martes, 23 de septiembre de 2008

BEN-CHEIL… EL AVENTURERO.

Este cuento es dedicado a Beatriz, una niña que sabe de isla y de mar; a Claudia González que compartimos un secreto en común; a Gaby, una niña de seis años que responde muchas de mis preguntas, a veces preguntas que aún no pronuncio; a Celeste, una niña con un mundo extraordinario en donde soy un pirata; a Patricia, una niña que vive como viendo al invisible. A Claudia Lama, cuya niñez le permite vivir sin prejuicios. A Jenny, cuyo amor por los niños y labor a favor de ellos me dice que es una de ellos; a Keila, a quien su sonrisa la delata y sospecho que no tiene intenciones de esconderlo; a Nirbeht, una niña sentada siempre a orillas del mar. También lo dedico a Enrique Crespo, un aventurero, (ey brother debe ser el apellido); a Guillermo para sus siestas de niño. Al peregrino, porque solo un niño puede caminar esos senderos. A mis dos hermanas, tesoros con quienes he cruzado muchos mares, por supuesto a mi héroe, a mi único numero dos y a mi niña.
(Pido disculpa por lo extenso, intenté resumirlo y esto fue lo minimo)

Y con toda humildad y respeto a mi Salvador, Señor de todos los niños. Quien un día dibujó el mar y la luna, y ha preparado una isla a la que un día llegaremos, yo sueño que será un noviembre… Cuanto deseo ese noviembre…



“El mar… ¿Quién puede entenderlo? Unas veces te arrulla y otras veces te muestra su ira sin compasión”

Abre sus ojos para darse cuenta una vez más que aquella voz y tan familiares palabras vienen de su memoria.

“… No lo culpes hijo, el mar es solo una criatura enamorada… Que quiere tocar a su amada… Pero aun no logra alcanzarla”

Esta vez es él quien pronuncia las palabras y queda en silencio al recordar que sobre ese mismo barco escuchó los melancólicos monólogos de su padre. Cierra sus ojos nuevamente mientras la brisa de la noche juega con su cabello.

“Un día fui como el mar… pero ya encontré mi tesoro…”

Así culminó el último monólogo que Ben-Cheil escuchó de su padre sobre aquel barco y frente a la isla donde mamá Cheila esperaba a su legendario esposo y su aventurero hijo.

La noche era fría y tranquila, justo como él las odia. Una noche perfecta para ahogarse en nostalgias, para permitirle a los recuerdos saltar las murallas que uno ha levantado para encerrarlos… Una noche en la que el alma se agita y se rebela en contra de la rebeldía… Simplemente una noche tranquila para estar tranquilo.

Ben-Cheil camina hacia la popa del barco y se apoya sobre las barandas del rustico y viejo barco, mira hacia babor y su mirada encuentra la luna

“¿Te dejarás tocar algún día por el mar?”- Pregunta mientras en su memoria suena el eco de la voz de su padre:

“Esta noche, mientras sobre este barco tu y yo miramos la luna, tu madre en la isla también la observa”.

Una lágrima rodó por su mejilla y esta vez escuchó la voz de su madre decir:

“Solo miran la luna los enamorados”.

Violentamente borró la lágrima de su rostro y dio el frente al mar, y de espalda a la proa del barco gritó:

“¡Mi único amor es la aventura!”.

Así había sido después de la muerte de sus padres. Una extraña enfermedad azotó la isla afectando a los más ancianos. Él era apenas un adolescente. Cuando el viejo Ben-Amin y Mamá Chelia murieron él tomó la decisión de abandonar la isla y cruzar los mares en busca de aventuras. Por siete días lloró frente a los cuerpos de sus padres, y al octavo después de cremarlos tomó parte de las cenizas de sus padres empuñándolas con su mano derecha y cruzó la isla hacia la orilla en donde levantó su mano y abriéndola le permitió al viento llevar las cenizas hasta hacerlas reposar sobre el mar. Y así Ben-Cheil, el aventurero, subió al “legendario”, el barco de su padre, en busca de aventuras.

En su travesía Ben-Cheil enfrentó grandes monstruos marinos, como a Kaliya, rey de las serpientes, reptil que envenenaba las aguas en la india; también se supo que una vez luchó contra una bandada de harpías que volaban sobre el mar robando almas humanas. Sobre el mar conoció a Nereida, ninfa del mar, y también a Náyade, ninfa de los ríos y fuentes.

Ben-Cheil conoció a Belerofonte y lo acompañó en su lucha contra una misteriosa criatura mitad león y mitad dragón, y un día vio como Belerofonte subió sobre Pegaso, su caballo alado, y voló sobre el mar persiguiendo a la criatura y derrotándola. De Belerofonte aprendió la técnica para vencer a las criaturas que botan fuego por la boca. En aguas hindúes venció a Makara, un monstruo marino con cabeza de elefante. Navegó también por lo mares en torno de la isla Lanka, y sobre esos mares burló los ataques y la maldición de la ogresa del Ramayana.

Una vez un Kraken intentó hundir su nave apoderándose de ella con sus tentáculos, pero Ben-Cheil con su astucia encontró el punto débil en uno de los tentáculos del Kraken y así lo venció. Conoció muchas sirenas. Se dice que una vez Ben-Cheil fue atraído por el canto de Lorelei, la sirena, y encantado por ella. Pero su espíritu logró vencer la fatalidad de su encanto. Y Lorelei no pudo creerlo… Se dice que a veces en su canto menciona el nombre del aventurero.

La fama de Ben-Cheil crecía con cada aventura, en diez años venció muchos gigantes que avariciosos custodiaban tesoros. Llegó a arrebatar muchos de los tesoros y gran parte del botín era repartido al pueblo más cercano del tesoro. Él solo se quedaba con lo necesario para sobrevivir. Y en ocasiones lo único necesario para él era la satisfacción de haber vívido otra aventura. Pero cada aventura era solo una ocasión para evitar la más cruel batalla: la batalla contra él mismo.

Y esa noche tranquila, la batalla empezaba una vez más. Ben-Cheil camina a su camarote, y se detiene frente a la desgastada puerta y allí mira de nuevo a babor y se encontró con la luna, la observó recordando esta vez las últimas palabras de su viejo en su lecho de muerte:

“Un día mi querido Ben… Un día serás vencido… Y no podrás evitar la aventura de la que todo hombre de mar huye… Ese día encontrarás tu tesoro… Hijo, un hombre muy sabio dijo una vez: donde está tu tesoro allí está tu corazón…”

Ben quitó la mirada de la luna, y la llevó al frente “será mejor que duerma, antes que la maldición de noviembre acabe conmigo”, así pensó. Y así lo hizo.

Ben llamaba a aquella nostalgia, que solo lo invadía en las noches de noviembre, “la maldición de noviembre”. Había una razón para ello, pero Ben ya no lo recordaba. Él no, pero ella sí.

Adit-Estela era la niña más linda nacida en la isla, su piel era del color de la luna, sus ojos como el mar, su cabello negro como la noche, sus labios rojos como las rosas que nacían en la isla y su voz sonaba como la brisa matutina de noviembre cuyas noches eran lluviosas.

Desde niños Adit-Estela y Ben-Cheil fueron amigos, aunque ella lo amaba. Cuando Ben volvía con su padre de recorrer los mares ella siempre lo estaba esperando en la orilla, sentada. A ella le gustaba escucharlo relatar cada historia vivida y él disfrutaba viéndola a ella emocionarse con sus relatos. Para ella fue amor a primera vista, y disfrutaba su amor callada, en él eso no funcionó, la vio siempre como una amiga de la infancia y ella nunca se atrevió a confesarle lo que sentía. Se conformó con los relatos, con las risas compartidas, con esperarlo cada noviembre.

Pero una mañana lo vio caminar pausado y distraído, el sol amarillo apenas se asomaba, ella lo siguió de lejos hasta verlo llegar a la orilla, donde levantó su mano y la abrió. Vio al viento llevar las cenizas al mar. Ella lo había visto cambiar en los últimos siete días, no era para menos, ella sabía que lo único a lo que Ben estaba apegado era a sus padres. Con la muerte de ellos se volvió un adolescente callado, ensimismado. Ella podía sentir su dolor. Luego de ver como las cenizas reposar en el mar lo vio caminar hacia “El Legendario”, el barco de su padre.

-¡Ben!- Gritó ella ahogada en llanto.

El dio la espalda al mar para verla correr hacia él. Ella lo abrazó… Lo abrazó fuertemente, como si de aquel abrazo dependiera su vida… Así permanecieron por minutos… El mantuvo sus ojos cerrados…Luego la separó de su cuerpo y la miró a sus ojos. Algo extraño sucedió en él, sintió que su alma se fundió a la de Adit-Estela en aquel abrazo, y sin pensarlo, como nacen las promesas de amor, pronunció aquella promesa:

-Adit… Una mañana de noviembre volveré a ti…

Quiso decir más.

Ella miró los ojos de Ben… Los ojos son la ventana del alma, y a través de ellos vio que su alma sonreía, y supo que aquella promesa se cumpliría. Sus lágrimas cesaron y ella le dijo al oído:

-Ben-Cheil, cada mañana de noviembre te esperaré sentada en esta orilla…

Él le dio la espalda y subió al legendario. Ella lo vio partir guardando silencio mientras sonreía.

Y esa noche, diez años después, mientras Ben-Cheil dormía en su camarote, Adit-Estela, a través de su ventana, miraba la luna. Eran las 12 de la medianoche del 03 de noviembre cuando cerró sus ojos mientras sentía que su alma se desvanecía dentro de ella y sus labios pronunciaron un deseo, un deseo que nació en su corazón, como nacen los deseos de amor:

-Luna, tráelo a mí.

Y la luna la escuchó, porque la luna entiende del amor, y de las mujeres que esperan ser alcanzadas por su amado. Así que la luna le coqueteó al mar. Y el mar se agitó airado, produciendo inmensas olas, como queriendo tocar a la luna. Y el cielo dejó escuchar sus reclamos, advirtiéndole al mar que aún no era el tiempo. Ben-Cheil se despertó a causa de los truenos. De inmediato sintió la braveza del mar. Le fue difícil mantener el equilibrio al levantarse. Le pareció extraño todo aquello, no había tempestades en noviembre, no en ese mar. Como pudo llegó al timón. Y la batalla empezó. Una nueva aventura, una tempestad en noviembre que seguro sería vencida por él. Ben sonreía con sus manos hábiles sobre el timón. El mar aumentaba su furor, sus olas crecían cada vez más, provocando fuertes vientos, la lluvia empezó a caer, por momentos parecía dominar el barco en medio de la tempestad, aunque levemente perdía el control, sin embargo, sus ojos mostraban tranquilidad.

-¡Es tu ira contra la mía!- Gritaba Ben excitado ante el peligro que corría. Las olas intentaban conquistar el viejo barco. Fue una inmensa ola, la más alta que Ben pudo ver en toda su vida, la que casi voltea el barco y Ben se resbaló golpeándose su cabeza con el timón. Su cuerpo calló sobre la rústica madera y su mano derecha quedó aferrada al timón. El mar se aquietó, arrullando el barco sobre sus aguas.

Como todas las mañanas de noviembre y con la misma esperanza, Adit-Estela se levantó y tan pronto como el sol amarillo se mostró a la isla, cruzó la misma en dirección a la orilla. Cuando ya llegaba, al levantar su mirada, no pudo ver la orilla como todas las mañanas. Su vista era obstaculizada por una muralla formada por una gran multitud. La mayoría de los habitantes del pueblo estaban en la orilla, frente al mar, de espalda a ella. Le pareció extraño. Su corazón tembló y apresuró su paso hasta llegar a la multitud. Se abrió camino entre ellos y ya frente al mar sus ojos vieron al viejo “legendario” atracado en la orilla. Llevó sus manos a su rostro sorprendida, miró al cielo y la luna aun permanecía en el cielo ya casi desapareciendo.

Subió al barco y junto al timón encontró el cuerpo de Ben-Cheil, su mano aun sujeta al timón. Ella la tomó y la llevó a su corazón y con su mano derecha acarició el cabello de Ben. 319 días de noviembre estuvo esperando para verlo y escucharlo, para caminar con él por la isla. Ella lloraba. Ben abrió lentamente sus ojos, con mucho esfuerzo, su visión era borrosa a causa del golpe que aun dolía. Le pareció ver frente a él al mar, la noche y la luna y escuchó una brisa matutina, una brisa de noviembre, que pronunciaba su nombre.

-Ben… Decía ella sonriendo entre lágrimas al verlo abrir sus ojos.

Él los cerró de nuevo, y casi sin aliento dijo:

-Adit… Una mañana de noviembre volveré a ti.

Ella sonrió y le dijo al oído:

-Ya estás aquí Ben, entre mis brazos, has cumplido tu promesa, es hora de descansar.

Minutos después, aquella mañana del 03 de noviembre, la multitud vio a Adit-Estela salir del barco tomada de la mano de Ben-Cheil, el aventurero. Ella sonreía erguida y sus ojos brillaban…

Un año después en aquella misma orilla Ben arrullaba en sus brazos al pequeño Ben-Adit y Adit-Estela abrazaba a Ben. Y Ben le decía al niño:

-“El mar… ¿Quien puede entenderlo? Unas veces te arrulla y otras veces te muestra su ira sin compasión…”

Adit, le quita al niño y ahora es ella quien lo arrulla entre sus brazos y ella continúa diciendo:

-“… No lo culpes hijo, el mar es solo una criatura enamorada… Que quiere tocar a su amada… Pero aun no logra alcanzarla”.

Ben dio unos pasos al frente, y sus pies descalzos fueron bañados por el mar y con una sonrisa pícara en complicidad con su amada metió sus manos al agua diciendo:

-Sigue buscándola amigo, sigue levantando tus olas con violencia, tal vez un día logres tocarla…

20 comentarios:

NIRBEHT dijo...

No resumas, no omitas nada, todas tus palabras son tesoros que siento que he descubierto en el mar, mar en el que he atrevido a nadar a tu lado...recuerdo que lloré por este relato...eres mi poeta favorita, adelante!!!!
Vas a legar lejos aragom

Jenny dijo...

Gracias por la dedicacion, sin duda le achuntaste a que soy una de ellos. Para algunas cosas se que aun debo crecer. Gran parte de ti se muestra en tus relatos. Como detuviste esto por tanto tiempo? Que bueno que ya eres libre!

Patricia Fiorella dijo...

TREMENDA HISTORIAAAA gracias por dedicarla wooo esta linda una linda historia de amor, de mar, de luna, de brisa como las que me encantan amigo me haz arrancado mas de un suspiro ese niño producto del amor y aquellos Padres producto de las historias del mar aquella criatura enamorada woooo que lindooooo

me encanto tmb esta frase:
"Y la luna la escuchó, porque la luna entiende del amor, y de las mujeres que esperan ser alcanzadas por su amado"

Me muero por la luna woooo Un abrazo Gusmar y otro más, mejor tres abrazos gracias por esta historia

Keila dijo...

Gracias por la dedicación. Sigue adelante, poeta. A mí también me encantó la frase que menciona Patricia.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Nir... Que bueno que te guste... Tranquila que pronto te envío la versión completa... Cuidate

Gusmar Sosa dijo...

Hola jenny!! Pues es fácil saber que eres una de ellos cuando uno lee tus relatos que nacen de ese trabajo tan hermoso... Y verás el daño que hacen algunas culturas etiquetadas como cristianas pero que distan de la realidad del verdadero cristianismo, ese es otro tema... Gracias por pasar.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Patty. Pues si me ofreces tres te robo uno más y son cuatro!!! jajaja. Gracias por pasar y que bueno que te halla gustado, si te gusta la luna debe ser que estas esperando por un mar.... jejeje.Saludos...

Gusmar Sosa dijo...

Hola Keila, que bueno...E intentaré seguir adelante... Saludos.

Celeste! dijo...

"Cada aventura era solo una ocasión para evitar la más cruel batalla: la batalla contra él mismo".
Me encanta la historia -y sigo encaNtada- Existen *profundidades* declaradas/presentes/manifiestas, a mi me da esa impresión, yo encontré algunas para pensar...

Un abrazo.
PD. Gracias :D

Gusmar Sosa dijo...

Tienes razón en tu interpretación, existen, algunas muy disfrazadas, escondidas, como estan los tesoros, pero pueden ser halladas, solo por aquellos que saben de aventuras... Saludos Celeste...

Isa dijo...

Tu cuento está precioso Gusmar, sí que te sacaste otro..¡Diez!.
Me gustó esa frase que dice que "la luna conoce del amor y de las mujeres que esperan ser alcanzadas por su amado", bueno, muy hermoso el cuento hermanito.
Gracias por compartirlo.

Gusmar Sosa dijo...

Hola Isa!!!
Que bueno seguir viendote por acá, y que bueno que te gusten los cuentos, a veces eso se va perdiendo, pero una persona como ud seguro siempre sabrá apreciar los cuentos. Saludos...

El Peregrino dijo...

Hola Gusmar, como un niño que soy, peregrino, extranjero, paseante... Me gustan los cuentos, me gusta lo que escribes, ya lo sabes, por eso disfruto viajando por estas orillas, cada día de Noviembre, para encontrar esos tesoros que tanto te gusta esconder en la arena de las quietas playas de tus palabras...

Dices: "El mar es solo una criatura enamorada… Que quiere tocar a su amada… Pero aun no logra alcanzarla"

Esto me hace pensar tanto...

¿Sabes? Hace tiempo comencé a escribir un libro, una historia-cuento, bien extenso, y paré justo en el último capítulo... Tengo que volver a ser un niño, quiero volar para llegar al final... Mientras tanto, disfruto mirando por la ventana que llaman "La Vida no es Corta"

Gracias por dedicar estas bellas palabras. Un abrazo, "bro"

Claudia Gonzalez Cañas dijo...

Cuando leo algo me cuesta sorprenderme muchas veces, pero cuando leo que escribes: "Y con toda humildad y respeto a mi Salvador, Señor de todos los niños. Quien un día dibujó el mar y la luna, y ha preparado una isla a la que un día llegaremos, yo sueño que será un noviembre… Cuanto deseo ese noviembre…", definitivamente hermoso.

"Los ojos son la ventana del alma, y a través de ellos vio que su alma sonreía, y supo que aquella promesa se cumpliría". En esto pensamos lo mismo.

(Gusmar quisiera preguntarte algo, tienes registrado estos escritos que tienen mucho valor en algun derecho de autor o no, tal vez, deberías hacerlo, pues tienen tu sello especial)

Un afectuoso saludo Gusmar

Claudia

Claudia Lama dijo...

¡Gracias Gusmar!

Gusmar Sosa dijo...

Señor peregrino... Pues ya me dio curiosidad y quisiera un día poder leer su historia para llevarla en mi equipaje por los mares... Gracias por pasar...

Gusmar Sosa dijo...

Hola Claudia, pues aun no lo registro, pero gracias por la sugerencia, pensaré seriamente en esto, y me alegra poder sorprenderte con algunas letras, saludos.

Gusmar Sosa dijo...

Claudia lama!!! Hola, gracias a tí por pasar... Saludos

Brisa Nocturna. dijo...

Con la dedicacion es mas que suficiente para llorar, otro dia lo leo completo.

Gracias chamo.

Gusmar Sosa dijo...

Ok, saludos...