martes, 10 de febrero de 2009

EL HOMBRE DEL CIGARRILLO.

Me senté en aquel banco con mis vicios. Para entonces era líder de un grupo familiar con un plazo de tres meses para multiplicar mi grupo y cumplir así con la meta que me había impuesto el supervisor de mi zona. Para cumplir con la meta debía alcanzar el número de 24 recién convertidos dispuestos a bautizarse y la capacitación de mi escudero para su ascenso al liderazgo. El primer líder de la zona en alcanzar la meta impuesta sería promovido como supervisor de zona. Y el supervisor cuya zona alcanzara el mayor número de grupos familiares multiplicados sería promovido a su vez a pastor de distrito.

Comenzaba el trimestre y se acercaba el primer día de planificación en el que debía presentar a mi equipo de trabajo el plan que nos permitiría llegar a la meta y ese día también era mi deber hacer el nombramiento de mi escudero, el anfitrión, el tesorero y los dos diáconos. La planificación incluiría actividades espirituales con el equipo de trabajo (ayunos, cadenas de oraciones, evangelismo, etc.)

En aquel tiempo no estaba consciente pero hoy puedo definir mi vicio: “ambición”. Yo deseaba ser promovido solo para alcanzar una posición respetable dentro de mi círculo, no por el servicio que podía prestar desde allí, sino para estar por encima de los líderes. Esto empañó completamente mi visión del evangelio y del evangelismo. Lo primero era para mí una plataforma para desarrollar y demostrar mis habilidades y lo segundo era el mecanismo para mantenerme dentro de esa plataforma. Así, ayuno, oración y mi tarea de discipular eran simples herramientas que me mantenían activo y dentro del círculo. Las almas (además de “piedras en mi corona”) eran los peldaños de la escalera hacia los próximos niveles.

¡Cuán dañinos pueden ser los vicios del alma!

Un hombre se sentó a mi lado. Traía un cigarrillo en su mano. Lo miré solo por un momento porque me fastidió el olor del cigarrillo, su aspecto me decía que tenía entre 40 y 50 años de edad. Notó mi incomodidad por el humo, pidió disculpas y de inmediato se presentó como profesor de la Universidad a unas cuadras de la plaza, me dijo que acostumbraba a sentarse allí unos minutos después de dar algunas cátedras.

- “Es un ritual de cinco años”, dijo sonriendo.

Yo estaba demasiado ocupado pensando en mi plan de trabajo como para desarrollar una conversación con un hombre de tal vez 50 años y además vicioso. Él insistía en conversar y después de señalar que yo era muy joven me preguntó si estudiaba. Le contesté que sí, sin mirarlo, que hacía el segundo semestre de ciencias pedagógicas en la mención de orientación (fui específico para evitar otra pregunta). Guardó silencio unos segundos y luego escuché de sus labios una pregunta que no esperaba de un hombre con un cigarrillo en la mano:

- “¿Sabes que el hombre necesita salvación y para ello Dios envió a su Hijo Jesucristo?”.

No respondí a su pregunta, de hecho, me levanté de inmediato y solo le dije: “discúlpeme pero tengo muchas cosas por hacer”. Seguí mi camino pensando en “qué clase de cristiano era ese que pretendía evangelizarme con un vicio en su manos”.

Hoy puedo responder que sin duda alguna era una clase de cristiano mucho mejor de lo que yo era. Hoy prefiero morir de cáncer en los pulmones y no tener el alma empañada por aquel vicio. Y creo que otros preferirían ser fastidiados con el humo de un cigarrillo y no recibir la formación que, influenciado por mis vicios, podía ofrecerles.

8 comentarios:

Orlando Inagas dijo...

Muy interesante relato, Gusmar.
Tambien en un tiempo pase por eso; y es algo que realmente me incomoda. Las personas necesitan ser tratadas como tal, con nombre y apellido, y no como un numero mas.

Es triste que esto sea una realidad en la mayoria de las iglesias, sin embargo, no critico a aquellos que SÍ evangelizan y SÍ trabajan en la obra con las razones correctas.
Es necesario que yo mengüe, pero que El crezca!

Abrazo.

CalidaSirena dijo...

Hoy nos has dejado una buena reflexión... Gracias..
Un beso muy cálido

Isa dijo...

Me encantó este post estimado Gusmar. Muy cierto. Cuántos cristianos se afanan por lograr dentro de la iglesia lo que no han podido lograr en el mundo, ya sea porque no tienen ningún medio para sobresalir o son mediocres en ella.
Conozco a muchos de ellos y son verdaderamente letales y fatales para cualquier congregación.
Saludos.

Gusmar Sosa dijo...

Orlando!Buen amigo, gracias por tu visita, me alegra que estes de nuevo en acción. El descrito es un mal que debemos atacar.
Saludos.

Gusmar Sosa dijo...

Sirena linda, un abrazo.

Gusmar Sosa dijo...

Lo son Isa, yo lo era. Sigamos luchando para concientizar y educar correctamente.

Eduardo dijo...

Hola Gusmar!
Ya había comentado este post en TSN... Muy bueno.
Gracias.
Un abrazo.

Varo dijo...

Estupendo post.

Ese el vicio de que las iglesias cristianas vuelven todo muy lineal.

Por lo regular la mayoría se preocupa por participar en actividades, danza, intitutos, etc, realemtne es importante? no, si esto no va acompañado de enseñanza.

Saludos