viernes, 3 de octubre de 2008

BEATRIZ Y CUBA...UN CUENTO QUE NOS INSPIRA A SOÑAR

No puedo dedicarle este cuento, porque es de ella, pero sí puedo agradecerle por permitirle al mar contarme su historia… Beatriz muchas gracias….

La melancolía me llevó al mar de Paraguaipoa. He estado allí antes. La última vez fue hace unos doce años. Visitaba esa región con mis padres y pasábamos algunos días en casa de una amiga de ellos.

Me bañé en las aguas del mar de Paraguaipoa cuando era un niño, fue en aquel tiempo en el que descubrí su magia, aprecié la sabiduría del mar y creo que aprendí a escucharlo.

Y ahora después de doce años estaba de nuevo frente al majestuoso mar, sin ánimo de sumergirme en sus aguas, con la única intención de darle reposo a mi alma agitada por la rutina que azota y las responsabilidades que agotan. Mi mirada perdida en el horizonte, tal vez igual que mi esperanza. Hay cosas que al crecer se pierden y el sistema que creemos dominar, pero del cual somos víctimas, nos dicen que son irrecuperables. Y cuánto deseamos recuperarlas, pero para sobrevivir en el mundo de los grandes debemos disimular algunos deseos.

Allí estaba yo, con sueños que deben morir, con deseos que no deben existir, con esperanzas que deben estar perdidas. Frente a un mar que debe estar lejos, en un lugar en el que no debía estar.

Me acerqué a las aguas… Permití que ellas tocaran levemente mis pies descalzos… El vaivén de las olas trajo a la orilla un pañuelo y se quedó enredado en mis pies, me incliné para tomarlo con la intención de tirarlo de inmediato, lo observé, era rojo con puntos negros y en el medio tenía bordado un corazón y dentro de él podía leerse con gran esfuerzo: “Beatriz y Cuba”.

Me pregunté si era posible que este pañuelo viniera de tan lejos… Se notaba desgastado… No pude tirarlo… Mirando aun el horizonte con el pañuelo en mis manos escuché al mar relatarme una historia… Una historia que habla de la esperanza que creemos perdida, que sobrevive aun en contra de nuestra voluntad, de sueños vivos, amenazados por el sistema, pero vivos, de deseos cumplidos que predican que los pendientes también se cumplirán.

El mar me habló de Cuba… No conozco esa isla, pero mientras el mar me hablaba me parecía ser transportado a ese lugar… Es una isla hermosa, tierra de poetas soñadores, de gente libre aunque dirigentes políticos han intentado poner cadenas ideológicas… Es una tierra de hombres y mujeres que saben sonreír, y cuyas sonrisas no saben fingir, que tienen razones para sonreír aun cuando parezca mentira. Tierra de hombres que aman la familia y mantienen la unidad oponiéndose con valor a los factores que intentan desintegrarla. Una tierra de valores, de gente que sabe esperar, que no es igual a resignarse. Solo ellos pueden habitar ese espacio geográfico, solo ellos pueden resistir la tiranía de un régimen que creyó vencerlos. La sonrisa de estos hombres y mujeres, llamados cubanos, se burla del intento fallido de tan estúpido régimen.

Amé a Cuba, amé a su gente. Envidié el valor que los caracteriza…

“Cuba es una isla virgen”, me dijo el mar… “Amo bañar sus costas, donde niños juegan y sueñan sonriendo, desconociendo la realidad no porque la ignoren, sino porque así lo han decidido. En sus costas soy cómplice de sus anhelos… Allí conocí a Beatriz… Una niña que solo pudo engendrar la isla… La vi muchas veces acercarse a la costa, desde niña lo hizo… Escuché sus deseos, conocí su amor por la isla y su gente…Recordé junto a ella mis noches junto a la luna… Ella era como la luna… Era pasión e inocencia… La vi crecer…”

El mar guardó silencio por un instante, y vi sus olas agitarse repentinamente…

“… Algunas noches escapaba a la costa y dejaba caer algunas lágrimas, eran dulces, como aguas de manantiales… Sus lágrimas hablaban de impotencia… De sueños que querían sobrevivir ante duras realidades… Luego escuchaba su voz, aquel tono era como la melodía que esconde la brisa nocturna… Era suave y tranquilizador, aunque recio… Una noche dijo que partiría, que dejaría la isla… Muchos lo han hecho, muchos han llorado frente a mí la despedida de su isla… Pero ninguno como ella. Para otros la despedida ha sido un logro y representación de un mejor porvenir. Pero ella se preguntaba cómo y por qué esperar un mejor porvenir lejos de su isla, lejos de su gente. Esa noche se sentó sobre la arena y sus manos me acariciaron y me dijo: Podré tocarte en otras costas… Pero no serás mi mar de Cuba…”

El mar se aquietó de nuevo, y agregó: “Quise saber llorar, para hacerlo junto a ella”.

Y yo lloré, escuchando las palabras de Beatriz en el mar. Lloré porque he acariciado otros mares, mares de sueños de los que me he despedido no queriéndolo hacer, mares de gentes de quienes me he alejado… Mares de esperanzas rotas por mi incredulidad… Mares de amores perdidos… De ciudades recorridas… De proyectos inconclusos…

Me senté en la orilla del mar de Paraguaipoa, y con la palma de mi mano acaricié el mar que se rendía frente a mí…

El mar continuó su relato:

“…Aquella noche ella deseó tantas cosas… Deseó que nunca más nadie tuviera que pensar en la despedida al soñar con un mejor mañana… Deseó volver y acariciar de nuevo su mar de Cuba, para sentir la brisa de la costa en su rostro, para mirar el cielo sobre el mar, para caminar en la arena descalza, para abrazar a su gente y compartir la sonrisa de libertad, para volver a ser niña… Deseó que no existiera más la tiranía en su tierra, que no se apostara más el bienestar de su pueblo… Que Cuba siguiera victoriosa. La vi alejarse de espalda a mí, y grité su nombre... Y ella lo escuchó porque detuvo su caminar pausado y volteó hacia mí y entre lágrimas sonrió… Como solo la gente de Cuba sabe hacerlo”.

El mar me contó que la mañana siguiente Beatriz partió a una tierra extraña para encontrarse con sus padres que ya estaban allá. Llegó a una nación con un ritmo acelerado, donde la sonrisa a veces es solo un maquillaje, donde pocos pueden escuchar el mar, y, como en muchos lugares, la naturaleza ha perdido su dominio. Allí los sueños, en su mayoría, son prefabricados y productos de pautas comerciales. Donde es difícil ser niño y disfrutar siéndolo. No es un lugar ideal para quienes han habitado toda su vida en una isla. Aunque tiene mucho que ofrecer, allí una criatura de isla enfrenta una extrañes aguda que produce un vacío inexplicable, un lugar que aunque ofrece hospitalidad no es su lugar. Aun así, ella mantuvo con vida en su corazón su pedacito de isla… Pero cada día la posibilidad de volver se hacía más distante… La realidad inició sus discursos y expuso sus argumentos. Y mientras la distancia crecía sus sueños se hacían mortales atacados por la enfermedad de la realidad lógica…

Yo escuchaba al mar con atención y asombro, nunca podría imaginar una historia así… El mar me dijo que ha conocido a muchos, durante siglos, que dejan que sus sueños sean asesinados, intenté decirle que es difícil mantener con vida los sueños… Pero él me ordenó guardar silencio y siguió relatándome:

“…Fue una mañana. Cinco años después de su partida… Vi a dos jóvenes acercarse a la costa. Llegaron a la orilla y una de ellas se desnudó sus pies. Le pidió a la otra que la dejara sola. Y esta joven dejó escapar sus lágrimas antes de pronunciar palabras. Sus lágrimas tocaron la arena y yo sentí el sabor de ellas. Aquellas lágrimas eran dulces, y reconocí de inmediato que aquella joven era ella, Beatriz. Una vez más grité su nombre, y ella lo escuchó, lo sé porque cerró sus ojos y sonrió. Y su alma me habló, me dejó escuchar sus cantos, aquellos que nacieron las noches de frío lejos de la isla. Ella había vuelto. Su sueño de estar nuevamente en la costa cubana se había cumplido, su deseo de abrazar a su gente, de sonreír con ellos había vencido… Es que alguien nacido en una isla no conoce derrotas. Ella lloraba. Con respetuoso silencio lloraba”.

Y del otro lado del mar, en la costa de Paraguaipoa yo lloraba también. Lloraba porque alguien me decía que he sido un cobarde, alguien me mostraba el valor y me invitaba a desenterrar mis sueños y a sacarlos del cementerio de sueños…

“…Ella miró al cielo y sacó de uno de sus bolsillos un pañuelo. Lo soltó en la orilla y yo lo tomé para arrullarlo entre mis aguas. Antes de darme la espalda sonrió de nuevo y la escuché decir: Falta aun sueños por cumplir… volveré a partir, he venido solo de visita… Pero un día volveré y veré mi tierra despojada de la tiranía. Sé que la veré despojada de las cadenas que han intentado matar su libertad… Lo sé porque los sueños se cumplen… Lo sé porque en mi sangre corre la esperanza… Porque soy cubana…”.

“…Y la vi despedirse una vez más…”

Yo aun sostenía aquel pañuelo en mis manos, para mí era símbolo de la esperanza. Ese día volví a casa. La costa oriental me vio entrar por sus calles… La noche había caído… Al llegar a casa busqué el pañuelo que creí haber guardado en uno de mis bolsillos, pero no lo encontré… Tal vez nunca estuvo en mis manos, no lo sé… Pero sé que el mar existe… Sé que hay una isla llamada Cuba, también sé que existe una brisa nocturna que esconde melodía en sus palabras… Y sé que esta historia no la pude haber imaginado… No soy tan creativo… Así que puedo creer que los sueños se cumplen y tengo razones para creer que puedo volver a ser un niño y burlar con mi sonrisa un sistema absurdo...

Volveré al mar de Paraguaipoa… Lo haré con un sueño cumplido, y quién sabe, tal vez lleve un pañuelo con un corazón bordado en el centro y mi nombre junto al de mi sueño… Y a lo mejor un día el mar, en una de sus costas cuente la historia de un niño que, al igual que Beatriz, alcanzó sus sueños…

10 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay palabras que pueda decir.Solo que estoy llorando como la niña perdida que soy en realidad.Como te agradezco que iluminaras mi dia de esta manera?.Pocos,muy pocos saben leer y sentir lo que tu, porque tu como yo vives en otro mundo, el real, no el de sistemas.Este cuento, es el mejor regalo que me han hecho en años.Gracias Gusmar,gracias por estas letras que me reflejan espantosamente bien.Gracias por tu sensibilidad y por tu gran corazon y gracias por tu amistad.Sigo llorando.

GUSMAR SOSA dijo...

Hola Beatriz... Agradecer????
Estamos a mano, tu me has regalado mucho con tus letras...
Y es cierto vivimos en un mundo muy real,tan real que muchos no pueden percibirlo, pero he encontrado en èl a otros, antes creì estar solo, tu eres una de esas personas...
Tal vez un dìa mi pañuelo llegue a tus manos... Tal vez un dìa tu cuentes mi sueño hecho realidad, quien sabe, el mar no se queda callado...
Tal vez un dia... Seguro que sì, pues somos hijos de una misma promesa...Saludos.

Claudia Gonzalez Cañas dijo...

Que lindo escrito Gusmar, realmente te felicito y que bien por Beatriz con este tremendo honor hacia ella.

Un abrazo a ambos.

Clau

GUSMAR SOSA dijo...

Hola Claudia, gracias por pasar por aquí...

David López-Cepero dijo...

Tu sí que sabes hacer regalos, amigo. ¿Verdad Beatriz?

Saludos afectuosos y peregrinos para todos :)

GUSMAR SOSA dijo...

Saludos brohter!!!!

Patricia Ibarra dijo...

Hola! Paseando por los blog me encontré el tuyo y me gustó muchisimo, encierras un profundo sentimiento al narrar y escribir cada palabra... Seguiré pasando si me lo permites.. Y te invito a ver mi blog donde comparto tambien mis vida, mis sentimientos..
Cuidate mucho y sigue asi
bye

GUSMAR SOSA dijo...

Hola lulu, pues serà un placer ya paso por allà...

K4RMIN4 dijo...

Hola Gusmar, pasé solamente a saludar, y me he encontrado con un texto hermoso, gracias por compartirlo.

Salu2

GUSMAR SOSA dijo...

Gracias por pasar...