ha tenido cuarenta años para pensar en ello, pero no te daría la respuesta real, solo te diría: "Verás, maté a un egipcio por defender a mis hermanos y esos ingratos terminaron delatándome, y aquí estoy, escondido de la ira del Faraón". Pero esa es otra razón por la que no comenta su pasado, es la única forma de no tener que contestar preguntas.
Solo dos personas en Madián conocen su pasado: Su suegro, un hombre sabio, que no hace preguntas y cuyos comentarios producen sed, a Moisés le incomodan sus comentarios, pero sabe que su suegro es sabio. La otra persona es Séfora, su esposa, ella lo ama, acaricia sus frustraciones, apacigua la ira que causa no estar donde debes estar.
Él no lo sabe, porque ella es prudente, pero ella lo ama tanto que odia verlo partir cada verano con las ovejas de su padre. Y no se trata solo por la distancia que los alejará durante algunos días, sino también porque justo después del abrazo de despedida, y de verlo darle el beso de adiós al pequeño Gersón, ella puede ver en los ojos de su marido la amargura que él intenta ocultar. Es que una esposa y un buen amigo siempre saben.
Ella lo observa alejarse cada verano y solo cierra sus ojos y desde su corazón hace una petición al Dios de su padre: "Buen Dios Misericordioso, llévalo a su destino", y nuestro buen Dios sabe a qué se refiere ella.
Y allí va atravesando el desierto un pastor que debió ser libertador, un hombre que una vez fue violento, que tuvo oportunidades, que tuvo un sueño. Hoy no es más que un anciano que cometió un error y cuyo error le costó su destino; hoy es temeroso, dócil, humilde de espíritu, es paciente aunque no en el grado que debería, pues es casi un resignado, y eso no es paciencia pura, pero es estar más cerca de la paciencia que cuando se es soberbio; hoy no tiene oportunidades, no puede ser visto.
Hoy es un hombre que vive en una cueva, una muy grande, llamada Madían, pero cueva al fin. Un hombre por quien nadie daría un centavo...Nadie excepto uno... Uno que detendría el movimiento de la tierra por él, uno que apagaría el sol por él, que bajaría la luna y las estrellas a sus pies... Uno que diseñó el más hermoso sueño para él... El mismo que lo llevó por un momento al futuro... Que ha estado esperando cuarenta años para sorprenderlo y decirle: "Moisés tu sueño... Tu sueño hoy lo haré realidad, porque hoy estás listo para recibirlo". Uno que hoy a hecho arder una zarza y ha dejado escuchar una voz, una dulce y amorosa voz, solo para él. Una voz que sana cualquier herida que puede causar un desierto, una voz que disipa totalmente la frustración y cualquier sentimiento negativo, dejando solo un conocimiento acerca de ellos. Una voz que le da forma al carácter dócil, que lo moldea cual alfarero al barro.
Y al culminar el verano Séfora, con Gersón en sus brazos, ve volver a Moisés con las ovejas de su padre. Pero el que viene es un hombre diferente y al tenerlo frente a ella y mirar sus ojos lo sabe: Dios ha contestado su oración.
Ella sonríe, quizá no lo tendrá en casa tanto tiempo, tal vez deba compartirlo con el pueblo hebreo, pero ella lo ama...punto.Y Moisés en un par de días lo sabrá... Fue necesario estar en Madían... Fue necesario cambiar...

8 comentarios:

Brisa Nocturna. dijo...

Gusmar,antes que nada,escribes muy bien,super bien.Gracias por compartirlo.Ya veo mas o menos por donde va el rumbo de la serie.Entiendo lo que planteas y como lo estas desarrollando,sobre todo con Moises como base.Pero (siempre hay peros verdad?)...tengo otras preguntas y las guardare hasta el final de la serie.

Muchos saludos amigo!.

Keila dijo...

Me declaro "soñadora", y he estado en Madián. Además, me identifico con aquello de que nadie daría un centavo por mí, excepto... bueno, ya sabes el final, porque tú lo escribiste. A Él si le importa.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Brisa!!! mi buena amiga! Me gustan los peros, y mucho más las preguntas. Ojala y se te antoje hacerlas antes del final de la serie!!jejejeje.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Keila. Madián!!! al principio tan árida, pero luego atractiva y finalmente aleccionadora! No olvido Madián, es imposible pues siempre de vez en cuando vuelvo allí. Saludos.

Patricia Fiorella dijo...

Si es necesario estar en Madian y volver cada vez que estamos a punto de desviar el rumbo, para agudizar el oido y poder escuchar esa voz que puede sanar cualquier herida que el desierto causa y al igual que Keila me identifico con esta parte de que nadie daría un centavo por mí, excepto...
Gracias amigo por compartir esto y si un soñador Es aquel que no sabe estar cómodo y seguro y que alguna vez tendrá que ser internado en una cisterna. Wooo es tremendo lo que detallas en estos escritos me son de mucha ayuda saludos amigos y otra vez mas mil gracias

Gusmar Sosa dijo...

Gracias a ti Patty por visitarme, es bueno recibir gente soñadora en casa, te saludo.

Jenny dijo...

Que bueno que oraste por mi! ya estoy leyendo el post y espero los que vienen! A veces los suenos me han traido problemas, quisiera acelerar aquello que se que vendra, y por solo intentarlo, termino en la cisterna, en la cueva o en la carcel.. Pero todo es necesario

Un abrazo Gusmar!

Gusmar Sosa dijo...

Los sueños siempre traen problemas, es parte de la oferta.jajajaja. Bueno no son problemas, lo son mientras los enfrentamos, o mientras decidimos enfrentarlos. Saludos.