sábado, 14 de enero de 2012

EL "DESDOBLAMIENTO" DE DIEGO. (CUENTO).

Desdoblar es formar dos o más cosas por separación de los elementos que suelen estar juntos en otra; en Yaracuy, Estado donde nací, escuché una vez a un anciano hablar del “desdoblamiento”.

Había ido con mi madre a visitar al abuelo, él vive en un cerro llamado Quebrada Honda, este cerro está al pie de Aroa. Allá arriba los ancianos están casados con supersticiones que son más bien cultura e identidad propia de la América virgen, de esa cuyo nombre no era América. La identidad y cultura de nuestros orígenes sigue viva en muchos cerros y veredas de estas tierras y con un poco de suerte podemos escucharlas hablando y con esfuerzo y conciencia podemos ser portadores de ellas.

Llegamos al samán, un árbol majestuoso, enorme y de poderosa apariencia, como esos que describen en los cuentos. Allí estuvimos media hora esperando a los jeep que suben al cerro. Dos ancianos conversaban al lado nuestro, y fue entonces cuando uno de ellos dijo: “Ese guaro sí que se desdoblaba, ningún brujo pudo igualar al Diego en estas tierras, salía de sí mismo y su alma montaba sobre la brisa y con ella paseaba por toditas estas montañas”. El otro sin asombro lo interrumpió y dijo: “¡Ah! Mi padre me contó una vez que su abuelo lo conoció, y que él podía ver espíritus y almas; y en una de esas en que el Diego se desdobló, el alma suya se quedó mirando su propio cuerpo con cara de lamento y al dar la espalda nunca más volvió”.

El jeep llegó y subimos al cerro. Yo no olvidé esa conversación, asombro y miedo la sellaron en mi memoria. En el trayecto imaginé que el alma de ese tal Diego podría estar paseando por allí, gimiendo en las noches, atormentada. Me pregunté por qué no volvió a su cuerpo, qué vería allí que le dio tanta pena y pintó en su rostro el lamento. Con el tiempo comprendí que para los yaracuyanos, para esos ancianos custodios de la identidad de su tierra, el alma de Diego paseando por las montañas no es un cuento que los amenaza. En otra de las visitas no me aguanté y le pregunté a mi abuelo y él riendo exclamó: “¡Ah! ¡Viejos sin oficios esos! Es una leyenda vieja de antes, no es que su alma esté penando. El Diego se soltó de su cuerpo porque ya no aguantaba su vida. Decían los de antes que era vanidoso por su habilidad, porque podía desdoblarse pues. Y una tarde al salir de su cuerpo se dio cuenta que no valía medio, así que se entregó a las montañas”.

Al parecer, el Diego, al separarse de sí mismo era una cosa completamente distinta a lo que era dentro de su cuerpo. A lo mejor ese es solo un cuento, pero es uno que transmite una gran sabiduría. A veces hay que mirarse desde afuera, renunciar a uno mismo y entregarse a los montes. Y fue lo que sucedió cuando, aún en la cama, logré desencadenarme del aturdimiento de mi despertar...

jueves, 12 de enero de 2012



En el Estado Zulia de Venezuela el libro será distribuido por la Fundación Dulce Refugio...

Puedes solicitarlo en cualquier librería cristiana de Latinoamerica o directamente a la Empresa Editorial Christian Editing

¿ UTOPÍAS?

Y el sur, libre, no volverá a rendirse delante de imperios ideológicos que pretenden su alma..

Será una bandera, señal de que es posible un mejor porvenir ahora y aquí...

martes, 10 de enero de 2012

Convocan al Premio Relato Cristiano 2012.

La Empresa Editorial Christian Editing extiende la siguiente invitación, como una expresión de oportunidades, me uno a la invitación haciendo eco, dando fe de que el Premio Relato Cristiano no monopoliza las oportunidades. En su primera edición, sin conocer o tener previo contacto con ninguno de sus integrantes, fui uno de los diez ganadores con mi relato "La fe de mi Padre", que forma parte del libro "10 Excelentes Historias Jamás Contadas" publicado y distribuido por Christian Editing en toda Latinoamerica...

Para leer sobre ésta convocatoria y otras más presiona AQUI

lunes, 9 de enero de 2012

NEGRO SOBRE BLANCO, ZULIA...

El día de hoy me he aliado con Richard Sabogal, director nacional de Negro Sobre Blanco, de esta alianza nace Negro Sobre Blanco Zulia...

Una de las pautas estratégicas definidas es la difusión de una serie de concursos nacionales como expresiones de inclusión para autores no publicados... Cabe destacar que actualmente Negro Sobre Blanco está convocando a la segunda edición del Concurso "Por Una Venezuela Literaria", sobre las bases y premios que ofrecemos puedes leer en el blog oficial del Distrito Zulia.

Aprovecho la oportunidad para extender la invitación a quienes puedan estar interesados en publicar sus artículos en nuestro blog oficial, pertenecientes o no al Estado Zulia de Venezuela.

Te invito a visitar ahora mismo "Desde el Zulia"...

viernes, 6 de enero de 2012

BREVE RELATO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA NECESIDAD DE MENGUAR...

Sonrió recordando las palabras de su madre, la interpretación del evangelio y las doctrinas aprendidas siempre fueron para ella suficientes ante cualquier problema. Quizá su madre tuvo razón, puede que él necesitó entender su posición tan diminuta en el mundo, su existencia finita y limitada delante de la existencia de un Dios que se extiende por la eternidad; quizá su consciencia golpeaba con fuerza en el alma para despertar y así hacerle transitar las veredas que le condujeran a los brazos de Dios. ¡Y por qué no! Chocar con la existencia de Cristo, con la vida del Salvador, le permitiría transitar una de esas veredas que son necesarias en la búsqueda de la verdad.

¿Resolvió “la oración de fe” la sed y búsqueda que despertaban en su alma? ¿Esa sed y búsqueda ha sido resuelta en nosotros con una sencilla oración de fe? Es una pregunta peligrosa, lo reconozco. ¿Nunca te has detenido hacerte esa pregunta? Yo me lo pregunté muchas veces, tratando de convencerme de que la respuesta es un “sí”, “sí, todo está resuelto”, “sí, ya no hay sed”, “sí, se acabó la búsqueda”. Él intentó hacerse uno con las doctrinas que aseguran que todo está resuelto. Pero la verdad es que una “oración de fe” es “linda” para marcar un inicio; chocar con la existencia de Cristo, decidir creer en su existencia, en su historicidad, en su papel salvador es solo un inicio. Aún queda mucho por resolver… ¿Cómo interpretamos la vida de Cristo? ¿Cómo la convertimos en agua para calmar constantemente esa sed? ¿Cómo nos mantenemos en el camino que él marcó con su propia vida al exclamar su “yo soy el camino”? ¿Cómo le descubrimos como verdad pronunciada en sí mismo?

Las mismas doctrinas cristianas muchas veces tienden a ser desvíos en el camino que él (Cristo) declaró ser; es agotador transitar esos desvíos, la invitación del Cristo al declarar su “venid a mí los cargados y cansados…” hoy parece resonar y hacer eco incluso en quienes se incorporan a las membresías de congregaciones ortodoxas o liberales. Y él piensa en ello parado frente a la biblioteca, sosteniendo la que fue su primera Biblia. Él fue formado en una congregación ortodoxa, pentecostal, en la que se profesaba un profundo y honesto sentimiento hacia la expresión más tradicional de lo que llamaban “evangelio”, y un día ni las doctrinas ni las prácticas aprendidas pudieron callar la agonía de sentirse aún perdido, sediento, cansado, sin propósito, como si estuviera en casa pero perdido. Y mientras estuvo en la ciudad creyó descubrir la verdadera expresión del cristianismo, la más congruente con Cristo; se unió a la lista de miembros de una iglesia que se autodenominaba “libre” por no pertenecer a un concilio, ni ser dirigida por tradiciones, pero en ocasiones la percibía más bien libre de la responsabilidad de seguir los pasos de Cristo y su desempeño a favor de la sociedad y esclava de fórmulas mágicas que solo despertaban sensacionalismo y emoción.

En medio de su reflexión un segundo pasaje bíblico relampagueó en su memoria, Juan 3:30. Sonrió porque aún recordaba el título que identifica el pasaje. Ese pasaje bíblico estuvo rondándole en la mente por muchos meses durante sus veinte años de edad. Para entonces ya había calmado su inquietud con la decisión de aceptar las doctrinas como absolutas e incuestionables, como suficientes y genéricas; pero la separación de sus padres despertó en él una dolida rebeldía contra la que intentó luchar, logró apagar la intensidad de su furor para no caer en extremos viciosos pero no pudo evitar recaer en terrenos de incredulidades y cuestionamientos frente al cristianismo y evangelio. Sin embargo, a su manera su madre logró inculcar en él un sentimiento de temor hacia Cristo y también su padre con sus confesiones de admiración hacia la obra de Cristo a favor de los pobres y la sociedad; y tanto el temor inculcado por su madre y las confesiones de admiración de su padre lo llevó a trazar una línea divisora entre Cristo, cristianismo y evangelio como religión. Así resolvió que Juan 3:30 desnuda la necesidad de separarse incluso de la pretensión de resolver a Cristo en la vida de uno a través de doctrinas y sistemas, eso también es menguar.

miércoles, 4 de enero de 2012

UNA SENCILLA REFLEXIÓN...

Uno de los relatos que más me gusta en relación al nacimiento de Cristo es el que narra Lucas en el capítulo dos de su evangelio. Ocho días después de su nacimiento José y María deciden llevar a Jesús al templo para presentarlo y hacer los sacrificios pertinentes. Ese mismo día un anciano llamado Simeón va al templo, y al ver a la pareja y su niño tomó al niño en sus brazos y exclamó:


“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel”.


Me gusta este relato porque las palabras de Simeón desnuda el destino del niño, lo acusa de “la salvación que ha sido preparada en presencia de todos los pueblos”. Creo que sus palabras debieron despertar la curiosidad de María y José y de todos los que escucharon las palabras del anciano. María debió pensar en esas palabras durante el crecimiento del niño, en su adolescencia y juventud, y luego al verlo partir por las veredas de los pueblos y escuchar de sus obras. Tuvo que recordarlas al ver a su hijo colgando de un madero y expirando. Las palabras de Simeón nos ayudan a entender el destino de aquel niño que ahora reconocemos como el Cristo.


El niño Jesús fue la respuesta a la oración del pueblo, que clamaba por redención y lloraba por un cambio en su estructura social, que esperaba todo aquello que resumían en la expresión de “la salvación”. La vida de Cristo es acusada de salvación por este anciano, así que su vida es el ejemplo de la salvación que todo aquel que dice ser “seguidor de Cristo” está obligado a vivir. Su ejemplo de salvación debe transmitirse a través de nuestros pasos. Él en respuesta a la oración de una nación es nuestro ejemplo. Así debemos entenderlo. Y él en respuesta, él como salvación no se permitió ser limitado por las tradiciones, su desempeño socio espiritual fue indetenible; las leyes impuestas por el aparato religioso que además regía a la política tuvieron que adaptarse a él, y aquellos que le confrontaron para detenerle tuvieron que verlo actuar a favor de la sociedad y vivir la frustración de no poder detenerlo.


Jesús fue un espejismo en medio de la realidad. Porque la realidad decía que no se podía obrar un sábado y Jesús obró para el bienestar del hombre un sábado, porque la realidad decía que los sermones se dictaban en las sinagogas y Jesús expresaba sus sermones en un monte, o en la orilla del mar sentado en una barca, o mientras caminaba por las veredas de los pueblos. La realidad construida por las tradiciones, sus estructuras, sus conceptos no pudieron detener al Cristo porque él actuó siendo superior a la realidad: siendo respuesta y salvación.


Contrario a la actuación de Cristo la mayoría de los individuos que dicen ser cristianos se divorcian de la responsabilidad social, y conceptualizan la espiritualidad en separación y total contraposición a la sociedad... A veces Dios suele ser la excusa perfecta, la justificación genérica. La teología muchas veces se convierte en una herramienta útil para la dejadez. Millones de “creyentes” se aferran a argumentos fríos como “no somos de este mundo”, “todo está en las manos de Dios”, “Dios es Soberano”.


Hay incluso un apartado completo dentro de la teología para explicar la Soberanía de Dios, muchos aseguran que Dios tiene tres voluntades: su voluntad perfecta, permisiva y aquella que se remite al libre albedrío del hombre. Y éstos se dedican a desarrollar argumentos lo suficientemente amplios como para que el alma del creyente repose en alguna de esas tres voluntades divinas y justifique su indiferencia social. El creyente solo tiene que absorber la teología cristiana a su sistema de creencias, sin ni siquiera entender que es teología lo que absorbe, y de esa forma también puede callar su consciencia. Sin embargo, ¿es culpable la teología cristiana o la religión? Yo pienso que es culpable el hombre y su afán por controlarlo todo, haciendo de los instrumentos como teología y religión métodos para el proselitismo; que tanto religión como teología, incluso política, ciencia, y tantos conceptos más, nacieron como instrumentos de búsquedas; que tales conceptos expresan el deseo del hombre por encontrar una identidad, una verdad y una libertad trascendente...


Cristo no limitó su actuación ni siquiera por los esquemas de "soberanía divina"... Me gusta pensar que el anciano Simeón vio en un intstante la vida que trazaría el niño Jesús que sostuvo en sus brazos y así maravillado exclamó de gratitud...

domingo, 18 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DE "ADIÓS MUNDO CRUEL"...

A continuación un fragmento de mi nuevo relato en construcción: “Adiós Mundo Cruel”… Expreso mi agradecimiento a Fausto Liriano Hernández por el apoyo y oportunidad a este proyecto (luego les comento).

...Quizá usted ha leído la historia de Jacob. Hijo de Isaac, quien fue hijo de Abraham. Jacob vivió trece años enlutado, creyendo que su hijo José había muerto, y culpándose por la supuesta muerte. Para Jacob el Dios de sus padres decidió cobrarle sus cuentas pendientes: sus engaños, sus malas decisiones motivadas por la ambición, su irreverencia y tantas cosas más. Así hemos vivido muchos, con la idea de un Dios que no puede consentir los errores humanos, que necesita castigar al hombre por sus acciones para demostrar su propia soberanía y control. Y así justificamos algunas de nuestras desgracias, o de las desgracias ajenas que nos afectan, también justificamos nuestra pasividad ante las circunstancias adversas, aceptarlas como un “castigo divino” nos protege de la responsabilidad de afrontarlas y superarlas. Pensamos que “a su tiempo” todo volverá a la normalidad.

Trece años vivió Jacob con extrema pasividad, sin ninguna acción digna de ser relatada en algún pasaje bíblico, trece años de silencio, de conformidad, de resignación. La Biblia relata que cuando sus otros hijos le dijeron que José aún vivía “el corazón de Jacob desfalleció porque no lo creía”. ¿Desfalleció? ¿Se debilitó? ¿Desmejoró? ¿Quién desfallece, se debilita o desmejora ante una buena noticia? Solo alguien que ha incorporado a su sistema de creencias argumentos que justifican las malas noticias.

¿Las buenas noticias llegan tarde? Es posible, pero ya he citado ese dicho popular que hace eco en los rincones de nuestra región: más vale tarde que nunca. Jacob necesitó ver los carros que su hijo José envió para buscarlo, necesitó escuchar a sus hijos repetirle la historia una y otra vez para que su espíritu reviviera, entonces exclamó un “¡Basta ya!”. Y así emprendió un viaje que lo acercó a su hijo, a su amado hijo, a quien lloró durante trece años, a quien creyó muerto por culpa suya. Un viaje que lo acercó a un nuevo comienzo, que lo arrojó a los brazos de un Dios nada parecido a lo que él había creído, que no se ajustaba a los esquemas trazados. Un Dios que no cobró sus errores, que no le castigó, y que le brindó la oportunidad de un reencuentro.

Pero, ¿estaba listo Javier Crespo para un nuevo comienzo?

Listo o no allí estaba, con la toalla ajustada a su cintura, luego de la ducha matutina, frente al espejo del baño, con el amanecer cantando detrás de la ventana, en su mano izquierda la hojilla y en la derecha la espuma de afeitar. Con las imágenes frescas de ese mal espejismo que suele invadirlo algunas noches. Así es, todavía hoy se cuela en su sueño ese espejismo atormentador.

Observó fijamente sus ojos reflejados en el espejo, la oscuridad de ellos es la misma oscuridad de la noche en la que corre perdido en su sueño buscando un refugio, la desesperación le invade mientras corriendo se aventura a tomar veredas al azar que lo van llevando a lugares que reconoce pero que no son el refugio que anhela. Entonces en medio de la oscuridad una voz interrumpe su empeño al preguntarle “¿Qué buscas Javier?” Reconoce la voz, es su padre...

sábado, 3 de diciembre de 2011

FRAGMENTO DEL PROLOGO DEL ENSAYO "EL ESPÍRITU SANTO Y LAS FRONTERAS DOCTRINALES"...

Ellos le rodeaban, estaban allí con él porque querían estar, puedo entender la sed en sus almas.



Tal vez muchos no entienden por qué un grupo de hombres abandonaría sus labores y empresas para seguir a otro. Pero puede que usted si lo entienda: esperanza.



Todos soñaban con un mejor porvenir, cansados de la opresión política y religiosa, de los intentos fallidos por prosperar, en lo más profundo de sus almas el deseo de prosperar era solo una distracción, una forma de tratar de ignorar la sed que a veces no puede explicarse con palabras, quizás algunos sábados sus miradas apuntaban hacia el mismo horizonte.



Un “sígueme” había sido suficiente, dejaron sus redes, sus barcas, las orillas a las que se aferraron por años, los mares que muy bien conocían, el oficio que hasta entonces fue la experiencia más cercana al sentimiento de estar en el hogar y fueron en pos de un hombre, de una voz, de una invitación. Y echaron a andar sus vidas, tentando a la suerte, sin saber con certeza si iban por el camino correcto, solo fue un impulso, como esos que pueden justificarse en el momento y que luego de un par de horas se hacen débiles, pero uno piensa “ya comencé con esto, seguiré hacia adelante un momento más a ver qué pasa”. Y ese momento ya llevaba tres años transcurriendo. Al estilo de los personajes de los relatos antiguos, personajes que eran columnas de la historia de la nación, lo dejaron todo y se arrojaron hacia el horizonte en un acto de fe desnuda, inédita, una fe en respuesta a las circunstancias, algunos dirían emocional, pero fe al fin.



Y allí estaban, sin un esquema establecido para continuar el camino, con buenas experiencias, sí, increíbles, jamás imaginadas, pero no podían concebirlas como patrones para futuros pasos; la de ellos seguía siendo una fe inocente y desnuda de artilugios, a veces envidio la fe de esos hombres, el valor de ellos para dejar un sistema seguro, barcas, redes, mares, para seguir un rumbo incierto, incierto pero con la compañía de un gran hombre, o como diría uno de ellos, del “hijo del Dios viviente”. Tal vez no se preguntaron qué sería de ellos si ese hijo del Dios viviente se ausentara, no lo creyeron necesario, pensaron que él siempre estaría para ellos y con ellos… No se equivocaron.



Él les dio la noticia, anunció su muerte…



Y allí estaba él, rodeado de ellos. Consciente de que la hora llegaba, él, cuyo “sígueme” estaba destinado a resonar como un eco por el resto de la historia humana; un grupo pequeño de una sociedad grande, es todo lo que tenía, y lo único para ofrecerles el aroma de los buenos recuerdos, la alegría en los ojos del ciego que recibió la vista, la gratitud en las lágrimas de aquella mujer que gracias a sus palabras podía creer en una segunda oportunidad, buenos recuerdos… Los observa mientras les habla, ellos tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de ser el eco de sus palabras, de que éstas sean entendidas por otros como fueron entendidas por ellos mismos. Sus palabras en los labios de ellos no debían ser interpretadas como una carga sobre la fe genuina y sincera que se traduce en ese sentimiento de sed que mueve al ser humano hacia el horizonte y le hace levantar su mirada con esperanza...

sábado, 19 de noviembre de 2011

Bartimeu, o cego, e a multidão (Bartimeo el ciego y la multitud)

Gracias a la bondad de Gustavo Frederico, aquí está una de mis notas traducidad al portugués, aquí el link que lleva a la pagina en la que fue publicado en ese idioma AQUI.

Escutei durante a minha infância, adolescência e juventude talvez mais de cem sermões baseados na história de Bartimeu, o cego, e também algumas músicas que faziam referência a essa história. Ainda me lembro de uma que essa semana esteve rondando minha memória. Ele começava assim: “Como Bartimeu sentando no caminho pensou, espero que Jesus passe por aqui” e terminava com uma frase que me comovia: “Tu és o pão do céu, água da vida, e a pedra ferida que sacia minha sede”.

A variante em cada sermão sempre foi a fé. Pregadores exaltados exortavam “ao povo de Deus” a imitar a fé do cego que, movido por sua necessidade, gastou a sua voz gritando “mestre, filho de Davi, tem misericórdia de mim”, venceu os obstáculos do caminho, o preconceito da sociedade, sem ajuda e com uma multidão contra si conseguiu chamar a atenção do mestre para ouvi-lo perguntar “que queres que eu te faça”.

Com seus sermões, pastores expunham a necessidade de um “povo forte”, capaz de “vencer ao mundo”, “merecedor de estar na presença do Mestre e ganhar seus favores”. Esses argumentos definiam a teologia que aprendi: “a graça é o prêmio do esforço do crente por encontrar e permanecer na presença de Cristo”, “o Cristo só pode estar cercado de vencedores”, de forma que “ser o povo escolhido por Deus equivale a permanecer em uma bolha na qual não se admite perdedores e que está separada do mundo e suas paixões”, e “suas paixões” se interpreta como “seus problemas”, “suas políticas”, etc. “Somos melhores que tudo isso”. Com esses sermões, só conseguiam reproduzir a mesma sociedade que obstruiu o avanço do cego até a presença do Cristo.

O que esses pregadores expunham com entusiasmo era exatamente a mesma teologia, ou melhor, a ideologia, daqueles que cercavam Cristo em seu passeio por Jericó. Hoje, penso que aqueles pregadores se equivocaram ao comparar “o povo escolhido” com Bartimeu. Há todo um sistema que diz estar “procurando o mestre”, que diz segui-lo, e talvez esteja certo, mas em termos gerais esse sistema que hoje “cerca o mestre” continua sendo o mesmo sistema que o cercou nas ruas legendárias de Jericó.

Um sistema que obstrui a visão de quem deseja encontrá-lo, sistema que descansa sobre estruturas fortes e argumentos que ainda são pronunciados com “palavras liberais” foram construídos com ideais dogmáticos. Os gritos de Bartimeu, seu desespero e esforço para chegar até a presença do Cristo não falma de uma fé que deve ser imitada, mas gritam uma denúncia que deve ser escutada…

Até quando o cristianismo será um sistema adornado com doutrinas e burocracias equivalentes a ideologias imperialistas? Até quando se autoproclamará escada a um céu só para fortes e dignos? É incongruente a imagem do cristianismo atual com a imagem do Cristo de ontem. É ridículo dizer “Jesus Cristo é o mesmo ontem, hoje e sempre” enquanto o sistema cristão, dizendo ser embaixador do Cristo, não abre espaço entre a multidão para perguntar “o que queres que eu te faça?” aos que estão em desvantagem.

Alguém me perguntou se por acaso eu propunha que o cristianismo (ou qualquer sistema religioso que reivindique a Cristo como fundador e emblema) se converta em uma Organização Não-Governamental. Minha resposta é que nisso se converteu: em uma incongruente, contraditória, improdutiva e infrutífera ONG. Em um reflexo de um sistema político individualista, sinônimo de sectarismo, que na teoria é atraente, mas deixa muito a desejar na ação.

O Cristo que passeou por Jericó escutou os gritos do cego, não se preocupou em se definir, em construir um “império ideológico”, em apresentar estruturas que o fizessem transcender como sistema. Ele modelou tudo o que hoje os sistemas apenas definem.

Ainda há tempo: o cristianismo poderia derrubar os muros que o separam do “resto do mundo”, que só servem de desculpas para justificar sua indiferença, de argumentos para redimir sua apatia diante dos problemas sociais que surgiram do espaço que deveria ter ocupado.

A Bíblia diz que Bartimeu seguiu a Jesus pelo caminho. Gosto de pensar que seguindo-o, havendo recuperado a visão, caminhava com esperança. Não com esperança para ele e seus anseios. Talvez seus olhos brilhassem de alegria. Cada dia seguindo o mestre era uma aventura nova, um capítulo novo em favor da sociedade. Talvez pensasse: “onde quer que vá hoje o Cristo haverá alimento, bem-estar e felicidade”.

Se o cristianismo seguisse os passos do Cristo, se com ousadia deixasse suas desculpas teológicas de lado e, modelado as atitudes do Cristo, surgisse a partir dos campos transcendentais da sociedade, então muitos veriam com esperança também seu renascimento, pensando “onde quer que surja haverá alimento, bem-estar, felicidade”.

Uma sociedade nova e melhor é possível. Uma ordem social melhor é possível e – por que não? – uma melhor expressão do cristianismo é possível. Uma em que Bartimeu não deva se esforçar para ser escutado. Uma expressão que contagie de amor e de consciência social as estruturas fortes dos sistemas políticos, educativos, econômicos e religiosos. Que faça se inclinar a condição humana diante do bem comum.

Assim fez o Cristo, dando um soco na cara da indiferença e do orgulho ao pedir a dois de seus discípulos que trouxessem Bartimeu à sua presença… Se essa história estiver certa e se esse homem foi Deus, quero chegar na sua presença e dizer-lhe “ao contrário de tudo ao meu redor, a tudo o que ouvi, o que vi e que não pude ver, tu és, sim, o pão do céu, água da vida e a pedra ferida que sacia minha sede”.

Tradução: Gustavo K-fé Frederico

MUCHAS GRACIAS...

Una vez más quiero decir gracias. Finalmente el concurso de la Empresa Editorial Christian Editing culminó, el día 16 de noviembre dieron a conocer los diez relatos ganadores y entre ellos está “La fe de mi padre”. Será publicado junto a los otros nueve a principio del año 2012. Me emociona, pues a través del relato expongo algunas de mis críticas al cristianismo heredado y el concepto de fe que nos arroja, intento de una forma no muy violenta desnudar tal concepto y los vicios que han evolucionado con él. Creo que un mejor porvenir se vislumbra, y pienso que podemos ser parte de los constructores de ese porvenir, cada uno en su escenario, con su “don” y esfuerzo, con paciencia y tolerancia. Tal vez mañana el cristianismo sea una mejor expresión como sistema o más bien escenario, tal vez sea una mejor herramienta social, quizá nosotros no disfrutaremos de su nueva forma, pero podemos dejar las bases para que sea posible.

Este relato fue forjado a base de las críticas de ustedes, mis amigos, compartiendo con ustedes he ido encontrando equilibrio en mi empeño, he ido aprendiendo, ha sido una gran aventura, con algunos he compartido por años, con otros por meses o semanas, pero ha sido provechosa la dinámica de publicar y ver sus comentarios, incluso los comentarios de quienes no comparten mis formas de ver el cristianismo hoy. Yo seguiré en mi empeño, tengo una meta trazada y quiero llegar hasta allá, y espero en mi travesía seguir contando con ustedes, no solo con sus palabras de ánimo, también quiero seguir contando con sus críticas, con sus “un momento, estás equivocado”… Nuevamente muchas gracias por el apoyo, y si algunos de ustedes pasean por las palabras de esta nota y no fue etiquetado (por descuido mío o porque no alcanzaron las etiquetas), el solo hecho de que estén leyéndola los hace dueños de mi gratitud, gracias por la compañía en esta aventura…

A continuación un fragmento del capítulo cuatro de mi relato “La fe de mis padres”, este va dedicado a aquellos que han despertado para descubrir que el camino quizá es más complicado, pero es mejor caminar con los ojos abiertos…


IV
Después de cuatro meses Gustavo no sabía qué pensar sobre el dos de septiembre de mil novecientos noventa y ocho. ¿Había dado un paso importante o había cometido un posible error?

A pesar de la incertidumbre durante esos cuatro meses se sintió libre de compromisos con la organización y con Dios. En cierta forma su decisión marcó un nuevo comienzo, todavía no sabía para qué, pero de algo aún estaba seguro: no terminaría lejos de Dios y no le daría la espalda a los principios bíblicos. Pero aún confiado en su determinación sentía temor.

¿Qué tal si sus dudas terminaban convenciéndolo de lo contrario? ¿Qué tal si se acostumbraba a una vida normal sin llamado, sin propósito?

Eventualmente le angustió sentirse sin posición dentro de la organización, le atemorizó que los creyentes de Getsemaní lo rechazaran como pastor al terminar el período de reposo que se le había aprobado, que la organización no lo tomara en cuenta para ninguna otra de sus iglesia o no poder fundar de nuevo alguna obra; le angustió porque hasta donde había comprendido no se puede vivir toda la vida en reposo sin entrar de nuevo a la acción del servicio cristiano, tal vez Dios le perdonaría lo que pudo ser un error por intentar superar sus conflictos, pero no aceptaría que nunca más volviera a la acción.

Se convirtió en un hombre más callado, un tanto distanciado y solitario; aunque intentó y se esforzó para convencerse de que su decisión fue correcta no pudo durante meses evitar el sentimiento de vergüenza frente a los creyentes de Getsemaní cuando tropezaba con ellos en alguna de las calles del pueblo o estrechaba sus manos en el templo.

Se dio cuenta que Agua Santa es un pueblo pequeño y sus calles estrechas, descubrió que el templo se puede observar desde la mayoría de sus calles; invocó muchas veces recuerdos que le permitieran escuchar la voz cálida de su madre, extrañó la ciudad de Maracaibo, también los pueblos en los que fundó y pastoreó desde que egresó del seminario.

Aunque extrañó también los pulpitos y tener una congregación frente a él escuchando sus sermones durante esos cuatro meses no intentó enseñar, pudo llamar a alguno de sus colegas y ponerse a la orden u ofrecerse para ministrar en uno de los servicios dominicales, pero no lo hizo porque sentía que todavía no era el momento.

Percibió además que algunos colegas estaban más ocupados desde su reposo pues ya no establecían contacto con él, llegó a pensar que tal vez la hermandad entre los ministros de una organización es condicionada. No quiso y no pudo generalizar, concluyó que no es una organización la que forma o propicia tal condición, sino la forma en la que muchos asimilan su posición ministerial y conceptualizan la hermandad.

Con el pasar de los meses, distanciado de responsabilidades, de convenciones y congresos comprendió que su sistema de creencias era una mezcolanza de verdades y de doctrinas heredadas e interpretaciones que podían ser cuestionadas. Notó que podía detectar fallas en el sistema de creencia al cual se había adherido, y su angustia creció por momentos pues pensó que sus criterios cambiaban porque su decisión fue un acto de rebeldía en contra de su llamado y estaba siendo seducido por vanas filosofías y doctrinas erradas.

Mientras Gustavo enfrentó la ambigüedad de sus pensamientos y juicios en esos cuatro meses, María sufrió sus propios conflictos…

Aquí la página donde fue publicada la noticia…

www.christianediting.com

sábado, 12 de noviembre de 2011

CARTA DE NOVIEMBRE...

Caminaba, sin verdades entre las manos, solo dudas, interrogantes, cuestionamientos… Sin convicciones para anclarme, porque decidí salir, esa noche, bajo la oscuridad, para tentar la suerte de mis pensamientos, para dejar fluir la sangre de mis manos, la misma sangre que juega ante la vida y que un día se inclinará ante la muerte.



Noviembre paseaba, su andar más fresco y tranquilo, no más pausado que mis pasos, pero con más gracia… Haciendo desfilar frente a mí aquellos recuerdos, mis manos dentro de mis bolsillos, ocultando las verdades que ya no me sirven, desnudando las mentiras que ya no me atraen, sangrando, gotas gimiendo en mis bolsillos.



Recordé que es grato recordar, y miré la luna… ¿Por qué temerle al pasado? Y pensé en usted, desde aquí, caminando, sin verdades ni mentiras, sin convicciones y sangrando. Imaginé qué podría decirle si usted caminara a mi lado. Y pensé que tal vez hablaría del pasado, tal vez usted me preguntaría ¿qué cambiarías si tuvieras la oportunidad de volver a nacer? Yo le dejaría ver mi mejor sonrisa, y tal vez también mis manos, entonces le diría “volveré a nacer”. Pero si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo, en esta misma vida… Y si pudiera escoger las condiciones…



Honestamente, escogería la misma vida, aunque a veces me lamento… Escogería nacer la misma fecha para no perderme contando los años, para seguir jugando a escaparme cada diecisiete en noviembre… Los mismos padres, créame, no podría sin ellos, no podría… Los mismos errores, ya los conozco, ya he jugado con las consecuencias de mis errores hasta hoy, sé de sus trampas, sus espejismos, sus fantasmas… La misma ex esposa, y el laberinto en el que me perdí… Los mismos hijos, no cambiaría sus nombres para no olvidar quién fui antes de ellos y quién podría ser después de ellos… No renunciaría a esta melancolía, sin importar que a veces me obliga a caminar de noche, no le temo a la oscuridad, y a veces descanso en sus brazos…



Escogería la misma distancia entre nosotros… Hasta hoy la misma distancia, tal vez mañana se acorte… ¿Qué cambiaría? Si esa noche usted hubiese estado a mi lado, yo no hablaría de lo que con gusto cambiaría… Era una noche de noviembre, caminando en dirección a una luna nueva, y usted sabe, la melancolía a veces agradece…

sábado, 5 de noviembre de 2011

BARTIMEO EL CIEGO Y LA MULTITUD...

Escuché durante mi niñez, adolescencia y juventud tal vez más de cien sermones basados en la historia de Bartimeo el ciego, también algunos cantos que hacían referencia a esa historia, aún recuerdo uno que durante esta semana ha estado rondando en mi memoria, este comenzaba así: “como Bartimeo sentado al camino, pensó, espero que pase Jesús por aquí”, y terminaba con una frase que me conmovía: “tú eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

La variante en cada sermón siempre fue la fe, predicadores fogosos exhortaban “al pueblo de Dios” a imitar la fe del ciego que movido por su necesidad degastó su voz gritando "maestro, hijo de David, ten misericordia de mí”, venció los obstáculos del camino, el prejuicio de la sociedad, sin ayuda y con una multitud en contra suya logró llamar la atención del maestro para escucharlo preguntar “qué quieres que te haga”. Con sus sermones exponían la necesidad de un “pueblo fuerte”, capaz de “vencer al mundo”, “merecedor de estar en la presencia del maestro y ganar sus favores”, estos argumentos definían la teología que aprendí: “la gracia es el premio al esfuerzo del creyente por encontrar y permanecer en la presencia del Cristo”, “el Cristo solo puede estar rodeado de vencedores”, así que “ser el pueblo escogido por Dios equivale a permanecer en una burbuja en la que no se admiten perdedores y que está separada del mundo y sus pasiones”, y “sus pasiones” se interpreta como “sus problemas”, “sus políticas”, etc. “Somos mejores que todo eso”. Y con estos sermones solo lograban reproducir la misma sociedad que obstaculizó el avance del ciego hasta la presencia del Cristo.

Lo que estos predicadores exponían con afán era exactamente la misma teología, o más bien la ideología de aquellos que rodearon al Cristo en su paseo por Jericó. Hoy pienso que aquellos predicadores se equivocaron al comparar “al pueblo escogido” con Bartimeo y sigue siendo un error. Hay todo un sistema que dice estar “en pos del maestro”, que dice seguirle, y tal vez sea cierto, pero en términos generales ese sistema que hoy “rodea al maestro” sigue siendo el mismo sistema que lo rodeó en las legendarias calles de Jericó, sistema que obstaculiza la visión de quienes desean encontrarlo, sistema que descansa sobre estructuras fuertes y argumentos que aunque son pronunciados con “palabras liberales” han sido construidos con ideales dogmáticos. Los gritos de Bartimeo, su desesperación y esfuerzo por llegar hasta la presencia del Cristo no habla de una fe que debe ser imitada, más bien grita una denuncia que debe ser escuchada… ¿Hasta cuándo el cristianismo será un sistema adornado con doctrinas y burocracias equivalentes a ideologías imperialistas? ¿Hasta cuándo se auto proclamará escalera a un cielo solo para fuertes y dignos? Es incongruente la imagen del cristianismo hoy a la imagen del Cristo de ayer. Es ridículo decir “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” mientras el sistema cristiano, diciendo ser embajador del Cristo, no abre paso entre la multitud para preguntar a los que están en desventaja “qué quieres que te haga”.

Alguien me preguntó ayer si acaso yo proponía que el cristianismo o cualquier sistema religioso que reclame al Cristo como fundador y emblema se conviertan en una Organización No Gubernamental, mi respuesta es que, a mí parecer, en eso se han convertido: en una incongruente, contradictoria, contraproducente e infructífera ONG. En un reflejo de un sistema político individualista, sinónimo de sectarismo, que en definición es atractivo pero en acción deja mucho que desear. El Cristo que paseó por Jericó, el que escuchó los gritos del ciego, no se preocupó por definirse, por construir un “imperio ideológico”, por presentar estructuras que le hicieran trascender como sistema, él modeló todo lo que hoy los sistemas solo definen. Estamos a tiempo, el cristianismo pudiera derribar los muros que lo separan del “resto del mundo”, que solo sirven de excusas para justificar su indiferencia, de argumentos para redimir su apatía ante los problemas sociales que han surgido desde el espacio que ha debido ocupar.

La Biblia dice que Bartimeo siguió a Jesús por el camino, me gusta pensar que siguiéndole, habiendo recuperado la vista, caminaba con esperanza, no con esperanza para él y sus anhelos, tal vez sus ojos brillaban de alegría, cada día siguiendo al maestro era una aventura nueva, un capítulo nuevo a favor de la sociedad. Quizá pensaba “a dónde sea que vaya hoy el Cristo habrá alimento, bienestar, felicidad”. Si el cristianismo siguiera los pasos del Cristo, si con osadía dejara sus excusas teológicas a un lado y modelando las actitudes del Cristo emergiera desde los campos trascendentales de la sociedad, muchos mirarían con esperanza también su renacimiento pensando “donde quiera que emerja habrá alimento, bienestar, felicidad”. Una nueva y mejor sociedad es posible, un mejor orden social es posible y por qué no: una mejor expresión del cristianismo es posible. Una en la que Bartimeo no deba esforzarse para ser escuchado, una expresión que infecte de amor y de conciencia social las estructuras fuertes de los sistemas políticos, educativos, económicos y religiosos. Que haga inclinar la condición humana ante el bien común. Así lo hizo el Cristo, bofeteando el rostro de la indiferencia y el orgullo al pedirle a dos de sus discípulos traerle a Bartimeo ante su presencia… Si esa historia es cierta y si ese hombre fue Dios quiero llegar hasta su presencia y decirle “contrario a todo lo que me rodeó, a todo lo que escuché, lo que vi y lo que no pude ver, tú si eres pan del cielo, agua de la vida, y la peña herida que sacia mi sed”.

sábado, 29 de octubre de 2011

LA MUJER ADULTERA (LA CUARTA DE LA SERIE).

Tal vez se equivocó, pero puede que solo buscaba satisfacer esa necesidad, es cierto, nos equivocamos a veces por nuestra desesperación y nos ciega el deseo de encontrar “agua que calme nuestra sed”. ¿Pero quién puede culparla? ¿Quién nos culpa?

A ella una turba de hombres “perfectos”, según los parámetros que ellos construyeron, según las interpretaciones emitidas entre las paredes de sus sinagogas. La llaman “adúltera”, porque ellos aprendieron a cambiar el nombre de quienes no encajan en el sistema. Y la “adúltera” es una herramienta este día, les permite brillar como rectos y estrechar entre ellos sus manos saludando la perfección que otros, evidentemente no han alcanzado; y la “adúltera” es mucho más aún, también es carnada. Allá van, buscando al que llaman Cristo para escupirle la perfección en la cara y dejar en sus manos la decisión de qué se debe hacer con la “adúltera”, apuestan a que no es lo suficientemente integro como para emitir el juicio correcto: apedrearla. Y si tiene la valentía para aprobar su ejecución tal vez su popularidad disminuya.

¿Quién nos culpa? ¿Cómo nos llaman? ¿Qué somos para ellos? ¿Somos oscuridad que les permite brillar? ¿Somos carnada para sus experimentos?

<<“Herejes”, “ateos”, “descarriados”, “ex creyentes”… “No lo llames hermano, no es tu hermano”… “Evita su compañía fue cortado de la congregación”… “No escuches sus razonamientos, el mundo y sus filosofías lo han seducido”… “No leas lo que escribe, satanás se viste de luz”…>>

Ellos siguen siendo una turba de hombres y mujeres, con piedras en las manos, tal vez piensan que la piedad necesita equilibrio y las piedras en las manos ayuda a mantenerlo. La “adúltera” de pie frente al Cristo, los perfectos la acusan y sonríen esperando su juicio. Ustedes conocen la historia, pero ella no la conocía, apenas la vivía: cada segundo es una eternidad de agonía tras otra, ella sabe cuán duro es el corazón del hombre, lo sabe porque más de uno la ha herido, no con piedras, pero si con caricias que se ausentan, con besos que no vuelven, con promesas que no se cumplen, con palabras que se desvanecen como la noche y huyen como el viento al sur. Podría morir apedreada, o tal vez sobrevivir y no es un consuelo, tendría que lucir las marcas del juicio por las calles del pueblo.

Pero el Cristo no defiende las enseñanzas de la sinagoga, ni es seducido por la perfección de la turba, al parecer no le interesa la perfección, tampoco mantener con vida un sistema que es capaz de reconciliar conceptos como “piedad y piedras”, que propicia la ocasión para atentar contra el ser humano, que sirve como escenario para juegos de “poder y control”.

La mujer quizás ni siquiera escuchó las palabras del Cristo, pero de repente no habían ni perfectos ni piedras a su alrededor. Allí estaba, frente a él, el agua que calma la sed, amor verdadero. Una vez dije, en una reunión con muchos hombres perfectos que “tal vez ser adúltera le permitió conocer al Cristo” y sentí las piedras apuntándome, me di cuenta que no soy perfecto y, honestamente, me gustó más desnudar mi imperfección aunque eso me convirtiera en un blanco y no seguir disimulando, con disfraces de piedad. En esta historia encuentro a un Cristo interesado en defender al hombre, disparando en contra de leyes, doctrinas, ideologías que dan pie a la estúpida actitud de superioridad, actitud que hace modelar conceptos como “la fe nos hace fuerte y mejores que el mundo”, actitud que alimenta la idea de un orden de clases, de divisiones dentro de la sociedad, de etiquetas según “logros”, conceptos que en muchas manifestaciones del cristianismo laten con fuerza, como si ellos, y no el Cristo, fueran el corazón del cristianismo.

No sé ustedes, pero si esa historia es cierta y ese hombre fue Dios, yo prefiero ser un adúltero, un hereje, un descarriado y cualquier otra cosa y no un defensor o embajador de un sistema que no es capaz de quedarse frente al maestro un minuto más para escucharlo decir “Ni yo te condeno”.

sábado, 22 de octubre de 2011

“LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE” (LA TERCERA DE LA SERIE).

El evangelio según San Lucas relata una historia que seguro usted ya conoce; mucha gente se refiere a ella como “la mujer del flujo de sangre”. He escuchado más de una docena de sermones basados en esa historia, sermones que hablan de “la fe cristiana”, de la responsabilidad que tiene “el creyente” de imitar la fe de la mujer que después de probarlo todo se aventura a tocar el manto de Jesús para conseguir su sanidad. He escuchado a predicadores invitando a su audiencia a “pasar al frente” para recibir la sanidad que esperan, “la palabra de bendición” que pondrá fin a la agonía, “la unción” que “se derrama” cuando “el creyente toca el manto de Jesús” pasando al frente. Si nada de eso pasa entonces no se esforzó usted por tocar el manto, su fe no está “a la medida de las exigencias” de quien con palabras simples expresó la fe simple, de quien destruyó los moldes de alta exigencia y declaró la frase que hoy solo sirve como eslogan de campañas y sermones: “si tuvieras fe como un grano de mostaza”.

La historia de “la mujer del flujo de sangre” recibiría otro título, sin duda, en manos de Cervantes, si el personaje central es el Cristo creo que la titularía más o menos así: “de como el Cristo provocó el escenario para darle libertad a una mujer”.

Si esa historia es cierta y prueba la divinidad del Cristo, la encarnación de Dios y todo lo que la teología cristiana sostiene en cuanto al Jesús de Nazaret, y a veces me gusta creer, tenemos mucho que aprender de esa historia, mucho más que formulas mágica, mucho más que frases para armar cánticos como “si tu pruebas todo y todo te falla prueba a Cristo”. Insisto, el cristianismo reclama a Cristo como fundador y eje central de sus argumentos, doctrinas y teologías, pero juega con su manto como si éste fuera la vestimenta de un títere. Ignora la acción social de Cristo, promueve una expresión de sistema que él atacó en su afán de dar “libertad”. Si Cristo modeló alguna “teología” debemos esforzarnos más en traducirla; yo pienso que, y sé que puedo estar equivocado, a él no le interesó tanto expresar una teología, sus acciones me llevan a pensar que mucho más le interesó expresar un mejor orden social, mostrar que se le puede dar una mejor utilidad al “ser” humano, que se pueden dirigir los aspectos de la condición humana hacia la construcción de escenarios humanos cálidos, de armonía, de bienestar. Y no digo que fue “socialista” en el sentido doctrinal o ideológico, digo que fue mucho más que eso, y tal vez su afán marca o acentúa su divinidad.

Dos cosas, solamente dos, me llaman verdaderamente la atención de esa historia. Honestamente me aburrí de la parte en la que es sanada y “el poder de Dios enjaulado en el recipiente humano de Jesús” pasea por su manto y se “transfiere a la mujer resultando en su sanidad”. Es extraordinaria la forma en la que “prominentes oradores” describen ese instante, pero me aburrí, para mí pasó de ser un “gran evento” a una excusa y ocasión para la religión y su afán de “esclavizar” mediante “esperanzas”.

Pero una de las cosas que sí me inquieta en esta historia es que la mujer no celebró al instante, al parecer cuando Jesús señala que “alguien le tocó” ella tiembla, y se acerca excusándose por su osadía, le explica temblando su travesía, su desventura, su mala fortuna, sus intentos y con todo eso justifica lo que al parecer estuvo mal: tocar su manto. Puedo entenderla, rodeada de hombres y mujeres que se aprovechan de favores para esclavizar, sumergida en un contexto en el que la religión cuesta cara, tiene un alto precio disfrutar de las bondades de la religión, puedo justificar sus miedos. Creo que hoy el cristianismo en muchas de sus expresiones causa la misma sensación, no la de Cristo, sino la del contexto contra el cual luchó Cristo. Recibir “el favor y la gracia de Dios” (sin importar qué rayos es eso) hoy equivale a rendir la voluntad frente a doctrinas cuyos fines son proselitistas, equivale a abrazar una secta y adaptarse a sus exigencias, a “ofrendarlo todo”, no a Dios, sino a “Dios”, no al Cristo, sino al “Cristo”, que no es el mismo que caminó por las calles y se dejó tocar. Lo sé porque el “Cristo” de este cristianismo se afana en permitir disfrutar una libertad dentro de los límites del cristianismo, donde él pueda controlarlo todo, donde él pueda asegurarse de que sus favores sean pagados; pero el Cristo de la historia que alguien llamó “la mujer del flujo de sangre” llama mi atención, y ésta es la segunda cosa que me gusta de esta historia: él escucha a la mujer, la observa temblando y la toca con sus palabras al decirle “tu fe te ha salvado, ve en paz”.

“Ve en paz”, “ve”, sigue caminando, no te quedes aquí, no tienes ni siquiera que ir a donde voy, no tienes que renunciar a tu identidad, no te pido que me des las gracias, solo “ve”, y eso sí, “ve en paz”, no tienes que temblar, no hay nada que temer, no te pediré nada a cambio, no hay doctrinas en letras pequeñas en el borde de mi manto. Mientras el cristianismo dice “quédate entre mis paredes”, “respeta mis doctrinas”, “repite mis oraciones”, “sé embajador de mi sistema”; Jesús solo dice “ve”, sé libre, vive, camina, cuenta a otros, toca a otros, ama, déjate amar, no seas esclavo… Honestamente guardo silencio ante ese Cristo y no me atrevo a dudar de él, si esa historia es cierta yo quiero seguirle, y si ese hombre fue Dios yo quiero encontrarlo…

sábado, 15 de octubre de 2011

SI ESA HISTORIA ES CIERTA Y SI ESE HOMBRE FUE DIOS (II)

La Biblia dice “¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?”

Si bien pensamos en Cristo y su resurrección al leerlo, no podemos negar que lo atractivo de este versículo bíblico es su tono de burla. “¿De burla?”, preguntarían algunos de quienes fueron mis maestros bíblicos, pues sí, de burla. Es como ver a David, delgado, adolescente, inexperto, sonriendo frente al cuerpo frío e inanimado, pero voluminoso y gigante de Goliat, observando al ejército israelí y las expresiones de asombro de los veteranos de guerra; es como mirar a Daniel, despreocupado en un foso junto a leones hambrientos que no lo atacan. Es como sentarse al lado de Moisés en la legendaria cumbre del Pisga y contemplar su vigor, es como descubrir la juventud de su mirada a pesar de su edad anciana, es como sentir su tranquilidad que no se quebranta ante la hora de su partida. Lo que ese pasaje bíblico dice de forma directa es dibujado muchas veces en las páginas de la Biblia a través de sus relatos.

En la proximidad a mis treinta años de edad no me preocupaba tanto la muerte como el silencio con el que amenaza arropar la obra del hombre. No sé si usted ha vivido ya esa agonía que ahoga, que presiona desde el pecho hasta la garganta y abraza la existencia hasta sofocarla; no sé si usted se ha preguntado, tal vez seguro de que su eternidad está escondida y confiada en los brazos de un amoroso Dios, qué pasará con sus obras, o tal vez su pregunta sea: ¿he hecho algo digno de ser recordado en mi ausencia?

Jesús caminó por las veredas de aldeas y pueblos, por sus calles, tocó a mucha gente y mientras él yace crucificado, como protagonista de un espectáculo, algunos recuerdan que él los tocó. Jesús expira y muchos de los tocados, lamentan su muerte. Jesús resucita y la noticia llega a oído de algunos de ellos, éstos se alegran, por momento no pueden creerlo, es como una ficción, una parábola o un cuento, pero se alegran; ficción, parábola o cuento es una buena noticia, y con sinceridad prefieren creerla cierta. Pero cierta o no, Jesús no es visto caminando más por las veredas y calles, sus manos no tocaron más a ningún leproso, su mirada no reposó más sobre alguna mujer adúltera en apuros u otro rico confundido y desesperado por encontrar la verdad, su voz no acarició otra vez los oídos cansados de algún ciego a punto de recibir la vista ni pronunció algún discurso de amor. Así que tal vez la muerte venció, puso fin a la existencia de un hombre, interrumpió su obra, sus pasos. ¿Imagina usted lo que pudo lograr Jesús con treinta años más de vida? Puede que desde un punto de vista poético y trágico la muerte sonríe y disfruta de su poder de ponerle fin a esos otros posibles treinta años.

He dicho anteriormente que mientras muchos aseguran la veracidad de los relatos bíblicos con argumentos verbales los niegan al mismo ritmo, y mejor elocuencia, con sus actitudes. He afirmado ya que mientras imponen sus posiciones teológicas respecto a la divinidad del Cristo exponen sus incongruencias al respecto mediante los mecanismos y estrategias sistemáticas de imposición… El afán de construir instituciones e institucionalizar “construcciones” fuertes, con un fin sectario, proselitista, con pretensiones absolutista, con métodos dogmáticos y programas excluyentes para delimitar y fronterizar asegurando la atención del progreso de un movimiento cuyo ritmo puede ser medido y por lo tanto declarado como “fuerte”, “exitoso” y “rígido” no es una burla a la muerte, no es ni siquiera una herencia digna o una razón para ser recordado; es una burla, cierto, pero una burla a la actuación de Cristo, al coraje de los personajes bíblicos (reales o ficticios), a la esperanza a la cual se aferraron muchos de esos personajes y por la cual caminaron dejando huellas firmes y dignas de ser seguidas.

Escuché dentro de muchas de esas construcciones fuertes “aplausos y gritos de júbilos” mientras “exitosos oradores” recitaban el “¡Donde está muerte tu aguijón!”; allí mismo, en muchas de esas construcciones está el aguijón de la muerte, que amenaza con extinguir y silenciar la verdadera obra del Cristo que caminó entre los hombres, que se detuvo para escuchar y hablar, para amar, para dar sin intentar quitar algo a cambio, que sembró su vida para que otros extendieran sus manos y recogieran los frutos; al menos eso es lo que reflejan los relatos bíblicos de él, relatos que hoy son usados como fundamento de un cristianismo que es cualquier cosa menos cristiano. La muerte se burla de Cristo, de la veracidad de los relatos de la biblia, incluso de lo que llaman divinidad del Cristo, se burla dentro de los templos, desde los pulpitos, hasta tiene canales de televisión, estaciones radiales, la muerte desnuda hoy su aguijón, y hasta porta credenciales, erige ostentosos rótulos. Si usted se ha preguntado qué hacer para ser recordado, qué le parece imitar las actitudes del Cristo, intentar hacer brillar su labor social en las calles y veredas de su comunidad, tal vez de esa forma podemos burlar la muerte, quizá podemos vencer su aguijón con la simpleza de una vida sin pretensiones individualistas a través de mecanismos colectivistas.

Supongamos que Jesús no resucitó, que ni siquiera fue un Dios, ¿acaso si modeláramos su actuación a través de la nuestra no estaría resucitando y su humanidad no sería divina? No sé si puedo explicarme, pero lo que quiero decir es que si la historia de su resurrección es cierta y eso es prueba de su divinidad, entonces merece ser honrada con un cristianismo más social, no absolutista, incluyente.

¿Dónde está muerte tu aguijón? Puedo verlo en las actitudes ortodoxas, dogmáticas, egoístas, controladores, opresivas, y tantas más, pero tu victoria, tal vez en el mismo lugar de tu derrota…

sábado, 8 de octubre de 2011

NO ES UNA ORACION...

No es una oración y si lo fuera preguntaría: ¿Dónde estás? ¿Eres real? ¿Qué eres? ¿Tú nos creaste? ¿Es cierto todo lo que he creído de ti? ¿Qué es cierto y qué no lo es? ¿Es cierto que te has dejado escuchar? ¿Por qué no he podido escucharte? ¿Estás cerca? ¿Podría tocarte? ¿Supervisas mi vida y me dejas caer en abismos profundos? Pero no es una oración, hace rato dejé de orar porque para hacerlo necesitaría un templo, y esos lugares me asustan… ¿Por qué? Es que allí mascaras se adueñan del alma humana y emergen vicios dañinos, así lo veo yo, y si esa es tu casa debo creer que amas el terror.

Pero no es una oración, ni siquiera estoy en un templo, no estoy conversando, solo escribo, y los expertos en ti dicen que oyes las oraciones pero no dicen que puedes leer lo que se escribe desde la agonía, hablan de tus ojos para asegurar que tú observas las iniquidades, que castigas el pecado, sin importar que pecamos porque somos ciegos, porque no comprendemos y nos equivocamos. ¿Eres real? No es una oración porque se necesita fe para orar, es lo que dicen, y yo solo tengo dudas… ¿En verdad nuestros pasos, nuestro destino esta en tus manos? ¿Es cierto lo que dicen de ti? ¿Eres poderoso? ¿Existe lo que te atribuyen como soberanía y voluntad? Es cruel, es cruel ver al mundo entero, millones de criaturas esperanzadas en ti, creerte con poder ilimitado pero sometido a reglas, a conceptos como voluntad, soberanía, libre albedrío, yo pienso que sin esos conceptos serías perfecto… ¿Eres perfecto? ¿Qué eres? ¿Cómo razones? ¿Cómo son tus pensamientos?

¿Ves las mansas ondas de aquel lago y tienes cuidado de su paz? ¿Ves las recias olas del mar y alimentas su ira? Si las aguas de la tierra están en tus manos y cuidas el carácter de ellas de acuerdo a lo que son… ¿Haces el mismo empeño con el hombre? ¿Es que no nacimos para ser ondas de paz en un lago tranquilo? ¿Es nuestro destino ser olas recias movidas por ira, dañándolo todo, agitándolo todo? Serías perfecto si no tuvieras nada que ver con la naturaleza de las aguas ni con la naturaleza del hombre… Si todo es nuestra culpa, si con nuestro razonamiento hemos originado el caos, si es nuestro egoísmo el que ha pregonado nuestras propias ideas de ti, si ese carácter incongruente que esquematizamos de ti fuera ficción y nada más que un intento de controlar al prójimo, el destino, los planes, el progreso, serías perfecto porque entonces aun no sabría el hombre quién eres, qué eres, cuáles son tus pensamientos… Pero tendríamos que dudar también de tu existencia, pues no tendríamos nada seguro de ti, ni una prueba, ni la más remota evidencia, nos tocaría caminar con los ojos abierto, buscando el lugar donde te escondes, suponiendo que no te escondes, sino que solo somos ciegos caminando a tientas, tropezando, enredándonos, con la esperanza de un día poder mirarte y con la agonía de descubrir que perdimos nuestros pasos porque no eres real; pero aun así serías perfecto, reconciliando en tu nombre la fe y la duda, la esperanza y la agonía… Tu invisibilidad sería entonces una espada en contra del egoísmo y no habría teorías como herramientas para manipular…

No es una oración porque no tengo ya el valor para orar, pero apuesto a que no soy el único sentado frente a un lago escribiendo para no gritar desesperado, para no enloquecer por no saber, te apuesto a que si eres real y pudieras leer las letras escritas y escondidas en cada alma llorarías conmigo, con él, con ella… Escucharías el eco del dolor que nace desde alguna montaña, donde una mirada que se pierde, donde la brisa que dicen que nace en ti no es más que un frío solitario que no sirve de nada… Danzarías en el abismo frente a aquella montaña y sonreirías entre las ondas de este calmado lago… Tal vez un día podremos verte danzar y contemplar tu sonrisa, o quizá miraremos atrás desde el final del camino y solo tendremos preguntas… ¿Lo ves? No puede ser una oración, no he podido si quiera cerrar los ojos…

LA FE DE MI PADRE (A MANERA DE PROLOGO).

Al leer la historia de los tres judíos, amigos de Daniel, echados al horno de fuego (Daniel 3), me pregunto cómo la interpretaríamos si Dios no interviene a favor de ellos y dibuja el milagroso rescate relatado en el libro del profeta Daniel capítulo tres. Qué diríamos de ese relato si ese pasaje culminara con un versículo frío, triste y trágico que nos dijera algo como: “Y así Sadrac, Mesac y Abed-nego, luego de vivir al servicio de Dios mostrándose íntegros y fieles, murieron en el horno de fuego hecho por Nabucodonosor para castigar a quien no adorase la estatua de oro”.

¿Existió esa posibilidad? ¿Pudo ser ese el final?

Las valientes e inspiradoras palabras de los tres jóvenes judíos sugieren que ellos sabían que Dios tenía el poder para rescatarlos, que suponían que Dios con Su poder los rescataría, sin embargo nos permiten ver dentro de ellos y entender que también sabían que el Dios de sus padres, el Dios de su nación podía no salvarlos, pero aun así no estaban dispuestos a adorar la estatua del rey y traicionar al Dios Poderoso y Soberano al cual servían y adoraban.

¿Qué diríamos de estos tres jóvenes? Que fueron fieles hasta la muerte, que se entregaron a la voluntad de Dios, que no dependía de ellos el desenlace de la historia. ¿Qué diríamos de Dios? Que Él es Soberano, que Su voluntad no debe ser cuestionada, que siempre Su voluntad es lo mejor. ¿Seguiría siendo una gran historia? ¿Inspiraría buenos sermones? ¿Qué nos permitiría entender sobre la fe?

La Biblia relata historias cuyos finales no son tan gloriosos como el de Sadrac, Mesac y Abed-nego, historias en las que el cuidado de Dios parece no estar presente, donde las declaraciones asombrosas no son acompañadas de grandes milagros, que pueden enmudecer la presunción de “grandes hombres de fe”. Observemos a Efraín despojado de su ganado por los hijos de Gat, quienes no solo arrebataron sus animales sino también mataron a sus nueve hijos (1 Crónicas 7: 20,21); veamos a David llorando a Absalón su hijo, primero sufrió la sublevación, amenazado por su propio hijo, y luego tuvo que lidiar con la culpa de su muerte, de no ser rey de Israel su hijo aun estaría con vida y tal vez tendría una familia normal, una vida tranquila en el campo, pero Dios lo escogió como rey y en el ejercicio de su llamado debía enfrentar situaciones trágicas como esa (2 Samuel 19: 4); también el profeta Oseas afrontó la incertidumbre y confusión al amar a una mujer que no correspondió su amor y compromiso, la amó obedeciendo la orden directa de Dios, el mismo Dios que aparentemente no tuvo cuidado de inducir en ella amor verdadero hacia él. Y así encontramos tantas historias más. ¿Qué nos enseñan estas historias? ¿Merecen la misma atención que historias como la de los tres jóvenes judíos y la resurrección de Lázaro? ¿Nos ayudan a entender el carácter de Dios? ¿Son beneficiosas para la formación de nuestras actitudes como hombres y mujeres que deseamos conocer a Dios?

En lo personal me gustan esas historias, encuentro en ellas principios que ayudan a comprender la fe, a conceptualizarla más allá de la fantasía y el sensacionalismo en la que ha sido empaquetada en muchos escenarios. Me gustan porque ayudan a comprender la realidad, porque sirven de ancla cuando naufragamos en mares de desesperanza y lamentaciones.

Entender el vínculo entre fe y realidad es como caminar junto a Moisés a la cumbre del Pisga (Deuteronomio 34: 1-7). Estoy seguro que fue un camino largo y fatigoso, Moisés no solo debe ascender a una edad avanzada, sino que debe hacerlo sabiendo que su llegada a la cumbre será el final de su vida, que allá contemplará una tierra prometida por la cual fue despojado de sus comodidades y reclutado para ejercer un llamado; lidió con la aflicción, la frustración, la amargura, esperando pisar la tierra prometida a sus ancestros, pero la contemplará sabiendo que no disfrutará de sus bondades, que no podrá caminar por sus senderos, ni llamarla hogar. Moisés camina con cicatrices en el alma, con recuerdos de la gloria de Dios, imágenes de Su poder, de Su bondad e incluso de Su ira. Sabe que Dios podría llevarlo a la tierra prometida, que podría hacerle vivir un par de años más, y eso pudo fortalecer su fe pero también pudo abatir su alma. ¿Si tiene el poder para hacerlo por qué no lo hace? ¿Sino tiene que rendirle cuentas a nadie por qué no salta el capítulo y le permite disfrutar de aquel lugar por el cual él le había servido guiando a un pueblo conflictivo?

Cuando leo en Deuteronomio capítulo treinta y cuatro, versículo siete: “…sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor”, me gusta pensar que es una forma poética de decir que podemos abrazarnos a la fe en medio de las dudas, de la incertidumbre y la tragedia, que ni siquiera la debilidad humana puede mellar ese rayo de esperanza que nos mantiene atraídos a un mejor porvenir.

El siguiente relato está basado en una historia real, es sobre una familia que camina hacia la cumbre del Pisga; sus personajes me rodearon, miré la aflicción encarnada en sus ojos, la incertidumbre de no saber, de no creer y de creer, sentí el roce de la duda paseando entre los laberintos de la fe. Comprendí junto a ellos que se puede sobrevivir a esos minutos eternos de interrogantes, que la fe realmente es un salto al vacío, es observar el abismo desde la cima de una montaña.

sábado, 24 de septiembre de 2011

AQUEL DIOS Y MI DIVORCIO...

Hace un par de semanas tropecé con un ex compañero de clases a quien tenía al menos seis años sin ver, me preguntó por qué a estas alturas no era un “ministro acreditado” por la organización en la cual nos conocimos. Se me ocurrió responderle con un chiste muy malo (eso creo), le dije: “<>”.

Expresó que lamentaba mi divorcio y no insistió en el tema de las credenciales, ni si quiera se animó a tocar algún asunto teológico. No lo noté hasta que llegué a casa y pensé en el chiste tan malo que improvisé para responderle. Pero me pareció lógico que él, quien sí había logrado una carrera en aquella organización, no estuviera interesado en conversar conmigo sobre “asuntos profundos y espirituales” y se limitara a temas “triviales y terrenales”; no me quejo, fue una buena conversación y aquel encuentro me hizo recordar algunos nombres y rostros ligados a un pasado bueno, originó una buena nostalgia por la cual estoy agradecido, sin embargo no puedo evitar reflexionar al respecto.

En realidad mi divorcio me hizo pensar en el concepto tradicional y ortodoxo del amor divino, concepto incongruente y contradictorio en sí mismo, amor que es definido como incondicional pero que para gozar de sus beneficios debes aceptar y respetar ciertas condiciones; amor que es pregonado “tan ancho que no puedes ir afuera de él”, pero la verdad es que si estás fuera de los límites de la “vida congregacional” entonces estás fuera del “tan grande (es el) amor de Dios”. No sé ahora, para aquel tiempo dentro de los límites de aquella organización el divorcio no te excluía del club de los “amados por Dios”, pero era confuso asegurarlo pues si te divorciabas podías seguir siendo miembro de alguna de sus congregaciones pero nunca optar a una credencial y tampoco a un cargo dentro de la congregación pues no eras lo suficientemente apto para ello, y cualquiera de esas posiciones se consideraban como prominentes, ocuparlas era igual a ser privilegiados por el amor y la bondad divina.

En cierta forma, en los niveles no pronunciados pero sí expresados dentro de los sistemas ortodoxos en relación al amor de Dios, un divorciado está por debajo de un soltero o casado. Y no hay excusas ni justificación que pueda elevarte a un nivel superior; no importa la antigüedad, que para solteros o casados es una herramienta útil para escalar la “cima descendente del servicio cristiano”. (“Cima descendente del servicio cristiano”, otra idea que no logro captar pues si es descendente cómo es que aquellos que van descendiendo gozan de mayores ventajas en estos sistemas y si es servicio por qué mientras más “descienden a la cima” menos sirven).

No hablo mucho sobre aquellos días en los que me enfrenté a la realidad de mi divorcio, no escribo mucho al respecto, son días que he preferido guardar en la parte más oscura de mis recuerdos; pero puedo decir, al menos hoy, que para aquellos días yo tuve que lidiar por un buen rato (así defino y prefiero definir el espacio de tiempo oscuro que enfrenté, y sinceramente no recuerdo o tal vez no quiero recordar cuánto duró), sí, por un buen rato, tuve que lidiar con la frustración de no poder lograr mantener una relación que supuse sería para siempre, tuve que lidiar con las expresiones de lamentación de ex compañeros frente a la noticia de mi divorcio, expresiones que me incomodaban, muchas de ellas sugerían que era lamentable que a causa de mí fracaso perdiera el destino que Dios había planeado para mí (recuerdo que por un buen rato intenté no tropezar con algunos de ellos o esquivar alguna pregunta que me obligara a comentar el asunto); tuve que lidiar con sentimientos como la culpa y la ira, y con un montón de cosas más; sin embargo, recuerdo que a pesar de toda la oscuridad a mi alrededor tomé una decisión: no sufriría la degradación de ser “menos amado” por un “Dios que tal vez no era Dios” y cuyo amor quizá no era “divino, renuncié por completo a estar bajo la sombra de aquel “Dios” cuyo amor divino no alcanzaba para mantenerse al 100% amoroso frente a mi estado civil. Descubrí que efectivamente no era un Dios, sino simplemente el reflejo de un sistema ortodoxo.

Estoy pensando que tal vez cuando quiera tener una conversación nada profunda ni espiritual sobre asuntos triviales y terrenales con algún ex compañero ortodoxo debería comenzar por saludarle diciéndole “¡Eh! ¿Te acuerdas de mí? Soy Gusmar, me divorcié hace años ¿Cómo te va?”. (Otro mal chiste en relación a mi estado civil).