lunes, 15 de diciembre de 2008

DESDE EL ALMA DE UN ADOLESCENTE

Les hablaré de Ninora. Ella es la chica más linda que he conocido. Claro, ustedes pensarán que a los 17 años uno no ha visto muchas chicas, pero sé que no necesito ver muchas para saberlo.

La conocí hace seis meses. Trabajo en un restauran de comida rápida. Soy Trainer, eso se lo debo a Cheo. Cheo es un amigo, él es goajiro, decidió venirse a la ciudad de los crepúsculos, cuando era un adolescente como yo, para probar su suerte y le ha ido bien. Él es gerente, como decimos allá: Corre Piso. Me ayudó para conseguir el ascenso a Trainer. El sueldo es casi el mismo de un empleado raso pero uno goza de privilegios, además, sino fuera Trainer no me hubiese atrevido jamás a hablarle a Ninora. Pero me tocó entrenarla. Ella aprendió rápido en cada puesto, es muy inteligente. Sí Ninora, eres linda e inteligente y tienes un buen corazón, un corazón muy grande. Sabes que lo pienso, porque te lo he dicho.

Con Ninora las palabras me salen fácil; yo no podría decirle a una chica que es linda y tiene un buen corazón a menos que sea ella. Si es otra chica se me traba la lengua, se me revuelve el estomago como si estuviera dentro de una licuadora y me siento un enano que no puede hablar. Imagínense que yo estoy frente a una chama, una que no sea Ninora, digamos que es una rubia, de curvas exactas y ojos claros, con una voz melodiosa y una sonrisa que mata, (¡rayos! acabo de describir a Ninora), vengo yo y le digo algo así:

- Hola pequeña, sabes eres la chica más linda que he visto, y a juzgar por tu sonrisa debes tener un gran corazón.

Entonces la rubia, o más bien digamos que es morena, la morena me mira y explota en risa. Y yo voy disminuyendo en tamaño hasta que soy un desgraciado enano que no puede hablar. De veras, no sé si me entienden, pero eso de los cortejos a mí me parece difícil.

Un día Cheo me dijo que yo le gustaba a Rosalinda. Les juro que pasé las dos horas siguientes imaginando el momento en que Rosalinda llegara al turno, cuando de repente está ella frente a mí, en la cocina, con su delantal puesto, lista para trabajar. Y Cheo mirándome desde la oficina, esperando a ver que iba a hacer yo, ella me mira con esos ojitos chiquitos y me dice “Hola, Trainer”. Y yo solo sonrío, con timidez exagerada, veo a Cheo y el tipo muerto de la risa en la oficina.

Pero con Ninora soy un gigante. Me haces sentir un gigante Ninora. Ella vive en un edificio cerca del Tamunangue. Es un gran edificio, de lujo y todo. Pero lo que más me gustan son las escaleras, las de la planta baja; a veces, nos toca el precierre o el cierre, ella me mira y me toma de un brazo y me dice “chamo, vamos a tomar un taxi, no esperemos el transporte”. Entonces caminamos hasta la avenida Libertador y esperamos a que un taxi nos pare. Es muy peligroso estar en la avenida Libertador a las 2am. Yo no me paro allí solo a esa hora ni de vaina. Pero con Ninora lo hago, porque con ella soy un gigante y hasta sé taekwondo. Luego llegamos hasta el Edificio Cristal y ella me pide que me quede un rato, bajamos del taxi y nos sentamos en las escaleras. Allí hablamos de cualquier tontería para distraernos, y de repente ella lo suelta, me refiero a la razón por la que me pidió que tomáramos un taxi, siempre hay una razón. Me dice que extraña a su padre, que su madre le ha prohibido verlo, que su hermana es rebelde, y tantas cosas. Yo le digo:

- Nino, no llores guarita, tu eres muy linda y tienes un gran corazón, no debes llorar.

Ella me mira con esa carita que me parte el alma, tanto que quiero llorar también. Le seco las lágrimas y le digo cualquier bobada y se ríe. Juro que no he visto un espectáculo más hermoso que su sonrisa. Tu sonrisa debería tener un monumento como el obelisco, Ninora. Sonriendo me abraza, y no hay dudas: soy un gigante.

El otro día le dije:

- Caminemos por la Libertador hasta llegar a tu casa.

- ¡Qué! ¿Estás loco? Es peligroso a esta hora.

- Vas a caminar conmigo.

Ella me tomó la mano y caminamos así por toda la avenida. Ninora, yo estaba chorreado de miedo, palabra que sí, pero valía la pena sentir tus dedos enlazados con los míos. Las calles de esta ciudad son diferentes cuando se caminan contigo. Parecíamos novios. Voy a extrañar las calles de Barquisimeto. Voy a extrañar tus dedos. No podré ver las escaleras de un edificio sin pensar en ti. Pero debo volver a Maracaibo, no me preguntes por qué, no sabría decírtelo.

Ninora dice que yo vine a Barquisimeto porque ella se lo pidió a Dios. Yo me río cada vez que la escucho, me río porque me gusta como lo dice. Dice que necesitaba un ángel, que ella no me conocía, pero que yo soy el ángel que le pidió a Dios. Yo no creo que soy un ángel, pero sé que vine por ella, que fueron sus oraciones las que me atrajeron. Un día me cansé de estar en Maracaibo y pensé “a dónde puedo ir” y me vino a la mente: “Barquisimeto”. Cheo se ríe cuando le cuento, él dice que si yo soy un ángel él es Dios. Cheo, tú no puedes ser Dios, Dios ni fuma ni anda en parrandas. También dice que yo debería pedirle el “empate” a Ninora. Él es muy ordinario para hablar, no dice: "pídele que sea tu novia”, sino que dice: “pídele el empate”.

No Cheo, yo no puedo hacer eso, allí sí se me enreda la lengua. Aunque yo la quiero mucho, sí Cheo, tanto que no me gusta verla llorando, que me conformo con ver su sonrisa linda. Yo sé que tu no lo entiendes amigo, lo tuyo son los “vacilones”, como dices tú. Eso de pasar un rato con una mujer y al otro día ni la llama. Para Cheo la vida es un momentito, es un juego. Es un buen tipo, pero como dice mi padre: está desorientado.

Ninora, estoy escribiendo de ti porque acabo de tener un sueño, más bien una pesadilla. Fue horrible. Yo tenía casi treinta años, una barba sin afeitar como en un mes y estaba solo, Ninora, en una ciudad inmensa, en una casa muy grande, muy grande para un hombre solo y con barba. Yo lloraba, lloraba aterrado, no tenía futuro y el pasado estorbaba. En mi sueño era de noche porque salí al frente de la casa y la calle estaba solitaria y oscura, sentía un frío que me congelaba hasta los huesos, la luna me asustaba, Nino, la noche se reía.

En mi sueño no habían escaleras ni estabas tú, y yo era un enano, un enano. Nino, yo no quiero llegar a los treinta, me da miedo. ¿Sabes? No quiero irme, no quiero soltar tus manos, no quiero perderme tus abrazos. Voy a extrañarte, de verdad, ya lo estoy haciendo. Anoche te prometí que volvería, tú me abrazaste. Aun siento tu abrazo, te dije que me lo llevaría para abrigarme.
Yo voy a volver, Ninora. Yo no quiero llegar a los treinta sin ti. Volveré y caminaremos por la Libertador, nos detendremos en el Obelisco y te contaré un millón de historias, y le haré un monumento a tu sonrisa. Y al llegar a tu edificio nos sentaremos en las escaleras, y voy a pedirte que seas mi novia, que te cases conmigo. Me convertiré en un ángel para ti. Porque sin ti, solo seré un enano que le teme a los treinta.

16 comentarios:

Cien gotas de amor dijo...

Me encantó cuando dices "te contaré un millón de historias" ...

Otro beso Gusmar,

Laura

Lulu... dijo...

Gusmar perdona por la ausencia, pero ahora si hemos andado de aqui para allá, pero aqui estoy y no me iré hasta ponerme al corriente.
Y como siempre me encantó leerte y esta historia en particular me recordó a mi hermano, ya luego te platicaré porque.
Besos!

Brisa Nocturna. dijo...

Bellisimo.

Esos sueños donde uno se ve solo,esos sueños duelen...

Cuidate chamito.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Laura, veo que te gustan las historias...Saludos, gracias por los besos.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Lulú, pues ya sabes cómo encontrarme...Un abrazo, espero que todo marche bien.

Gusmar Sosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gusmar Sosa dijo...

Beatriz, chamita, sabes que fue importante esta visita para mi, muchas gracias.

febe* dijo...

me gusta, es muy visual, muy real...
no sé si llegaremos a poder hablar de toooooodoos los libros en los que podríamos trabajar juntos, tienes muchísimo material para más de uno :)

Te debo cosas, lo sé, no me olvido :)

febe* dijo...

por cierto, se me ocurre algo en relación a esta historia, si tengo tiempo te lo mando... (¿empezarás a motivar mi inspiración?)

Gusmar Sosa dijo...

Hola Febe, no te preocupes por las deudas, sin afanes que nos quedan meses... Lo que sì me vas a tener que enviar rapido es un adelanto de eso que se te ocurriò, pues ya tengo curiosidad, espero poder hacer màs por ti.Saludos.

ツ●♥♪ LUNATICA ツ●♥♪ dijo...

1.-Te contaré un millón de historias, y le haré un monumento a tu sonrisa.

2.-Al llegar a tu edificio nos sentaremos en las escaleras, y voy a pedirte que seas mi novia, que te cases conmigo.

3.-Me convertiré en un ángel para ti. Porque sin ti, solo seré un enano que le teme a los treinta.

Las promesas de amor són algo muy bonito, hacerlas y oirlas es precioso, al menos a mi me encanta en lo real o en un bello cuento... El blog para mí también quien puedo llorar,. con quien puedo reir,. con quien puedo cantar. Siento que alguien me escucha,. me apoya y me comentaa. ¡Gracias por tu amistad! ... Disfruta mucho este dia. Hay razones de sobra para hacerlo... QUE DIOS TODOPODEROSO, TE TRAIGA PAZ Y PROSPERIDAD, QUE DIOS TE BENDIGA GRANDEMENTE... FELIZ NAVIDAD VENIDERA... BAY

Claudia Gonzalez Cañas dijo...

UUUyy maravillosa adolescencia. Tantas palabras que brotan desde nuestra alma en ese tiempo.

Muy tierno tu post Gusmar.

Claudia

Gusmar Sosa dijo...

Gracias Lunatica, eres un encanto.

Gusmar Sosa dijo...

Claudia, seguro tu tambièn tienes buenas historias. Saludos.

Sandra dijo...

GUSMAR, QUE HERMOSOS QUE SON NUESTROS ADOLESCENTES! QUE DIFICIL Y BELLO A LA VEZ, QUE FUE Y ES ESE PROCESO SIN IGUAL, EN NUESTRAS VIDAS Y EN LA DE AQUELLOS QUE CONOCEMOS.
TODO EN ELLOS ES IMPORTANTE, SUS HISTORIAS, SUEÑOS Y ESPERANZAS.CUENDO VEO A MI HIJO ADOLESECENTE,NO PUDO MÁS QUE AMARLO,Y VALORAR LO DIFICIL QUE ES PARA ELLOS ADOLECER!
ME GUSTA COMO EXPRESÁS LAS IDEAS Y LAS HISTORIAS DE AQUELLOS QUE "EXPERIMENTAN" LA VIDA MISMA.
PLEASE!! NO DEJES DE ESCRIBIR, MIENTRAS VAS CAMINADO...
SANDRA DE ARGENTINA

Gusmar Sosa dijo...

Gracias Sandra, un abrazo para ti y tu hijo adolescente.