lunes, 13 de junio de 2011

ELLA Y SUS PASOS.

Ella camina y sus pasos no la llevan a ningún lugar, la ven pasar las calles que guardan secretos de tantas pisadas perdidas, que conocen destinos ajenos, y que han acumulado con el pasar de los tiempos historias de pasos perdidos que finalmente encuentran lugar. La saluda la brisa, cuyas caricias son como sonrisas de buenos días, como un beso del amanecer que ofrece una luz distinta; ella solo camina, recibe el saludo de la brisa, lo recibe en silencio, su silencio es protesta, es rebeldía contra el tiempo que ha pospuesto sus buenos días, es rebeldía contra la luz de la mañana cuya intensidad solo desnuda la soledad que acompaña sus pasos.

Ella sonríe, sonríe mientras camina, su sonrisa es desafío, pues ha decidido desafiar a la misma brisa que también pasea por los espacio, con andar de gracia, buscando el lugar que perdió sin saberlo, buscando el tiempo en el que quedó estacionado su momento, cuando ella bailaba sobre el mar y abrazaba la tierra, cuando la tierra era suya y los ríos mostraban senderos a nuevos mundos. Ella también quiere encontrar su momento perdido entre las garras del tiempo, y desafía al tiempo, ignorando el orden lógico de los sucesos, dispuesta a desordenar incluso el mismo desorden con el que danza el tiempo y robarle el momento que le pertenece; ella quiere bailar al ritmo de las emociones que guarda para él, y abrazar la luz que escapa de la noche y que puede ser alcanzada al amanecer… Quiere conocer los nuevos mundos, esos que ofrecen hogar y descanso, esos cuyos caminos no hieren los pies sino que curan las heridas que ocasionan los intentos fallidos, quiere acampar, y decir que llegó el final, y que el final sea una cama con compañía, un desayuno sin soledad, un café con aroma de hogar y un resto del día que no la obligue a protestar con silencio.

La luz es más intensa mientras más lejos la lleva el camino, distanciándola no sabe de dónde, acercándola a ningún lugar, y más desnuda va, doliéndole su propia mirada sobre sí misma, porque puede notar que el tiempo decidió ser su enemigo a muerte, porque no pudo ser cobarde para rendirse, y a veces duele ser valiente… Allí va ella, pasando frente a mí, y no me atrevo a mirarla para no alimentar su dolor, para que no vea en mis ojos el reflejo de su piel, piel ya cortada por los desordenes del tiempo, que se alimenta del orgullo y del dolor, del dolor que nos hace escudarnos con orgullo mientras es escudo que quema la piel que lo sostiene… Ella que me mira y yo que veo mi piel, y me sonríe, en silencio me mira y sonríe, porque protesta contra mi orgullo, porque no es vida la suya y no debe ser de nadie más, porque va pensando que mientras para ella cae la noche para otros apenas va amaneciendo, y yo que quiero extenderle mi mano y darle de mis amaneceres, pero lo sé, sus pasos serán exclamaciones de otros tiempos, y su piel conjuro contra la niebla que pretende enceguecer a los forasteros y confundirlos en los senderos…

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