jueves, 3 de julio de 2008

EN LOS PASILLOS DE UN SUPERMERCADO.

Eran las 6pm cuando mi teléfono celular repicó. Reconocí de inmediato su voz. Me dijo que iba camino al supermercado del centro, y que si yo podía ir hasta allá para encontrarnos pues necesitaba hablar conmigo. Pensé decirle que no, yo iba camino a casa, cansado y con un par de trasnocho encima, pero su voz se escuchaba temblorosa, así que le dije que en 10 minutos nos encontraríamos allí.
Llegué al lugar, y caminé por los pasillos buscándola, en el pasillo N 07, justo frente a la galería de pañales la encontré. Un jeans azul, un suéter rosada, el mismo color de sus sandalias y cinturón, y unas gafas oscuras. Me saludó con un beso en la mejilla colocando su brazo izquierdo sobre mi hombro, sosteniendo con la mano derecha el carrito de compra.
Cualquier persona en el súper diría que yo saludaba a una adolescente, mide 1,70, pesa unos 64 Kg., su piel morena, su rostro angelical, su cabello enrulado y muy bien cuidado. Sus 26 años de edad se esconden detrás de las gafas oscuras, en el mismo lugar donde oculta dos años de abandono y la responsabilidad de criar sola a un niño de 4 años de edad y una niña de dos años.
Seguro no me creerán, o piensen lo mismo que yo, pero ella en un intento de salvar su matrimonio le pidió a su marido que se fuera de la casa, lo hizo imitando una serie televisiva norteamericana en la que una esposa lo hace con la intención de que su marido reaccione y valore el matrimonio. En la serie el marido vuelve a las tres semanas convertido en un hombre romántico, que ha sentido la ausencia de los niños y el calor de su esposa, dispuesto a valorarla. Pero los resultados en el matrimonio de mi amiga fue todo lo contrario, él terminó alejándose completamente de ella, sin tener plena seguridad sobre el por qué de su decisión. Tres semanas le bastó a ella para darse cuenta de que había cometido el peor error de su vida.
Caminábamos por los pasillos, volvíamos al anterior porque olvidó tomar esto o lo otro. Y en el recorrido me contó que cambiaría al nene de preescolar, a uno más cerca de su casa, de lo agotador de su trabajo en estos días, del trasnocho porque la niña anoche tuvo fiebre. Que el nene está muy inquieto, parece afectarle un poco más la ausencia del padre. De sus planes de comenzar otra carrera técnica, ya era TSU en Mecánica, en febrero culminaría el TSU en Educación Inicial, y ahora quería cursar Informática.
Ella no paraba de hablar, que si el nene hizo un dibujo, que se acerca el cumple de la niña, su rostro mostraba una dulce sonrisa cuando hablaba de ellos. En momento hacía unas pausas, cuando estaba frente a ciertos productos, comparaba marcas, precios, tamaños, como si de su decisión dependiera la paz mundial. Yo la veía y sonreía, la escuchaba atento, no la interrumpía, no hacía preguntas, y mis comentarios eran reducidos y muy ocasionales, solo los necesarios, no quería robarle tiempo para que se expresara.
Al cabo de una hora, estábamos frente al cajero, ella se quitó sus gafas. Y entonces sus ojos me dijeron que mi sospecha era cierta, comprendí finalmente cuál era su urgencia, ella solo quería hablar, solo quería sentir de nuevo el placer de sentir la compañía que a veces una mujer extraña en los pasillos de un supermercado.

6 comentarios:

Brisa Nocturna. dijo...

Tristeza.

Como comente una vez con Claudia,"que lio de vida".

Muchos saludos amigo.

Gusmar Sosa dijo...

Así es, a veces actuamos como no debemos.

Patricia Fiorella dijo...

woooo Gusmar me identifique con ella porque muchas veces suelo tener esa conducta solo quiero que me escuchen, que linda descripción...amigo sorry estos dias ando full pero igual queria pasar por aquí para leerte y no te preocupes no he olvidado la tarea pendiente.

Un abrazo

Gusmar Sosa dijo...

ok!!! me alegra que no la olvides,jejejeje. Saludos

MonjaGuerrillera dijo...

Ay, me mataste con el final.
Sos muy sensible. Qué bueno.

A mí la gente con problemas graves me revuelve de amor, justamente lo que no consigo con la gente que parece estar siempre en "la paz y la tranquilidad del hogar que Dios nos creó".

Estos graves problemas los tiene la gente que vive la vida tal como es la vida misma, que no la finge, y que no la dibuja encima del espejo cada día para que Dios la vea ordenadita, prolija, en regla y sin dramas.

Qué descanso leer tu sensibilidad.

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PD: No cometió un error ella, sólo adelantó lo que ya existía y ella percibió de antes. El marido no se atrevía a decidir nada mientras ella no se hiciera culpable.
Cuando vio que ella "lo echó", el quizás pensó: "ahora, sí, ahora no es mi culpa, ella me echó, ahora puedo hacer lo que yo ya quería y puedo irme sin cargar con el peso de la decisión".

Gusmar Sosa dijo...

Uffff, pues Gaby tu tambièn eres sensible y veo que sabes leer el alma, es lo que yo pensè cuando conocì su historia, que èl solo fue un cobarde aparentando valentìa al abandonarla dejandole la culpa y responsabilidad, Gracias por pasar por aquì.