sábado, 30 de agosto de 2008

miércoles, 27 de agosto de 2008

HUBO UNA VEZ UN DÌA DE AGOSTO...

Ayer ella y yo decidimos escapar de la realidad que suele distraer al amor. Fue un día especial, todo el universo conspiró a nuestro favor. Desde un amanecer nublado que nos daba la bienvenida a un nuevo día, que dos no olvidaremos.

La vereda del lago fue el escenario.

Disfruté ver la brisa, que nace en el centro de aquel lago, jugando con su cabello, su hermoso cabello. Sus lindos ojos brillaban ante la ausencia que en ocasiones nos a distanciado. Sus labios sonreían y nada podía distraerme.

Volvimos a ser niños que se aman en silencio sentados en una banca sin saber como amarse. Niños que platicaban sus temores que desnudaban la inocencia mientras reían por cosas que nunca comprendieron.

Ayer nos miramos como la primera vez, y ella dijo amarme siempre. Y yo sé que es cierto. En cambio yo lo descubrí mucho después que ella. Yo alejándome para finalmente volver a ella. Y reímos al ver que, mientras yo apostaba mi destino ella siempre lo guardó en su corazón. Y la amé mucho más.

Ayer fuimos adolescentes de nuevo. Vivimos la adolescencia que estuvo ausente y que añoramos alguna vez. La vi llorar mientras me decía cuanto dolió su adolescencia sin mí, cuanto dolió la vida. Y lloré por dentro, porque soy cobarde para llorar frente a ella.
Bajo un árbol, que nos prestó su sombra y donde la tranquilidad que canta un lago, nos dimos aquellos besos que extrañamos en la adolescencia. Y nos aferramos, yo a su cintura y ella a mi cuello. Y reímos, una vez más reímos al notar que ya no somos adolescentes. Pero quisimos creerlo y aquel árbol guardó silencio.

Ayer un batallón de niños nos asaltó, nos rodearon montados en bicicletas, disfrutando de la niñez que aun no se les escapaba. Tal vez algún día uno de ellos será un adolescente bajo la sombra de aquel árbol.

Ayer susurramos promesas, escribimos poesías, inventamos besos. Nos robamos el tiempo, caminamos por una vereda que es nuestra. A donde tantas veces la llevó la tristeza, sola, y a mí la melancolía, solo, cuando escapé de ella. Nunca coincidimos allí, pero el lago que escuchó sus quejas y guardó mis recuerdos, el lago que clamó por nuestro destino, ayer sonrió al reconocer nuestros rostros desde lejos y darse cuenta que ni siquiera un puente pudo evitar nuestra historia. Y desde tu cintura observé aquel puente que hemos cruzado. Y caí de nuevo en tu sonrisa.

Ayer dibujamos sobre nuestro pasado. Nos burlamos de nuestra rutina, hicimos un pacto.

Ayer jugamos a ser personajes de la mitología griega. Jugamos a ser hijos de Poseidón. Nos burlamos de aquella religión que intentó robarle a su padre y que quiso atropellar mis sueños. Y ella presumió haber acabado con mis días de gitano, y yo con seguir siéndolo, pero a su lado. Y coincidimos en dos tesoros.

Ayer dejamos la orilla para un próximo agosto, guardamos secretos para no contarlos, para reír en complicidad, si la vieran reir como la veo yo.

Ayer descubrimos más razones para amarnos, más promesas para cumplir. Ayer escribí solo el inicio de un relato, que es del pasado, que vive en el presente y contaremos en el futuro. Porque en aquellos tiempos donde el cielo aun era gris, cuando la brisa no había nacido y cuando un puente dolía… En aquellos tiempos hubo un día de agosto…

lunes, 25 de agosto de 2008

LA CUMBRE DEL PISGA.

120 años… Podemos decirlo en dos segundos, pero los 120 años de vida de este hombre no podrían resumirse en 24 horas…

“120 años…” Creo que lo escucho murmurar… Sus ojos cansados miran la cumbre delante de él. “Quien lo diría”…

Me pregunto cuántas cumbres han visto sus ancianos ojos. Sus pies también están cansados, es que la caminata ha sido larga en 120 años
.
“Vamos, tranquilos esta será nuestra última cumbre”, susurra mirando sus pies con un tono distante a la alegría.

Sucede, amigos, que ese es el problema. A veces nuestros pies aman las escaladas, odian el reposo, sueñan con la próxima cúspide aun cuando no terminan de alcanzar la presente. El corazón odia aceptar que ha llegado el fin, porque aprendió a alimentar sus latidos con la idea de una próxima aventura. Pero él lo sabe, acabaron las aventuras y ha llorado toda una noche por saberlo y a pedido con todas sus fuerzas un cambio de decisión, pero el veredicto es firme y se mantiene esta mañana. ¡Cómo duelen algunos veredictos! ¡Cómo golpean a veces las decisiones de Dios! En ocasiones parece que se hace ajeno al dolor humano, tan frío y distante.

Aun así, 120 años le han enseñado a aceptar la aparente frialdad en sus decisiones, a disipar esa rebelión que se asoma en el corazón, a callar esas voces que te hablan mal de Él, que te tientan a desobedecer y cubrirte con tontas justificaciones. Es cierto, no siempre puedes callar esas voces, ni siquiera con 120 años, pero puedes ignorarlas.

Nunca había estado tan cansado, la noche fue dura con él. ¡Oh sí! La noche antes de una última cumbre anunciada suele ser dura y cruel, azota el alma, congela el corazón, humilla tus pies haciéndote permanecer de rodilla ante ella, desgasta tus lágrimas, trastorna tu voz. Son noches de terror. Y al amanecer solo puedes estar cansado y paradójicamente es lo que necesitas para escalar una última cumbre sin perderte de cada detalle en el camino, solo estar cansado.

Su mano derecha se apoya sobre una rústica e improvisada vara. Antes de dar su primer paso desea mirar hacia atrás, pero sería añadir otra carga a sus hombros. Hay momentos en los que es mejor no mirar atrás, no llevar fotografías consigo. Yo he tenido que guardarlas muchas veces. Y duele hacerlo, pero es necesario.

“¿Qué esperas?, es el momento de avanzar”. Se dice a sí mismo. No lo había notado antes, pero su voz suena a vejez, se siente temblorosa. Y así una multitud lo ve partir al Pisga. El sol se asoma entre las nubes, mirando con silencioso respeto, hoy a decidido permanecer escondido, es que este anciano merece un día nublado; el viento juega con su cabello, juega como nunca antes lo ha hecho porque sabe que será la última partida, lo hace sutilmente para no distraerle. Hoy los ángeles guardan distancias, no quieren estorbar, se sienten torpes antes la emoción de un final no imaginado. Hoy Dios a decidido callar, su silencio es una canción de amor, y anhela tanto que sea escuchada por aquel anciano.
La caminata continúa mientras un extraño conocimiento va naciendo en su alma e inicia un dialogo con el silencio por no tener más compañía.

“Todos estos años, he caminado el sendero correcto, pero con la mira en la meta equivocada”.

No se necesitan 120 años para descubrirlo, ni una última caminata, pero amigos, si se necesita subir a la cumbre del Pisga, y por lo general se necesita subir una y otra vez. En cada escalada el paisaje es nuevo. Es que solemos perder el norte, porque tenemos esa incomprensible manía de ser atraídos por glorias baratas y logros pasajeros, y en ese intento desmejoramos nuestra condición, obstinados en ser siervos cuando somos hijos.

“He guiado a un pueblo a la puerta de una tierra prometida, y deseada por ellos, y deseada por mí… Pero todo indica que más que el pueblo y yo Dios arde en su deseo de ver a Israel en aquella tierra”. Continúa su dialogo.

¿Qué podría haber en esa tierra que despierta tal pasión en Dios? Sin duda su deseo es despertado por mucho más que leche y miel. Y sin sospechar aun que el deseo de Dios arde porque el pueblo podrá encontrar en Canaán lo que él encontrará en la cumbre sigue su camino mientras el silencio late en su corazón.

La cumbre se hace más cercana y decide que es el momento de reposar. Deja caer su cuerpo sobre una roca que ha sido guardada por siglos en ese lugar, para ese momento. Suelta la vara y un suspiro. Sonríe al ver a su lado, junto a la roca, una zarza.

“Hoy no arderás”, murmura con humor al observarla. Y recuerda aquel día, aquella voz entonces desconocida, voz que susurró su nombre dándole un mejor significado. Aquel día no recibió un llamado, liberar al pueblo era solo una excusa, hoy lo está descubriendo. Renacen los recuerdos de aquel encuentro mientras sus ojos permanecen firmes en la zarza.
“Que manera tan original de seducir a un humano herido por sus propios errores… No fue tu poder el que hizo arder la zarza… Fue tu amor… Aquel día me atrajiste, me enamoraste… Y a eso le temía, por eso mis excusas, le temía a tu amor”.

Nosotros usamos rosas y pintamos palabras, él usa zarzas que arden con su pasión. Dios sabe de arte. Desde una zarza pronuncia nuestros nombres, cuando Gusmar, Gabriela, Beatriz, Keila, Isa, Carlos, Guillermo, Patricia, Hebrym, Carmen, Mario, Enrique, Claudia… parecen simples nombres, en sus labios son poesía. Poesía que sana… Que separa. ¡Qué voz la suya, melodiosa, que seduce y enamora, que da sentido y despierta!

Toma de nuevo su vara, y recuerda ese día frente al mar rojo, solo llevaba una vara en su mano, lo mismo que lleva hoy a la cumbre. Sonríe mientras piensa: “Otra vez era solo tu amor”. Y camina mientras un rayo atraviesa su corazón “Hoy es mí amor también”. Y ya está en la cumbre del Pisga.

En la cumbre observa el destino de un pueblo que ha dejado atrás y ahora entiende que aquella tierra también es una excusa, una excusa que lleva al pueblo al mismo destino a donde hoy desde la cumbre irá él. Un lugar donde separado de intereses tontos puedes entender que solo importan Él y tú, donde comprendes que cada decisión suya te lleva a sus brazos, y te enamoras de Él y de ti en Él. Nada más puede atraerte. Y otras cumbres se vuelven nada. Y no quieres volver, ni la leche ni la miel te atraen, ni una tierra fructífera roba tu atención. Solo existe Él y tú en Él. Moisés sonríe, como nunca ha sonreído. Y da gracias, como nunca las ha dado. Ángeles suspiran, no esperaron esto nunca, suspiran asombrados del arte de Dios. Y Dios llama a un anciano a su presencia. Del mar a la casa del Faraón, de la casa del Faraón a Madián, de Madián a la Casa de Israel, de allí al desierto, del desierto a la puerta de Canaán, luego al Pisga donde se encuentra con Dios, donde nunca más será un forastero.

En la cumbre del Pisga hoy el viento lo busca para jugar con su cabello, el sol da su espalda a las nubes mostrando todo su esplendor, desesperado por encontrar al anciano. En la cumbre del Pisga se pasean hoy ángeles envidiosos del destino de aquel mortal. Pero Dios lo ha escondido, un día tú y yo compartiremos su escondite.

Señor, llévanos a la cumbre del Pisga.

sábado, 23 de agosto de 2008

MI ANGEL DE AGOSTO.

Caìa en un abismo.

No sé si fuì lanzado o me lancé.
Mi respiración se acortaba a medida que el descenso avanzaba.
Mi corazón aceleraba sus latidos anunciando que en un momento u otro estallaría. Mis manos sudaban.
Por mi mente desfilaban recuerdos que desesperaban. Cada segundo el descenso aumentadaba su ritmo.
Alguien me tocó...
Abrí los ojos y me costó segundos reconocer que había estado soñando.
Los mismos segundos que tardé en reconocer la habitación.
Encendí la lampara junto a la cama y ella abría lentamente sus ojos mientras me abrazaba.
- "¿Otra vez el sueño"? Preguntó con dulzura.
La miré directo a sus ojos, ella tomó mis manos que aun sudaban.
-"Tienes los ojos más lindos que he visto". Le dije.
- "Te confieso, me gusta cuando tienes ese sueño". Respondió.
Aparté mi mirada de ella para clavarla en la nada. Ella acarició mi rostro y sutilmente me obligó a mirarla de nuevo.Y me di cuenta, una vez más, de que realmente sus ojos son hermosos.
- "De verdad, tienes los ojos más lindo que he visto". Le dije de nuevo.
Esta vez solo sonrió, mientras estrechaba un dulce refrescante abrazo, colocando su rostro sobre mi pecho. Acaricié su cabello.
-"¿Entonces no sabemos qué hay al final del abismo?" Preguntó.
Guardé silencio por un momento y sentí su cálida respiración. Me enamoré una vez más de su tranquilidad. Me sorprendí al pensar en aquel agosto en el que ella me devolvió a la vida, el agosto, cuando la encontré.
-"¿Te he dicho que eres mi angel de agosto?".
Sentí su sonrisa... Y seguí diciendole:
-"Yo sé qué hay al final del abismo". Separé su cuerpo del mío, mientras yo apagaba la lampara. Luego mi boca buscó su oído y le susurré:
-"Al final de todos mis abismos están tus brazos para abrazarme con amor, tus labios para regalarme tu sonrisa...Al final del abismo está tu respiración para poder seguir vivo, tu voz que me calma... Al final del abismo vuelve a ser agosto".
-"De verdad... Me gusta cuando tienes ese sueño...".
Y esta vez mi boca buscó su boca...

jueves, 21 de agosto de 2008

LLUEVE UNA VEZ MÁS Y HABLAME DE TI.

Antes de iniciar este post mi Dios, quiero agradecerte por la lluvia, creo que nunca antes lo hice, creo que no había visto el milagro que escondes en ella, hoy la lluvia me basta para ver que todo puede cambiar. Gracias por estos días de lluvias.
Ha comenzado a llover. Y me doy cuenta que me gusta la lluvia.

La lluvia detiene la vida, tranquiliza la existencia y nos regala una fragancia que anuncia paz.

Me gusta la lluvia porque me recuerda a ti. Porque un día de lluvia me diste la bienvenida a ese país donde la vida obtiene un dulce sabor, donde cada día se puede soñar y descubrir, porque un día de lluvia me diste el valor para continuar el recorrido que apenas comenzaba; una lluvia en noviembre.

Me gusta pensar que, desde entonces, cuando llueve el cielo te anuncia. Que es tu ángel diciéndome que estás aquí. Que me esperas. Porque quiero creer que me esperas.

Cuando cae la noche de un día lluvioso me gusta escuchar la brisa, suena suave y melodiosa, calida y fresca. Es una brisa que se origina en tus labios y esconde tus palabras, aquellas que un día pronunciaste, pero en aquel tiempo no escuché.

La brisa llega a mí, y siento latir mi corazón como la primera vez y de nuevo mi alma despierta. Y la brisa escucha mi corazón llevándose mis latidos hasta el tuyo.

Sigo pensando en ti bajo la ausencia de la lluvia, porque la lluvia me deja el sabor de haberte tenido tan cerca, estando lejos.

No dejo escapar el sonido de la lluvia, aunque ha escampado. Me invitas a bailar aunque mis pies están cansados, a soñar aun cuando soy cautivo del insomnio, a creer cuando mi fe se ha desgastado, a viajar al futuro cuando el presente me nubla. Y observo tu firma sonriendo porque pienso en las veces que te he tenido. Hoy acepto tu invitación porque quiero bailar contigo al ritmo de tu canción, porque hoy es noviembre, porque quiero soñar despierto, quiero creer que tengo fe y disipar el presente embriagándome de tu futuro.

La noche es fría, el frío acaricia mi alma y despierta mi memoria. El frío hoy me hace sensible a tu voz, y recuerdo haberte escuchado. Miro al cielo sin notar la ausencia de las estrellas porque solo observo la luna. Me pregunto si tal vez un día nuestras miradas se han encontrado reposando sobre la luna, y me prometo mirarla todas las noches de lluvia en noviembre con la esperanza tonta de que un día nuestras miradas se encuentren… una vez más.

Entonces me doy cuenta del milagro que la lluvia produce hoy en mí: Esperanza.

Vuelvo a sonreír esta vez pensando en aquellas promesas que una vez nacieron en ti. Me pregunto si tendré el valor de cumplir esta promesa… Ya veremos en noviembre, murmuro aun sonriendo. La brisa me dice que has escuchado mi promesa y sonríes también. Pienso que solo tú sabes si cumpliré mi promesa pues me conoces bien, porque tus medidas palabras han desnudado mi alma, y siento vergüenza al darme cuenta que yo no te conozco tanto. Así que, te pido que lluevas una vez más y me hables de ti, y me digas que puedo conservar la esperanza, que un día descubriré que aun me esperas.

miércoles, 20 de agosto de 2008

LA ESPERANZA TONTA DE UN PRÓXIMO ENCUENTRO.

Este post se lo dedico a alguien cuyo nombre no es necesario mencionar. Lo sabe todo.

De los miles de defectos que me caracterizan el que más lamento es mi mala memoria. Conservo en ella gratos recuerdos, pero a veces no son suficientes, aun así hoy me basta un solo recuerdo: Tu. Y son dos letras, pero detrás de ellas se esconden tantas cosas que se resumen en ti, otra vez solo dos letras, otra palabra sencilla. Así eres tú, así te recuerdo a ti.

Eres un carnaval, tus palabras aguas que refrescan mi alma. Escasas pero a tiempo, como un oasis en el desierto.

Te recuerdo corriendo detrás de mí intentando mojarme, y sonrío creyendo que un día podrás encontrarme.

Me pregunto por qué siendo tan especial me conformo con casuales e informales encuentros tan distantes. Tal vez porque así es tu magia. Pero me alegra encontrarte cuando sucede.
Hoy encontré una de tus palabras, y me llenas de melancolía, me haces evaluar mis años y quedo en silencio al descubrir la palabra que define mi existencia: Desastre. Eso soy yo, aunque tú lo dices mejor: Tu auténtico desastre.

Es cierto he atinado algunas veces, y llevo en mi corazón el sabor de buenos momentos. Pero en la balanza de la vida, mis errores y mis fracasos me inclinan al desastre. Y con humor te escucho decir: no cualquier desastre, eres mi auténtico desastre. Y casi lloro, porque tras tus palabras sigue la marcha del silencio. Y sigues siendo esa parte de mi corazón, tu sabes donde, tu sabes cual. Y no lloro porque el silencio me muestra tu sonrisa; y porque una tonta esperanza sigue danzando frente a mí.

Aun queda vida para no repetir los mismos errores, para esquivar algunos fracasos. Aun podré seguir siendo auténtico y desviar la balanza del desastre. Y sigues sonriendo y tus ojos me muestran un bosque, y en él, un sendero entre los árboles y descubro que el camino sigue siendo incierto, y me pregunto si me llevará hasta ti, y la vida no deja de ser sencilla, querré más recuerdos para recordarlos. Quién sabe quizá otro día me susurres algunos.
Mientras tanto seguiré mi camino. Sin un manual, sin haber vivido antes, con el riesgo de seguir siendo un desastre, o la suerte de no serlo más, pero siempre con el conocimiento de que tú me consideras único, y la esperanza tonta de un próximo encuentro.

NO TE PERDÌ... GANÈ TU AUSENCIA.

"Lo siento, estas inmerso en un mundo distinto al mío, y me has perdido".
He resumido tus palabras en esta frase. Es que de verdad, no quiero enumerar las excusas que ni tú te entendías (como dice una canción).

Ya ves, aun recuerdo aquel domingo gris cuando el mediodía caía en el patio de tu casa luego de las semanas de indiferencia y frialdad que me regalaste. El sol mostraba su lado más intenso, pero era un mediodía gris para mí, tus palabras eclipsaban mi alma.

No pude decir nada, lo confieso, no estaba preparado. Y sabes bien que no soy muy hábil improvisando. Así que guardé mis sentimientos en una maleta y un par de recuerdos en los bolsillos de mi pantalón y no supe ni quise decir nada más que "adiós". Entonces, la calle que tantas veces me vio llegar observaba mi partida, la partida de un perdedor; es que tu me dibujaste como un perdedor, para aquel tiempo mi "yo" dependía de tus pinceles.

"Mi mundo me hizo un perdedor", es el resumen de mis pensamientos en aquellos días. "Soy un perdedor porque la perdí", me asombro hoy al pensar en el poder que tus palabras teñían sobre mí. Y mi asombro me susurra que tú no eras mi amor, eras necesidad y dependencia.

No puedes imaginar lo que sentí cuando dos semanas después te vi caminar al lado de otro. Fue un golpe casi mortal. Sin embargo, fue la clave para entender, mucho tiempo después, las excusas que, seguro, tu aún no logras entender.

No se trataba de mí mundo. Se trataba del tuyo. No te perdí, gané tu ausencia. Poco a poco y después de mucho tiempo desapareció aquel sentimiento que en mi inexperiencia definí como amor, y desapareció el dolor también. Aun así quedaron secuelas, daños en mis actitudes, desconfianza, incredulidad, miedo al fracaso, al futuro.

En tus palabras hallé un punto de reflexión: mi mundo. Tenías razón en eso, yo construí un mundo, un mundo equivocado. En aquellos días pensaba que mi relación con Dios se estrechaba en la medida en que aumentaban mis cargos dentro de una congregación u organización, o por la cantidad de proyectos que emprendía, o las invitaciones que recibía. Tú le pusiste fin a esos días. Tu golpe me alejó de cargos, de proyectos, me hizo rechazar invitaciones. Y mientras menos ocupado estaba más me acerqué a Dios. Y en sus brazos descubrí que vivía en un mundo equivocado. También descubrí que podía amar a alguien y ser amado en verdad.

No fue fácil, perdona que te lo diga. Ella necesitó habilidad, descubrir las heridas que causaban mi mal humor, mi desconfianza. Pero fue bueno estar herido, que ironía! Descubrí la dulzura de sus caricias y el alivio que hay en sus besos. Encontré mi destino en su mirada. Recobré el valor tomado de su mano. Volví a reír, aprendí a burlarme de los temores y hacerlos temblar de miedo. Y un día, saqué mis sentimientos de la maleta, y vacié mis bolsillos para llenarlos de ella. Y conocí que el amor va más allá de la dependencia y la necesidad y descubrí que solo hay un mundo, y ese mundo es tan grande que caben dos y más.

Sinceramente deseo que tú hayas encontrado también ese mundo.

sábado, 16 de agosto de 2008

ÉL ES...

Este post quiero dedicarlo a mi madre, ella me guío a los brazos del Camino y me motivó a conocerlo más llá de los límites impuestos por la religión en aquellos años.
Abrí mi Biblia con ganas de leer una historia sorprendente. Pensé en la historia de la toma de Jericó. Así que emprendí la lectura.

Mientra leía vino a mi mente un pasaje conocido "Yo Soy El Camino" eran las palabras que sonaban en mi mente. "Lo he leído miles de veces", pensé. La verdad es un pasaje que memoricé en mi niñez, que he estudiado una y otra vez, en el cual he basado algunos "sermones" y he escuchado cientos. Así que proseguí mi lectura sin hacer caso a aquellas palabras.

"Yo Soy El Camino", se repetía en mi mente. Convencido de que no dejaría de escuchar aquellas palabras decidi hacer un alto en las siete vueltas a Jericó y me trasladé a Juan 14. Mi intención era leer ese capítulo rapidamente, solo para callar aquel sonido en mi mente. Sin embargo, no puede hacerlo de esa forma.

Escuché a Tomás expresar su confusión, "¿Cómo, pues, podemos saber el camino?", pregunta. Y en ese momento observé a Jesús, rodeado de sus discípulos. Es un joven de 33 años aproximadamente. Vi sus ojos justo antes de responder a la pregunta de este Tomás.

Él hace una pausa, y mira al cielo. Suspira. Ve a su alrededor, los rostros de sus discípulos, la mujer a lo lejos con un cántaro que se dirije a algún pozo, más allá un pastor que guía su rebaño de ovejas... Mira la tierra, la arena sobre la cual reposan sus pies, y otra vez el cielo, ese cielo que conoce como la palma de sus manos. Quienes le rodean creen conocerlo, pero no pueden notar lo que esconden sus ojos. Él permanece callado solo unos segundos y tal vez nadie lo nota, pues ya estan acostumbrados a esos breves silencios en sus discursos, piensan que tiene que ver con su estilo. Pero aquellos segundos de silencio son una eternidad en su corazón y sus ojos revelan cierto nerviosismo, nerviosismo que no esconde pero que por alguna razon quienes le rodean no logran notar.

Lo sé, Él es Jesús. ¿qué podría causarle nervios al mismo Dios que se hizo hombre? Pues eso es suficiente: es Dios echo hombre. Él sabe que todos los hombres buscan el camino. Él sabe que lo busca el pobre y el rico, el niño y el adulto, aun el anciano lo busca; el ladrón y el que practica alguna profesión buscan el camino; el religioso y el ateo también. Lo sabe. Y Él está a punto de revele}ar el camino, solo pensar en ello le causa nervios. Sería más fácil si solo fuera Dios ó solo fuera hombre. Pero Él es Dios que se hizo hombre, y Él es el camino. No es un guía en el camino, no es una señal en el camino; Él es. No será quien abra el camino, no es el que dejará las huellas en el camino; Él es. Y en ese momento no es nada placentero pensar en ello.

En los próximos segundos, en la próxima eternidad de su corazón, revelará el camino y no tiene la intención de presumir. no sonará altivo, su tono no será de orgullo. Su voz tal vez se quiebre, pero nadie lo notará. Sus ojos dejarán de brillar por otros segundos, pero nadie estará mirando sus ojos.

Es que Él y solo Él sabe lo que significa ser el camino. Ese es el detalle. Pues su razón de ser está intimamente ligada a ka cruz. Y si alguien conoce la agonía de la cruz: Él es. Él tiene imagenes en su memoria de tantos hombres que en la historias de las cruces han gemido a través de los siglos. Él ha escuchado las voces quebrantadas por el dolor pidiendo misericordia, dolor que ha hecho al más duro de corazón rendirse ante la idea de la existencia de Dios para encontrar alivio al sufrimiento. Voces de quienes clamaron para que la muerte llegará rapido y los abrazara en la cruz. De cruces sabe Él, y a veces es mejor no saber, sobre todo, cuando eres el camino. Pero si a alguien se le hace inevitalbe saber es a quien es Dios y hombre a la vez y... Él es. Él ha escuchado el clamor de madres pidiendo misericordia por el hijo que está colgado en el madero, aun cuando han sido malos hijos. Y piensa en su madre, en María. En los clamores que gritará desde su corazón al ver a su hijo colgado en el madero, en el dolor de esta mujer que Él mismo ha elegido como madre.

La pausa llega a su fin... "Yo Soy el Camino" escuchan sus seguidores fascinados aunque sin entender.

"...Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí". He leído yo tantas veces sin entender verdaderamente. Pero hoy, hoy entiendo un poco más. Y meto mis manos en los bolsillos de mi pantalon, y guardo silencio mientras medito en tan... tan hermosas y escalofriantes palabras. Y sigo viendo sus ojos, sin poder evitar sentir verguenza pues muchas veces me he jactado de conocer el camino, de estar en el camino. Muchas veces he sido arrogante y he considerado a otros ignorantes. Veo las fachadas de congregaciones que muestran sus nombres como "Camino al Cielo", que más que predicar que Él Es sugieren que solo dentro de sus templos puedes llegar al cielo, al Padre, aun cuando sus reglas hieren el alma de tantos. Pienso en las incontables organizaciones eclesiasticas que cuestionan a quienes caminan fuera de ellas, en los líderes que exigen una absurda sujeción y condenan a quienes no comparten sus criterios y sigo escuchando, esta vez en mi corazón, aquellas palabras "Yo Soy El Camino". Y sospecho que en aquel silencio de Él también observó las imagenes de estas fachadas, las dilosofías de estas organizaciones y éstos líderes, y también mi arrogancia y mala actitud, y no puedo evitar pensar que todo esto aumentaba su agonía al pensar en la cruz.

Y sigo escuchando aquellas palabras, pido perdón por haber tenido la intención de leerlas rapidamente. Entonces logro comprender las palabras que hace seis años un maestro me dijo: "Todos en algún momento, y algunos por siempre, jugamos a los pies de la cruz, encarnando el papel de aquellos soldados que echaban suerte por la túnica de Jesús".

Tal vez un día publique un post al respecto, pero hoy no dejo de pensar que mientras Él consumaba el sacrificio por ser el camino yo jugaba a los pies de la cruz. Hoy solo quiero decir: Gracias Jesús por ser tu el unico camino.

martes, 12 de agosto de 2008

UNA MEJOR VIDA.

Ella estaba frente a él y por un momento, solo por un momento, no podía creerlo.
Tan linda como siempre, sonreía con la ternura que él tanto amaba. Se abalanzó hacía sus brazos y él la tomó y la abrazó cerrando sus ojos al sentir su pequeño cuerpo de cuatro años y ella susurró a su oído con la misma dulzura de siempre "papi, te amo". Él sintió el calor de su aliento en el cuello.

Mantuvo sus ojos cerrados aun cuando sus lágrimas le golpeaban al salir. "No te perderé de nuevo", pensaba. Acarició su cabello, "cómo es que pude perderte", se decía a sí mismo mientras lo hacía. "Dicen que estas en mejor vida... Pero la mía... Mi vida es nada sin ti, te quiero de nuevo a mi lado".

Siente miedo, miedo de soltarla, miedo de abrir sus ojos, y a pesar del esfuerzo no puede evitar abrir los ojos y ya no siente su cuerpo... Y ya no la ve. Solo ve el reloj en la mesita de noche que le indica que son las cuatro de la madrugada y ha estado soñando una vez más. Mira a su lado y solo ve un espacio vacío en la cama. Es que hace tres meses un imprudente y ebrio conductor le arrebató a su hija y su esposa, son las cuatro y cinco de la madrugada y siente odio, y desprecio por la vida que lleva. Mira la foto en la que su esposa y él abrazan a su niña, están sonriendo los tres... Es la foto de la navidad pasada. Y una vez más piensa en cómo será la próxima navidad. Recuerda las palabras del reverendo en la misa, las mismas que aquel amigo cristiano le dijo: "Ellos están en una mejor vida". Toma la foto y la lleva a su pecho, "quiero una mejor vida", piensa.

Descalzo y en pijama sale de su apartamento y decide caminar por el pasillo y, por qué no, subir las escaleras. Es el piso 17, y está cansado. Se asoma por el balcón del piso. Una anciana ha sentido sus pasos y sale de su apartamento. Observa al joven descalzo y en pijama, lo nota deprimido, nota la fotografía en su mano, es un joven de unos 26 años de edad.

- Joven, ¿Qué intenta hacer?- Pregunta con temor y ternura.

Él gira hacia ella y con lágrimas en sus ojos responde:

- Intento conseguir una mejor vida.


NOTA: El pasado lunes un joven de 23 años se quitó la vida al lanzarse del piso numero 17 de un edificio en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela. Una anciana relató a la prensa regional que lo vio asomado de la terraza, andaba descalzo y se notaba deprimido. La anciana le preguntó que hacía allí descalzo y él le respondió que buscaba una mejor vida, luego se lanzó. El sonido de su cuerpo al caer llamó la atención de los inquilinos de la planta baja quienes al salir vieron el cuerpo hecho pedazos en el piso cerca del parque donde unos niños jugaban. ¿Acaso no hay un camino que lleva a una mejor vida? ¿Cómo es que aun muchos no han escuchado de este camino?

sábado, 9 de agosto de 2008

LLEGÓ EL MOMENTO.

Creo que ha llegado el momento de sentarnos a hablar.

Debemos llegar a un acuerdo.

Tu voz me ha lastimado, tu presencia me inquieta. Me desconcentra tu respiración.

He querido echarte de mi lado, pero eres parte de mí.

¿Por qué entonces siento que me hieres?

Hagamos una tregua, creo que puedo sacar lo mejor de ti, y puedes disfrutar de mi sonrisa, puedes escucharme hablar de ti con orgullo.

Ahora es el momento, vivamos en armonía, los frutos te sorprenderán.

¿Por qué quieres ocupar un espacio que no es tuyo?

¿Y por qué debo borrarte de mí?

Sé que mi intento de borrarte te obliga a mostrarte con violencia, pero ya esta guerra me parece absurda, ridícula. He pensado que tal vez solo quieres hacerte notar, solo quieres llamar mi atención.

Yo también he sentido el miedo de ser olvidado.

Hemos vivido buenos momentos y no es tarde para reconocerlo... ¿No fuiste tu quien me susurró una vez que más vale tarde que nunca?

Creo que aun puedes enseñarme muchas cosas. Lo admito te he subestimado.
Si... No te asombres... Te hablo a ti.

Desde hoy mencionaré tu nombre sin temor, desde hoy te miraré con expectativas... Desde hoy te escucharé sin prejuicios.

Ya estás en mi lista de aliados... Espera te mostraré... ¿Lo ves? Allí está tu nombre, lo he resaltado en negritas:


...
PASADO
...


NOTA: Llevo días intentando escribir un cuento, el argumento lo he extraído del hecho de que en ocasiones una canción que una vez produjo dolor y melancolía puede convertirse en un himno de amor. Y pensando en ello, y analizando ciertas experiencias pasadas que almacené en mi memoria como "malos recuerdos", me di cuenta que toda experiencia "mala" o "buena" están ligadas a la construcción de un nuevo, y por supuesto, temporal presente. Toda experiencia está destinada a convertirse en una lección positiva para un futuro presente, así como ser temporal es la naturaleza de todo presente. Como diría un amigo que fue mi maestro: es cuestión de actitud. Y así nació este post que es un tratado de paz entre mi pasado y yo.
Saludos.

lunes, 4 de agosto de 2008

LA CONTINUACIÓN DEL POST ANTERIOR.

Llevo días pensando en este principio.
Hace catorce años Dios me llevo a un pueblito en contra de mi voluntad. Para mí fue una tragedia en muchos sentidos. Viví casi cuatro años en ese lugar.
Sin querer y motivado no sé por qué (en ese entonces) inicié un trabajo ministerial en el pueblo fundando una sociedad de jóvenes y adolescentes cristianos bajo la cobertura de una de las iglesias ya fundadas en el pueblo. El trabajo me llevó a estrechar buenas relaciones con líderes católicos y de distintas denominaciones cristianas del pueblo y otros pueblos alrededor. A medida que el trabajo avanzaba atesoré proyectos en mi corazón en bienestar de la condición espiritual del pueblo, proyectos que iban más allá de los límites de la religión.
Pero una noche una directiva (bien intencionada) tomó mis sueños y los hizo pedazos, juzgaron que tales sueños me hacían un peligro para la buena religión así que tomaron sus decisiones al respecto y el veredicto fue en mi contra. A los meses decidí abandonar el pueblo, total era mi meta al llegar a ese lugar permanecer el tiempo necesario hasta poder partir. Me alejé y mi vida tomó otro sendero, o debo decir distintas veredas dentro del sendero. Veredas necesarias para el aprendizaje, en las que logré desarrollar habilidades, tener experiencias, encontrar verdades, conocerme a mí mismo, etc.
El domingo pasado decidí pasar el día en casa de mis padres, quienes aun siguen viviendo en aquel pueblito, así lo he estado haciendo los últimos domingos, esta vez la visita se extendió por unos cuantos días. Me sorprendí tomando una decisión: "en los próximos meses construiré una vivienda en el pueblo, mis padres tienen un terreno desocupado, de esa forma podré tener un lugar acondicionado para mí y mi familia, a dónde instalarme cada vez que quiera disfrutar de la tranquilidad de la vida del pueblo, y quien sabe si un día hasta decido mudarme para el pueblo" (Si pasas por acá, Eredis, seguro te mueres del asombro).
El martes caminaba por el centro del pueblo y frente a la casa de la cultura encontré a Jesús Nava, fuimos compañeros de estudios. Lo felicité por su cargo político y nos sentamos a hablar un rato. Me presentó algunos proyectos: créditos para pequeños productores, la construcción de un nuevo y moderno cementerio (le hice algunos chistes al respecto, "estas buscando los votos con los muertos"), y así me comentó que el gobierno regional aprobó el presupuesto para la creación de un periódico para el municipio Miranda. En ese punto me dijo que le gustaría que me involucrara en el trabajo político que dirigía, "no es necesario que te mudes para el pueblo", me dijo con ironía y humor. (La mayoría de mis conocidos en el pueblo sabían que no me gustaba aquel lugar).
Durante esos días compartí con jóvenes que en otrora fueran mis alumnos de Escuela Dominical, algunos se han apartado del cristianismo por no entender "muchas cosas". Una de esas noches me senté en la plaza La Bandera y me encontré con Maribel Rodriguez, quien en aquellos años se perfilaba como una líder dentro de la congregación y comenzaba a codearse con líderes de la organización, yo siempre creí que llegaría a altos cargos. Sin embargo escuché que hace tres años decidió retirar su membresía de la congregación y fundó una congregación en la que la mayoría son mujeres, tras haberla fundado entregó la dirección del grupo a otra persona aunque sigue reuniéndose con ellos y realizando actividades en otros pueblos. Se han levantado en su contra guerras psicológicas, rumores que intentan desprestigiarla y tantas cosas. Me acerqué a ella y mientras conversábamos noté que se cuidaba de entrar en algún "punto delicado", tal vez pensaba que yo tenía ciertos prejuicios hacia ella y su labor. Así que en medio de la conversación elogié sus logros, "no ha sido fácil", fue todo lo que dijo, se levantó y siguió su camino. Yo permanecí sentado. Me pregunté si aquel encuentro fue casual o causal. ¿Tal vez Dios intentaba decirme algo? Pensé en mi amigo y su proposición de trabajar junto a él, él quería que yo llevara las riendas del periódico, ¿Podría ser que desde allí podría beneficiar al pueblo y a todo el municipio? Noté que por esos días me había sentido como en casa, que el pueblo se tornaba atractivo, "Solo Dios puede hacer un milagro así", pensé y sonreí al pensarlo.
Pero el frío de la noche del 16 de abril del 98 aun helaba mi alma, me di cuenta que el hecho de no comprender ciertos eventos inesperados o tragedias actuales me tenían allí sentado, allí en el pueblo, buscando silencio, intentando meditar. Pude haber reaccionado de otra manera, de forma negativa, pero allí estaba, donde hace años abandoné una misión y tentado a retomarla. Pensando que no es el momento de actuar, que no tenía ni la fuerza ni el ánimo, que las cosas que me han venido sucediendo han abierto una herida, o tal vez la herida que creí sana.
Entonces me dí cuenta que era el momento de avanzar, que debía ir en contra de mi ánimo, de mi herida, que debía demostrar que en medio de las tragedias se puede vencer, se puede lograr, se puede culminar una tarea inconclusa. Que podía vencer mi actitud pasiva, que podía cambiar el nombre a mis actitudes, y allí en la plaza de la bandera luché con un ángel.
Dios a veces nos arrincona hacia una sola decisión, para nosotros es trágico, no nos gusta tener una sola opción, pero no darnos cuenta de la decisión que nos espera es no encontrar la salida, es no percibir la razón de los acontecimientos que nos mueven de la comodidad y nos sacuden la tranquilidad, es vivir la verdadera tragedia. Y debemos entender que a veces entender que los acontecimientos nos mueven a una decisión no significa haber encontrado nuestro propósito de vida, muchas veces es solo una parada en el camino para desarrollar habilidades que serán útiles en el futuro.
Por mí parte debo agradecer a Dios por la lucha en la plaza La Bandera. He tomado mi decisión, he decidido hacer una parada en el camino. Esta vez puede haber otra noche como la del 16 de abril del 98, ahora pueden decirme que Coelho es carismático, que su filosofía va en armonía con la Nueva Era, pueden hablarme de "Leyendas Urbanas Cristianas", o tal intentar condenarme y decir que soy hereje por pensar que la política puede ser en este caso una plataforma para brindar un bienestar socio-espiritual al pueblo y a los pueblos vecinos, mucho más por actuar en un partido opositor al gobierno nacional; pueden decirme que necesito una cobertura en el pueblo, que mi relación con los líderes católicos no benefician al evangelio, que digan que mi tendencia a hacer vínculos y amistades con jóvenes "no creyentes" del pueblo y con personas cuya reputación es negativa pone en tela de juicio mi liderazgo (en verdad no pienso en mi liderazgo, dudo poder decir que poseo un título como éste). Que lancen sus miradas que hieren, que intenten hacerme huir una vez más, esta vez les sonreiré y guardaré silencio, no por temor, sino por el temor de ellos, lo haré por amor, pues no me permitiré herirles con mis argumentos. En silencio caminaré y me alejaré de ellos, y rogaré que una noche puedan sentarse en la plaza La Bandera, que una noche puedan vencer un ángel dejándose vencer ellos mismos, y que sus nombres sean cambiados y sus actitudes renovadas.
Es cierto, aun quedan otras luchas, sé que deberé subir al cuadrilátero una y mil veces más en este peregrinaje, pero venceré siempre, porque lo haré al Estilo Jacob, "Lloraré y Rogaré", y dejaré que una vez más hiera mi muslo.

sábado, 2 de agosto de 2008

EL DESCUBRIMIENTO O REFORZAMIENTO DE UN BUEN PRINCIPIO. (PRIMERA PARTE).

Hace días, motivado por una conversación con una amiga, inicie la lectura de la novela "A Orillas del Río Piedra me Senté y Lloré", me gustó mucho y tengo algunas cosas que comentar al respecto, pero lo haré luego. Lo comento porque tal lectura me llevó a adquirir "La Quinta Montaña", una obra del mismo autor de la anterior mencionada. Esta última logró captar mi atención desde el principio y dejó en mi alma el sabor dulce de un nuevo aprendizaje, o debo decir que reforzó un aprendizaje ya adquirido a través de una magistral ilustración. Son muchos los argumentos planteados y entre ellos, su autor Paulo Coelho muestra una, tal vez liberal, pero muy interesante interpretación de uno de mis pasajes bíblicos favoritos: La lucha de Jacob y el ángel.

Debo hacer cierto énfasis en esto: tal vez su interpretación es algo liberal, y carezca de algún tipo de apoyo hermenéutico, quizá no pueda tomarse como una seria interpretación del pasaje, sin embargo, no deja de ser cierto el principio ilustrado por el autor. Si usted prefiere podría aislar el principio del pasaje y obtendría un buen aprendizaje, un ancla en medio de la desesperanza, una dirección en medio del sendero de la vida: Una señal. Me permitiré comentar el principio sin aislarlo de la ilustración, y luego les comentaré la forma en la que este principio me a llevado a tomar una decisión que me guía hacia una tarea inconclusa de mi pasado. Quiero agregar que este pasaje a sido de gran bendición para mi vida en los últimos seis años, en él he encontrado una y otra vez principios pertinentes para una vida en victoria (la cual no se define por las circunstancias que me rodean sino por la actitud positiva en medio de las adversidades cuando se presentan). Este pasaje a tomado un sentido más real luego de comprender, a través de las palabras del profeta Oseas, la verdadera lucha entre Jacob y el ángel, es un tema que me apasiona y me gustaría compartirlo con ustedes en otro post solo para ello.


Dice el señor Coelho que las circunstancias adversas o tragedias no son productos del descuido de Dios, pues entonces no sería un Gran Dios; tampoco provienen de otra mano oscura, "Dios las origina", me impacta cuando dice que si lo malo que nos sucede viene de una mano que no es de nuestro Dios y Él no puede hacer nada para evitarlo, entonces a quien pertenezca esa otra "mano" es a quien deberíamos adorar como Dios (¿Atrevido el Señor Coelho?). Ahora bien, entendiendo esto debemos tener claro que el propósito divino al originar (o si usted prefiere decirlo así: al permitir) las tragedias que nos suceden (y decimos tragedias por no entender el propósito divino detrás de tales acontecimientos) no es causar un conflicto teológico, no es hacernos desconocer las convicciones sembradas en nuestros corazones por Su Espíritu, tampoco causar un conflicto emocional (al menos no uno que nos lleve al desempeño de actitudes negativas alejándonos de él).

Fíjense, Jacob se ve envuelto por circunstancias negativas que terminan enemistandolo con su hermano, finalmente se aleja de casa de sus padres, se enamora de una mujer por quien trabaja siete años, para ser engañado por su suegro que le entrega a la menor de sus hijas y se ve obligado a trabajar siete años más por el amor de su vida, luego es arrinconado a huir de la casa de su suegro, y esto es solo un resumen de sus tragedias. Cansado de tales circunstancias, nos dice Cohelo, "decide ir contra Dios", es decir, en contra de las circunstancias que Él ha originado hasta ahora. Es como si Jacob dijera: "Estoy cansado de las tragedias en las que me he visto envuelto estos años, hoy me vas a bendecir, hoy vas a cambiar todo esto a mi favor, sino lo haces pues yo lucharé en contra de estas tragedias que vienen de tu mano, tal vez no lo logre, pero lucharé, de todas formas ya estoy herido, y aun herido si insites en originar tragedias reiré en medio de ellas, y mientras más lejos paresca que debo huir de la casa de mis padres más cerca estaré de ellos. Así que mejor bendiceme y trabajemos en armonía" (¿Atrevido? Yo hallo un principio importante y oro para que puedas entenderlo). A la luz de las palabras del profeta Oseas puede que las palabras de Jacob hayan sido estas o no, pero lo seguro es que el tono de Jacob de haber sido esas palabras ciertas no fue un tono irónico, no fue un reclamo, fue un clamor que nació en su corazón y que logró enamorar a Dios, le robó una sonrisa tal vez.

Así que, siguiendo el pensamiento de Coelho al respecto, Dios aplaude a Jacob, porque un hombre en la tierra, un imperfecto y desdichado humano a logrado comprender el "plan". Y lo bendice como diciendo: "tu carácter no es el mismo, has tenido el valor de no aceptar la tragedia como tal, has visto que yo soy Todopoderoso y estoy detrás de todo lo que te acontece, y has entendido que debes despertar emociones positivas en la adversidad y sobre todo ser humilde ante mí, estas listo para volver a tu casa y cumplir tu propósito, "por ahora" no necesito "tragedias" para enseñarte, tienes mi bendición y un nuevo nombre".

Lo sé, lo sé... Un poco liberal la forma en la que Coelho interpreta el pasaje, pero repito no deja de ser interesante, hermoso diría yo. Es la bendición del arte. (¿Cierto Gaby?).

Si usted prefiere aisle el principio del pasaje y encontrará sin prejuicios una gran verdad.

Yo la encontré, encontré "una señal", como diría Coelho, que me lleva a mi "leyenda personal", o parte de ella en este momento. En dos dìas les estaré platicando sobre la más reciente de mis decisiones por tomar y de esa forma ilustraré el principio que he querido presentarles a través de este post. Un gran saludos a todos desde un pueblito tranquilo y muy natural en el que me encuentro internado por unos dìas.

viernes, 1 de agosto de 2008

LLEGASTE A TIEMPO.

Llegaste a tiempo... Cuando era solo un niño... Cuando todo era sencillo.
La brisa de la mañana acarició mi rostro, y tu presencia mi alma.
Los rayos del sol golpearon mis ojos, y lloré... No a causa del sol... Lloré porque sentí tu presencia.
No viniste a curar alguna herida... Las heridas no existían.

Llegaste a tiempo... Antes de la necesidad, mucho antes de la soledad.
Antes de saber que podría desearte... Cuando nada quería pedirte.
Llegaste y no pude ignorarte... No pude rechazar tu compañía...
Algo pasó en mi corazón, algo que aun no logro explicar, inexplicable aquella alegría.
Solo puedo decir que llegaste... Obstinado en quedarte, dispuesto a enamorarme.

Llegaste a tiempo y supe que no quería nada más.
Y pasaron los años... Llegó la soledad, también la necesidad.
Se presentaron los deseos, de las peticiones me hice reo.
Pero tu habías llegado a tiempo.
Ante ti las necesidades se disiparon, y fue difícil concentrarme en otra necesidad fuera de ti.
Desde entonces has sido mi mayor necesidad.
La soledad resultó ser tu aliada y mis deseos fueron tocados por ti.
Es que llegaste a tiempo.

Hoy la vida es más complicada, tu lo sabes.
Hoy hay cicatrices...Cicatrices que dicen que dicen que no me has abandonado.
Hay heridas también... Heridas cuyo dolor es tan difícil ignorar...
Heridas que alimentan mis miedos, que detienen mis pasos...
Heridas que dicen que una mañana llegaste y solo por eso no me han matado.
Hoy colecciono errores en mi memoria... Errores que hablan de tu bondad.
Hoy hay fracasos que a veces se burlan ¡Y cómo logran enmudecerme!
Pero aquella brisa aun acaricia mi alma, cuando la siento soy aquel niño...
Y entonces soy yo quien se burla de los fracasos.

Llegaste a tiempo Dios... No existían los rechazos. No los imaginé.
Pero tu lo sabías... Sabías de las puertas que se cerrarían.
Sabías de las espaldas que me mostrarían.
Sabías de las manos que jamás se extenderían.
Sabías que dolería... Que me detendría al pensar en los rechazos.
Pero que sería ridículo no avanzar al recordar que una mañana llegaste.
Duelen los rechazos. Pero me alegra la vida recordar que una mañana tu al despertar...
Al despertar tú ya habías despertado para mí.
Sabías que un día quedaría sin sueños, que se harían pedazos...
Llegaste para ser mi único sueño.

No sabía de la vida después de los nueve años...
No fue necesario... Tú lo sabías todo.
Si tu llegada hubiera tardado solo un minuto yo estaría perdido...
Estas heridas ya me hubieran matado...
No existirían cicatrices...
La soledad me asustaría...
Odiaría el silencio...
Me odiaría a mí mismo.
Pero fuiste puntual... Y hoy tu llegada sigue hablándome de amor...
Aun escucho el eco de tu bondad tras tu llegada.
Y ese eco es hoy mi canción... Mi poesía... Mi cuento para dormir...
Tu llegada me arrulla por las noches, esas noches de truenos, frías y oscuras en extremo.

Hoy mi corazón sueña enamorado...
Piensa en la gloriosa mañana en la que seré yo quien llegue...
Quiero pensar que será entonces la brisa de mi llegada la que acaricie tu alma...
Que será a tiempo... Que estaré frente a ti... Que seré tu despertar.
Te diré que haberte recibido aquella mañana fue lo mejor que viví.
Y querré acercarme a ti... Querré llevar mis labios a tu oído...
Si la alegría o el cansancio de esta travesía paralizara mis pies,
Te pido acerca tu oído a mis labios... Es que tengo un susurro para ti...
Tengo algo que decirte esa mañana cuando esté frente a tu presencia...
Solo quiero decirte: Gracias Dios, gracias por llegar a tiempo.