sábado, 4 de abril de 2009

ES UN LUGAR PARA TI

Ella se esconde entre la oscuridad de la noche y se pierde en medio de preguntas que azotan con vida propia y respuestas que no busca, pero llegan fundidas en burlas. Levanta muros que luego no puede derribar y corazas impenetrables, se protege de otros y se aleja de ella misma.

Su alma es un mar turbio, intranquilo e indomable. Su corazón un peregrino con sed de hogar y deseo de amar.

Se pregunta quién es, pero solo escucha el eco de su voz mientras transita por las veredas de la soledad.

Y es linda y llena de gracia, pero huye de los espejos que reflejan su imagen pues siente temor de recordarse, porque un día soñó y construyó una ilusión, porque una vez sonrió y fue eterna.

Hoy los sueños son laberintos de un mundo sin vida y la ilusión ruinas solemnes de un pasado que asusta, porque la sonrisa lloró frustrada y entendió la desdicha de la inmortalidad. Duelen los límites inclementes de la vida, lastiman las lágrimas que brotan pedazos del alma, pesan las ruinas sobre la espalda y confunden los laberintos inciertos.

Y es hábil y cálida, pero la imposibilita la renuncia, se detiene sin tiempo y el tiempo avanza sin ella; se cuelga en un vacío profundo y el espacio la extraña. No es sorda a las suplicas del espacio, pero intenta serlo.

Dime una cosa, linda y llena de gracia, (aunque no quieras recordarte es lo que eres, y somos lo que somos aunque nos neguemos a ello; no desaparecen las habilidades aunque renunciemos a ellas; no se congela el alma cálida por más que huyamos del calor), dime ¿dónde estarás esta noche?

Te invito a un lugar donde las preguntas se humillan y las respuestas no ríen, los muros caen y las corazas desvanecen, donde no es necesario protegerse ni alejarse, y el mar se calma. Tiene aroma a hogar y espera un amor, el eco no estorba. Puedes sentarte, sé que estas cansada, puedes escuchar la canción de un río místico que pronuncia tu nombre, puedes mirarte en sus aguas sin temor al reflejo; puedes contemplar los valles, los árboles guiaran tu vista evaporando el laberinto, ellos señalan el camino. Allí la brisa fresca se lleva las ruinas mientras una silenciosa llovizna muda tus lágrimas y refresca al alma. Allí los cerros elevan la mortalidad.

Allí estaré esta noche y espero encontrarte, tomaremos un café a la orilla del río y sostendremos una plática profunda y sin sentido, sonreiremos de tontos… No tardes, tal vez mañana no tendremos que escondernos.

martes, 24 de marzo de 2009

NOS PERDIMOS...

Visitando los blogs amigos, encontré nuevo a Ava, la encontré perdida, y me di cuenta que yo también lo estoy, a continuación les dejo del blog de Ava, Inspiración Silenciosa, un post titulado “Y Me Perdí”, al que le he añadido algunas líneas, son las que están en cursivas. Saludos.

Me perdí esperando que el sol saliera para romper la oscuridad, a que se perdiera en el extraño cielo la ultima estrella que adornaba aquella singular noche con una luna enamorada; recuerdo creer que los ojos se me desgastarían por la multitud de emociones que cruzaron al observar a la gente caminar. Quise seguir los pasos de la gente, quise caminar de nuevo, pero seguía oscuro, y mis ojos temblaban por no poder ver, no camines, me dijeron y la gente se alejó, seguí perdido…

Me perdí en mis pensamientos, en aquellos en que me ensalzaba y compadecía de mi vida, en la que me burlaba de mi ignorancia y me mofaba de mis sentimientos de madurez y sabiduría, recuerdo haber visto cada extraño movimiento de las nubes con un aire filosófico. Aún más, estuve trayendo a la mente los instantes del pasado donde me sentí atraída a caer al suelo, en la que muchas veces me dejé abatir, en las que lloré, en las que odié, en las que viví en silencio. Seguí perdido, aunque en un mundo que bien conocí, pero que ha debido morir, sigue vivo, se disfraza de presente, se niega a morir, pero conciente de que solo es un espejismo, uno que puedo dominar.


Me perdí creyendo en este mundo, pensando que aquella maldad podía cambiar con tan solo desearlo, mientras que me dejaba escapar mi apatía y mi negativismo con canciones mezcladas con pasado y futuro. Lo único que quedo en mi memoria fue un pensamiento, un poema, una canción, una voz, un amor, una sonrisa, un instante...en resumen, lo que mi mente guardó y atesoró fueron pequeños fragmentos de mi vida, los cuales guardé solo para mi y mi soledad. Y perdido sonrío, pensando que a veces, solo a veces, estar perdido es mucho mejor, que puedo decidir dónde perderme…Sigo perdido.

jueves, 19 de marzo de 2009

PORQUE LA VIDA NO ES CORTA "DE DOCE YA VAN TRES"...

Un saludo a mis amigos, conocidos y desconocidos que pasan por casa, la vida no es corta, sino que a veces perdemos mucho tiempo. Aprendamos a vivir invirtiendo positivamente nuestras emociones, educando nuestras actitudes, esperanzados siempre en un mejor porvenir, que, como hace poco me comentó una gran mujer: “Un día dejará de ser esperanza”. Y tienes razón Carolina, un día nuestras esperanzas serán una realidad, sin más nada que esperar, sin necesidad de deseos adicionales. Entonces lamentaremos el tiempo perdido, gastado en odios y rencores, en comportamientos irracionales…
La vida es más que respirar, es aprender cada momento y ofrecer de lo que aprendemos, y es también aprehender y dar de lo que aprehendemos. Vivamos, sin detenernos, heridos tal vez, pero caminando, llorando quizá pero alimentándonos con esos recuerdos que motivan la sonrisa genuina e inocente que nos hace niños. A continuación les dejo un poema de una amiga, una gran amiga, que escribe con el alma y que sin duda sabe darle vida a las letras, a través de las cuáles nos ofrece de lo que a aprendido y aprehendido. Gracias Beatriz:

Va este Marzo,con nieve y sol y silencios mil.
Siento el aire nocturno y esos ruidos escondidos en la hierba,compañía soy de las horas que no hallan acomodo en ningún reloj.
Recojo los restos de una tarde,los restos de una poesía que lucha por ser, calmada la noche viene y me deja saber de su misterio y su arrebato, mucho me dice con sus ojos de día apagado.
Amando los momentos que van pasando, porque debo hacerlo para no sentir tanto los daños, y escapo hacia adentro haciéndome sorda a las notas falsas que otro va tocando, música sin alma no quiero, letras sin corazón lasmando lejos, prefiero sola amansar mi suelo de charlas con el Maestro.
De doce, tres ya van,sobrevividos, marcando espacios, y ayer una mariposa azul cayó en mi patio.

jueves, 12 de marzo de 2009

SIN DUDA...SOLO DIOS SATISFACE.

Saludos amigos blogueros. Hoy quiero presentarles a un amigo, un hermano, que además es hijo del pueblo legendario de El Consejo De Ciruma. Hace un tiempo publicó un blog que visito con frecuencia, y como le he dicho, suele dejar un grato sabor en el alma. Lo que leerán a continuación es escrito por él y publicado en su blog SOLO DIOS SATISFACE. Él lo ha titulado "Cinco de la Tarde". Espero que lo disfruten y les invito a visitarle.
"Recuerdo haber caminado por esa plaza pensando, miraba yo las palomas y los niños comiendo helados, en mi mente había un constante pensamiento, que aunque parecía aquietarse, regresaba con mayor furor, vi a una anciana cruzando lenta la calle, a un perro errante que lamía migas sobre un periódico viejo, también a chicos que jugueteaban en sus patinetas, a una pareja muy joven que estaba sobre el césped mirando al cielo.
Aquel pensamiento volvía a azotarme, no podía hacerme el ignorante. Caminé alrededor de una fuente de agua en la que había monedas, talvez de remotos deseos. Me senté junto a una niña que leía una historieta de amor, cerca de mi pasó una chica rubia que trotaba despacio, una pelota llegó a mis pies liego de haberse escapado de las frágiles manos de un bebé, al lanzársela las campanas de la antigua catedral avisaban las cinco de la tarde. Quise pasar por alto lo que tenía que afrontar, preferiría mil veces un examen de calculo diferencial a tener que vivir ese instante de angustia, un payaso hacía malabares rodeado de niños, esos que solo piensan en diversión, caminé sin estar seguro y sin terminar mi pensamiento, un triciclo se interpuso a mi paso, me detuve por menos de un instante, miré atrás y vi un grupo de chicos limpiabotas sonriendo entre sí con alegría.
Realmente hubiese preferido hacer cualquier cosa a tener que marchar, proseguí con rumbo indefinido, ya me alejaba de aquella plaza solo veía la estatua de un olvidado prócer sobre la que posaban dos gorriones café. Apenas oía a lo lejos el ruido de la melancólica campanilla del heladero, mi paso era firme cuando un mendigo me paralizó por completo, una enorme sonrisa adornaba su cara, sus anteojos negros brillaban con el sol, le di tres monedas o cuatro, no recuerdo realmente, pero sí el “Dios te ayude” que su arrugada boca pronunció, miré nuevamente hacía esa plaza, talvez pensando en perderme en la sonrisa de un niño y olvidar que ya eran las cinco de la tarde.
No se lo que pasó por mi mente; pero al poco rato estaba sentado sobre una caja de refrescos vacía, a mi mente llegó la imagen del corazón rosa que estampaba la historieta de aquella niña, sus blancas manos pasando hoja tras hoja, ya que eran las cinco; para ellos hora de mirar al cielo y del ejercicio rutinario, para mi no, no era yo uno de los niños que miraban alegres los trucos simples de un payaso, ni un gorrión que vagaba en el hombro de un personaje de antaño, no, ni siquiera la anciana que tenía suficiente tiempo para cruzar una avenida. Sentado, sin helados ni pelota, sin historieta de amor, ni sonrisas, no era siquiera una moneda oxidada en aquella vieja fuente.Sería fulminante tener que enfrentarme a aquello, yo que he desempeñado de guardacostas y domador… pero en fin, aquella plaza marcó en mi vida horas de incertidumbre, paralizado estático y con ánimo latente, miles de imágenes abordaban mi mente en un segundo: desaparecer en ese instante, ser un niño, un payaso o un tranquilo gorrión, todo menos darme cuenta que siendo las cinco de la tarde ya debía enfrentarme a mi cruel circunstancia, una plaza en la que hubiese querido ser una inerte estatua; que mis oídos estuviesen macizos en mármol, nunca haber oído el sonido de las campanas, las trenzas de mis zapatos se habían desatado, me incliné lentamente, poniendo el pie sobre un trozo de neumático antiguo, hice un lazo tras otro en el mismo zapato, pude ver una comunidad de hormigas alrededor de una galleta de chocolate, por instantes envidié a una de esas diminutas criaturas que llevan una vida aparentemente sencilla y sin complicaciones, para ellas no tendría ningún significado ver al reloj marcar las cinco de la tarde , seguirían en su trabajo, sin ningún conflicto.
Me levanté caminé erguido directamente hacia la parada de taxis, al cruzar la primera cuadra, vi dos muchachas que con algarabía hablaban en un teléfono público, un joven de arete y cabellera larga haciendo una bombita de goma de mascar, la vi explotar y él estaba tranquilo, creo que no le importaba que fueran las cinco de la tarde.Seguí mi camino sin olvidar la plaza, muy pronto ya esta frente a cinco autos sobre los cuales la luz del sol hacía un triste destello, un minuto más y estaría frente a la bestialidad que me aguardaba aquella hora, recordar las monedas en la fuente despertó en mi una sed repentina, de haber sido aquella rana no tendría sed ni estaría por abordar un taxi hacia la vertiginosa realidad, creo que de haber tomado toda el agua no hubiese podido aquietar mi sed."

martes, 3 de marzo de 2009

LOS OJOS DEL MAESTRO.

-¡Papá!- Exclamó el niño de seis años desde su cama al ver que su padre abandonaba la habitación sin el hábito nocturno. Éste, se detuvo al mismo tiempo que una sonrisa centellaba en su rostro.

-¿Qué sucede?- Preguntó aun de espalda a su hijo que guardó silencio observando a su padre volviendo hacia él y cuando lo sintió sentado a su lado, en la cama, le dijo abrazándolo:

-Sabía que no te irías sin contarme una historia- El padre acarició el cabello del pequeño, casi seguro de que el acto de contarle historias era tan satisfactorio para él mismo que superaba la emoción del niño al escucharlas.

-Hoy te contaré la mejor historia que puedas escuchar.

Su mirada se perdía entre imágenes que formaban parte de los recuerdos de su niñez. Fijó sus ojos en los de su hijo, el pequeño ubicó sus brazos detrás de la cabeza haciendo de ellos una cómoda almohada. El melancólico padre esperó hasta ver que el niño estaba listo para escucharlo. – Te contaré una historia de la que fui testigo-. Le dijo.

-Padre, ¿Eres el héroe de la historia?-. Interrumpió el niño acostumbrado a escuchar las hazañas de personajes heroicos, unos reales y otros ficticios, cuyos actos eran narrados con el fin de cultivar en él buenos principios y costumbres.

-No, aunque al día siguiente muchos comentaban mi intervención y algunos me atribuían un grado de heroísmo y otros aseguraban que fui un instrumento para el único y verdadero héroe de esta historia… No fui ni lo uno ni lo otro.

Sus ojos se humedecieron al instante, tuvo que luchar para no enmudecer a causa de la emoción y pronunciar así las siguientes palabras:

-Yo solo fui un afortunado… Años después supe que aquel día, el maestro, como lo llamaban entonces sus seguidores, solo quería apartarse de la gente, deseaba internarse en la soledad propia, lo necesitaba después de escuchar sobre la muerte de su primo Juan. Aquel día para mí, no fue un maestro… Fue mucho más…

Ese fue el inicio de su historia, y continuó:

- Pero aquel hombre nunca se doblegó ante el egoísmo, jamás priorizó sus necesidades por encima de las del prójimo. Mientras sus palabras podían impresionar al más pretensioso erudito y despertar el alma de cualquier ser humano vivo o muerto – sonrió por un momento – Sus actos, siempre en armonía con sus palabras, despertaban en el hombre la extraña ilusión de estar frente al Mesías. La tarde en la que quiso abrazar la soledad se vio interrumpida por una gran multitud, tal vez cinco mil personas le rodearon, tal vez diez mil ojos le observaron, y la misma cantidad de brazos se extendieron hacia él... Esperando recibir.

Inclinó su rostro, movido por una solemne indignación y con tono melancólico dijo: - …Sin nada que ofrecerle al maestro, ni siquiera apoyo, él que nunca esperó recibir nada y siempre estuvo dispuesto a dar – Levantó el rostro fijando nuevamente sus ojos sobre el niño para continuar:

-La noche nos sorprendió. Y todos, algunos más conformes que otros, decidimos partir. Cada cual a su refugio, sin preguntarse ninguno por la suerte del maestro bajo el manto de la noche. Pero Él no era un maestro; era el Mesías. Y sin siquiera tomar en cuenta la actitud de ninguno, tuvo compasión. No nos permitió partir, no sin antes alimentarnos a todos: a los conformes y a los inconformes. Yo paseaba entre la multitud con mi canasta, llevaba en ella cinco panecillos de cebada y dos pececillos. De repente alguien se acercó a mi y me dijo que le diera mi canasta que el maestro quería con ella alimentar a la multitud. Escuché murmurar a alguien que “era una locura”, unos me decían: “no se la des”, “quiere aprovecharse de tu inocencia”. Otros me dijeron que aquel era un bribón que quería alimentarse con mi vianda. Otros rieron pensando que el hombre que me pidió mi vianda en nombre del maestro hacía un chiste. Pero yo era un niño, no sabía sacar cuentas. Le entregué mi canasta y al cabo de unos minutos toda la multitud se alimentaba con mi vianda, incluso aquel que dijo que lo que pretendía el seguidor del maestro era una locura.

El niño escuchaba el relato fascinado. Como es de esperarse no mostró asombro adicional por la cantidad de hombres alimentados con la vianda de su padre. Es una virtud de los niños burlarse de las cifras que a los adultos enloquecen. A un niño le asombra el amor incondicional de sus padres, el latido de un cachorro que lo recibe cuando llega del colegio, la bondad de los abuelos, el canto de las aves sorprendidas por el amanecer, el color del cielo mientras se prepara para el abandono del sol y la llegada de la luna. ¡Pero números! Ni lo intentes, da igual un millón de estrellas sobre el cielo a una, de hecho para un niño una estrella siempre es suficiente.

El padre ajustó la cobija al cuerpo de su hijo, ritual con el que acostumbraba a anunciar los finales de sus historias. Y luego que hubo hecho esto con una nostalgia más notable prosiguió su relato:

-Cuando la multitud sació su hambre, los seguidores del maestro recogieron lo que sobró. Yo aproveché aquel momento para acercarme al maestro. Parecía distraído, tal vez pensaba en los buenos momentos que vivió junto con su primo Juan. Él estaba de espaldas, pero creo que sintió mi presencia porque volteó clavando su mirada directamente en mí. Vi sus ojos, no eran ojos de hombre, eran profundos y llenos de pasión; brillaban como el sol, ardían en el corazón. Sentí que estaba frente al mismo Dios. “Eres el Mesías”, pensé y al instante Él me sonrió; sentí que no había pensado, que había hablado con Él. Años después un hombre me dijo: “Vi al maestro colgado en un madero, azotado y burlado por los hombres, algo me hizo pensar que era más que un maestro porque sus ojos estaban llenos de paz en su notable agonía, pensé que estaba frente al mismo Mesías, de inmediato Él me miró fijamente y sonrió, creo que Él escuchó mis pensamientos”.

En ese momento el niño mostró gran asombro.

-Padre, es la mejor historia que me has contado -. El padre sintió que un sentimiento indescriptible su espíritu, pensó que realmente nada podía compararse con el acto de contarle historias a su hijo. El hijo sintió los labios de su padre sellando un beso en su frente al mismo tiempo que un par de lágrimas humedecían su cabello. Luego lo escuchó decir:

-Aquel día, mientras el sol se marchaba y la luna se mostraba tímida fui un niño afortunado. Cada vez que veo tus ojos recuerdo a aquel Mesías y siento que sigo siendo un niño, uno muy afortunado.

Así el padre abandonó la habitación tras recibir un abrazo de su pequeño que ya solo en la habitación con sus ojos cerrados pensó: “maestro, yo también creo que eres mi Dios”.

Y yo creo que desde el cielo Él mantiene sus ojos fijos sobre el niño, escuchando sus pensamientos, al mismo tiempo que una sonrisa se dibuja en su rostro.

sábado, 28 de febrero de 2009

AQUELLOS NARANJOS...

Aquellos naranjos guardan secretos que siempre serán tuyos y míos… Palabras que el viento no se llevó, que quedaron atrapadas en ti y en mí. Nostalgias que fueron, son y serán tuyas y mías. Lo sé y lo sabes, porque ayer cuando accidentalmente tropezamos en esta ciudad tan distante de aquellos naranjos nuestras miradas hablaron solas y nuestras sonrisas delataron el olvido ausente.

Conservas la misma magia en tu rostro, la belleza de tu físico, es como si el tiempo no pasara cerca de ti; tal vez hoy estés pensando lo mismo de mí, a diferencia de mi barba que he decidido no afeitar en estos días por si soy tentado a olvidar que el tiempo pasó por aquí. Ya conoces mis manías, no han cambiado, son de las pocas cosas que aun puedo conservar. Me pregunto qué conservas tú de aquellos días

¿Qué quién iba a pensarlo? Tú aquí, y yo aquí; tu en esa calle, yo en esa calle; tú a esa hora, minuto y segundo y yo también. Cualquiera podría pensarlo, solo tú y yo fuimos ingenuos ante la posibilidad. Saquemos cuenta, ese encuentro era lógico y calculado por el destino, tarde o temprano sucedería.

¿Qué nos llevó a tal espacio y tiempo? Distraídos los dos, como si nada hubiese cambiado; caminando los dos, tan iguales como siempre.

Cuando nos alejamos muchas cosas quedaron suspendidas en el aire. Hoy no recuerdo con exactitud cuántas, sé que tú tampoco. Y no nos esforzaremos por recordarlas. La verdad es que ambos seguiremos huyendo, es nuestra naturaleza, ninguno se detendrá primero, de hecho, ninguno lo hará.

Sé que has estado en esos lugares, que has caminado por aquel pueblo, yo lo he visitado algunas veces. Y no es que he visto el rastro de tus andares o que tus huellas no se han borrado de esos lugares, sino que nunca falta un alguien que me diga: “ella también vino hace unos días”. Me pregunto si uno de esos alguien te lo ha dicho a ti.

Ayer no nos dimos tiempo a nada, solo un “hola”, “qué sorpresa”, “cómo te ha ido”. Fingiendo estar conformes con el límite acordado, o conformes con estar fingiendo, sospecho que es miedo. ¿Acaso no fue el miedo el que nos hizo acordar aquellos límites sin mediar palabras? Sabes que es así, yo también lo sé, admitámoslo ya. Tuvimos miedo a un futuro junto, a conciliar nuestras similitudes, a seguir un solo camino, miedo a despojarnos de los miedos. Claro, ni tú ni yo lo confesamos nunca. Para entonces existían palabras muy grandes para nosotros, y al parecer todavía las hay.

Sé que nos volveremos a ver, ahora lo sé. Saquemos cuenta, es lógico. Sé que no será en el mismo espacio y tiempo que nos tropezó el ayer, después de todo, ninguno de los dos mantiene rutinas. Y sé que siempre habrá palabras más grande que los dos. Nuevamente me alegraré al verte, una vez más te diré “hola”, con el mismo tono que en los viejos tiempos, contemplaré tu linda sonrisa sin darme cuenta que sonrío; compartiremos el “cómo te ha ido”. Pero tal vez ya no lleve la barba, ya comienza a fastidiarme, seguro encontraré otra forma de recordar que el tiempo pasó por aquí.

Luego seguiremos caminando en direcciones opuestas, parecidas pero opuestas, y tal vez de nuevo nos sorprendamos 20 segundos después, volteando el uno hacia el otro y nos morderemos la tonta sonrisa al vernos descubiertos mutuamente respirando el recuerdo de aquellos naranjos e invocando los secretos que ellos nos guardan.

jueves, 26 de febrero de 2009

"COMO PAN Y MANTEQUILLA".

Anoche tuve uno de esos sueños, de los que sabes que estas soñando y quisieras despertar pero no puedes. Lo supe desde el momento en que me vi en aquella calle. La luna se mostraba sin timidez, la brisa era fría y el olor me decía que en cualquier momento llovería. Los faros proyectaban mi sombra detrás de mí. Luché por no dar un paso, pero fue inútil, me pregunto por qué en esos sueños no puedes hacer tu voluntad.

Avancé. Lentamente. Respiraba con la misma lentitud con la que avanzaba y podía calcular con exactitud los segundos previos a la lluvia. El olor se volvía cada vez más intenso. Amo ese olor, no sé por qué, no sé desde cuándo, pero o amo tanto como a la lluvia. Cuando ella cae sobre mí es como si cada gota ocultara una historia y al resbalar y caer en tierra es como si cambiara su historia por alguna mía, por una de mis peores historias y esta ya no pudiera causar ningún efecto sobre mí.

Sabía lo que encontraría a unos pasos. Nada aterrador, todo lo contrario, aun así con cada paso deseaba despertar. Finalmente me detuve, frente a su casa, un relámpago detrás de la casa hizo resplandecer la noche oscura por fracciones de segundos, y tras él cayó la lluvia, una fuerte lluvia, como las que caen en noviembre. Sentí la primera gota sobre mí, la segunda, y luego miles de ellas robándose las historias que yo jamás contaría, limpiando mi alma. Y ella estaba en el frente de la casa, sentada leyendo una novela. Sentí miedo, porque sabía que era un sueño. Ella levantó su mirada y sonrió al verme, sonrió como hace mucho tiempo nadie sonríe cuando me ve.

Allí estaba yo, del otro lado del portón, empapado bajo la lluvia, viéndola sonreír, conciente de que era un sueño, queriendo disfrutarlo, pero con miedo, tratando de despertar. Ella llevó las manos hacia su boca para ocultar su risa mientras hacía con su rostro una seña de negación, como desaprobando lo que veía.

- ¡Definitivamente tu no le tienes miedo a un resfriado!- Me gritó. Y yo sonreí mientras extendía mi mano derecha hacia ella invitándola a salir. -¡No!- Gritó nuevamente, -Tenemos mucho que hacer-. Extendí mi otra mano y ella sonriendo soltó la novela sobre la mesa, se quitó sus sandalias y corriendo abrió el portón, cuando me di cuenta ella me abrazaba.

Aquel abrazó me dio ganas de olvidar que estaba soñando.

-Cada vez estás más loco- Me dijo al oído. Y luego se separó de mí para decirme que aun nos faltaba mucho por leer y debíamos tener la crítica en una semana. “Dejemos de jugar y pongámonos serios”. Al escucharla decir esto ya quería llorar, en serio que sí, sabía que soñaba, y que al despertar no la vería más y sino podía despertar al menos me hubiera gustado seguir con ella bajo la lluvia.

Quise decirle que no se preocupara por la lectura ni por la crítica, que yo he leído esa novela ya dos veces, que conocía el futuro, que pasaríamos la materia con la mayor nota, que si ella quería al otro día yo le hacía un millón de críticas a la novela. Pero en la realidad nunca hubo un discurso que la persuadiera de abandonar una labor como esta, siempre hicimos estos trabajos juntos, éramos un equipo, pero ella nunca me permitió hacer alguna de estas tareas por los dos, si se trataba de alguna obra literaria la leíamos juntos, la discutíamos capítulo por capítulo y juntos hacíamos la crítica o interpretación. Ella fue mi mejor amiga en aquellos tiempos. Compartimos mucho, me conoció mejor de lo que alguien ha podido conocerme desde entonces. Teníamos una verdadera amistad, una linda y poderosa amistad. Como diría Tom Hanks, interpretando a Forrest Gump: éramos como pan y mantequilla.

¿Por qué quería despertar si soñaba con ella?

Porque la he extrañado, la extraño cuando siento la necesidad de un abrazo sincero y espontáneo, cuando necesito a un amigo cerca, incluso cuando leo alguna obra de Rómulo Gallegos. Algunas veces he visitado aquel pueblo, pero jamás esa calle, desde que supe que abandonó aquella calle, evito pasar por allí, y a veces evito su recuerdo, incluso hablar de ella, evito la fachada de la institución donde cursé mis últimos dos años de bachillerato, donde la conocí y donde la vi por última vez.

¿Por qué lo hago? Creo que esa respuesta la mantendré en secreto, esperando que alguna lluvia de noviembre caiga sobre mí y me cambie una historia.

En el sueño, ella y yo leímos el último capítulo de Doña Bárbara (“Toda Horizontes, Toda Caminos…"). Reíamos mientras lo hacíamos. Y cuando al fin olvidé que estaba soñando, desperté. Aquí estoy quince minutos después, con el amargo sabor de la ausencia de una amiga en el alma, y al lado de mi computador una edición especial de Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, creo que la leeré por tercera vez.

viernes, 20 de febrero de 2009

DISTANCIA, REALIDAD Y OLVIDO... (CARTA ABIERTA A MI AMIGA FEBE).

Febe, en primer lugar quiero disculparme por la distancia en estos días. Distancia ha venido a ser una palabra mágica, aunque sinceramente no me ha servido de nada. Hay palabras que cuando pesan y se pronuncian muchas veces, y pueden denominar ciertas estaciones, resultan huecas y vacías. Sí, la distancia a resultado hueca y es ahora como un vacío, una trinchera en la que calo e intento esconderme de la realidad. En esta estación la realidad se ha convertido en una palabra muy útil en sí misma, tal vez útil contra mí.

Es tan inútil la distancia contra la realidad que ni lo hueco de aquella logra esconderme de lo útil de esta.

Realidad denomina hoy mis batallas perdidas. No sé por qué alguien como yo sigue preocupándose de lo que una palabra trae consigo. Si tú le has encontrado lógica a esa preocupación por la redondez de la M, tal vez podrías explicármelo. Puedo decirte que me preocupa la realidad porque aun me castiga, eso, lo que trae consigo, lo que denomina hoy, lo que es en sí misma y logra inutilizar a la distancia.

“Batallas perdidas”, como la que libramos el pasado 15 de febrero y aun me enfada. Te comento que Manuel Rosales, dirigente político opositor y representante del partido Un Nuevo Tiempo, declaró ante los medios que “el triunfo de Chávez fue sin méritos y sin brillo”. Me pareció una declaración interesante y quise aplicarla a mis batallas perdidas. Tal vez él logró debilitar su enfado ante la realidad, pensando en esto quise hacerla parte de mi sistema pero, Febe, creo que cuando una palabra se hace tan pesada la única forma de vencerla y fortalecer el sistema de creencia es olvidándola.

No hay victorias sin méritos y sin brillo, el señor Rosales debería saberlo, por lo tanto si la realidad representa para mí batallas perdidas y victorias para ella no tengo méritos y brillo. Febe, lo mismo es la distancia. En un vacío no entran los méritos y no encuentras brillo, y lo que es peor: nunca dejas de caer. Es un descenso continuo y violento, tan violento que ni sientes el avance. A veces, causa risa la ironía de las palabras. Se avanza mientras caminas en la distancia, pero se avanza en retroceso, pues es una caída. ¿Puede llamarse a eso avance?

En este punto, estoy a un paso de tirar esta carta al cesto de la basura, o debo decir: enviarla a la papelera de reciclaje. Es parte del descenso, uno se niega a esos actos con los que se pretende ascender y olvidar el vacío. Ese icono en el escritorio guarda algunos de mis intentos en estos días. Allí he depositado unas treinta cartas, tal vez más, y ésta debe ser la número siete u ocho que te escribo a ti, pero será mejor olvidar los antiguos intentos y decir que es la primera carta que te escribo.

Olvido, esa podría ser la palabra que denomine los próximos días, la próxima estación. ¡Será esa palabra lo suficientemente pesada y útil como para luchar contra la realidad y librar nuevas batallas? ¿Será oportunamente vacía y hueca como para flotar en ella y ascender sobre la distancia?

Espero que olvido sirva para desconocer la posibilidad de que la realidad sea útil en sí misma, e incluso la divorcie del tiempo negándole espacio aun en él, espero que olvido ridiculice los baches de la distancia, que invite a nuevos espacios, posibilidades, experiencias, que reconcilie esfuerzos, intentos y habilite nuevas realidades.

Febe, por ahora lo dejo todo con “en primer lugar” y espero sepas disculpar la distancia de estos días, pero nuestros proyectos continúan, pues ellos no fueron factores que integraran la estación pasada, ellos no caben en olvido.

martes, 17 de febrero de 2009

NO FALTES A LA CITA... (UN LLAMADO A LA CONCIENCIA POLITICA DEL CRISTIANO EN VENEZUELA)

La historia insiste en detenerse sobre Venezuela y la autodenominada “iglesia organizada” de este país insiste en mantenerse al margen.

Tal vez noten algunos espacios vacíos entre líneas, disculpen pero es que escribo enfadado y no puedo esperar hasta mañana, ya han pasado dos días y mi enfado aumenta.

Estoy conciente de que mi apellido no es Mora o Puertas, o alguno de esos apellidos que con pretensión tonta presumen militantes y representantes de organizaciones y congregaciones numerosas, amantes de la comodidad y el prestigio.

El pasado 15 de febrero se llevó a cabo en mi país, Venezuela, un referéndum cuyo objetivo único era lograr la postulación del Señor Hugo R. Chávez F, actual presidente de la nación, como candidato “indefinido”. Tal afirmación no es el resultado de mi análisis sobre la consulta hecha al pueblo, el “mismísimo” Rodrigo Cabezas, miembro de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela en una entrevista hecha ante las cámaras de Venevisión a horas del medio día el pasado 16 de febrero declaró que ellos abiertamente afirmaron durante la campaña por el Sí que “el referéndum al cual se convocó al pueblo no ponía en juego el futuro del país”, y agregó que ellos lograron el objetivo trazado: asegurar la postulación del presidente para el próximo período. En este punto cabe destacar que este fue el segundo intento por parte del presidente de la república para conseguir tal propósito. De esta forma Chávez pretende seguir disfrazando su dictadura, que va en proceso de consolidarse, como una nueva y mejorada democracia, evitando así bloqueos internacionales, desprestigio ante los dirigentes aliados que comulgan, aparentemente, con la democracia, la expulsión de organismos internacionales que forman parte de su ambición y radio de acción, entre otras cosas. Y por favor, que ningún oficialista en este punto venga a decirme que no se puede hablar de dictadura cuando durante un período de diez años se ha convocado al pueblo a 15 procesos electorales y de referéndum, y que la enmienda aprobada le permitirá al pueblo seguir ejerciendo su soberanía porque ahora “no será el tiempo quien decida cuando un presidente deba irse sino el pueblo” (¡basura!). Julio Borges, dirigente representante de Primero Justicia razonó frente a las cámaras de Televen el día viernes 13 de febrero del presente año que aprobándose la enmienda Chávez conseguirá perpetuarse en el poder pues “qué partido opositor puede luchar en campaña electoral contra los recursos de PDVSA”. Borges fue elegante al declararlo de esta forma, pues no solo se trata de los recursos que tiene el actual presidente a su disposición para su próxima campaña electoral sino que además hay que mencionar lo que es tan obvio y claro en este país: que tanto los trabajadores de PDVSA como del sector público son amenazados con ser expulsados de sus cargos si se oponen contra el proceso socialista, así que desde allí comencemos a contar los votos obligados a favor de la nueva democracia para los comicios del 2012.

El Señor Rodrigo Cabezas, al igual que los lambe botas representantes nacionales del oficialismo en todas sus expresiones, han querido disfrazar la realidad. ¿Qué no se jugó el futuro de Venezuela?

Ya lo he dicho, nuestro presidente ha logrado un avance más a su favor para despejar la vía hacia la perpetuidad (aun cuando en su discurso desde el Balcón del Pueblo quiso desviar nuestra atención con su retórica ridícula gritando a todo pulmón y con cara de diablo: ¡Perpetua es la patria, perpetuo es el ser de la patria, y el ser de la patria es el socialismo del siglo 21!). Y con su logro nosotros nos ganamos la “bendición” de que él continúe clavándonos su tesis socialista con la que, mientras se jacta de instaurar un nuevo modelo inédito que sirve de modelo para los pueblos latinoamericanos, la calidad de vida del venezolano, opositor u oficialista, desmejora en la misma proporción en la que él y sus ministros se enriquecen y amplían sus poderes.

Ahora bien, si todo esto fuera poco para que la “iglesia organizada” decidiera actuar en medio de este rollo histórico y despierte su “conciencia política” nuestro presidente (autoridad impuesta por Dios, el ungido de Jehová para nuestra nación, la encarnación de los propósitos divinos para este tiempo en relación a Venezuela, en quien se da el cumplimiento de los designios divinos previamente profetizados por grandes apellidos como Botello, Rasqui, etc) insiste en deformar la imagen de Cristo ante la sociedad, pretendiendo hacer de su “Cristo Redentor” (a quien menciona al mismo tiempo en que muestra un crucifijo en su mano) una especia de plastilina que moldea de acuerdo a su discurso. Así ha vendido la idea de que su Cristo Redentor fue el primer socialista, idea que se vende como pan caliente entre las veredas de los cristianos de congregaciones. De esta forma enmarca las intenciones, actos y palabras de Cristo dentro del modelo político que promueve y que, reitera en cada cadena nacional, sus bases están en la bendita revolución cubana. Y ha gritado en muchas ocasiones a todo pulmón que donde su Cristo Redentor falló él alcanzará la victoria. Recurre a pasajes bíblicos para sustentar su tesis y hasta desacredita los esfuerzos de la oposición venezolana afirmando que su Cristo Redentor les negaría la entrada a su reino a estos opositores “burgueses”, “riquillos de cuna”, pues en el reino de su Cristo no hay lugar para los ricos. Y estas palabras son aceptadas como verdaderas por el pueblo, y lo más triste: por el pueblo cristiano.

Si bien mi enfado es provocado por el descaro del presidente de esta nación y su novedoso socialismo del siglo 21, debo admitir que aumenta exageradamente al ver la “no actuación” de las diferentes organizaciones (que merecen un post completo dirigido al análisis de sus posiciones) que en mi país dicen representar al pueblo cristiano (¡A mi no me representan estos amantes de la comodidad). La posición de estos amantes del prestigio y la comodidad se escuda detrás del “no traer la abominación desoladora al altar”. (Quisiera que alguien me explique esto y qué tiene que ver con actuar patrióticamente). Los líderes de estas organizaciones y representantes de iglesias numerosas afiliadas a las mismas no actúan porque no quieren ser catalogados como “políticos”, éstos promueven desde el púlpito (y no especulo, he estado en los servicios de un gran número de congregaciones durante estos dos meses y el discurso ante el tema es el mismo) que el creyente es “cristiano” no “político”. Yo me pregunto ¿el creyente no es afectado por la política? ¿El amor de Dios que “inunda” nuestro corazón no nos permite amar a nuestra nación y a nuestros hijos y luchar por un mejor futuro social y político para ellos? ¿Nacemos de nuevo y somos despojados literalmente de nuestra nacionalidad y encerrados en una esfera intocable por el acontecer político que afecta a la nación donde hemos nacido “dos veces”?

Millones de laicos reciben el mensaje de no ir en contra del gobierno nacional porque es la autoridad puesta por Dios para nuestra nación, ¿Esa es la educación política más profunda que se puede y debe impartir en los templos?

Yo creo que la historia esta reclamando que la conciencia política del cristiano en Venezuela despierte, por mi parte, y la de un grupo de personas que conozco y que desde anoche venimos hablando e ideando alguna forma de proyectar nuestras ideas, no pienso ni pensamos evadir más el tema, ni callar ante los “líderes religiosos” que nos rodean, la historia nos ha dejado una nueva cita, tenemos cuatro años para no seguir al margen y ser recordados como cristianos patriotas nacidos dos veces en Venezuela.

(Continua…)

jueves, 12 de febrero de 2009

ALUCINANDO...

¿Sabes, Beatriz? En estos días he estado viendo de nueva esas películas que siempre me han gustado. Lo hago para distraerme un poco. Hace algunas horas vi “A Beautiful Mind” y me he puesto a pensar una cosa. (Espera un momento, me sirvo una taza de café y te cuento…)

Bien, me estoy imaginando que despierto una mañana en mi habitación y hay un hombre sentado frente a mí, con sus piernas cruzadas, una grabadora en su mano derecha, usa lentes y aspecto de medio siglo. De súbito me altero e intento levantarme pero me doy cuenta de que mis brazos y pies están atados a la cama y me siento muy débil. El hombre frente a mí trata de explicarme lo que entiendo como que estoy en un manicomio, descubro que estoy atado porque en las últimas semanas en estado inconciente he mostrado un comportamiento suicida, que mi debilidad es producto del medicamento con el que me han estado sedando.

¿Puedes imaginarlo? ¡Esa! ¡Tu reacción! Creo que sería la mía. Muy levemente sonreiría, tal vez por cinco segundos, más bien sería una media sonrisa mientras mis ojos recorren el lugar con la velocidad con la que un relámpago resplandece en la noche oscura. Sonreiría por la incomprensión de lo que creo estar viendo y escuchando. Trataría de razonar pensando que es una de esos sueños en los que sabes que estas soñando y quieres despertar pero no puedes. Anoche tuve uno de esos sueños, me levanté de la cama, quería leer pero mis ojos eran inútiles, miré hacia atrás y allí estaba mi cuerpo en la cama, desperté aterrado, Beatriz. ¿Has tenido un sueño así? Me doy cuenta que no estoy soñando (vuelvo a lo que estoy imaginando) y pienso “no puede ser”. Mis ojos muestran mi total desesperación y no puedo controlar mis emociones, lucho contra los amarres ignorando el esfuerzo del médico por hacerme comprender mi estado con sus palabras.

Entre los millones de pensamientos que atraviesan mi mente creo que posiblemente me han secuestrado, ¡o espera!, tal vez alguien me está jugando una broma. Sí, en cualquier momento un grupo de amigos entrará riendo a carcajadas y todo volverá a la normalidad. Me detengo a imaginar en quiénes podrían ser. El medico continúa hablando pero lo estoy ignorando mientras pienso en esto. Es inútil, no tengo amigos que podrían hacerlo, me sorprendo al darme cuenta que en los últimos dos años he estado lejos de las pocas personas que puedo considerar amigos. (La próxima taza de café que tome le agregaré un poco más de azúcar, es que últimamente estoy tomando mucho café y muy fuerte, creo que me altera un poco, o como decimos por acá “me pone eléctrico” y tiene que ver con mi insomnio de estas noches, ¿No te afecta el sueño el café?)

Continuemos. Hago un gran esfuerzo por guardar la compostura, le pido al extraño que me suelte, él le ordena a dos enfermeros (o eso parecen) que suelten los amarres luego de hacerme prometer que no intentaré ningún acto violento y advirtiéndome que de lo contrario los enfermeros procederían a inyectarme un sedante. (Déjame servirme otro cafecito, de todas maneras no tengo sueño, qué más da).

Me siento en una orilla de la cama y me llevo las manos a la cabeza, no siento cabello, pero eso en este momento es lo que menos me importa. El médico me explica que desde mi niñez tiendo a crear alucinaciones que sustituyo por la realidad. Mi primera alucinación, según él, fue una niña a quien llamé Rebeca. Tan pronto el medico menciona el nombre reacciono, “ella es real”, pienso. Y los recuerdos inundan mi mente, era la niña que por las tardes iba a casa, reíamos juntos, a veces ella paseaba en su bicicleta en la placita y yo la veía dar vueltas y vueltas. Mis padres la conocieron, ellos me daban permiso para jugar con ella. El medico se acerca a mí, moviendo su silla, y me obliga a mirarlo a los ojos sospechando mis pensamientos, lo miro perturbado, “Rebeca no es real, tus padres te seguían el juego pensando que era cosa de niños”, me dice con un tono fuerte. “Viviste mudándote, de ciudad en ciudad, a causa del trabajo de tus padres, esto fue aumentando tu necesidad de refugiarte en un mundo estable, pero imaginado”. Continúa diciéndome que a la edad de 20 años las alucinaciones se hicieron más frecuentes y alarmantes, y que en varias oportunidades mis padres quisieron ayudarme, pero yo insistía en cambiar de lugar, y vivir como un solitario. Lo interrumpo y le digo que no es posible, que a mis 20 no estaba solo, que me independicé a los 17, que es cierto que me mudaba de una ciudad a otra y lo hacía solo, pero que a los 20 yo… El médico me interrumpe como si ya hubiere escuchado lo que sigue, ciento de veces. “Nunca estuviste casado”, dice él. Yo quedo en silencio. Miro a mi alrededor y observo, más consciente, no hay ventanas, no hay computador, nada más que una cama sobre la cual estoy sentado, un extraño que dice ser medico sentado en una silla negra con rueditas y dos enfermeros cuyo aspecto les hace parecer fabricados en un gimnasio.

“Tengo dos hijos”, pronuncio estas palabras pausadamente y con mucho miedo, él solo me mira con lástima y no son necesarias las palabras. En mi mente dibujo los rostros de mis dos hijos, “tengo dos hijos”, repito en voz baja como si repitiéndolo pudiera ser verdad, “tengo dos hijos”, repito una, dos, tres, diez, veinte veces. Me levanto de la cama, los dos enfermeros se cuadran para sujetarme, pero se detienen por una seña del médico. Camino hacia el rincón de la habitación y de espalda al médico grito: “Tengo dos hijos”. Él se acerca a mí, coloca sus manos sobre mis hombros, yo estoy llorando porque casi estoy convencido que no es cierto, que lo mejor que he creído tener no es realidad, que los nombres Efraín y Benjamín son inventos míos.

“Esto es un error, no debo estar aquí, usted se ha equivocado de sujeto”. Le digo al médico con total desesperación… “Tengo números de teléfonos, usted debería llamar”. Busco debajo de la cama para ver si encuentro mi celular… “Puedo darle la dirección de las personas que conozco, por favor búsquelas y usted verá que está equivocado”.

“Lo hemos hablado antes, hijo” Me dice. “No son reales esos números, no existen esos nombres, Gusmar, haz un esfuerzo, llevas aquí dos años… Trata de recordar, durante este tiempo has desarrollado un mecanismo de defensa para proteger ese mundo que solo existe en tu mente, bloqueas cualquier recuerdo que te lleve a la realidad…” Entonces una frase cruza mi pensamiento “la pared blanca”. El medico parece leer mi pensamiento y asiente, “la pared blanca” me dice él esta vez. Me explica que así lo ha denominado él, que durante mucho tiempo intenta un juego psicológico en el que en mi mente me dirige a saltar sobre ese muro de recuerdos donde están depositados los más dolorosos, aquellos que me alejaron de la realidad, que causaron mi insatisfacción. Sigo en el rincón, y recuerdo los sueños, “estoy soñando”, pienso. Volteo hacia la cama esperando ver mi cuerpo allí listo para despertar, pero es la maldita realidad, soy un loco.

Pero un momento, miro al medico, le pido que vayamos a su oficina, que me preste su computador y le mostraré que llevo un año publicando mis escritos en un blog, que tengo hasta seguidores, que he hecho verdaderas amistades a través del blog. “Enrique, Keila, Isa…” y sigo mencionando cada uno de los nombres que sencillamente me he inventado. “Beatriz, Ava…” La lista es larga y él espera pacientemente hasta que menciono el último. “Supongo que también quieres que visite sus blogs…” Me dice. Ya mi desesperación es tan fuerte que estoy calmado, y reflexiono, trato, me siento en la cama, miro a los enfermeros, luego cuelgo mi mirada sobre la pared frente a mi, es blanca… Sigo llorando, “mis hijos, son reales”, pienso, y mi mirada se pierde, yo también.

Beatriz, ¿Imaginas que en unos minutos me quede dormido y mañana despierte para descubrir que esto que he imaginado es más bien un recuerdo detrás de la pared? ¿Puedes entender por qué, a veces, prefiero no dormir? Dime Beatriz, ¿ya aprendiste a vencer el insomnio? La noche sigue fría y oscura, creo que haré más café.

miércoles, 11 de febrero de 2009

TARDES SOLEADAS EN CABIMAS.

A continuación les presento un post escrito para participar en el concurso presentado por El Mosquitero:

En Cabimas todas las tardes son soleadas. ¡Ocurren tantas cosas sobre esta tierra!

Salgo a caminar todas las tardes y créanme podría contarles miles de historias. Me siento en un banco frente a una universidad y veo jóvenes llenos de esperanzas y sueños, buscando un mejor porvenir, caminando hacia el futuro, dispuestos a pagar el precio necesario para mejorar sus condiciones. Camino entre las veredas de alguna urbanización y puedo observar a algunos ancianos sentados en el frente de sus casas, intentando vaciar sus nostalgias, llenos de historias que contarían mil veces. Entro a algún restauran y veo mujeres esperando, mujeres que inspirarían al más torpe poeta. Me detengo en alguna plaza y miro a los niños jugando, dueños del mundo, cuyas miradas pueden hacerte sentir pequeño; ellos podrían enseñarte a vivir, he intentado entender sus lecciones más de una vez, solo para descubrir que ya no soy un niño.

Las tardes de esta ciudad son millonarias en historias. Solo necesitas tener los ojos bien abiertos y encontrarás una. Yo he retratado al joven, al anciano, a la mujer y al niño, he pintado las calles, sus logros, desaciertos, fortunas y tristezas.

Hoy, como todas las tardes, salí a caminar, no sé si son cosas mías pero el sol se muestra más inclemente que nunca y no veo alguna nube que se atreva a cubrirlo por un segundo. Me senté aquí, frente a ese lago, después de haber mirado tímidamente sus aguas. No pude sostener la mirada sobre él ni diez segundos y no fue el reflejo del sol que me ha segado, es solo que mi rostro, visto en las aguas, ha golpeado mi alma. Vi mis ojos cansados de buscar lo que un día encontré, y tal vez me siento anciano pues quiero vaciar mis nostalgias.

Me gustaría escribir sobre mí y no sé cómo empezar. Quizá, no soy lo suficientemente anciano como para saber hacerlo, y no camino hacia ningún porvenir porque no soy joven y tampoco pertenezco a esta ciudad de tardes soleadas. Creo que hace algún tiempo olvidé de dónde soy, y no sé cómo vivir; definitivamente, ya no soy un niño. Quisiera serlo, sí un niño, para correr. Si lo fuera, me levantaría ahora mismo de aquí y correría sin detenerme, cruzaría cada vereda sin distraerme con la cara de los ancianos, arrancaría una rosa de cualquier jardín y seguiría corriendo. Me detendría frente a ella, frente a la niña más linda que vi alguna vez, cuyos ojos son mágicos, extendería mi mano y le entregaría la rosa y permitiría, una vez más y esta vez para siempre, que sus ojos embriagaran mi alma.

Allí comenzó mi historia, en sus ojos. No sé cómo ni de dónde, pero estuvo frente a mí. Su magia me hizo creer que yo podría vencer las trampas de mi mente, que solo debía desearlo, y con su hechizo se haría realidad. Fui un niño por un momento, aposté por un porvenir, tuve el valor de ser tonto, por un instante creí haber nacido aquí, en Cabimas.


Pero el tiempo pasó, demostrándome lo que siempre supe, que no fui hecho para estas cosas. Que a veces es mejor sentarse a escribir bajo el sol de la tarde, en algún banco frente a un lago y no atreverse a soñar que se puede ser niño de nuevo y que podrías correr hasta donde una niña de ojos mágicos podría hechizar tu alma con su mirada. Aunque aquí, sentado, recibiendo los últimos rayos del sol por esta tarde, deseo en lo más profundo de mí seguir buscando lo que un día encontré. Ya se aproxima la noche, es hora de volver, pues las noches en Cabimas son muy oscuras y frías.

martes, 10 de febrero de 2009

EL HOMBRE DEL CIGARRILLO.

Me senté en aquel banco con mis vicios. Para entonces era líder de un grupo familiar con un plazo de tres meses para multiplicar mi grupo y cumplir así con la meta que me había impuesto el supervisor de mi zona. Para cumplir con la meta debía alcanzar el número de 24 recién convertidos dispuestos a bautizarse y la capacitación de mi escudero para su ascenso al liderazgo. El primer líder de la zona en alcanzar la meta impuesta sería promovido como supervisor de zona. Y el supervisor cuya zona alcanzara el mayor número de grupos familiares multiplicados sería promovido a su vez a pastor de distrito.

Comenzaba el trimestre y se acercaba el primer día de planificación en el que debía presentar a mi equipo de trabajo el plan que nos permitiría llegar a la meta y ese día también era mi deber hacer el nombramiento de mi escudero, el anfitrión, el tesorero y los dos diáconos. La planificación incluiría actividades espirituales con el equipo de trabajo (ayunos, cadenas de oraciones, evangelismo, etc.)

En aquel tiempo no estaba consciente pero hoy puedo definir mi vicio: “ambición”. Yo deseaba ser promovido solo para alcanzar una posición respetable dentro de mi círculo, no por el servicio que podía prestar desde allí, sino para estar por encima de los líderes. Esto empañó completamente mi visión del evangelio y del evangelismo. Lo primero era para mí una plataforma para desarrollar y demostrar mis habilidades y lo segundo era el mecanismo para mantenerme dentro de esa plataforma. Así, ayuno, oración y mi tarea de discipular eran simples herramientas que me mantenían activo y dentro del círculo. Las almas (además de “piedras en mi corona”) eran los peldaños de la escalera hacia los próximos niveles.

¡Cuán dañinos pueden ser los vicios del alma!

Un hombre se sentó a mi lado. Traía un cigarrillo en su mano. Lo miré solo por un momento porque me fastidió el olor del cigarrillo, su aspecto me decía que tenía entre 40 y 50 años de edad. Notó mi incomodidad por el humo, pidió disculpas y de inmediato se presentó como profesor de la Universidad a unas cuadras de la plaza, me dijo que acostumbraba a sentarse allí unos minutos después de dar algunas cátedras.

- “Es un ritual de cinco años”, dijo sonriendo.

Yo estaba demasiado ocupado pensando en mi plan de trabajo como para desarrollar una conversación con un hombre de tal vez 50 años y además vicioso. Él insistía en conversar y después de señalar que yo era muy joven me preguntó si estudiaba. Le contesté que sí, sin mirarlo, que hacía el segundo semestre de ciencias pedagógicas en la mención de orientación (fui específico para evitar otra pregunta). Guardó silencio unos segundos y luego escuché de sus labios una pregunta que no esperaba de un hombre con un cigarrillo en la mano:

- “¿Sabes que el hombre necesita salvación y para ello Dios envió a su Hijo Jesucristo?”.

No respondí a su pregunta, de hecho, me levanté de inmediato y solo le dije: “discúlpeme pero tengo muchas cosas por hacer”. Seguí mi camino pensando en “qué clase de cristiano era ese que pretendía evangelizarme con un vicio en su manos”.

Hoy puedo responder que sin duda alguna era una clase de cristiano mucho mejor de lo que yo era. Hoy prefiero morir de cáncer en los pulmones y no tener el alma empañada por aquel vicio. Y creo que otros preferirían ser fastidiados con el humo de un cigarrillo y no recibir la formación que, influenciado por mis vicios, podía ofrecerles.

sábado, 7 de febrero de 2009

CARTA ABIERTA A MI AMIGA GLENDIS...

Soy aquel que una vez fue el muchacho que conociste. ¿Te acuerdas?

El que pensó podía ser el rey del mundo. Cuyas decisiones no pesó jamás en la balanza de la razón y siempre avanzó confiando en las fuerzas que creyó tener.

Llevaba sobre mis hombros las cargas que no debía llevar. ¿Recuerdas que no podía estar tranquilo en un solo lugar? Yo ya no sonrío al recordarlo.

Estaba lleno de proyectos y vacío de vida.

Pretendía volar hasta el nivel más alto, como si esto fuera fundamental. Rodeado siempre de gente pero desnudo de compañía. Viviendo la vida como si ésta fuera corta, como si fuera solo un impulso.

Seguro me recuerdas corriendo en todo momento, sin ánimo de detenerme a mirar los ojos, sin tiempo de escuchar el alma. Descansando en constantes compromisos, empeñado en convertir la noche en día. Queriendo ser amo del tiempo. Huyéndole a la quietud, bailando con la distracción

¿Recuerdas que perseguía estrellas fugaces cuando solo debía contemplarlas? Creí que podía vivir a base de fórmulas.

Me escondía del silencio y temblaba ante la soledad. Claro, era un secreto; yo no hablaba de mis debilidades, podía perder la competencia. ¡Guardé tantos secretos! Se hacen pesados con el tiempo, y a veces tienes que aprender a soltarlos y otras veces la misma vida te obliga a soltarlos, o más bien a vomitarlos. Es horrible el sabor que queda de ellos, pero el tiempo también lo va borrando.

¡Y pensar que le tuve miedo! Sí, le temía al tiempo, y hoy sonrío con él. Me ha enseñado buenos juegos. Que irónico, antes no tenía tiempo para los juegos y hoy me empeño en ser de nuevo un niño.

Hoy soy tan diferente, y no digo que mejor o peor, tampoco sé a ciencia cierta si es bueno o malo no ser el mismo, tal vez mañana pueda saberlo. Ahora me conformo con ver las estrellas fugaces pasar, entendí una noche que ellas no existen para ser perseguidas. Creerás que ahora soy un tonto, pero a veces, cierro mis ojos y pido un deseo. Un día te hablaré de mis deseos, tal vez nos reiremos juntos. Sí, ahora suelo reír, es decir, reír de verdad.

Ya no vivo tan deprisa, me cansé de correr. Y cuando solo caminas te das cuenta que hay muchas cosas que solo puedes disfrutar caminando, como la compañía de verdaderos amigos, la brisa de la mañana en estos días de extraño invierno, como la sombra de un árbol bajo el sol de mediodía, como la sonrisa de un niño que sin conocerte te la regala.

Ahora me sobra el día, puedo tomar un café a las seis de la mañana, puedo sentarme a desayunar en cualquier kiosco cuando así lo quiero, y escuchar a un anciano hablar sus nostalgias mientras lee el diario. Ahora hasta me alcanza para cazar historias, y la noche es noche, me alcanza para mirar la luna…

Hay tantas cosas que pudiera decirte, por ahora creo que esto es suficiente. Solo fue un asalto de nostalgias, pues ahora el tiempo me alcanza para sentirlas… Seguro un día de estos nos vemos… Solo quería advertirte que ya no pretendo ser el rey del mundo…

viernes, 30 de enero de 2009

VIDA ERES TU.

Esto lo escribí pensando en una madre, hoy lo dedico a todas aquellas madres que visitan este sitio.

La vida, es tanto lo que puedo decir de ella, y no es que he vivido demasiado pero si suficiente.

He vivido a través de tus ojos, veo en ellos la grandeza del mar, ese coraje con el levanta sus olas pretendiendo alcanzar a la luna. Veo en ellos la claridad de un cielo azul que esconde secretos, que invita a la libertad y llena de esperanzas. Veo las nostalgias de la noche, donde una brisa suave acaricia el alma y susurra historias, que solo tus ojos pueden contarme.

He vivido a través de tus manos, cuyos toques sanan las heridas de mi alma, manos que extiendes y restauran, que construyen, a veces cansadas, pero siempre construyen.

He visto la vida en tu alma, que me hace creer que hay un Dios, y he llegado a pensar que eres una de sus manifestaciones, un ángel dirían algunos, una deidad diría yo.

He visto la vida en tus pies, pues he vivido por tus andares. Tus pies han abierto caminos, y hoy transito por ellos. Intento seguir tu rastro, creyendo que un día podré alcanzarte.

He visto la vida en tu corazón, y en él, montañas que señalan la cercanía de la distancia, lo veo y pienso que todo es posible.

He vivido a través de tus labios, tu voz disipa el temor de vivir. Haces huir mi incertidumbre, puedo seguir siendo un niño cuando escucho tu voz… Y la vida se hace simple, porque me guías, camino confiado en la melodía de tu voz.

He vivido a través de tus brazos, siempre abiertos para mí. En ellos encuentro un refugio cuando el frío amenaza con congelar mi corazón. Puedo correr hasta ti y esconderme en tu amor, y alimentas mi fe cuando creo que todo está perdido.

He visto que la vida es un constante comienzo, conviertes mis fracasos en experiencias, y puedo resurgir. Tus brazos tienen ese poder, puedo crecer sin temor a perderme.

He visto la vida en tu sonrisa, faro de luz en las tempestades de mis emociones. Cuando el manto gris empaña mi alma, verte sonreír es vivir, y como una llama inminente enciendes mi alegría y sigo viviendo.

Puedo decir de la vida que hay recuerdos que son tesoros, sí, la vida es una isla llena de tesoros. Mis tesoros están ligados a ti.

La vida es una suerte… Mi suerte eres tú…

La vida, es tanto lo que puedo decir de ella, y no es que he vivido demasiado pero si suficiente. Y es que hoy puedo decirlo en tres palabras: Vida eres Tú.

miércoles, 28 de enero de 2009

NO SÉ SI PUEDAS CREERME...

Dedicado a una amiga cuyo nombre hoy no es necesario mencionar, perdón por el retraso…

No sé si puedas creerme pero anoche lloré tus lágrimas. Es que me aterra tu soledad que ha sido mía. Aunque sé que la necesitas, me duele tu necesidad, no la quiero para ti… Daría lo que sea para que se quedara contigo.

No sé si puedas creerme pero anoche odié la distancia, la misma que ha sido mi abrigo, no me importa morir de frío, quiero estar a tu lado, si has de morir que sea mi destino también, quién sabe, tal vez junto a ti podría renacer.

Quise tener alas, es cierto, le temo a las alturas, es que aun me duelen muchas caídas. Solo quiero poder volar para regalarte mis alas, desde aquí vigilaría tu vuelo, seguiría tu sombra, no te dejaría caer y al fin mis brazos serían útiles.

Deseé tener un mundo, no porque lo quiera, sino para compartirlo contigo, quizá solo pueda darte este no-mundo, pero perdona amiga, no es un espacio agradable y siento que ya lo compartimos. Si fuera útil el egoísmo, si al menos aquí fuera eficaz, te sacaría de este espacio, pero es un no-mundo-no-mío y también un no-mundo-no-tuyo… De nada sirve el egoísmo.

No sé si puedas creerme pero quisiera regalarte otro pasado, para que desearas un futuro distinto viviendo un presente que no sea éste… Pero el pasado que conozco es el mismo que te ha traído aquí, desearías el mismo futuro y para qué hablar del presente… Somos el mismo punto de la imagen que ninguno a querido dibujar.

Me gustaría encontrar un camino para verte andar, sé que no me dejarías solo mirarte, y si lo hicieras (no sé si puedas creerme) sería suficiente.

Hoy quisiera inventar una sonrisa, para verte sonreír. Respirar otro aire para regalarte mi aliento.

No sé si pudieras creerme pero “ay” si creerme sirviera de algo…

sábado, 24 de enero de 2009

EL HOMBRE DEL SUR.

Dedicado a mí amigo Enrique Crespo y su novia Abigail, brother, pronto nos vemos en el sur.

El sur tenía un nombre muy sencillo, era un espacio simple por lo tanto ofrecía una vida simple. Un lugar corriente, muy tranquilo para uno con espíritu “rebelde”.Esperó el momento oportuno, la excusa oportuna y partió… Directo al norte, sin pensar mucho en lo que dejaba detrás, es un equipaje muy pesado para un viaje tan largo.

Muchas veces cuando viajamos creemos llevar lo necesario, solo nos damos cuenta de ese error al buscar en el norte lo que solo existe en el sur. Entonces descubrimos que hay viajes que nunca debemos hacer. Pero si ya hemos partido no nos queda otra opción que la de sacar lo mejor del lugar donde estamos… Eso creemos, pero… ¿por qué no pensar en el regreso? Es parte de la maldición del norte, el orgullo de mantener la posición obstinada de encontrar el porvenir donde no es nuestro lugar.

Lo conocí en el norte, él en su cuadra y yo en la mía. El destino y sus trampas nos hicieron tropezar.

Hay trampas de las que no podemos escapar cuando pertenecemos al sur, hay lecciones que no podemos evadir aun cuando podemos no aceptar. Hoy he pensado mucho en ello, he recordado a aquel hombre del sur y he envidiado su valor, pues se necesita valor para aceptar las lecciones y volver al sur. Nunca nadie lo había hecho.

Al llegar al norte sintió haber alcanzado su primer logro, el norte es un lugar de independencia y eso es un logro que solo alcanzan los fuertes, eso creía yo. Aquí se confunde la libertad con la independencia, se confunden los valores, es decir, insistimos en devaluar lo que en verdad importa y así, poco a poco la brisa del norte va incrustando su polvillo en el corazón hasta revestirlo y hacerlo de piedra. Cuando el corazón se hace de piedra nos creemos superiores al ver las emociones enmudecidas.

Algunas noches la brisa del sur se cuela por las ventanas y acaricia el alma, entonces miramos la luna y ella nos habla con su reflejo. Esas noches recordamos aquel lugar a donde pertenecemos, pero ya no parece simple, vemos las aguas de los lagos donde reposa la luz de sol y al verlas podemos ver también nuestro rostro reflejado en ellas y es como si el sol brillara desde nuestra alma. Miramos los cerros que bordean el sur, y es asombrosa la pretensión de tocar el cielo.

Extraño el sur, hoy más que nunca lo extraño. Ese lugar donde las mujeres saben amar e incluso saben esperar a quien se ha ido dejando como única prenda una promesa, mujeres cuyas caricias pueden sanar las heridas más profundas del hombre y donde el hombre solo puede vivir para ellas, pues ellas lo son todo. Extraño esa tierra donde ves a los niños jugar y puedes ser uno de ellos. Hoy deseo ser un niño, para jugar libre, aun libre de la independencia. Tal vez sentiste eso aquella noche, amigo mío, tal vez por eso volviste, para ser de nuevo un niño. Es que aquí, lejos del sur, puedes ser todo lo que quieras pero nunca un niño. Aquí las sonrisas son maquillajes.

Él se cansó de las mentiras, de vivir amarrado a horarios absurdos, de no ser él mismo, se cansó de extrañar lo que podía tener, de desear tener al lado a su gran amor cuando aquel deseo una vez fue concedido, mucho antes de ser un deseo. Llega un momento en el que es ridículo estar lejos de lo cercano, si lo has sentido entonces eres del sur. Te das cuenta de que solo te separa una decisión y te preguntas cómo es que una palabra tan sencilla puede ocasionar una batalla tan difícil de ganar. Hoy me lo he preguntado.

Él se cansó de los ruidos del norte, esos que no te permiten escuchar tu alma, que te impiden soñar, es irónico, un sueño te lleva al norte y ese mismo sueño te roba la capacidad de soñar.

Pero él regresó, una noche la brisa del sur acarició su corazón y le pareció escondía la voz de aquella mujer, recordó su promesa de volver y así quiso acercarse a la brisa que jugaba con sus andares. Aquella noche, desde mi cuadra, lo vi partir y aquí estoy debajo de este árbol donde él se detuvo justo antes de que desapareciera ante mi vista y me pregunto qué hago aquí tan lejos del sur, este no es mi lugar.

Si debo sacar lo mejor de tu visita al norte diré que mostraste el camino al sur, si debo sacar lo mejor de mi visita escribiré entonces en este árbol que en la vida lo que vale es el amor, tan simple como eso, así es el sur.

jueves, 22 de enero de 2009

LAS BABAS DE LA IGLESIA...

Imagino la cara del señor Cortázar de haber estado aquel domingo entre las doscientas personas frente al escenario. Creo, que sin esperar a que el servicio culminara se habría levantado de su asiento y se le vería salir del local con una sonrisa tonta. Fuera del local cruzaría la calle parándose justo frente a la fachada del local y al leer: Iglesia Evangélica Pentecostal Y Misionera Bethania, encendería un cigarrillo a la espera de un taxi.

Cortázar estaría ansioso por llegar a su habitación y sentarse detrás de la maquina de escribir para volar mientras se fuma otro cigarrillo sonriendo aun. Imagino que antes de tomar su taxi con el cigarrillo sujeto por sus labios revisaría con ambas manos sus bolsillos para encontrar su libreta, tomaría el bolígrafo y apuntaría: argumento: la unción.

No creo que Cortázar intentaría hablar con el niño predicador, yo lo haría. Esperaría afuera cuando todos los hermanos se saludan y de alguna forma llegaría hasta el niño. Lo invitaría a comerse un helado, frente a las iglesias, en aquel tiempo, se estacionaban heladeros así que lo llevaría hasta la acera y allí compartiendo un helado iniciaría mi entrevista a manera de una improvisada conversación; afortunadamente no tuve que hacerlo.

De lo que sí estoy seguro es de dos cosas: Julio Cortázar habría escrito una gran historia basada en aquel domingo y la lectura de su manuscrito sería prohibida para los creyentes por parte de las autoridades religiosas.

No puedo escribir una gran historia al estilo de ese gran escritor, apenas si puedo entender La Rayuela, pero aquí les relato lo sucedido aquel domingo.

Yo tenía nueve años de edad y por ser hijo de pastores de la organización, y otros detalles que en este relato no son importantes, fui invitado a enseñar en la iglesia Bethania (me da pereza escribir todo el nombre completo, ya lo mencioné arriba). Aquella sería mi segunda experiencia detrás de un pulpito, muy prematura tomando en cuenta que solo tenía nueve años y que mi primera experiencia había sido tres días antes en la iglesia que mi padre pastoreaba, donde crecí y me eran muy familiares tanto los servicios como las caras de las setenta personas que para entonces formaban parte de la membresía. Para aquel entonces se consideraba una iglesia numerosa dentro de la organización a aquella cuya membresía constaba de cien creyentes, yo nunca había sabido de una que pudiera tener doscientos miembros y menos podía imaginar que estaría en una de ellas enseñando.

Los tres días transcurrieron muy rápido (la misma noche que prediqué en la iglesia pastoreada por mi padre fui invitado a Bethania pues el pastor accidentalmente visitaba nuestra congregación). Repasé el sermón todos esos días, me paré frente al espejo una y otra vez imaginando que estaba frente a la congregación tal como mi padre me había enseñado. Había hecho mi bosquejo ajustado a mi escaso pero suficiente conocimiento de la homilética. Y llegó el domingo.

Fue uno de los domingos de Junio de 1990. Llegué a Bethania tomado de la mano de mi padre, vestido como un “pastorcito” (de corbata y saco). Me asombré al ver la estructura del local y la cantidad de personas. Nos recibió la superintendente de Escuela Dominical, nos dirigió hasta los primeros asientos. Pronto empezó el servicio y con cada minuto que transcurría sentía que el corazón me iba a explotar, el estomago se me torcía, sentía la sangre corriendo por mis venas como a mil kilómetros por hora y las manos me sudaban, pensé que producto del sudor de mis manos aquel lugar podría inundarse en cualquier momento. Llegó el momento en el que la superintendente me presentó ante la congregación como el predicador de la mañana, pasé, tomé el micrófono de manos de la presentadora, saludé a la congregación con el acostumbrado “Dios les bendiga” y justo en ese momento mi mente se nubló. No recordaba ni mi nombre. Comencé a llorar, creo que lloré por diez minutos, solo lagrimas, nada de llantos ni gritos, ni siquiera palabras, eran torrentes de agua saliendo por mis ojos. En algún punto de esos diez minutos la superintendente tomó un micrófono y ordenó a los presente ponerse en pie y adorar a Dios porque ella sentía la unción sobre el escenario y que por eso yo estaba llorando, que levantaran las manos para que la unción reposara sobre ellos también.

Yo solo era un niño de nueve años llorando por nerviosismo.

Hace meses, después de mucho tiempo visité un local cristiano invitado por un amigo que asiste allí y me pidió que asistiera porque había una actividad especial, antes de entrar vi en la fachada el nombre: Iglesia Cristiana Getsemaní. Entré, el lugar estaba repleto de gente. Hoy día esos lugares son más amplío y los miembros parecen reproducirse por minutos. El ministro que dirigía el servicio invitó a una joven para que entonara un cántico de adoración. Ella pasó, tendría unos 19 años o tal vez 21. Entonaba el cántico y comenzó a llorar, lloraba mientras cantaba. El ministro ordenó a la congregación estar en pie y levantar las manos para que recibieran una “doble unción” del espíritu. Yo salí del local con una sonrisa tonta. No encendí un cigarro ni esperé un taxi. En cambio esperé a que el servicio culminara.

Las cosas no han cambiado mucho en esos lugares, la chica lloraba porque en el escenario recordó la escena de esa tarde, minutos antes de salir al servicio, en la que sus padres le notificaron que habían decidido divorciarse.

¡Si Cortázar hubiera estado allí!...

martes, 20 de enero de 2009

DE LA ARROGANCIA, LA IGNORANCIA Y OTROS DEMONIOS.

- ¿Recuerdas a Roberto A? - Me preguntó Lucy mientras almorzábamos seis meses después de aquel reencuentro.

Yo sonreí mientras recordaba los años en los que me congregué en la iglesia “El Buen Pastor”, donde nos conocimos hace trece años atrás.

Roberto A. era un señor de cuarenta años que visitaba el Estado Zulia eventualmente para predicar campañas evangelísticas. Aseguraba haber recibido el llamado de evangelista lo que, según él, lo capacitaba con dones sobrenaturales y casi exclusivos. Se autoproclamaba como un siervo escogido por Dios con la autoridad de sanar enfermos como nadie podría hacerlo. Apenas subía a las tarimas y se ubicaba detrás de un pulpito reflejaba un aire de superioridad; sus espectadores éramos pobres desgraciados, algunos pecadores infelices y otros cristianitos ignorantes. Decía no estar seguro de cual de las dos condiciones era peor, pero la buena noticia era que sus visitas, producto de la misericordia divina, traían salvación a los pecadores infelices y conocimiento a los cristianitos ignorantes. Así que luego de sus mensajes, quienes deseábamos lo uno o lo otro debíamos pasar frente a la tarima y allí recibiríamos lo deseado gracias al toque de sus manos, previamente ungidas con aceite.

- ¡Cómo olvidar al ungido de Jehová! – Respondí sonriendo aun.

Ella sonrió levemente, y con toda seriedad me dijo:

- Estuvo por aquí hace un par de semana, esta vez se le pasó la mano…- Y entonces me relató lo siguiente:

Hace un par de meses, Javier, el hijo de una señora, miembro de la iglesia a donde Lucy asiste, quedó en coma producto de un accidente automovilístico. La noche en la que Roberto A. visitó la congregación habló de milagros y de cómo en sus “giras evangelísticas” los enfermos sanaban. Tan pronto culminó el mensaje la señora pasó frente a la tarima rogándole a Roberto A que orara por su hijo, que le hiciera el milagro. El evangelista untó sus manos con aceite y las colocó en la cabeza de la señora declarando sanidad sobre su hijo. Cuando terminó la oración le exigió a la señora que lo mirara a los ojos y le dijo: “tu hijo sanará en tres días, no lo digo yo, lo dice Dios a través de mí. Cree en lo que Dios está diciendo, tu hijo se levantará, dale gracias a Dios hoy por el milagro”. La mujer explotó en llanto agradecida, la congregación aplaudió al evangelista. Una semana después Javier murió.

- La familia está destrozada, confundida. Piensan que Dios mintió, se preguntan por qué Dios hizo eso, por qué jugó con sus esperanzas.- Me dijo Lucy con dolor. Y sin ocultar su ira agregó:

- Tú y yo sabemos bien lo que sucedió. Y sabemos que difícilmente ellos lo entenderán. Lo más asombroso es la preocupación del pastor y la directiva de la congregación: están preocupado por la imagen del ministerio delante del pueblo. Y el argumento para mantener el buen nombre del ministerio ante lo ocurrido es que la madre no tuvo suficiente fe.

La indignación y la ira corrieron por mis venas, pensé de nuevo en aquellos años en los que mis creencias dependían de lo que un “ministro” aseguraba… Miré a Lucy y solo le dije:

- Roberto A. tenía razón, quienes asistíamos a sus actividades no éramos más que cristianitos ignorantes.

viernes, 16 de enero de 2009

DEL FANATISMO Y OTROS DEMONIOS...

El servicio de oración avanzaba. Cada cierto tiempo el ministro detrás del pulpito abría sus ojos para asegurarse de que todo transcurría en orden.

De repente escuchó gritos inusuales en sus reuniones y su mirada apuntó directo al sujeto.

- Siga adorando a Dios… No pierda su comunión…- Dijo con solemne voz, luego de hacer señas a dos diáconos para que se acercaran al altar. Les dio instrucciones de dirigirse hacia el sujeto y traerlo hasta él.

Así Guillermo M, un hombre de 1,90 y bigote al estilo Pancho Villas, junto a Carlos J, de menor estatura y de un peso aproximado de 120kg, caminaron directo a la última banca y apenas el sujeto sintió encima las manos de los diáconos se sacudió violentamente para evitar ser atrapado.

Los gritos desesperados del sujeto llamaron la atención de las cuarenta personas reunidas en el local y el clamor se detuvo.

- ¡Es un espíritu de rebeldía!- Exclamó el ministro y al instante dos diáconos más se unieron a la batalla.

Con exagerado esfuerzo el sujeto fue llevado hasta el altar, y allí, treinta minutos después de una gran batalla, en la que el sujeto impedía que el ministro colocara las manos sobre su cabeza, hubo un ganador.

Marco, (el sujeto) un niño de siete años fue vencido por el cansancio y el llanto y se quedó dormido. El ministro sonreía satisfecho por su hazaña. Lo entregó a la madre advirtiéndole que el espíritu solo había sido neutralizado y que para la total liberación debía entregarse a no menos tres días de ayunos y constante oración.

La congregación aplaudió emocionada por la victoria del ministro ante un niño que sencillamente no entendía por qué debía estar un martes en la noche entre un grupo de adultos que gritaban como locos y no jugando con los amiguitos de la cuadra.

Dieciocho años después recuerdo aquella escena y siento escalofríos, me pregunto qué sentirá Marco al recordarlo, qué sentirá cuando pasa frente a un local como aquel, y qué pensará de Dios…

Si un día Marco, lees esto quiero decirte que Dios es diferente a como te lo dibujaron a tus siete años… Tienes que creerme…

martes, 13 de enero de 2009

NO ME HE PERDIDO EN LA SELVA (A QUIEN PUEDA INTERESAR)

Tu sospecha es cierta: No me he perdido en la selva.

Aunque te cuento, quisiera tener el valor para hacerlo. No te asombres… Sé que conoces mis locuras, y sabes, tal vez el origen de ellas… Pero es así. Se necesita valor para perderse. Y si algo no me ha alcanzado hasta ahora es el valor. Pero no pongas esa cara ni sientas algo tan parecido a la lastima. Estoy trabajando en ello: en el valor.

Es que he soñado con que puedo perderme, y el sueño fue tan grato que aun tengo ese sabor en el alma. El sabor de la ausencia de los prejuicios que aun someten mi voluntad, el sabor de la felicidad de entregarse a los presagios que destellan en el alma por solo segundos y que prometen futuros inciertos, seguros pero inciertos. ¿Lo entiendes? Sinceramente espero que no, pues si así fuera entonces tampoco te alcanza el valor.

No es la selva lo que me asusta, ya he estado en ella. Y es cierto que todo puede salir de control y que arriesgas incluso lo que no debes, pero no me asusta la selva, me asusto yo. Puedes empezar a sonreír, aunque por hoy no te hablaré más de “yo”, mejor sigue sonriendo.

Fueron buenos estos días, pudieron ser mejores, pero fueron buenos. Y prometo darte detalles… Te hablaré de mis días en la selva, de mi deseo de volver, tal vez te sorprenda un día de estos y leas que finalmente me perdí en ella. Te hablaré lo que he visto en estos días, de las historias que he cazado, de los ojos que he mirado, incluso de unos que me miraron y aun tocan mi alma… Todo a su tiempo, solo quiero decirte hoy que aquí estoy, que seguiré escribiendo… Que seguiré caminando… Que sigo creyendo que la vida no es corta, y que no pienso seguir perdiendo tiempo… Espero sigas pasando por aquí.