LIBERTAD, INCLUSIÓN Y HOMOSEXUALISMO...

Publicado por GUSMAR SOSA | Etiquetas: , | Posted On martes 7 de abril de 2009

Claudia Lama es una hábil escritora que publica en el blog Otro Angulo. A juzgar por sus artículos yo puedo decir que es una amante de la libertad. Lo comento porque hace algunos días respondió a uno de mis comentarios con una frase que me confrontó: "La misión de la iglesia no es la de portero que discrimina quién entra o quién no".

Presumiendo de conocer a Claudia he asumido que con “la misión de la iglesia” no se refiere al sentido que desnuda la organización dentro de un templo sino más bien a la posición a la cual hemos sido elevados todos aquellos que nos colgamos de la gracia divina esperanzados en el sacrificio de Cristo como medio de salvación. Me detengo aquí para destacar que tal posición no es delimitada por las líneas divisoras de las religiones, aunque muchos han querido enseñarlo así; pero no quiero extenderme en esto ya que el propósito de este artículo es compartir el resultado de la confrontación a la que he sido sometido el fin de semana pasado con la ilusión de que sirva como punto de reflexión para quienes se detengan aquí por un momento.

Pensé en mi amor por la libertad, que me ha llevado lejos de preceptos heredados, por el que he abandonados círculos que fueron parte de mi historia, por el que he sido señalado y criticado por algunos de los que en otros tiempos me llamaron hermano. Pero descubrí que mi amor por la libertad ha sido amor por mi libertad, y podría abrir un paréntesis para algunas salvedades pero serían argumentos para defenderme y seguir viendo la libertad a mi manera.

Iré directo al punto, presumir de no criticar y aceptar a quienes viven un cristianismo fuera de las paredes de un templo y de aceptar hasta cierto punto y según la honestidad e intenciones a quienes viven un cristianismo de templos no refleja mi amor a la libertad, sino más bien desnuda mis experiencias. Verán, he sido cristiano de templo y he visto que a esos lugares asisten personas sedientas de la verdad, he sido cristiano en veredas solitarias y entiendo que no te hace cristiano un aval o membresía sino caminar con la ilusión de seguir las huellas de Cristo. Es fácil no ser portero del cielo cuando uno se identifica con las vivencias de otros, es fácil justificar errores cuando son los mismos que hemos cometido y hablar de inclusión en terrenos donde hemos sido excluidos, y en este punto recibo una bofetada de la monja lecter de Argentina.

El asunto es que el hilo que me llevó al post de Claudia fue una parada en el blog de la Monja Lecter donde defiende su pasión por la inclusión (ver aquí el artículo de la Monja Lecter, el asunto de su pasión por la inclusión es interpretación mía). Y al llegar al post de Claudia me pregunté cuál es mi posición ante la inclusión de los homosexuales dentro del cristianismo y el término iglesia. Mi respuesta inmediata fue que yo podría aceptar tal inclusión de acuerdo al esfuerzo de tal individuo por definir su orientación sexual, ignorando el detalle de que ya lo ha hecho, ya ha definido su orientación sexual. Sin embargo el centro de mi reflexión no es el homosexualismo pero si hoy tuviera que emitir un comentario al respecto diría que no soy nadie para pretender la exclusión de un homosexual dentro del término iglesia, ni siquiera de los círculos autodenominados cristianos, que no debo levantar la voz para exigir un cambio de orientación sexual o conductual como condición para aceptarles en mi entorno y en algunos caso “avalar” su inclinación hacia el cristianismo, después de todo no he sido llamado ni autorizado para hacerlo.

Entiendo que algunos templos funcionan como club donde el ingreso es condicionado por una serie de normas (muchas de ellas me mantienen al margen de sus entradas), sin embargo hago un llamado a que consideren tal posición, ya que se hacen llamar “iglesias cristianas”, a que alineen sus normas al concepto del cristianismo entonces, y con más fuerza a que no insistan en adoctrinar a sus miembros con el vicio de que esas normas aplican a la entrada al cristianismo y son condiciones del amor de Dios.

Si amo la libertad no debo pretender encadenar a otros y encasillar el concepto de la libertad a mis gustos y normativas, si amo la libertad no debo condicionar la inclusión. En cuanto al tema de los homosexuales que pretenden y han abrazado el cristianismo por ahora no tengo mucho que decir pero citaré una frase de una conversación que sostuve con una amiga minutos antes de publicar este post:

“… la gente cristiana, en masa, en grupo, se equivoca sobre lo que es gracia. Se equivoca lo que es fe, y se equivoca lo que es santidad. A través de la santidad quiere llegar "al cielo", y no a través de la fe. Y a través de la fe condena a la gente…”

Y diré que por ahora no “conozco mucho sobre la doctrina de la sexualidad de las personas”, frase con la que recibí una bofetada de la misma amiga, la que yo interpreté como un “mejor no te digo ahora lo que pienso porque te enrollo”, actitud que agradezco por el momento. Pero seguiré reflexionando sobre este asunto, y mientras lo hago tendré presente que no soy un portero del cielo.

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