martes, 18 de marzo de 2008

AHORA ELLA ME DICE ADIOS...

Muchas veces la vi pasar frente a mi. Notaba sus intenciones de acercárceme pero la esquivé siempre.Es que no me parecía atractiva ni interesante. Sin embargo ciertas circunstancias me arrinconaron hacia ella.
Recuerdo la noche cuando la dejé entrar a mi vida. Fue inevitable, no hubo opciones. No tuve el valor de rechazarla. Yo lloraba, estaba herido. Lleno de culpas. Airado. Frustrado. Me sentía abandonado y no comprendido. Ella extendió sus brazos y me abrazó. Por un momento me permití sentir el calor de su cuerpo, aunque con temor. Desde entonces se inició una relación que ha sido la más especial que he vivido.
Mi mirada se perdía en la suya. Me aferraba a su mano. Y aunque al principio sus manos eran tan frías y asperas, pronto ese frío fue mi calor y la aspereza de sus manos la suavidad que mi alma anhelaba, y así, fuí amando sus caricias. Ella decidió no apartarse de mi lado, su compañía al principio me ahogaba, al pasar los meses reíamos juntos. Me dijo que para ser feliz no necesitaba la aprobación de nadie. Me enseñó a entender a quien me abandonó. A perdonar a quienes no me tendieron la mano cuando lo esperé, a no culpar a otros de mis errores, a perdonarme y darme nuevas oportunidades. Ella abrió las escrituras para mi y me enseñó a amar a Dios como Él siempre esperó que le amara.
Así sus enseñanzas cicatrizaban mis heridas. Me ayudó a ver el valor de mi vida, a percibir y disfrutar mi libertad. Junto a ella superé mis temores; vencí los fantasmas que aparecían para burlarse de mí. Entendí que los sentimients negativos son negativos porque producen malestar, pero que pueden ser positivos si aprendo a utilizarlos. Fue así como aprendí a utilizarlos para que me alertaran de futuros errores, para que me guiaran a Dios, para que me recordaran los limites que debo respetar. Con ella vencí el miedo a la noche. Aprendí a ser verdaderamente independiente.
Mi caracter cambió. Incluso ahora soy más allado y observador. Ahora esribo más.
Ella me hizo fuerte. Le pregunto por qué no la conocí antes y ella sonríe y me dice "no era el momento, no estabas listo". Y yo callo porque sé que tiene razón. No se lo digo pero pienso en cómo antes me parecía tan poco atractiva y no puedo creerlo, sé que ella lo sabe.
Mis metas han cambiado, hasta la gente que me rodea. Me ha llevado a nuevos territorios. Ahora soy maestro de un grupo de jóvenes, aunque no les enseño, solo les comento lo que ella ha susurrado a mi oído. He querido presentarla pero me ha dicho que a su tiempo la conoceran.
Ya ha pasado un año y pocos días desde que la conocí. Y doy gracias a Dios por su llegada. Y hace algunas noches atrás me dijo lo que pensé no escuchar de sus labios. Mi corazón se aceleró y sentí miedo. Me dijo: "Llega el momento de mi partida". Pero luego me dijo que no me preocupara que en opòrtunidades tendríamos cortos encuentros. Me dijo que antes de irse me daría la más importantes de las lecciones de mi vida, y yo le pregunté "De qué se trata". Ella me dijo: "Te enseñaré a volver a ellos, a no temer a las heridas que puedan hacerte, porque ya no podrán herirte, pues parenderás que eres tu quien decide estar herido". Y una vez más comprendió mi mirada y me dijo que estuviera tranquilo que ya lo entendería.
Y los días han pasado y ahora ella me dice adios. Y yo le digo sin temor y sin dolor "Adios soledad, ha sido bueno conocerte"...

2 comentarios:

Brisa Nocturna. dijo...

Uffff, me emocione mucho con estas letras,desde el principio sabia muy bien de quien hablabas.

Sigue escribiendo!

Gusmar Sosa dijo...

Eso lo escribí hace unas noches,y la ultima parte es profetica, ya que ella aun no se ha ido, y aunque amenaza con hacerlo aun no me siento listo para dejarla ir, sin embargo sé que en algún momento lo estaré.Pero es dificil cuando se han recibido heridas de quienes más amas, pero el amor cubre multitud de pecados y de fallas, y aunque en teoría lo sé, sé que en algún momento ese principio invadirá mis actitudes. Gracias