domingo, 1 de junio de 2008

MARACAIBO, TIERRA DEL SOL AMADA.

Llevo semanas escribiendo este post para presentarlo hoy. Tengo un montón de borradores sobre la mesa. Ninguno me gustan. No me gustan porque siento que están lejos de la esencia que quiero transmitir. Hace días Patricia Fiorella, administradora del blogs Como Viendo al Invisible me dio un consejito que apliqué y nació la versión que aquí les presento, pero antes me siento obligado a invitarles a visitar ese blogs, cuyos post me inspiran y los considero interesantes. Y Gracias Patty por tus consejitos.

Ocho años habían pasado desde la primera que vez transité con asombro aquel majestuoso puente, rumbo a la tierra del sol amada, sin sospechar que aquella ciudad se convertiría en mi santuario. Es cierto, solo tenía cinco años de edad, pero créanme, aun recuerdo como captaba aquellas imágenes a través de mi vista y se incrustaron en mi corazón. Pilares tan altos que podían tocar el cielo, una suave brisa que acariciaba mi rostro y aguas, aguas tranquilas que se unían con el firmamento en el horizonte; los rayos del sol chocaban contra las aguas de aquel lago que me regaló un especial resplandor como bienvenida.

Cruzaba el puente Rafael Urdaneta, al que conocería luego como el puente sobre el lago, cuya estructura es de 8.678 m de longitud y está conformado por cinco tramos de 235 m cada uno, este permite el pase por encima del famoso lago de Maracaibo, que ocupa un área de 13.000 Km2 y es considerado uno de los más grandes del mundo. La razón por la que nos dirigíamos a la ciudad de Maracaibo está ligada con el servicio ministerial de mis padres. Ellos son ministros acreditados por una organización que los mantuvo en movimiento mis primeros cinco años de vida por tres estados del país y cinco ciudades distintas. El año 1986 mi padre solicitó ser trasladado a esta ciudad donde él nació y donde vivían su madre y sus hermanos. Y allí viví mis mejores años.

Crecí asistiendo a una pequeña congregación pastoreada por mis padres. Discutía con mi maestra de escuela dominical para que me permitiera estar en la clase de adultos, me gustaba la forma en que mi padre presentaba cada historia bíblica y hacía las aplicaciones pertinentes, aun me gusta como lo hace. Los sábados acompañaba a mi madre al Instituto Bíblico José Castillo Mora, en el que desempeñó como directora por muchos años. Mamá impartía diversas cátedras, las de libros históricos, hermenéutica y homilética siempre fueron mis favoritas.

Vivimos en el sector 14, vereda 02 de la urbanización La Marina, mejor conocida como "San Jacinto".

En Maracaibo cultivé mis primeras amistades, Rebeca, la niña que vivía a tres casa de la mía, ella iba todas las tardes a jugar con mis hermanas. Con el pasar de los años fuimos buenos amigos. Rebeca es hoy una seguidora de Jesús y una excelente psicóloga; también a Joel, un niño cuyos padres eran líderes en una congregación, hoy Joel es un sabio pastor de jóvenes, líder y vocalista de una banda cristiana de rock alternativo. David y James forman parte de su banda, uno guitarrista otro bajista. Los morochos Elkin y Saady forman parte de un grupo de adoración de una notable e importante congregación de la ciudad. José Colina desempeñó durante tres años el cargo de Pastor Distrital de una organización juvenil del país. Conocí muchos colegas de mis padres, con algunos de ellos aún mantengo contacto, y más que ministros de una organización, los considero amigos. La Licenciada Doris Ching nos cuidaba cuando mis padres viajaban a alguna convención, por medio de ella conocí a Clidde Marchelly, su sobrino. Clidde y yo nos convertimos en amigos y compañeros de proyectos con el tiempo, hoy es periodista de un importante diario del estado Zulia y un talentoso Maestro de la Palabra. Necesitaría todo un post para nombrarlos a todos.

Mi abuela vivía a unas dos cuadras de la casa, en el mismo sector. Recuerdo que apenas llegaba de la escuela corría hacía allá y la encontraba en la sala sentada en su mecedora:

-En la nevera está tu Toddy. Me decía sonriendo. Daría lo que fuera por volver a encontrarla en su mecedora y beber de nuevo un Toddy preparado por ella.

Maracaibo, amé esa ciudad, aunque nací en un pueblito llamado Ároa del Estado Yaracuy, un pueblo hermoso y famoso por situarse allí las minas del Libertador, me considero de Maracaibo. Conocí cada rincón de la ciudad. Y fue allí, a mis nueve años, que conocí a Jesús, a mi Salvador, fue una mañana como todas en Maracaibo, iluminada por los rayos del sol, bajo un cielo desnudo e inalcanzable, envuelta por el calor del sol, sol que está ligado a esta ciudad, que posa toda su atención sobre ella. Un año después preparé mi primer sermón y ese mismo miércoles en la noche mi padre me presentaba ante la congregación de Fuente de Vida como el predicador de la noche. Fue un día especial, jamás podría olvidarlo. Luego de esa noche estuve tres años predicando una vez por semana en diferentes congregaciones del estado Zulia, servicios de niños, escuelas dominicales, servicios evangelísticos, hospitales, clínicas, etc. Fueron años determinantes para mi futuro y en los que pude saborear el gusto de estar en sintonía con el propósito para el que Dios me había destinado.

A mis doce años conocí a una chica cuyos ojos eran ojos eran del color de un bosque virgen, su cabello sensible a la brisa de la tarde, era linda. Nunca nos explicamos como no coincidimos antes, pues sus padres y mi padre estaban vinculados por una amistad desde la juventud. Yo frecuentaba la casa de su abuela con mi padre, pero nunca la vi allí. La conocí al inicio de mi primer año de bachillerato. Creo que fue mi primera novia, digo que creo porque trayendo aquella relación al contexto actual no podría decir que fue mi novia. Aquello fue un lindo e inocente romance. María Eugenia es su nombre, vivimos buenos momentos, no sé qué sucede en estos días, pero aquello que vivimos en nuestra adolescencia fueron buenos momentos, no fue necesario nada más.

La tierra del sol amada fue el escenario de mi niñez, la puerta a mi adolescencia, mi mundo. Llegué a cruzar aquel puente muchas veces para alejarme de la ciudad, para asistir actividades, para viajes de vacaciones, cualquiera que fuera la razón, cruzarlo de regreso a mi ciudad siempre fue más emocionante.

Fue una noche de Abril del año 1994 cuando mi padre llegó luego de una reunión con los dirigentes de la organización y nos trajo una noticia devastadora: solo nos quedaban dos meses en la ciudad. Papá intentó hacernos entender a mis hermanas y a mí pero era imposible entenderlo. Fue nuestro primer gran desacuerdo con nuestros padres, fue mi primer conflicto serio. Al pasar los dos meses, una tarde de Junio, cruzábamos el puente sobre el lago lejos de la ciudad de Maracaibo.

Tenía trece años cuando por primera vez sentí el miedo que produce un cambio inesperado y violento, la incertidumbre de un futuro incierto y el veneno de la desesperanza. Trece años cuando cruzar el puente de sobre lago fue un acto doloroso. La lluvia caía, el lago que me recibió calmado me despedía inquieto, tan inquieto como mi alma, observé los pilares del puente, ellos no tocaban el cielo. Aquella triste tarde junio, mientras cruzaba el puente, pronuncié una promesa, una promesa que nació de la melancolía, del dolor, una promesa bautizada por las lágrimas de un adolescente que decía adiós a todo lo que tenía. Prometí que volvería, no como seguro lo haría, no de vacaciones, no para visitar, volvería para quedarme.

Han pasado los años, y en oportunidades me he reunido con muchas de aquellas amistades, mantengo contacto telefónicos con otros. Comparto ideas con algunos frecuentemente. Hace un par de años atrás encontré a María Eugenia, estuve en su casa. Fue bueno aquel encuentro. Reímos al ver cómo han cambiado las cosas entre parejas de adolescentes en estos años, compartimos recuerdos, y descubrimos que aquel lindo e inocente romance no había terminado, seguíamos siendo amigos adolescentes.

Cada día que ha pasado me ha llevado más cerca de mi destino, hoy tengo cosas que jamás pensé tenerlas. No estoy en Maracaibo, pero hay un montón de razones para seguir aquí. Mis padres no están en esta ciudad, yo decidí anclar un tiempo, un buen tiempo. Hoy tengo responsabilidades que me atan a este lugar. A este lugar también pertenecen un puñado de buenos recuerdos, me rodean amistades que son de alto valor también. Pero en estos días recordé que una vez hice una promesa, y hoy que han pasado trece años, de haber cruzado con dolor aquel majestuoso puente, debo decir que aún pienso cumplirla... Tierra del sol amada, mi Maracaibo, un día me verás cruzar el puente que me unirá a ti para siempre.

15 comentarios:

Patricia Fiorella dijo...

Amigo Gusmar no era necesario mencionarme pero te agradesco tu intención..de otro lado comentarte que quedo muy bien este post parece la narracion de una historia de los libros que leo jejeje y pues me animas a escribir de la frase que ya quedo en los detalles esta la sintonía. saludos

Gusmar Sosa dijo...

Gracias Patty, fue un poco dificil, y espero ese post, pues quiero estar en sintonìa,jejeje.saludos.

Brisa Nocturna. dijo...

Los cambios de la vida.Doloros,algunos mas que otros,unos bruscos,otros lentos,pero pareciera que esa es la constante mientras caminamos.Cambian las cosas que no queremos que cambien y las que si queremos no lo hacen,y asi todo se enreda.Pero lo lindo es ver cuantas historias y recuerdos nos van quedando,las vivencias de adentro y de afuera son las que enseñandonos lo que hemos vivido.

Con mucho,este ha sido uno de tus mejores post,en mi opinion.Espero que un dia regreses,cuando sea el tiempo.Creo que todos tenemos puentes que debemos cruzar de regreso un dia,no siempre para quedarnos del otro lado,quiza nos toque volver,pero la estancia habra sido algo importante.

Muchos saludos Gusmar.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Brisa, gracias pot tu reflexión, y es cierto, no es un solo puente el que me toca cruzar. Y ese "Hasta luego" la tarde de junio no ha sido el mas doloroso desde entonces. Creo que aun hay mucho por vivir, y cada experiencia me enseñará las cosas que ansié aprender. Saludos.

Orlando Inagas dijo...

Gusmar,
Tienes un excelente estilo al escribir. Tocas temas personales con mucho tacto y sensibilidad humana.
Saludos de otro blogger venezolano. Dios te guarde.
xD

Gusmar Sosa dijo...

bROTHER, UN GUSTO TENERTE POR ACÀ. SALUDOS.

Isa dijo...

Me encanta tu estilo Gusmar, escribes lindo, y muchas gracias por estos recuerdos que has plasmado tan bien en este post, y sé que algún día regresarás.
Bendiciones del Altísimo para ti.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Isa, que bueno verte por acá de nuevo, de veraz que ya te extrañaba. Gracias, creeme voy a regresar, te diré como si fuera un niño, susurrandotelo, y no se lo digs a nadie: "tengo un plan".jejeje. Saludos Isa.

Claudia L. dijo...

Saludos Gusmar, leo tu vida, gracias por compartirla con pasión de escritor. Que se concreten tus planes de volver a tu amada Maracaibo, yo por mi parte dejo puentes atrás por los que ya no planeo regresar... Nunca es fácil. Bendiciones.

Keila dijo...

Tu esperanza por regresar se hará realidad, ya lo verás. Gracias por compartir esta parte de tu vida. Me hiciste vibrar con tus letras.

Gusmar Sosa dijo...

Hola claudia, también he cruzado algunos de esos puentes desesperado, huyendo. Sin ánimos de transitar de nuevo por ellos. Saludos

Gusmar Sosa dijo...

Hola Keila, espero regresar, siento que soy de allá. Es algo nostálgico, incluso cuando enfrento alguna circunstancia de esas que desesperan quisiera estar de nuevo en el sector catorce, vereda dos, y ser un niño de nuevo... Saludos.

Jenny dijo...

Wow Gusmar que tal escrito! pase por tu niñez y adolescencia y hasta creo que te visualize! estupendo post! Muchos saludos

Gusmar Sosa dijo...

Hola Jenny, que bueno. Mi niñez es lo mejor que he vivido.

Anónimo dijo...

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