martes, 14 de octubre de 2008

LA PARED BLANCA.

El Consejo de Ciruma, llamado por poetas antiguos “El Jardín del Zulia”… Un pueblo escondido entre los límites del Estado Falcón y el Estado Zulia, donde los ancianos siempre han sido sabios, con facultad de escuchar los elementos de la naturaleza y crear historias asombrosas…
Se dice que hace 200 años un grupo de personas en el Estado Falcón fueron azotadas por una extraña enfermedad que les quemaba la piel así que decidieron abandonar el pueblo que habitaban para no contaminar al resto de la población. Se abrieron camino entre las montañas vírgenes y se perdieron entre ellas. Cuentan los ancianos del pueblo que un día tropezaron con un indio y éste los guió a la tierra que ahora llaman El Consejo de Ciruma. Ciruma era el nombre de aquel indio, que luego de llevarlos a ese lugar les dijo que en verano un árbol brotaba un aceite milagroso que debían frotar en la piel y la enfermedad moriría. Cuando buscaron al indio para agradecerle no lo vieron más, en cambio, vieron en una montaña a lo lejos un enorme león que rugía de espalda a ellos…
Construyeron casa de barro… Llamaron al árbol “Cabimo”… Doscientos años después la población ha crecido, la enfermedad ha azotado una y otra vez a los habitantes del Consejo de Ciruma, pero en los veranos los árboles que ellos llamaron “cabimos” brotan el aceite milagroso. Aquella historia jamás fue olvidada… Las casas de barro desaparecieron, el pueblo se hizo conocido y fue disputado por los dos estados, pero finalmente fue integrado al Estado Zulia. Fue modernizado, pero los ancianos siempre defendieron el dominio de la naturaleza sobre el pueblo.
Para recordar la historia del indio construyeron una plaza en el centro del pueblo con un monumento de u indio y a sus pies un león… Y detrás del monumento levantaron una pared que siempre estuvo pintada de blanco. Por las noches los niños jugaban en la plaza mientras los padres los observaban sentado recordando que una vez jugaron allí y escucharon historias contadas por ancianos… Y cada noche siempre habían ancianos contando historias en la plaza. También se podía mirar parejas de adolescentes tomados de la mano, cruzando miradas de amor inocente, sonriendo como tontos. En esa plaza debió haber nacido la frase “enamorado como muchacho de pueblo”.
Marú y Juan jugaron en esa plaza cuando eran niños, escucharon miles de historias. Juan fue criado por su abuelo desde los siete años de edad. Su madre murió luego de dar a luz y su padre murió siete años después a causa de la enfermedad de la piel pues no logró llegar al verano. Fue su abuelo quien le enseñó a colgar su tristeza sobre la pared blanca detrás del monumento de la plaza del Indio y el León.
Las noches cuando Juan deseaba haber conocido a su madre y tener a su lado a su padre corría hacía la plaza y se ubicaba detrás de la pared mirándola fijamente reprimiendo su tristeza. Marú lo acompañó cada noche triste y lloró siempre a su lado sujetándole la mano derecha. Así ella también aprendió a consolar sus penas mirando aquella pared. La última vez que Marú acompañó a Juan tenían 16 años.
Doce años después Marú continuaba visitando la plaza del Indio y el León y clavando su mirada sobre la pared blanca. Lo hace sola porque hace doce años Juan decidió que ya no podía estar en el pueblo… Que ya no tenía nada allí… Necesitaba huir de ese lugar que solo despertaba en él tristezas… Ella deseó no haberlo escuchado esa noche y no haber callado sus protestas… Pero tuvo que aceptarlo y seguir adelante… E inventarse una vida que no creyó necesaria… Él se fue pero ella se quedó… Quiso huir con él, pero no era parte del plan… Así que solo calló… Queriendo gritar… Pero calló…Queriendo amarrar…Lo dejó ir… Porque ella amó siempre la libertad, su libertad y la libertad de él… Así que reprimió todo lo que pudo atentar contra la libertad… Y aprendió a reprimir muchas cosas más. Y así se le pasaba la vida, callada, aceptando, dejando ir.
Las noches cuando la luna menguaba, y las estrellas parecían apagarse en el negro firmamento y su alma se agitaba por no poder soportar las miles emociones reprimidas por años, ella caminaba hacia aquella pared y callada le permitía al corazón gritar… Y lloraba… Y escribía…Escribía en su alma sueños e historias… Sueños que pudo soñar junto a él en el pasado… Historias que podrían ser parte de su pasado si el presente fuera distinto, que podrían ser el futuro si el pasado fuera otro… A veces se perdía confundida, por atreverse a cruzar las líneas de sus historias y los límites de sus sueños… Y vivía un presente con el pasado que quiso y colgaba su futuro en un presente inexistente… Siempre estuvo conciente de que era un juego, uno que se juega ignorando las reglas de la realidad… Un juego peligroso al que llamamos esperanza. Ella disfrutaba jugándolo frente a aquella pared.
Nunca dejó nada sobre aquella pared… Nunca olvidó a Juan, no hizo el menor intento… La pared blanca para ella no bloqueaba sus emociones, ni le hacía olvidar, era más bien como un lienzo virgen en cada visita… Allí le daba color a la vida… Aunque era imposible olvidar el pueblo… Lejos del pueblo Juan olvidó muchas cosas… Llevaba en su mente su propia pared blanca…Y cuando algunos recuerdos de aquel lugar asaltaban su descuido se acercaba a ella y echaba detrás de su pared los recuerdos… Fue egoísta al dejarla, ella lo entendió. Él le dijo que quería conocer otros lugares, que aquel pueblo era muy pequeño y predecible para él, que quería nuevas experiencias. Juan solo intentaba engañarse, la verdad era que quería huir del dolor… Ella lo sabía. Y no prometió volver aunque quiso hacerlo, pero la pared en él también servía para echar detrás de ellas algunos deseos… Y ella no le dijo que lo esperaría, aunque quiso hacerlo, pero prefirió dibujar sus palabras en aquella pared. No hubo un beso de despedida… No hubo una carta para recordar…
Los años le enseñaron a Juan que el dolor no echa raíces en ningún lugar, que es un fantasma que burla las paredes y los límites geográficos también… Un fantasma que no le teme a la luz del día no a la oscuridad… Y nunca pudo vencerlo pero aprendió a bloquearlo de vez en cuando y persiguió quimeras para distraerse… Así pasaron doce años para él. Aberró su personalidad, se aferró a la soledad negándole la partida cuando llegaba el momento del adiós. Nunca se asomó detrás de su pared, solo pensarlo le causaba terror…Aparentó ser un hombre de éxito, pero a veces se sentía un fracasado… Detrás de la pared también podía echar algunos sentimientos…
Un día Juan deseó volver a su pueblo… Sintió que ese deseó no podía llevarlo frente a la pared y echarlo… Subió a su auto y puso sus manos en el volante… Y allí recordó que miles de veces estuvo frente al volante queriendo volver al pueblo… Pero esta vez parecía diferente…No podía luchar más contra aquel deseo. Encendió el auto con la firme determinación de ir al pueblo y pararse esa noche frente al monumento del Indio y el León… Tembló antes de avanzar… Pero temblando emprendió el viaje...Y temblando cruzó la entrada del pueblo. Era casi la medianoche, estaba agotado, no por el viaje, sino por lo que ocurría dentro de él durante las seis horas de viaje.
Se estacionó frente a la plaza y bajó del auto… Se paró frente al monumento… Y lloraba… Vio la pared detrás del monumento y recordó al abuelo, las historias… Recordó a Marú… Y tembló nuevamente. Miró a su alrededor y reconoció aquel cuadro que se hacía cada vez más familiar… Los niños jugando… Los padres observando… Los ancianos contando historias… Y la parte posterior de la pared… Donde Marú sujetaba su mano mientras lloraba junto a él. Pensó en asomarse detrás de la pared… Finalmente lo hizo… Y allí estaba ella, sentada al pie del Cabimo detrás de la pared… Llorando… Ella lo miró sin asombro, él quedó inmóvil mientras ella se preguntaba si él realmente estaba allí o una vez estaba confundida más allá del límite de la supuesta realidad… O tal vez había ganado el juego… Decidió averiguarlo…
Él lloraba mientras imágenes saltaban por encima de su pared y deseos se presentaban delante de él… Vio derrumbarse la pared en su mente… Ella decidió averiguar si él realmente estaba allí… Caminó hacia él y lo tomó de la mano derecha llevándolo a los pies del Cabimo y se sentaron frente a la pared blanca, detrás del monumento… No hubo palabras…Él lloraba como un niño…Y ella lo veía llorar…
Apoyó ligeramente su rostro en el hombro de él y solo escuchaba su llanto mirando fijamente la pared blanca colgando su futuro en un presente que empezaba a escribirse…

viernes, 10 de octubre de 2008

RETRATO DE UN VILLANO...

Dedicado a mi héroe, a quien un día le dije: “Hijo tu serás grande…” Y él con su gran sabiduría me respondió: “No papi, yo siempre seré Efraín”.

Su mirada perdida, buscando donde anclarla… Su mirada refleja el conflicto de su alma, pero nadie lo sospecha.

Sonríe a medias, todos lo ven sonreír sin notar que solo es una media sonrisa… No está convencido de las supuestas razones que tiene para sonreír… Y en su corazón hay un profundo debate: amar u odiar.

Su rostro rígido, muchos lo traducen como templanza, lo alaban por el carácter fuerte que aparenta su rostro. Pero en realidad es miedo… Miedo a demostrar su miedo y ser considerado inferior. Él sabe que no hay nada de malo en sentir miedo, el miedo puede usarse positivamente, se pueden obtener beneficios cuando se aprende a manejar el miedo, e incluso puede ser un buen indicador… Pero no sabe que no hay nada de malo en demostrar su miedo. Es que no tuvo la opción de saberlo. Su padre se encargó de no darle a conocer tal opción, lo hizo porque así lo creía necesario, y fueron malas experiencias las que sellaron en su padre este falso argumento en su sistema de creencias. Y ahora él también es víctima de aquellas malas experiencias. Muchos padres empeñados en evitarles a sus hijos los dolores que ellos han sufrido terminan promocionándoles conflictos aun mayores y aberrándoles sus personalidades.

Él posee recursos, basta ver su traje, su auto, e incluso la clase con la que actúa… Sin embargo, sus recursos no han logrado saciar su sed. Sed de amor que no recibió de su madre pues ella murió en un accidente cuando él era muy niño, sed de perdón porque se siente culpable de la muerte de su hermano al que vio ahogarse sin tener el valor de ayudarlo, sed de ser aceptado porque su padre nunca lo elogió pensando que así desarrollaría un carácter más fuerte, sed de amistad, creyó tener un amigo pero descubrió que su supuesto amigo le esconde secretos, esto le ha hecho pensar que tal vez el mundo no lo ve como una persona confiable, y si el mundo no confía en él entonces él no puede confiar en el mundo.

Es un joven silencioso, observa y calla. Muchos piensan que su silencio esconde sabiduría. Nadie se atreve a romper su silencio con preguntas tontas y él esperó, por mucho tiempo, al menos una pregunta. En realidad, su silencio esconde frustraciones y envidias. Y él luchó contra su silencio, por Dios que luchó… Pero hay momentos decisivos en los que se necesita ayuda… ¿Quién podría pensar que él necesitaba ayuda?

Lo venció la frustración y la envidia, no lo juzguen, no es una batalla fácil de ganar. En algún punto de la batalla su alma se congeló y se mantiene frío ante el dolor…

Su mirada perdida, buscando donde anclarla… Debatiéndose entre hacer el bien o el mal… Pero a veces el mal se viste más atractivo y se justifica con la excusa para la autoprotección y el bienestar propio… Y, simplemente, el mundo no colabora… Los amigos no son sinceros…La vida golpea con todo…La culpa ahoga… El amor se ausenta…La injusticia se hace la regla…

La ficción pudo conocerlo como un héroe, él tenía los recursos… En cambió lo pintó de villano… Lo sé solo es un personaje ficticio. La historia real no lo conoció a Lex Luthor, no sufrió su comportamiento… Pero el mundo real a conocido villanos que pudieron ser héroes, también sé que a diario el ser humano se debate entre hacer el bien o el mal, entre amar u odiar, y muchos factores no ayudan a tomar la mejor decisión…

Esta mañana, frente al espejo, observé la mirada que vi en Lex, vi también en mi memoria eventos que intentan inclinarme hacia el mal. Pero cerré mis ojos y anclé mi mirada en mi corazón, en un rincón de mi corazón, donde sentada está la esperanza, una tonta esperanza quizá… Pero ella me susurra que vale la pena seguir en pie… Que puedo ganar esta batalla… Y que siempre alguien vendrá a mi auxilio, solo debo estar en pie un momento más…

miércoles, 8 de octubre de 2008

CABIMAS... TIERRA DE CENICIENTAS...

Cabimas, llegué a ti con la soberbia de mi inexperiencia apoyada en mi absurda independencia. Solo, con una maleta y un millón de historias… Con heridas maquilladas por mis temores… Con un caminar distraído y mi mirada perdida… Con sueños de recuperar mis sueños, con deseos de tener el valor para volver a desear y con la esperanza de encontrar una esperanza.

Tus calles no tenían atractivo para mí, creí haber visto mejores lugares, eras muy pequeña para mis andares, muy tranquila para mi impaciencia, muy predecible para mi espíritu.

Cabimas la cenicienta, así te llamaron tus poetas, a los que bautizaste como gaiteros.

Con desprecio te consideré un pueblo…Sin sospechar que eras cenicienta por ser tierra de cenicientas, aún así aceptaste ser el refugio para mis diecinueve años. Y refugiado en ti la conocí a ella y a su lado nacieron mis mejores historias.

Me diste mucho, más de lo que esperé. Yo no tenía nada que darte a cambio, pero no te importó. Siempre has dado sin esperar nada. Sellaste tu carácter en mí… Y tus calles se hicieron atractivas. Y ella me contó las historias que esconden tus monumentos y con sus manos acariciaste mis heridas. Y en tus veredas conocí a otros que al igual que yo huían.

Me permitiste consolidar algunos proyectos, prestándome tus teatros, dejando que mi voz viajara por tus aires y así fui encontrando y entendiendo cada día más mi destino.

Fuiste escenario para nuevas etapas en mi vida. Me prestaste tus plazas para sentarme a recordar, un templo para jurar amor eterno, un hospital para presenciar el milagro del nacimiento, tus noches para volver a soñar, tu cielo para desear y tu silencio para encontrar una esperanza.

Hoy guardo de ti recuerdos gratos y me avergüenzo de haberte mirado con desprecio. Ahora pienso que fue una suerte haberme detenido entre tus calles. Y tengo más que una maleta. Me siento diferente. Derrotaste mi soberbia y mi independencia ahora es ridícula. Hoy no maquillo mis heridas y me río del temor. Y aquellos fantasmas que me siguieron huyeron de esta ciudad.

Eres una ciudad hermosa, un refugio ideal, tierra de soñadores. Tu gente me ha sorprendido, he visto en ti a muchos con la capacidad de alcanzar metas sin tener los recursos, de mantenerse en pie frente a la adversidad, de confiar aun cuando han sido golpeados por las decepciones.

He aprendido de ti y de tu gente, pero llega el momento… Ya sabes que no pertenezco a ti, que no soy de ningún lugar… El momento será inevitable, no sé cuánto tiempo nos quede, pero ya no será mucho. Pero me llevaré tesoros encontrados en ti, me llevaré también lo que me has dado y te recordaré porque ya eres parte de mí. Hablaré de ti con orgullo donde quiera que esté. Inspirarás nostalgias algunas noches de agosto. Recordaré tus inviernos y tus lunas nuevas. Me iré pero dejaré una promesa y en ocasiones volveré para caminar por tus calles y dejaré que ellas me hablen y me cuenten las historias vividas en mi ausencia… Y un día te escribiré un cuento… Esto es solo el anuncio Cabimas, tierra de cenicientas…

martes, 7 de octubre de 2008

LA HISTORIA QUE NO QUIERO ESCRIBIR...

Estoy listo para escribir. Siempre lo he estado. Escribo cuando estoy de buen ánimo y cuando no. Escribo historias tristes y alegres… Historias que he escuchado, historias de las que he sido testigo y algunas que he vivido.

Interpreto relatos que he leído… Escribo sueños que me gustarían vivir, cuentos que quise haber escuchado… Amo escribir.

Camino por las calles cazando historias…Escucho las nostalgias de los ancianos, la inocencia de los niños, las ilusiones de los jóvenes, la dulzura de la mujer… A veces lloro mientras escribo. Lloro al descubrir los secretos de quienes me permiten leerles el alma, lloro al verlos colgado en tristezas…

Escribo en parques, donde niños juegan al escondite, donde se balancean en columpios… Escribo en bancos de las plazas, sentado, mientras el atardecer embriaga mi alma, en los cuartos de hoteles… Escribo en compañía de la soledad, a su lado han nacido mis mejores escritos…

Me robo algunas frases de vez en cuando, lo hago para inspirar mis manos que escriben a veces bañadas de cansancio y sedientas de letras…

Escribo para mi, para otros… Para ahogarme, para desahogarme… Para jugar, para creer…Para expresarme, para callar… Para publicar o para desechar… Para recordar o para olvidar… Para abrir capítulos y para cerrarlos… Para no olvidar quien soy y creer que puedo ser mejor… Para enseñar, para aprender…

Escribo porque creo haber nacido para eso… Tal vez esté equivocado, pero disfruto mi error… Escribo porque me hace sentir libre, porque me recuerda que estoy vivo… Porque así me desnudo y me abrigo de la esperanza… Porque alejo al frío e invito al calor…

Mientras escribo viajo, recorro los rincones de la verdadera realidad… Mientras escribo crezco y al crecer descubro que necesito ser de nuevo un niño… Mientras escribo sueño… Recupero amistades alejadas, amores perdidos…

Al escribir entiendo mejor mi pasado, acepto el presente y lo disfruto, construyo el futuro y me asombro…

Aquí estoy, dando vueltas, evitándolo… Aunque listo para escribir… Pero esta historia aun duele… Mis manos tiemblan con solo pensar en escribirlo… Tengo las palabras, el argumento, el inicio y el final, la figura, tengo el tono y el estilo… Pero no puedo escribirla…

Esta historia sigue aferrada a mi alma, se niega a ser contada… Tal vez por vergüenza o frustración… O tal vez no acepto su existencia… O puede que aun pienso que esta historia no culmina…

Listo para escribir… Pero me siento torpe o cobarde…

Lo siento, no será hoy, aunque seguiré intentando escribirla, no será hoy… Sé que un día será inevitable… Tal vez un día conozcan la historia que no quiero escribir…

BAR, TEQUILAS Y UNA CRIATURA DE IGLESIA.

En la barra de un bar. (Sí, existen esos lugares… Sí, los conozco) En ese lugar una mujer, un tequila tras otro… Limón, sal… Y otro tequila… Lágrimas en sus mejillas que seca violentamente… Y otro tequila. Un rostro bonito, buen maquillaje, atuendo de marca. Una sonrisa fingida, pero encantadora, que deja ver de vez en cuando… Y otro tequila. Una pena que ahoga y habla, que es difícil silenciar. Decisiones que desea tomar, pero sola es tan difícil. Si tan solo se acercara alguien… ¡Qué rayos! Si alguien se acerca será para jugar el juego de la seducción y al siguiente anochecer las comandas de tequilas serían interminables.

Es un bar restauran, es viernes y apenas son las 10pm. Familias compartiendo cenas. Familias, un mundo envidiable, un sueño inalcanzable.

Ella voltea de vez en cuando para observar detrás de ella, fija su mirada en la mesa 32, una niña le sonríe. Piensa en lo lindo que habría sido sonreír cuando niña, sonreír mientras cena en familia. Recuerda que no recuerda mucho sobre su niñez, y para qué esforzarse, solo tiene imágenes de un maloliente y desgraciado padrastro maltratando a su madre, de una madre que huyó dejándola en manos de esa bestia, recuerda haber descubierto que el mundo está habitado de bestias, con quienes solo se puede comercializar. Y hoy duele el nombre que su vida le ha dado: Prostituta. Lleva años queriendo inventarse otra vida. Pero parece que ya es tarde. Solo quedan dos opciones: seguir caminando por los senderos que la vida le ha trazado, o poner fin a esa vida, por medio de la muerte. Tal vez el tequila le ayude a decidir.

Mira de nuevo a su alrededor, y esta vez en la mesa 39 ve a un grupo de seis hombres, no parecen bestias, aunque ha aprendido que la mayoría lo son sin parecerlo, sin embargo, lucen tan distintos, como de otro mundo. Sonríen mientras hablan, no hay alcohol en la mesa. Ella lleva su mirada de nuevo al frente, a la barra, y levanta su mano. El barman le sirve otro tequila mientras le dice alguna bobada, de esas que las bestias suelen decir. Y otra sonrisa fingida.

El grupo de la 39 está integrado por algunas criaturas de iglesias (no juzguen aun mi frase, no todos los que tienen la buena costumbre de asistir a una congregación son criaturas de iglesias). En la 39 se habla de logros ministeriales, de ambiciones, de ascensos, de proyectos, se miden habilidades, se elogia con hipocresía, se expresan falsos móviles; ahora que lo pienso, no sé si es más desdichada la mujer sentada junto a la barra o las criaturas de la 39. Entre ellos estaba yo, otra criatura más.

Su mirada me atraía cada vez que miraba hacia la mesa. Traté de disimular la atracción, no quería que se pensara mal sobre mí. Noté que lloraba de espalda a las mesas, noté también su impulsiva entrega a los tequilas. Sentí la necesidad de acercarme, era muy linda, sin embargo la atracción iba más allá de lo físico, y yo lo sabía, hoy me pesa haber sabido.

Pensé en levantarme y sentarme a su lado unos segundos, buscaba alguna excusa para hacerlo pero nada se me ocurría, es difícil concentrarse cuando tienes que presumir ante otras criaturas. No podía pararme, ir hasta ella, hablarle y luego volver a la mesa sin ninguna explicación lógica que me justificara, eso sería un auto atentado. Una criatura de iglesia no pone en juego su testimonio por una prostituta, una criatura de iglesia es egoísta, sus actos se miden de acuerdo al efecto que causan en su reputación. Para una criatura de iglesias si una mujer como ésta quiere encontrar la salvación deberá asistir a una campaña evangelística.

La charla continuaba, risas y frases elaboradas. En la barra lágrimas corriendo, y más tequilas. Yo esforzándome para concentrarme en la charla. Terminamos la cena, me levanté y crucé el centro del salón en dirección al baño, la tuve frente a mí unos segundos, le sonreí y ella lo hizo también, era una sonrisa fingida, pero una sonrisa atractiva. Recordé a los cinco colegas sentados en la mesa y seguí caminando al baño. Al entrar me miré en el espejo, y una vez más un espejo acusándome. Respiré profundo y salí decidido a hacer lo que tenía que hacer. Al pasar frente a la barra noté su ausencia. Me senté de nuevo en la mesa al mismo tiempo que el mesero dejaba la cuenta, cancelamos y el teatro terminó.

El viernes siguiente volví a ese lugar. Me senté en la barra y le pregunté al barman por aquella mujer. Me sorprendió descubrir todo lo que una mujer puede contarle a un barman. Hoy pienso lo útil que seríamos los cristianos si sirviéramos bebidas en un bar. Hoy me duele no saber cuál fue la decisión de aquella mujer. Lamento no haber sido valiente. Lamento haber sido una criatura de iglesias.

Hoy puedo escuchar la voz de un niño dentro de mí preguntándome ¿cómo podrán mujeres como aquella escuchar de una esperanza y recibir ayuda si nosotros nos encerramos tras paredes de cristales? ¿Acaso la “nuestra santidad” nos separa del deber que implica nuestra comisión? ¿Quién le dirá a una prostituta que no debe resignarse a su pasado ni entregarse a la muerte? ¿Quién le mostrará la tercera opción, que es la única válida?

Sigue preguntando niño, no permitas que yo vuelva a convertirme en una horrenda criatura.

viernes, 3 de octubre de 2008

BEATRIZ Y CUBA...UN CUENTO QUE NOS INSPIRA A SOÑAR

No puedo dedicarle este cuento, porque es de ella, pero sí puedo agradecerle por permitirle al mar contarme su historia… Beatriz muchas gracias….

La melancolía me llevó al mar de Paraguaipoa. He estado allí antes. La última vez fue hace unos doce años. Visitaba esa región con mis padres y pasábamos algunos días en casa de una amiga de ellos.

Me bañé en las aguas del mar de Paraguaipoa cuando era un niño, fue en aquel tiempo en el que descubrí su magia, aprecié la sabiduría del mar y creo que aprendí a escucharlo.

Y ahora después de doce años estaba de nuevo frente al majestuoso mar, sin ánimo de sumergirme en sus aguas, con la única intención de darle reposo a mi alma agitada por la rutina que azota y las responsabilidades que agotan. Mi mirada perdida en el horizonte, tal vez igual que mi esperanza. Hay cosas que al crecer se pierden y el sistema que creemos dominar, pero del cual somos víctimas, nos dicen que son irrecuperables. Y cuánto deseamos recuperarlas, pero para sobrevivir en el mundo de los grandes debemos disimular algunos deseos.

Allí estaba yo, con sueños que deben morir, con deseos que no deben existir, con esperanzas que deben estar perdidas. Frente a un mar que debe estar lejos, en un lugar en el que no debía estar.

Me acerqué a las aguas… Permití que ellas tocaran levemente mis pies descalzos… El vaivén de las olas trajo a la orilla un pañuelo y se quedó enredado en mis pies, me incliné para tomarlo con la intención de tirarlo de inmediato, lo observé, era rojo con puntos negros y en el medio tenía bordado un corazón y dentro de él podía leerse con gran esfuerzo: “Beatriz y Cuba”.

Me pregunté si era posible que este pañuelo viniera de tan lejos… Se notaba desgastado… No pude tirarlo… Mirando aun el horizonte con el pañuelo en mis manos escuché al mar relatarme una historia… Una historia que habla de la esperanza que creemos perdida, que sobrevive aun en contra de nuestra voluntad, de sueños vivos, amenazados por el sistema, pero vivos, de deseos cumplidos que predican que los pendientes también se cumplirán.

El mar me habló de Cuba… No conozco esa isla, pero mientras el mar me hablaba me parecía ser transportado a ese lugar… Es una isla hermosa, tierra de poetas soñadores, de gente libre aunque dirigentes políticos han intentado poner cadenas ideológicas… Es una tierra de hombres y mujeres que saben sonreír, y cuyas sonrisas no saben fingir, que tienen razones para sonreír aun cuando parezca mentira. Tierra de hombres que aman la familia y mantienen la unidad oponiéndose con valor a los factores que intentan desintegrarla. Una tierra de valores, de gente que sabe esperar, que no es igual a resignarse. Solo ellos pueden habitar ese espacio geográfico, solo ellos pueden resistir la tiranía de un régimen que creyó vencerlos. La sonrisa de estos hombres y mujeres, llamados cubanos, se burla del intento fallido de tan estúpido régimen.

Amé a Cuba, amé a su gente. Envidié el valor que los caracteriza…

“Cuba es una isla virgen”, me dijo el mar… “Amo bañar sus costas, donde niños juegan y sueñan sonriendo, desconociendo la realidad no porque la ignoren, sino porque así lo han decidido. En sus costas soy cómplice de sus anhelos… Allí conocí a Beatriz… Una niña que solo pudo engendrar la isla… La vi muchas veces acercarse a la costa, desde niña lo hizo… Escuché sus deseos, conocí su amor por la isla y su gente…Recordé junto a ella mis noches junto a la luna… Ella era como la luna… Era pasión e inocencia… La vi crecer…”

El mar guardó silencio por un instante, y vi sus olas agitarse repentinamente…

“… Algunas noches escapaba a la costa y dejaba caer algunas lágrimas, eran dulces, como aguas de manantiales… Sus lágrimas hablaban de impotencia… De sueños que querían sobrevivir ante duras realidades… Luego escuchaba su voz, aquel tono era como la melodía que esconde la brisa nocturna… Era suave y tranquilizador, aunque recio… Una noche dijo que partiría, que dejaría la isla… Muchos lo han hecho, muchos han llorado frente a mí la despedida de su isla… Pero ninguno como ella. Para otros la despedida ha sido un logro y representación de un mejor porvenir. Pero ella se preguntaba cómo y por qué esperar un mejor porvenir lejos de su isla, lejos de su gente. Esa noche se sentó sobre la arena y sus manos me acariciaron y me dijo: Podré tocarte en otras costas… Pero no serás mi mar de Cuba…”

El mar se aquietó de nuevo, y agregó: “Quise saber llorar, para hacerlo junto a ella”.

Y yo lloré, escuchando las palabras de Beatriz en el mar. Lloré porque he acariciado otros mares, mares de sueños de los que me he despedido no queriéndolo hacer, mares de gentes de quienes me he alejado… Mares de esperanzas rotas por mi incredulidad… Mares de amores perdidos… De ciudades recorridas… De proyectos inconclusos…

Me senté en la orilla del mar de Paraguaipoa, y con la palma de mi mano acaricié el mar que se rendía frente a mí…

El mar continuó su relato:

“…Aquella noche ella deseó tantas cosas… Deseó que nunca más nadie tuviera que pensar en la despedida al soñar con un mejor mañana… Deseó volver y acariciar de nuevo su mar de Cuba, para sentir la brisa de la costa en su rostro, para mirar el cielo sobre el mar, para caminar en la arena descalza, para abrazar a su gente y compartir la sonrisa de libertad, para volver a ser niña… Deseó que no existiera más la tiranía en su tierra, que no se apostara más el bienestar de su pueblo… Que Cuba siguiera victoriosa. La vi alejarse de espalda a mí, y grité su nombre... Y ella lo escuchó porque detuvo su caminar pausado y volteó hacia mí y entre lágrimas sonrió… Como solo la gente de Cuba sabe hacerlo”.

El mar me contó que la mañana siguiente Beatriz partió a una tierra extraña para encontrarse con sus padres que ya estaban allá. Llegó a una nación con un ritmo acelerado, donde la sonrisa a veces es solo un maquillaje, donde pocos pueden escuchar el mar, y, como en muchos lugares, la naturaleza ha perdido su dominio. Allí los sueños, en su mayoría, son prefabricados y productos de pautas comerciales. Donde es difícil ser niño y disfrutar siéndolo. No es un lugar ideal para quienes han habitado toda su vida en una isla. Aunque tiene mucho que ofrecer, allí una criatura de isla enfrenta una extrañes aguda que produce un vacío inexplicable, un lugar que aunque ofrece hospitalidad no es su lugar. Aun así, ella mantuvo con vida en su corazón su pedacito de isla… Pero cada día la posibilidad de volver se hacía más distante… La realidad inició sus discursos y expuso sus argumentos. Y mientras la distancia crecía sus sueños se hacían mortales atacados por la enfermedad de la realidad lógica…

Yo escuchaba al mar con atención y asombro, nunca podría imaginar una historia así… El mar me dijo que ha conocido a muchos, durante siglos, que dejan que sus sueños sean asesinados, intenté decirle que es difícil mantener con vida los sueños… Pero él me ordenó guardar silencio y siguió relatándome:

“…Fue una mañana. Cinco años después de su partida… Vi a dos jóvenes acercarse a la costa. Llegaron a la orilla y una de ellas se desnudó sus pies. Le pidió a la otra que la dejara sola. Y esta joven dejó escapar sus lágrimas antes de pronunciar palabras. Sus lágrimas tocaron la arena y yo sentí el sabor de ellas. Aquellas lágrimas eran dulces, y reconocí de inmediato que aquella joven era ella, Beatriz. Una vez más grité su nombre, y ella lo escuchó, lo sé porque cerró sus ojos y sonrió. Y su alma me habló, me dejó escuchar sus cantos, aquellos que nacieron las noches de frío lejos de la isla. Ella había vuelto. Su sueño de estar nuevamente en la costa cubana se había cumplido, su deseo de abrazar a su gente, de sonreír con ellos había vencido… Es que alguien nacido en una isla no conoce derrotas. Ella lloraba. Con respetuoso silencio lloraba”.

Y del otro lado del mar, en la costa de Paraguaipoa yo lloraba también. Lloraba porque alguien me decía que he sido un cobarde, alguien me mostraba el valor y me invitaba a desenterrar mis sueños y a sacarlos del cementerio de sueños…

“…Ella miró al cielo y sacó de uno de sus bolsillos un pañuelo. Lo soltó en la orilla y yo lo tomé para arrullarlo entre mis aguas. Antes de darme la espalda sonrió de nuevo y la escuché decir: Falta aun sueños por cumplir… volveré a partir, he venido solo de visita… Pero un día volveré y veré mi tierra despojada de la tiranía. Sé que la veré despojada de las cadenas que han intentado matar su libertad… Lo sé porque los sueños se cumplen… Lo sé porque en mi sangre corre la esperanza… Porque soy cubana…”.

“…Y la vi despedirse una vez más…”

Yo aun sostenía aquel pañuelo en mis manos, para mí era símbolo de la esperanza. Ese día volví a casa. La costa oriental me vio entrar por sus calles… La noche había caído… Al llegar a casa busqué el pañuelo que creí haber guardado en uno de mis bolsillos, pero no lo encontré… Tal vez nunca estuvo en mis manos, no lo sé… Pero sé que el mar existe… Sé que hay una isla llamada Cuba, también sé que existe una brisa nocturna que esconde melodía en sus palabras… Y sé que esta historia no la pude haber imaginado… No soy tan creativo… Así que puedo creer que los sueños se cumplen y tengo razones para creer que puedo volver a ser un niño y burlar con mi sonrisa un sistema absurdo...

Volveré al mar de Paraguaipoa… Lo haré con un sueño cumplido, y quién sabe, tal vez lleve un pañuelo con un corazón bordado en el centro y mi nombre junto al de mi sueño… Y a lo mejor un día el mar, en una de sus costas cuente la historia de un niño que, al igual que Beatriz, alcanzó sus sueños…

jueves, 2 de octubre de 2008

LA NIÑA Y SU MUNDO...

Este cuento lo dedico a una niña cuyo nombre revela el color de su alma...
Ella tiene su mundo. Nadie lo conoce. Nadie lo sospecha. Y ella no tiene la intención de revelarlo. Es mejor así.

Su mundo es su refugio, todos necesitamos un refugio, pero pocos estamos concientes de tal necesidad. Es que algunos golpes de la vida suelen desensibilizar al ser humano. Muchos caminan distraídos por una realidad, que aunque suene una locura, es irreal.
A ella la vida no la ha desensibilizado, claro, ella disimula estar vencida, es parte del juego, y aparenta estar distraída solo para sobrevivir en lo que ya muchos han llamado selva de cemento. Pero tiene su mundo, un mundo real.

Por el día baila al ritmo acelerado y alocado de la rutina, esa que la obligó a crecer, a adoptar hábitos que una vez odió, pero se hizo necesario un pacto, que también la obliga a aceptar responsabilidades entre los grandes.

Pero por las noches al cerrar la puerta de su habitación se sumerge en su mundo. Y allí poemas alimentan a esa niña que mantiene escondida por el día, que debe esconder pregonando que quedó en el pasado. Las novelas de amor encienden la pasión que espera su turno y los cuentos acurrucan sus sueños, en ellos intenta descifrar las claves para mantener la luz de su espíritu. En su mundo la niñez es la base que sostiene el presente, y los disfraces son absurdos, ilógicos.

Hasta ahora su mundo es un mundo solitario, y a veces es un alivio, otras veces pesa. Y cuando pesa se da cuenta de que su mundo es incompleto. Y un mundo incompleto genera tristezas. Pero en su mundo la tristeza no espanta, es cierto, duele, pero no espanta. No te lleva a tomar decisiones apresuradas, como esas que durante el día muchos toman. Ella conoce historias de malas decisiones tomadas solo para alejar la tristeza, pero finalmente acarrean consecuencias nefastas. En su mundo la tristeza puede ser aliada, y es una alegría no sentirse obligada a alejarla, y guardar la inocente esperanza de que un día esa tristeza sea de otro color.

Anoche ella leyó un poema, un extracto de una novela y un cuento corto. Luego tuvo un sueño. El sueño intentaba interpretar para ella lo que estas tres obras intentaban anunciar. El poema era sobre el dilema de aceptar o no el abrazo del amor, es que muchas veces asusta abrirle la puerta al amor, la novela hablaba sobre dos vidas solitarias, a veces la soledad es cómoda y segura, sobre todo cuando se ha visto un mundo como en el día y el cuento trataba de una isla y un tesoro.

Al llegar el día ella intentó ignorar el sueño. Salió de su habitación con la tristeza escondida para que la irrealidad no la espante. Llegó a su oficina y nadie notó su tristeza, es imposible que criaturas del día identifiquen su tristeza, es que la falsa luz del día los enceguece. Y el día ha pasado normal, según los parámetros de la normalidad que rigen ese mundo.

Trabaja en un banco. En su oficina se entregan y reciben planillas de solicitud de créditos, se asesora en ocasiones a los solicitantes. Al mediodía almorzó con sus compañeros de trabajo, como es costumbre. Por la tarde, más de lo mismo. Cuando ya el reloj indicó que llegaba el momento de abandonar la oficina se dispuso a ordenarla un poco. Su tarea fue interrumpida por un “buenas tardes, permiso…”. Ella está de espalda a la puerta, guardando algunas planillas.

-Buenas tardes. Responde ella sin voltear y un poco malhumorada por la intromisión cuando faltan solo algunos minutos para salir de la oficina.

-Solo quería entregarle esta planilla, sé que ya casi es su hora de salir, pero a veces no alcanzó a bailar al ritmo de esta rutina del día.

Ella voltea atraída por las palabras de aquel hombre. Él extendió su mano para entregarle la planilla y sus miradas se encontraron. Él pudo ver los sueños que había más allá de aquel uniforme que disfrazaba el alma de la niña. Y no me pregunten cómo pero pudo ver a través de sus ojos un mundo diferente.

-Me parece que eres muy niña para llevar un uniforme como ese. Dijo sonriendo.

-Siempre causo esa impresión, pero no tengo 15 años. Respondió ella con un poco de picardía infantil.

Pero él no se refería a su apariencia, y creo que ella lo supo. Ella observó la planilla y agregó:

-Usted también es muy niño como para administrar un restauran.

Él miró con gracia hacia los lados y se acercó un poco más a ella, tanto como el escritorio se lo permitió y en voz baja le dijo:

-Es solo un disfraz… En el mundo real escribo cuentos…

Ella lo miró con asombro y melancolía y su tristeza se desnudó frente a él. Inconciente de haber hablado en voz alta, creyendo que solo fue un pensamiento, él la escuchó decir:

-Pensé que en el mundo real yo estaba sola.

Y aquella tristeza lo enamoró al instante, no podría describir lo que sucedió dentro de él… Puedo intentarlo, pero no podría describirlo con exactitud. Pero sintió que su corazón hablaba, que cantaba, quiso tocarla, solo tocar su rostro y abrazarla, quiso acariciar su tristeza… La miró y le dijo:

-Digamos que en ese mundo hay dos islas, la suya y la mía. Yo he venido a asomarme en la suya… Yo me robo el secreto de que su isla existe y usted se roba mi número de teléfono. Y señaló su número escrito en la planilla que ahora ella sostenía en su mano y siguió diciendo:

-Cuando yo esté en mi isla, y usted en la suya, si marca mi número de teléfono sabré que de vez en cuando podré visitar su isla. Pero tenga cuidado tal vez termine robándome más de un secreto.

Ella quedó en silencio, pero sus ojos gritaban, lo sé porque él los escuchó. Y se enamoró aun más de ella al sentir el tono de sus ojos. La miró treinta segundos más como capturando aquel momento.

-Bien, debo irme… Gracias por regalarme unos segundos de su tiempo…

Ella había olvidado que ya era la hora de salir de la oficina, quería que el día apenas estuviera comenzando. Respondió:

-Yo no le he regalado nada, usted me ha robado esos minutos. Él solo sonrió, dio la espalda y salió de la oficina.

La niña ha vuelto a su mundo. Yo lo sé. Ha vuelto con su tristeza que intenta cambiar de color. Lista para descifrar las claves del sueño anterior. La niña hoy sostiene su celular en la mano y marca el número que ha robado… Su dedo pulgar se asoma sobre el “send” de su celular… No sabe si hacerlo… Un dilema se enciende en su corazón… Aceptar o no el abrazo del amor…

Me gustaría contarles el final de la historia… Pero aun no ha sido escrito… Han pasado ya algunas noches, pero sé que el final aun no ha sido escrito… Prometo contarles… Pero por ahora yo aquí en mi isla escribo un nuevo cuento, y mi celular sobre el escritorio, encendido, como todas estas noches, esperando que la niña deje caer su pulgar y comience el final de esta historia…

miércoles, 1 de octubre de 2008

AUN HAY ESPERANZA...

“Aun hay Esperanza”… Cantó una noche mi corazón, y no le creí, pero me gustó la melodía, aunque el suave ritmo se sentía violento.

Mis labios repetían la letra sin obedecerme, mi alma se embriagaba de fe.

Quería seguir sintiendo las caricias del temor que se sentaba frente a mí, pero el canto conjuró un futuro amenazando mi pasado, la fuente del temor que ahora huía con temblor, yo obstinado protegía el pasado, víctima de sus burlas y cómodo bajo su sombra.

Mi corazón no callaba… El fracaso alzó su voz predicando falsa libertad, jurando cuidarme, yo queriéndole creer. Aquel canto desnudaba una a una sus mentiras. Sus fantasmas con las voces silenciadas, infructíferos ahora. Extrañaba sus carcajadas ausentes, hasta olvidarlas.

Fui enamorándome de la canción.

¡Iluso! La soledad que me acompañaba me abofeteó, pero se alejó bailando.

“Aun hay Esperanza”… Mi corazón enviaba sus letras, a través de mi sangre, viajando dentro de mí, llegaron a mis manos que, olvidando el cansancio, comenzaron a escribir. Y mis pies despertaron para andar.

Mis ojos despertaron y quise soñar con la realidad.

La confusión retiró su manto, quedé desnudo, y la canción me abrigó.

La incredulidad quedó ronca en su intento de llamar mi atención.

El amargo sabor de la derrota se tornó dulce mientras la luz del conocimiento se mostraba impetuosa.

Y la lluvia cayó, y sus gotas mostraron un sendero. Y un río me invitó a sumergirme para guiarme a un mundo nuevo, en él que quizá alguna vez estuve. Donde un niño me esperaba para enseñarme a vivir. El amor me tomó de la mano.

“Aun hay Esperanza”… canto hoy junto a mi corazón, bajo un cielo azul, a la luz de un sol amarillo, entre la alegría de un bosque verde.

“Aun hay Esperanza”… canto mientras bailo al ritmo suave de la melodía.

lunes, 29 de septiembre de 2008

TU NOMBRE YA ANUNCIÓ TU FIN.

No te sorprendas, hoy no me sentaré a escucharte y no escucharás más lamentos.

Te he permitido robarme la vida, pero quiero de vuelta lo que es mío. Y no te hagas el fuerte ni muestres tu falsa violencia. Ya sé quien eres, he decidido avanzar y no me detendrás.

He visto tu cobardía, tu nombre no significa nada excepto tu ineficacia en mi alma.

Eres mentira, no existes. Yo te he creado y hoy te destruyo.

No puedes vivir por ti mismo.

¿Cómo es que presumes fortaleza?

¿Por qué te escondes de la luz del sol?

¿Por qué te asusta la brisa de la mañana?

¿Por qué le das la espalda al futuro?

¿Por qué careces de glorias?

¿Por qué no tienes historias de triunfos?

¿Por qué te enmudecen mis preguntas?

Ahora veo que no eres tan elocuente.

¿Por qué dependes de mis caricias?

¿Por qué siempre vistes sombrío?

¿Por qué ves todo gris?

¿Por qué esclavizas cuando ofreces libertad?

¿Por qué nunca te he visto bailar?

¿Por qué le temes a mí andar?

¿Por qué le temes a la fe? ¿No argumentas que son solo dos letras?

¿Por qué careces de planes?

¿Por qué le huyes a la compañía? Ahora entiendo que eres tímido, ahora puedo ver tus ojos pequeños.

Nunca te escuché cantar, nunca vi tu rostro; ¿Por qué lo escondes bajo ese sombrero?

Te veo caminar cansado, ¿dónde está la fuerza con la que me azotabas?

No eres ni ángel ni demonio, no eres humano. ¿Cuál es tu naturaleza? No eres realidad ni fantasía, ¿No te das cuenta? No existes.

¿Dónde está hoy la sabiduría que predicas? Asómbrame con tu habilidad, sorpréndeme con uno de tus trucos.

¿Te permite tu inteligencia captar mi ironía? ¿O necesitas que te explique? No eres sabio, no tienes habilidades, y de tu sombrero no puedes sacar si quiera un conejo.

Lo olvidabas, no sabes reír.


No hay atractivo en ti.

Dices cuidarme pero te arrodillas ante la ausencia de mis lamentos.

Dices ser mi abrigo pero esta noche te veo temblar de frío.

Vas huyéndole a la esperanza. En mí solo has buscado un escondite.

Intenta pronunciar la palabra éxito. ¿Por qué se borra la sonrisa de tu rostro?

No me pidas que te mire con pena, mis ojos se han abierto.

Olvídalo, en este viaje no hay destino para ti.

No extiendas tus manos, las mías están ocupadas. Tú has destruido, yo empiezo a construir.

Por supuesto que hoy me escucharás mencionar tu nombre, solo para anunciar tu fin. No me digas que dejarás un vacío en mí, tú eres un vacío.

Es cierto, voy a recordarte, solo cuando necesite reír por tomarme tan en serio.

Lo sé, te veré en otros, pero te haré huir de ellos también, ahora mismo alguien lee nuestra charla y estas huyendo.

No me pidas una tregua, ¿Acaso has tenido compasión conmigo? No puedes ser mi aliado.

Te jactas de tus armas de seducción, pero desconoces el amor; dices ser comodidad ¿Dónde está tu hogar?

Si me conoces, como me has repetido, mejor que nadie ¿Cómo es qué no te esperabas esto? ¿Cómo es que te quedas sin argumentos?

¿Preguntas por la puerta que está abierta?

Es tu salida, porque llegó el momento de tu partida. No te molestes en cerrarla, quiero sentir el placer de hacerlo.

Adiós.

… Lo olvidaba: Fracaso, has fracasado.
(Extraído del "Diario de un Prisionero de Esperanza". Un manuscrito que aun no publico)

viernes, 26 de septiembre de 2008

MI PRIMER AMOR...

Aun la recuerdo. Fue parte de mi adolescencia. Creo que fue mi primera novia… Siempre digo “creo” porque aquello fue especial.

Yo tenía doce años cuando la conocí. Sin embargo, siempre estuvimos cerca. Mi padre conocía a su madre y a su familia desde la infancia. Cuando yo era niño lo acompañé muchas veces a casa de su abuela, llegué a ver a su madre, a su hermana, a sus primos, pero nunca la vi a ella.

Siempre nos preguntamos el por qué no nos encontramos antes, “cosas de la vida”, pensaba yo.

Fue una tarde, mi primer día de clases en el bachillerato, su primer día de clases también. La vi y sus ojos me enamoraron al instante, eran verdes, como un bosque virgen. El reflejo de sus ojos era una extraña y atractiva mezcla de alegría y tristeza.

No recuerdo bajo que circunstancias me acerqué a ella, pero supongo que fue un encuentro casual en los pasillos de aquella institución, pues yo era muy tímido como para forzar un encuentro u hacer una de esas “aperturas” que uno va aprendiendo con los años. Su olor me atrajo también, siempre perfumada, ella amaba los perfumes...

Recuerdo también que usaba un anillo en su mano derecha, luego supe que le fascinaba usarlo en su dedo pulgar, de haberla conocido años después eso me hubiese bastado para deducir los rasgos predominantes de su personalidad.

Su sonrisa era inocente, sincera…Cuando sonreía no fingía, no era una sonrisa forzada, de esas que uno aprende a usar para maquillar el rostro y esconder tantas cosas. Y aunque ella tenía motivos para no sonreír cuando lo hacía iluminaba mi alma. Durante meses caminamos juntos por las calles y la vereda que nos llevaba a clases. Recuerdo muy bien el camino, su mano unida a la mía, un tanto más pequeña, sus dedos más cortos que los míos… Fueron pocos los abrazos, pero suficientes, tanto para recordarlos sonriendo.

La vi llorar también algunas veces, tenía motivos para hacerlo. Sus quejas eran justas, yo deseaba poder cambiar sus penas, pero hay dolores que solo pueden curar con las caricias de un padre, y el suyo estaba ausente. Yo solo quería hacerla feliz, y aunque no sabía cómo, hice mi mejor intento. A veces me pregunto si mi intento fue tan suficiente como sus abrazos.

Me gustaba su timbre de voz, escucharla era como escuchar al mar. Podía reconocerla con mis ojos cerrados por el timbre de su voz, aun podría hacerlo.

En aquel tiempo era muy inexperto como para asegurar que la amaba, aun así lo aseguré. Hoy 14 años después lo sigo asegurando: la amé. No puedo definir todavía si fuimos novios o buenos amigos, pienso que fue un romance especial, de esos que se vive una vez, solo cuando se es inocente e inexperto.

Vagamente recuerdo las visitas, fueron pocas, en casa de su abuela. Un día de diciembre, en una de las visitas ella me entregó una carta y me hizo prometerle que la leería al llegar a casa… Ese día me regaló un abrazo. Tan pronto terminó la visita quise correr para llegar rápido a casa y leer su carta. La conservé por muchos años. Después de ese diciembre vino una mudanza, cambio de institución educativa… Ella también se mudó. Luego vino otra mudanza y otra, y otra más… Y en una de ellas dejé la ciudad que fue nuestra. Cuando finalmente mis padres decidieron que no habría más mudanzas yo quedé con la costumbre de estar en constante movimiento. En una de mis mudanzas perdí la carta, pero aun recuerdo mucho de lo que allí decía, y también la carita pintada al final de la carta.

He llegado a soñar muchas veces con la casa de su abuela, con aquella ciudad. He soñado con el camino que juntos caminamos hacia el “Eduardo Blanco”, en mis sueños camino solo. A ella no la había visto en los sueños, pero he reclamado su rostro en mis recuerdos. Y me río de mí mismo por no haberla besado nunca.

Catorce años han pasado y anoche soñé que iniciaba sesión en mi facebook y encontré una solicitud de amigos, la acepté y eché un vistazo a su perfil y vi su foto, vi de nuevo aquel bosque virgen y esa mezcla de alegría y tristeza, en mi sueño conseguí su Messenger y la agregué, y chateamos un rato para ponernos al día… Pero desperté y pensé “esas cosas solo suceden en sueños”.

Hoy me pregunto si sus penas desaparecieron, si está bien, si tal vez encontró a alguien que le dio los besos que yo no le di, y si ese alguien recibe esos abrazos que hoy recuerdo sonriendo. Me pregunto dónde estará, si permanece en nuestra ciudad y si algún día coincidiremos en algún lugar para reírnos juntos de aquel romance especial, me pregunto si aun lo recuerda. Y mientras escribo este post me pregunto también si ella pasará algún día por aquí y lo leerá. Si podrá darse cuenta que hablo de ella.

Si pasas por aquí, quiero que sepas que aun no puedo asegurar si fuimos novios o no, pero algo puedo decirte con certeza: fuiste mi primer amor… Y hoy deseo que la vida no se halla complicado para ti, y que estés bien… Tal vez un día nos sentemos juntos a tomar un café, o compartir un almuerzo mientras logramos ponernos al día…

martes, 23 de septiembre de 2008

BEN-CHEIL… EL AVENTURERO.

Este cuento es dedicado a Beatriz, una niña que sabe de isla y de mar; a Claudia González que compartimos un secreto en común; a Gaby, una niña de seis años que responde muchas de mis preguntas, a veces preguntas que aún no pronuncio; a Celeste, una niña con un mundo extraordinario en donde soy un pirata; a Patricia, una niña que vive como viendo al invisible. A Claudia Lama, cuya niñez le permite vivir sin prejuicios. A Jenny, cuyo amor por los niños y labor a favor de ellos me dice que es una de ellos; a Keila, a quien su sonrisa la delata y sospecho que no tiene intenciones de esconderlo; a Nirbeht, una niña sentada siempre a orillas del mar. También lo dedico a Enrique Crespo, un aventurero, (ey brother debe ser el apellido); a Guillermo para sus siestas de niño. Al peregrino, porque solo un niño puede caminar esos senderos. A mis dos hermanas, tesoros con quienes he cruzado muchos mares, por supuesto a mi héroe, a mi único numero dos y a mi niña.
(Pido disculpa por lo extenso, intenté resumirlo y esto fue lo minimo)

Y con toda humildad y respeto a mi Salvador, Señor de todos los niños. Quien un día dibujó el mar y la luna, y ha preparado una isla a la que un día llegaremos, yo sueño que será un noviembre… Cuanto deseo ese noviembre…



“El mar… ¿Quién puede entenderlo? Unas veces te arrulla y otras veces te muestra su ira sin compasión”

Abre sus ojos para darse cuenta una vez más que aquella voz y tan familiares palabras vienen de su memoria.

“… No lo culpes hijo, el mar es solo una criatura enamorada… Que quiere tocar a su amada… Pero aun no logra alcanzarla”

Esta vez es él quien pronuncia las palabras y queda en silencio al recordar que sobre ese mismo barco escuchó los melancólicos monólogos de su padre. Cierra sus ojos nuevamente mientras la brisa de la noche juega con su cabello.

“Un día fui como el mar… pero ya encontré mi tesoro…”

Así culminó el último monólogo que Ben-Cheil escuchó de su padre sobre aquel barco y frente a la isla donde mamá Cheila esperaba a su legendario esposo y su aventurero hijo.

La noche era fría y tranquila, justo como él las odia. Una noche perfecta para ahogarse en nostalgias, para permitirle a los recuerdos saltar las murallas que uno ha levantado para encerrarlos… Una noche en la que el alma se agita y se rebela en contra de la rebeldía… Simplemente una noche tranquila para estar tranquilo.

Ben-Cheil camina hacia la popa del barco y se apoya sobre las barandas del rustico y viejo barco, mira hacia babor y su mirada encuentra la luna

“¿Te dejarás tocar algún día por el mar?”- Pregunta mientras en su memoria suena el eco de la voz de su padre:

“Esta noche, mientras sobre este barco tu y yo miramos la luna, tu madre en la isla también la observa”.

Una lágrima rodó por su mejilla y esta vez escuchó la voz de su madre decir:

“Solo miran la luna los enamorados”.

Violentamente borró la lágrima de su rostro y dio el frente al mar, y de espalda a la proa del barco gritó:

“¡Mi único amor es la aventura!”.

Así había sido después de la muerte de sus padres. Una extraña enfermedad azotó la isla afectando a los más ancianos. Él era apenas un adolescente. Cuando el viejo Ben-Amin y Mamá Chelia murieron él tomó la decisión de abandonar la isla y cruzar los mares en busca de aventuras. Por siete días lloró frente a los cuerpos de sus padres, y al octavo después de cremarlos tomó parte de las cenizas de sus padres empuñándolas con su mano derecha y cruzó la isla hacia la orilla en donde levantó su mano y abriéndola le permitió al viento llevar las cenizas hasta hacerlas reposar sobre el mar. Y así Ben-Cheil, el aventurero, subió al “legendario”, el barco de su padre, en busca de aventuras.

En su travesía Ben-Cheil enfrentó grandes monstruos marinos, como a Kaliya, rey de las serpientes, reptil que envenenaba las aguas en la india; también se supo que una vez luchó contra una bandada de harpías que volaban sobre el mar robando almas humanas. Sobre el mar conoció a Nereida, ninfa del mar, y también a Náyade, ninfa de los ríos y fuentes.

Ben-Cheil conoció a Belerofonte y lo acompañó en su lucha contra una misteriosa criatura mitad león y mitad dragón, y un día vio como Belerofonte subió sobre Pegaso, su caballo alado, y voló sobre el mar persiguiendo a la criatura y derrotándola. De Belerofonte aprendió la técnica para vencer a las criaturas que botan fuego por la boca. En aguas hindúes venció a Makara, un monstruo marino con cabeza de elefante. Navegó también por lo mares en torno de la isla Lanka, y sobre esos mares burló los ataques y la maldición de la ogresa del Ramayana.

Una vez un Kraken intentó hundir su nave apoderándose de ella con sus tentáculos, pero Ben-Cheil con su astucia encontró el punto débil en uno de los tentáculos del Kraken y así lo venció. Conoció muchas sirenas. Se dice que una vez Ben-Cheil fue atraído por el canto de Lorelei, la sirena, y encantado por ella. Pero su espíritu logró vencer la fatalidad de su encanto. Y Lorelei no pudo creerlo… Se dice que a veces en su canto menciona el nombre del aventurero.

La fama de Ben-Cheil crecía con cada aventura, en diez años venció muchos gigantes que avariciosos custodiaban tesoros. Llegó a arrebatar muchos de los tesoros y gran parte del botín era repartido al pueblo más cercano del tesoro. Él solo se quedaba con lo necesario para sobrevivir. Y en ocasiones lo único necesario para él era la satisfacción de haber vívido otra aventura. Pero cada aventura era solo una ocasión para evitar la más cruel batalla: la batalla contra él mismo.

Y esa noche tranquila, la batalla empezaba una vez más. Ben-Cheil camina a su camarote, y se detiene frente a la desgastada puerta y allí mira de nuevo a babor y se encontró con la luna, la observó recordando esta vez las últimas palabras de su viejo en su lecho de muerte:

“Un día mi querido Ben… Un día serás vencido… Y no podrás evitar la aventura de la que todo hombre de mar huye… Ese día encontrarás tu tesoro… Hijo, un hombre muy sabio dijo una vez: donde está tu tesoro allí está tu corazón…”

Ben quitó la mirada de la luna, y la llevó al frente “será mejor que duerma, antes que la maldición de noviembre acabe conmigo”, así pensó. Y así lo hizo.

Ben llamaba a aquella nostalgia, que solo lo invadía en las noches de noviembre, “la maldición de noviembre”. Había una razón para ello, pero Ben ya no lo recordaba. Él no, pero ella sí.

Adit-Estela era la niña más linda nacida en la isla, su piel era del color de la luna, sus ojos como el mar, su cabello negro como la noche, sus labios rojos como las rosas que nacían en la isla y su voz sonaba como la brisa matutina de noviembre cuyas noches eran lluviosas.

Desde niños Adit-Estela y Ben-Cheil fueron amigos, aunque ella lo amaba. Cuando Ben volvía con su padre de recorrer los mares ella siempre lo estaba esperando en la orilla, sentada. A ella le gustaba escucharlo relatar cada historia vivida y él disfrutaba viéndola a ella emocionarse con sus relatos. Para ella fue amor a primera vista, y disfrutaba su amor callada, en él eso no funcionó, la vio siempre como una amiga de la infancia y ella nunca se atrevió a confesarle lo que sentía. Se conformó con los relatos, con las risas compartidas, con esperarlo cada noviembre.

Pero una mañana lo vio caminar pausado y distraído, el sol amarillo apenas se asomaba, ella lo siguió de lejos hasta verlo llegar a la orilla, donde levantó su mano y la abrió. Vio al viento llevar las cenizas al mar. Ella lo había visto cambiar en los últimos siete días, no era para menos, ella sabía que lo único a lo que Ben estaba apegado era a sus padres. Con la muerte de ellos se volvió un adolescente callado, ensimismado. Ella podía sentir su dolor. Luego de ver como las cenizas reposar en el mar lo vio caminar hacia “El Legendario”, el barco de su padre.

-¡Ben!- Gritó ella ahogada en llanto.

El dio la espalda al mar para verla correr hacia él. Ella lo abrazó… Lo abrazó fuertemente, como si de aquel abrazo dependiera su vida… Así permanecieron por minutos… El mantuvo sus ojos cerrados…Luego la separó de su cuerpo y la miró a sus ojos. Algo extraño sucedió en él, sintió que su alma se fundió a la de Adit-Estela en aquel abrazo, y sin pensarlo, como nacen las promesas de amor, pronunció aquella promesa:

-Adit… Una mañana de noviembre volveré a ti…

Quiso decir más.

Ella miró los ojos de Ben… Los ojos son la ventana del alma, y a través de ellos vio que su alma sonreía, y supo que aquella promesa se cumpliría. Sus lágrimas cesaron y ella le dijo al oído:

-Ben-Cheil, cada mañana de noviembre te esperaré sentada en esta orilla…

Él le dio la espalda y subió al legendario. Ella lo vio partir guardando silencio mientras sonreía.

Y esa noche, diez años después, mientras Ben-Cheil dormía en su camarote, Adit-Estela, a través de su ventana, miraba la luna. Eran las 12 de la medianoche del 03 de noviembre cuando cerró sus ojos mientras sentía que su alma se desvanecía dentro de ella y sus labios pronunciaron un deseo, un deseo que nació en su corazón, como nacen los deseos de amor:

-Luna, tráelo a mí.

Y la luna la escuchó, porque la luna entiende del amor, y de las mujeres que esperan ser alcanzadas por su amado. Así que la luna le coqueteó al mar. Y el mar se agitó airado, produciendo inmensas olas, como queriendo tocar a la luna. Y el cielo dejó escuchar sus reclamos, advirtiéndole al mar que aún no era el tiempo. Ben-Cheil se despertó a causa de los truenos. De inmediato sintió la braveza del mar. Le fue difícil mantener el equilibrio al levantarse. Le pareció extraño todo aquello, no había tempestades en noviembre, no en ese mar. Como pudo llegó al timón. Y la batalla empezó. Una nueva aventura, una tempestad en noviembre que seguro sería vencida por él. Ben sonreía con sus manos hábiles sobre el timón. El mar aumentaba su furor, sus olas crecían cada vez más, provocando fuertes vientos, la lluvia empezó a caer, por momentos parecía dominar el barco en medio de la tempestad, aunque levemente perdía el control, sin embargo, sus ojos mostraban tranquilidad.

-¡Es tu ira contra la mía!- Gritaba Ben excitado ante el peligro que corría. Las olas intentaban conquistar el viejo barco. Fue una inmensa ola, la más alta que Ben pudo ver en toda su vida, la que casi voltea el barco y Ben se resbaló golpeándose su cabeza con el timón. Su cuerpo calló sobre la rústica madera y su mano derecha quedó aferrada al timón. El mar se aquietó, arrullando el barco sobre sus aguas.

Como todas las mañanas de noviembre y con la misma esperanza, Adit-Estela se levantó y tan pronto como el sol amarillo se mostró a la isla, cruzó la misma en dirección a la orilla. Cuando ya llegaba, al levantar su mirada, no pudo ver la orilla como todas las mañanas. Su vista era obstaculizada por una muralla formada por una gran multitud. La mayoría de los habitantes del pueblo estaban en la orilla, frente al mar, de espalda a ella. Le pareció extraño. Su corazón tembló y apresuró su paso hasta llegar a la multitud. Se abrió camino entre ellos y ya frente al mar sus ojos vieron al viejo “legendario” atracado en la orilla. Llevó sus manos a su rostro sorprendida, miró al cielo y la luna aun permanecía en el cielo ya casi desapareciendo.

Subió al barco y junto al timón encontró el cuerpo de Ben-Cheil, su mano aun sujeta al timón. Ella la tomó y la llevó a su corazón y con su mano derecha acarició el cabello de Ben. 319 días de noviembre estuvo esperando para verlo y escucharlo, para caminar con él por la isla. Ella lloraba. Ben abrió lentamente sus ojos, con mucho esfuerzo, su visión era borrosa a causa del golpe que aun dolía. Le pareció ver frente a él al mar, la noche y la luna y escuchó una brisa matutina, una brisa de noviembre, que pronunciaba su nombre.

-Ben… Decía ella sonriendo entre lágrimas al verlo abrir sus ojos.

Él los cerró de nuevo, y casi sin aliento dijo:

-Adit… Una mañana de noviembre volveré a ti.

Ella sonrió y le dijo al oído:

-Ya estás aquí Ben, entre mis brazos, has cumplido tu promesa, es hora de descansar.

Minutos después, aquella mañana del 03 de noviembre, la multitud vio a Adit-Estela salir del barco tomada de la mano de Ben-Cheil, el aventurero. Ella sonreía erguida y sus ojos brillaban…

Un año después en aquella misma orilla Ben arrullaba en sus brazos al pequeño Ben-Adit y Adit-Estela abrazaba a Ben. Y Ben le decía al niño:

-“El mar… ¿Quien puede entenderlo? Unas veces te arrulla y otras veces te muestra su ira sin compasión…”

Adit, le quita al niño y ahora es ella quien lo arrulla entre sus brazos y ella continúa diciendo:

-“… No lo culpes hijo, el mar es solo una criatura enamorada… Que quiere tocar a su amada… Pero aun no logra alcanzarla”.

Ben dio unos pasos al frente, y sus pies descalzos fueron bañados por el mar y con una sonrisa pícara en complicidad con su amada metió sus manos al agua diciendo:

-Sigue buscándola amigo, sigue levantando tus olas con violencia, tal vez un día logres tocarla…

sábado, 20 de septiembre de 2008

MI DESTINO...

Mis pies cansados llegaron a ti, mi punto de partida y mi regreso. Mi memoria desgastada despertó y te reconocí al instante y en ti me desconocí.

¿Quién soy? Pregunté al verme desnudo.

El viaje ha sido largo y en tu presencia sospecho que aun me falta mucho.

Una vez más fuiste mi punto de partida, y algún día volveré a ti. Pero no será como este día. Será una mañana de noviembre, para mí será noviembre.

He guardado tu voz en mi equipaje, esta vez he retratado el destino que vi en tus ojos. No quiero olvidar tan hermoso destino.

Atrapé en mis manos lo que me permitiste tocar y el sudor que provocan los días calurosos en el desierto no podrá borrar lo que he tocado.

Ese día en tu presencia un ave me enseñó una canción que mi corazón no olvida, y yo canto junto a mi corazón las noches de frío, mientras mi mirada reposa en la luna, esa luna que dibujaste para mí, esa luna que refleja la luz de tu mirada. Un ángel me dijo un día que miran la luna los enamorados, sonrío mientras la miro porque descubro que me has enamorado porque eres mi destino.

Inventé mil caminos para volver a ti, y en ti descubrí que solo necesito quedar sin caminos.

¿Se puede ser peregrino sin caminos?

“Se puede”, me dijo el viento que no deja rastro, ni conoce veredas. “Se puede” hoy me recuerda… “Solo es peregrino quien no tiene caminos… Aquel que partió de un lugar que es su destino…” Y descubro que un día el viento partió de tu presencia y la busca incansablemente por cada rincón de la tierra. He decidido callar los días de viento recio, he aprendido a escuchar en él las voces de los peregrinos que anduvieron por aquí. Y cuando el viento pasea tranquilo a mi lado le cuento mis andanzas… Tal vez un día alguien las escuche.

En tu presencia respiré tu aroma, y sigue siendo real… Aun respiro tu aroma cuando el cielo anuncia la lluvia, tú perfumas la tierra, y luego te siento mientras la lluvia cae, mi sed por ti aumenta en esos días.

En tu presencia mi corazón ardía, hoy entiendo que ardía porque hablaba contigo, y siento que mi corazón se quema las madrugadas silenciosas… Ese silencio despierta mi corazón porque es tu ausencia que le habla… Por eso los valles no me detienen, en ellos se esconde el eco de tus silencios… Tus silencios más antiguos… Y no siento temor en ellos.

Al mediodía el sol no me fatiga, no puede quemarme, mi alma te recuerda sonriendo al mediodía… Recuerda el calor de tu presencia, con el que me arropaste depositando en mi alma el dulce sabor del hogar… Tú eres mi hogar… Por eso, donde esté, seré un extranjero. Un mediodía una semilla me contó que no importa la tierra en la que sea sembrada, ella saldrá buscando el calor del sol y apuntará hacia su hogar. Cuando camino por los bosques solitarios veo los árboles… Ellos me recuerdan dónde está mi hogar y entiendo por qué bailan cuando el viento pasa entre ellos… El viento les canta tu canción… La misma que me enseñó aquella ave... “Aun hay esperanza...” canto mientras camino…

Y entiendo que la esperanza es el ángel de todo peregrino… Un día mi ángel abrirá una puerta y cruzaré por ella para encontrarte de nuevo… Esta vez para siempre… Mientras llega el momento seguiré caminando… Seguiré cantando… Escuchando el viento… Mirando la luna… Sintiendo el calor del mediodía… Observando los árboles… Y un día en ti no seré más peregrino… Tendré un nombre… Serás mi regreso y no habrá más partidas…

Anhelo ese día, cuando mi identidad escondida en ti será grabada en mí… Mientras tanto sigo siendo peregrino…

viernes, 19 de septiembre de 2008

UNA MUJER CON CORAZÓN DE NIÑA (DEDICADO A KEILA O. HARRIS)

“El temor más grande de un escritor es no ser leído jamás”.

No recuerdo dónde, pero leí esta frase hace casi un año. No me considero escritor, pero me gusta escribir, lo hago desde muy niño. Recuerdo que mi primera “obra” fue una novela corta de suspenso, luego escribí un cuento en el que relataba la historia de un niño que tarde tomó la decisión de conquistar la amistad de una niña, de allí nació mi frase de que “la vida no es corta, sino que muchas veces, perdemos tiempo…”

Al pasar los años he creído necesario compartir algunos de mis escritos, pensando que es una forma de aportar algo a favor del bienestar colectivo. Convencido de esto he luchado por publicar algunos artículos en ciertos lugares y en ocasiones he corrido con la suerte de lograrlo. Hace meses atrás navegando por la red buscaba un medio para publicar descartando la posibilidad de publicar un libro…

En mi búsqueda e intentos tropecé con una noticia. Se trataba de una joven que firmó contrato con una importante editorial, me detuve a leer la noticia. Al final de la noticia había un enlace hacia la Web personal de esta joven quien en su sitio oficial regalaba la oportunidad de leer el primer capítulo de su más reciente obra para entonces.

Me gusta leer, lo hago a diario, pero pocas obras logran realmente atraparme. Me bastó leer ese primer capítulo para saber que se trataba de una verdadera obra literaria. Pienso que cuando un escritor gana la suerte de ser leído por alguien debe presentar algo que valga la pena, pues solo de esa forma honra el tiempo del lector. Ella honró mi tiempo, valió la pena detenerme a leer.

Leerla provocó en mí corazón una llama que he intentado apagar durante cierto tiempo. A raíz de ciertos prejuicios, que forman parte de la cultura que una vez me rodeó, he sujetado cierta pasión en mi estilo natural al escribir, he levantado murallas para mantener ocultos algunos de mis artículos y me he negado a buscar ciertas oportunidades. Aquella mañana después de leer la noticia y el primer capítulo de una gran obra y paseando entre las veredas del sitio oficial de esta joven muchos argumentos se debilitaron.

En su Web seguí el enlace que me llevó hasta su blog, y pude apreciar su sencillez en cada uno de sus post.

Me permití soñar por un momento, motivado improvisé un blog, tomé su correo electrónico y le envié una invitación a visitar mi blog. Fui sorprendido por su respuesta. Uno piensa que los escritores no atienden cartas de locos soñadores. No se trataba de una respuesta automática, o de un frío “gracias, a la brevedad posible atenderé a tu solicitud”… Ella había visitado mi blog y tomó unos minutos para responderme, además de un caluroso y personal saludo, de una forma modesta y exageradamente educada, me permitió recibir de ella algunos consejos, alimentando así mis sueños. Al leer su respuesta sospeché la fuente de su talento y la razón de su ascenso en el viaje al éxito.

Hoy sigo visitando su blog. Reflexiono con cada una de sus divagaciones, quedo en silencio y medito con cada extracto de sus obras, aprendo de sus consejos, crezco con sus críticas, me motivo a indagar cada obra que recomienda y cada autor que menciona. Y a lo largo de estos meses he descubierto que mi sospecha fue cierta (sobre todo después de mirar su sonrisa en una foto publicada en su facebook). Ella es mucho más que una escritora, es una mujer con corazón de niña, y solo alguien como ella puede entender a locos soñadores como yo.

Debo agradecerle, pues hoy estoy inmerso en una nueva aventura… Hoy juego a ser bloguero, y gracias a este serio juego he podido conocer muchos hombres y mujeres con corazón de niños, ha sido un aporte en la caída de las cadenas del prejuicio que ataron mis sueños, sueños que siguen creciendo y que cada día son más reales… Hoy tengo un blog y existe gracias a ella, y no exagero. Y no solo se ha conformado con haber respondido a mi correo, se ha dado a la tarea de alimentar mi ego y hacerme creer fantasías.
Gracias Keila, tu corazón de niña es un tesoro, y aunque muchas veces juego a ser un pirata, no pretendo robarlo. Me basta con saber y sentir la satisfacción de que un día navegando por un mar lo descubrí; es que navegando por muchos mares, vestido de pirata, he descubierto que no todos los tesoros existen para robarlos, algunos están para observarlos y sorprenderse a diario al mirar la luz que sale desde sus centros…

martes, 16 de septiembre de 2008

NIRBEHT, UN CUENTO PARA MIS NIÑOS...

A continuación presento un resumen de un cuento que dedico a mi héroe, mi único numero dos y mi niña…Y a todos aquellos que tienen la virtud de ser adultos con corazón de niños…

En tiempos antiguos existió un pueblo llamado NIRBEHT. Sus fundadores lo construyeron a fuerza de esperanzas y sueños, convencidos de que el único propósito de vida que tenían era forjar las bases para el destino de sus descendientes…

Cada mañana se levantaban y después de agradecer a Dios por el día que comenzaba susurraban al viento sus más profundos deseos para sus descendientes, el viento los recogía como profecías y danzaba por toda la tierra al ritmo de aquellos deseos. Luego de este ritual cada habitante se ocupaba de sus tareas, las cuales realizaban con esfuerzo y la mentalidad de que cada obra de sus manos sería trascendental…

Por las noches una tímida lluvia rociaba la tierra anunciando paz para el siguiente día, el cual iniciaba con la presencia de un astro siempre frente al pueblo, que proyectaba su luz ubicando las sombras a espalda de ellos…

Pero un día, nadie recuerda el día exacto… Una bruja se apoderó del pueblo, ocultándolo entre densas tinieblas, no era el manto de la noche, pues la luna no volvió a verse. Eran tinieblas de confusión… Los habitantes olvidaron a sus ancestros y las historias y profecías que habían sobrevivido en las danzas del viento, que no volvió. Olvidaron también el amor convirtiéndose en esclavos del odio y el egoísmo…

Así transcurrieron los años y un día nació un niño a quien sus padres llamaron Moghara. Este niño pertenecía al linaje de Ramshug, pero los habitantes habían olvidado sus linajes…Sin embargo la bruja escondía el libro de los linajes y el de las profecías que el viento había contado a cada generación. Solo la bruja conocía el destino del niño y por temor a su destino lo convirtió en un dragón… Los habitantes del niño tomaron al dragón y lo echaron al mar pensando que el mar acabaría con la criatura, pero el mar lo arrulló con sus olas y lo llevó al otro lado, a un bosque en donde vivió por muchos años…

El dragón olvidó que fue un niño, olvidó también que había vivido en Nirbeht… A cierta edad decidió no volver a la orilla del mar, pues junto a ella se sentía extraño. Le parecía que el mar intentaba hablarle, le hablaba en un lenguaje que no podía entender… Lo mismo le sucedía con la brisa de la mañana y la lluvia por las noches… En ocasiones su corazón ardía y sentía que le hablaba en el mismo lenguaje del mar, del viento y la lluvia, cuando esto sucedía el dragón respiraba profundo y con toda su fuerza expulsaba las palabras del corazón por su boca, las que salían en forma de fuego, de esa forma lograba callarlo y evitaba sentir el molesto calor que las palabras del corazón generaban en su interior.

Lo más cercano a un hogar era su cueva, allí permanecía de noche para no ser tocado por la lluvia y salía al mediodía después que el viento danzaba por el bosque.

Mientras Moghara permanecía en su cueva por las noches, una linda princesa se paraba frente al mar para escuchar su canto y sentir la lluvia… Su nombre era Newhra… Ella vivió en Nirbeht hasta la adolescencia. La bruja decidió desterrarla al bosque porque ella tenía la capacidad de entender el lenguaje de la naturaleza… En el bosque Newhra pasaba todas las mañanas frente a la cueva del dragón, sin sospechar que estaba habitada.

Una mañana Newhra observó una luz dentro de la cueva. La luz era producida por las llamas que el dragón botaba de por su boca intentando callar nuevamente su corazón. Y por primera vez ella decidió entrar a la cueva. El dragón sintió su presencia en la cueva y en segundos ella estaba frente a Moghara.
Él la observó un poco asustado, ella era una criatura extraña, creyó que jamás había visto nada igual, pues no recordaba que una vez fue un niño, los ojos de la criatura frente a él lograron llamar su atención y los observó fijamente, eran como un retrato del bosque… Ella también estaba sorprendida frente a él, y Moghara pudo notarlo, pensó que era por su horrenda apariencia… Sin embargo, ella estaba sorprendida por no poder creer lo que estaba viendo

-Eres real…- Dijo ella, y el dragón no pudo entender el lenguaje de la princesa, era el mismo que hablaba el mar, el viento y la lluvia, el mismo de su corazón.

-Todas las noches- continuó diciendo-el mar me habla de ti… Me cuenta que un día te tuvo entre sus olas y te trajo a este bosque, la brisa de la mañana me ha contado que un hace siglos Ramshug uno de los fundadores de Nirbeht le habló de ti, de tu nacimiento y propósito… Tu no eres un dragón… Eres un príncipe…

Estas últimas palabras despertaron el corazón del dragón, quien comenzó a sentir una llama dentro de él. Pero no quería expulsar fuego por su boca, no delante de aquella hermosa princesa.

Ella llevó su mano derecha al pecho del dragón y le dijo:

-No sigas callando tu corazón, escúchalo, tu conoces su lenguaje… Tú tienes un destino… No naciste para vivir en una cueva… Del otro lado del mar hay un pueblo que espera por ti… Por nosotros… Tienes un nombre…

La princesa mantuvo su mano derecha en el pecho del dragón y con su mano izquierda acarició el rostro de él y él sentía que su corazón estallaría en fuego en cualquier momento… Y ella con dulzura susurró su nombre al oído:

-Tú eres Moghara…

El dragón cerró sus ojos para soportar el calor que ahora era más intenso… Al abrir sus ojos ya no tenía el aspecto de un dragón, era un príncipe, un ser humano… Al instante recuperó su memoria… Recordó su corta niñez en Nirbeht, recordó cada rincón del pueblo…

Moghara y Newhra se tomaron de la mano y salieron de la cueva… Una brisa los recibió y escucharon juntos las profecías que los unían desde tiempos antiguos… Caminaron a la orilla del mar y al llegar el mar rindió sus olas a los pies de los príncipes y cantó la misma canción con la que arrolló años atrás a Moghara, él la escuchó con sus ojos cerrados:

“Eres un príncipe, aunque hoy parezcas un dragón… Nadie podrá separarte de tu destino, un día abriré para ti el camino, y volverás a Nirbeht… volverás porque eres un príncipe aunque hoy parezcas un dragón… Volverás de mano de Newhra… No llores Nirbeht… Aun hay esperanza… El niño volverá… Porque él es un principe…”

Al abrir sus ojos el mar se había separado abriendo un sendero entre sus aguas, por el cual Moghara y Newhra caminaron sonriendo… El sol iba frente a ellos proyectando las sombras a sus espaldas… Al pisar la orilla de Nirbeht el sol permanecía frente a ellos y el pueblo se iluminó… Una brisa sopló y paseó por las calles del pueblo abriendo las ventanas de cada aldea y entrando en cada una de ellas, así todos los habitantes iban escuchando las profecías de sus antecesores para ellos… Las cadenas del odio y el egoísmo cayeron. Al instante la bruja apareció frente a los príncipes y una luz salió de sus manos unidas… Era la fuerza del amor… Aquella luz la arropó y la bruja desapareció frente a ellos.

El pueblo se reunió frente a los príncipes y cada uno pudo entender que una nueva era comenzaba para el pueblo… Juntos cerraron sus ojos y susurraron palabras al viento que ya iniciaba su danza. Ese día después de muchos años la noche calló sobre Nirbeht… No eran tinieblas, era el manto de la noche que los cubría… Esa noche todas las miradas se encontraron en la luna, las miradas de los habitantes del pueblo, las miradas de sus príncipes, y la de sus antepasados… Mientras una tímida lluvia anunciaba paz para el siguiente día…

viernes, 12 de septiembre de 2008

YO TAMBIÉN PUEDO SENTIRTE DIOS... (DEDICADO A MI HEROE)

-Papi cuéntame una historia…La del principito… ¡No, mejor la del Dragón!

Era una noche fría, llovía a cantaros, son de esas noches perfectas para mí, noches para escribir o descansar, el día agotador…Pero la voz de mi hijo quiebra mi alma, él consigue de mí lo que quiere con solo decirme “papi”.

Lo miré con picardía creyendo haber encontrado un atajo. Fijé mi mirada en sus ojos y con un tono de voz muy bajo le dije:

-Hijo, hoy no voy a contarte una historia… Hoy te diré un secreto…

-¡Me gustan los secretos papi!-Interrumpió emocionado.

-A mí también me gustan hijo… Presta atención… Cuando llueve es Dios que quiere hacerse sentir, quiere que le toques para que te des cuenta que siempre ha estado contigo, quieres que le sientas para que las dudas huyan de ti. ¿Entiendes?

-Sí, papi.

Sonreía como quien ha encontrado un tesoro después de navegar toda una vida buscándolo.

Apagué la luz y un trueno se dejó escuchar sin ninguna timidez.

-Papi, prende la luz- Me dijo antes que me diera tiempo de salir de la habitación.

-¿Sientes miedo?

Asintió de inmediato con su cabeza. Y pensé en lo valiente que es un niño para reconocer sin prejuicios sus miedos. Me senté a su lado y lo senté en mis piernas, luego le dije:

-Los antiguos griegos pensaban que si mirabas un punto de la mano con tu mano izquierda y depositabas allí tus miedos y luego los apuntabas con este dedo (tomé el índice de su mano derecha) los miedos desaparecían. (Tuve que resumir la historia por mi cansancio y por hacerla más sencilla para él)

Miró de inmediato la palma de su mano derecha y sonreí mientras lo vi tocando un punto de su mano con su índice.

-Papi, ya no le tengo miedo a los truenos.

“Problema resuelto”, pensé. Mientras reflexionaba brevemente en lo sencillo que es para un niño creer.
Antes si quiera de levantarme de la cama me dijo:

-Papi, quiero ir afuera un momento para tocar la lluvia.

Quise negarme, pero ya saben, pronunció las palabras mágicas.

Lo tomé en mis brazos y salimos al porche, extendió sus manos y la lluvia las mojó al instante.

Lo vi cerrar sus ojos y escuché que susurró:

-Gracias Dios, puedo sentirte Dios…

Mi corazón saltó, mis ojos se empaparon de lluvia, solo guardé silenció y abracé a mi hijo, una vez más lo hizo… Lo abracé más fuerte y cerré mis ojos mientras susurraba desde mi corazón:

-Gracias Dios yo también puedo sentirte.

jueves, 11 de septiembre de 2008

UN ESPACIO ABANDONADO...

Hace un par de días mi ángel me sorprendió al encontrar un espacio que no recordaba haber abierto hace algunos años atrás. Leí mi perfil y reí a carcajadas, no por mis intereses allí plasmados, siempre han sido los mismos. Mi risa la originó mi auto descripción. Comenzaba diciendo: “Soy un líder cristiano…”
Reflexioné junto a ella en cómo he creído conocerme. En ocasiones e tenido un concepto muy elevado sobre mí, muy distante a lo que soy, y muchas veces ella dice que me veo de forma muy negativa. Yo digo que ella quiere verme mejor de lo que realmente soy.

Creo que tal vez aun no logro conocerme, y sospecho que solo podré descubrir mi identidad en la medida en que mi relación con Dios se estreche y le conozca a Él. En Él está escondida mi verdadera identidad, una razón más para continuar a su lado, un aspecto más de Él que me enamora.

Así que si alguien me pide que me describa, le diré que solo soy alguien que busca su identidad. Tal vez un día pueda decir quien soy, mientras tanto no quiero escribir algo que al leerlo en dos años me cause un ataque de risa y un poco de vergüenza. Solo puedo decir hoy que soy alguien que se sorprende a diario mientras intenta conocer a un Dios que mira al hombre con ojos de gracia. Y si algo definitivamente no soy eso es un líder cristiano. Mis intereses puedo resumirlos en los siguientes: vivir, amar, leer, escribir y soñar.

martes, 9 de septiembre de 2008

TU MIRADA, TU SONRISA, TU SILENCIO...

Una lluvia nos susurró la bendición de Dios, y nos invitó a soñar, a vivir nuestra primera vez.


Tú sonreías y la ciudad se iluminaba. Tu mirada despertaba una ilusión para toda la vida y nuestras manos se unieron para caminar juntos hacia el futuro con una promesa compartida. Apostamos el uno por el otro sin temor a perder, esa opción nunca estuvo entre las nuestras.


Mientras el mundo giraba distraído, tú y yo deteníamos el tiempo humillándolo bajo nuestros pies. Nuestras soledades se unieron y observaron juntas en silencio el juego de dos amantes que dibujaban la luna en cuatro paredes y le mostraban al amor su lecho.


Cerramos los ojos para concentrarnos y mirarnos mejor. Desnudamos nuestras almas para abrigarnos y todo tuvo sentido. Fijamos nuestros temores en las palmas de nuestras manos y los disipamos con los dedos.


Mi independencia perdió sentido. Te adueñaste de mi aliento y yo del tuyo. Entregamos nuestros cuerpos en homenaje al amor, y una vez más, prometimos no deshonrar al amor, a nuestro pasado, a la vida que apenas nacía. Y la pasión soltó las riendas con las que la sujetamos por años. Y bailamos al ritmo de una canción hasta entonces desconocida, una melodía que hicimos nuestra, cuya letra solo entiende el corazón.


Armamos juntos un rompecabezas, que nos reveló un mapa, que nos guió a una isla y la llamamos la gloria. Y allí reposamos. Juramos que la vida no sería corta, que no perderíamos jamás el tiempo, que ahora era nuestro.

Reímos mientras trazábamos puntos en nuestro pasado, siempre lo hicimos, solo que ese día era más placentero descubrir que teníamos razón: no se puede huir de quien es tu destino. Alabamos la fuerza del amor que nos mantuvo cerca en la distancia.

Te prometí que no habría paredes blancas entre nosotros. Y tú me miraste, solo me miraste en silencio mientras sonreías. Tu mirada, tu silencio, tu sonrisa, un trío perfecto que aun logra sacar lo mejor de mí…

viernes, 5 de septiembre de 2008

UN DÍA DE ESTOS ATRAPARÉ EL ECO DE TU VOZ…

Oigo el eco de tu voz, que se quedó junto a mí aquella mañana, y mi corazón se agita como un niño cuando oye la voz de su madre ausente algunos días.

A veces necesito escuchar tantas cosas, que atiendas a mis por qué. A veces hablo con el silencio y me responde en el eco.

Pudiste decir tantas cosas aquella mañana, pero no habría sido perfecto.

Me sorprendiste y enmudecí.

Tanto tiempo deseando ese momento sin saberlo. Creí que había mucho por decir. Sí, yo tenía mi discurso en un bolsillo, ya sabes que me gusta estar preparado siempre. Pero una sola palabra salió de tus labios y lo único que pude hacer fue callar y buscar tus ojos para mirarte… aun sigo buscándolos. Me dejaste tomar tu mano, y lo hice con timidez porque era un niño ante tu voz. Aun siento tus dedos entre los míos aunque no veo tu mano. Aun refrescas mi alma con el aroma de tu aliento.

Me enamora seguir la melodía de tu voz grabada en mi corazón.

Tu voz, un día la escucharé de nuevo… en otro lugar, en otra vida… En una que inventaste para mí. Sueño con ese lugar, deseo esa vida.

Mi nombre, fue todo lo que escuché en tus labios. Y juré morir por escucharlo de nuevo, pero me ofreciste vida. Mi nombre en tus labios y olvidé mil preguntas… Colgué mi alma en tu corazón, y colgaste tu alma en el mío. Y puedo sentirte cuando te busco, y quiero buscarte cuando te siento.

Me imagino frente a ti escuchando tu voz de nuevo y ya no quiero escribir un discurso, no te rías, sé que no podré leerlo.

Es que tu voz me enloquece y me hace sentir que quiero ser diferente… Que quiero ser tu esclavo porque mi libertad está en tus labios… Que quiero recorrer un solo camino porque no hay otro que me lleve a ti… Que quiero solo tu aventura porque sacias mi sed.

Es que tu voz me enloquece y me hace construir deseos diferentes… Que sigas escuchando mis secretos y leas más allá de mis letras… Que llames mi atención con tu distancia cercana… Que acaricies mi alma con tu silencio que abre la puerta al eco de tu voz… Que alimentes mi niñez para seguir burlando los prejuicios, para así pensar que no te veo porque jugamos al escondite y seguir contando y salir a tu encuentro.

Es que tu voz me enloquece y me hace sentir que vuelo sobre el lomo de tu voz hacia un mundo nuestro… Un mundo que está en mi corazón, donde está tu alma…Un mundo donde los temores lucen como payasos de circos y motivan mi risa… Un mundo donde todo es posible y la vida no es corta.

Oigo el eco de tu voz y nace un juramento que es tuyo y es mío: Un día de estos atraparé el eco de tu voz con mis manos…

miércoles, 3 de septiembre de 2008

MAS VALE TARDE QUE NUNCA...

Han pasado algunos días, pero lo he tenido presente y aun la emoción está latente. He dado gracias en secreto, hoy quiero hacerlo público.
Hace día TSN me extendió una invitación para publicar algunos artículos en su espacio, esto para mí ha sido muy importante y motivador. Es una oportunidad para escribir en otro tono, aunque con mi humilde estilo que por cierto luce opcaco en medio de tanto talento. Si no me equivoco fui invitado al mismo tiempo que Guillermo (así que brother te nombro mi hermano mayor en ese mundo, jajaja).
Gracias al equipo de escritores que me reciben en TSN, que le han dado vida a ese lugar con interesantes artículos. Gracias a la niña que me invitó a jugar. Gracias a los visitantes que han comentado mi primer post. A continuación posteo en este lugar mi primer artículo en TSN, y al final encontrarán el enlace para aquellos que aun no han visitado el sitio. Los invito a echarle un vistazo, van a chocar con información redactada por personas con manos talentosas en extremo y con un conocimiento deseable. Disfruten su estadía... Antes de despedirme debo dejar que mi niño pegue un grito que ya no puedo callarle: "¡Soy un hijo de la gran ruta!!!!!!!!
AYER UNA NIÑA LLORÓ…

Dedicado a dos niñas, una de seis años que le dio su amor a este niño, y otra de tres que me ha prestado papel y lápiz para pintar.

Apenas una niña, seis años cuando sus ojos lindos observaron a su padre salir por la puerta para no volver jamás. Seis años cuando su llanto comenzó… Y ayer la vi llorar de nuevo.

Aun cuando han pasado 20 años y logró recuperar a su padre, sigue doliendo la ausencia paterna en su niñez, siguen doliendo las explicaciones. Y créanme ayer también me dolió, también lloré… Lloré porque la vi llorar, porque la escuché… Escuché a esa niña que ella a los seis años colgó junto a sus muñecas. La abracé mientras, entre llantos, su tierna y herida voz me dijo:

- La iglesia me quitó a mi padre…

No mi niña linda, no fue la iglesia. Yo acariciaba su cabella sin decir nada… Y cubrí su rostro con mis manos, besé su frente. Intenté, inútilmente, secar sus lágrimas.

- Dios no puede darte un padre para luego quitártelo, sea como sea él era mi padre, él es mi padre.

Su voz temblaba y mi espíritu también. Mírame a los ojos niña, sabes que no puedo mentirte, no fue Dios, no el Dios que conozco, Él es amor, y sabe amarte, sabe hacerlo mejor que yo.
Irónico, él mismo año que sus padres dijeron haber conseguido el camino al cielo su padre se marchó de su lado con explicaciones confusas, tal vez muy profundas para una niña de seis años y quizá explicaciones que no eran más que una completa estupidez. ¿Cómo saberlo con certeza cuando se tiene seis años?...

Ella solo entendía que papi no estaba en casa para cuidarla, para peinar su cabello, para contarle historias antes de dormir, para cargarla en sus hombros y pasearla por el hogar. Que no estaba en casa para cantarle su cumpleaños feliz, ya ni eran cumpleaños, solo años que pasaban sin él. La casa estorbaba, el cielo también, y aquel camino que decía llevar al cielo era un infierno sin él.
Aquel año sus padres descubrieron a la luz de la Biblia que la relación que llevaban era adulterio, pues su papá estaba casado con otra mujer cuando conoció a su mamá. Aunque llevaban años unidos no pensaron antes en el matrimonio, eran concubinos y adúlteros. Y a la luz de las lámparas de una construcción a la que llamaban iglesia descubrieron que si alguno de ellos quería “servir” a Dios en el “ministerio” no había otra salida que la separación. Que él se divorciara y se casara con su madre no era una opción válida en aquella congregación ni para la organización que avalaba a la “iglesia”. La separación era lo mejor. Eso decían.

Tras la separación no era conveniente que a su padre lo vieran llegar a casa para visitarla, había que cuidar el testimonio, al poco tiempo su madre era pastora y no convenía que se pensara que era adúltera, eso podía costarle su credencial, su ministerio, y al parecer eso era mucho más importante que el dolor de una niña. Pero no es así mi niña, no lo creas, tu eres más importante…

Y así pasó el tiempo, así se pasó la infancia, pasó la adolescencia. Ella obligada a someterse a la voluntad de una organización, de una directiva, de cuatros paredes que, decían, era la iglesia, a la voluntad de una pastora que una vez fue su madre. Crecía preguntándose por qué diablos tenía que ser parte de una “iglesia” de la cual su padre no podía ser parte, pero ¿A quién le importa las preguntas de una niña de seis años?... A mi cielo, a Dios, sí, al Dios que conozco…

Hubo escasas llamadas, sin que mamá y la iglesia se dieran cuenta. La niña siempre preguntó “papá, por qué no puedo estar contigo”. Pero las respuestas eran profundas, mejor no responder… Qué estupidez.

Aprendió a sonreír sin querer hacerlo… A dar la mano y decir “Dios te bendiga” cuando la vida era una maldición para ella… A aplaudir para que dijeran que adoraba a Dios, aprendió el lenguaje de la iglesia para que mamá demostrara que tenía control sobre su casa, aprendió a callar sus preguntas para que no dijeran que estaba poseída por un espíritu de rebelión… A repetir frases con sus ojos cerrados, total que más daba.

Con el tiempo obtuvo hasta un certificado teológico, fue el logro de tres años y medio de estudios y unos 16 años suprimiendo los deseos de ver a su padre.

Pero 20 años después decidió mandar todo a la basura. Y buscó a su padre, y decidió luchar a muerte contra la religión. Lo abrazó, lo amó. Y su amor rompió todas las mentiras. Su padre lloró y comprendió, pidió perdón, su madre también pidió perdón.

Aun así, ella ayer todavía lloraba, es que aun hay preguntas que la niña hace, porque aun hay lamentos.

Mi niña, ayer yo también lloré cada lágrima tuya, lloré mientras dormías, y fui niño también, al verte rendida cansada de tanto dolor, y este niño gritó mi pregunta en silencio para no despertarte.

¿Podemos llamar iglesia a instituciones que dañan con sus dogmas la inocencia de nuestros niños? Y hablo del niño y la niña que todos llevamos dentro y lucha por conservar la inocencia
Perdonen la pregunta, es que a veces no puedo callar a este niño…
Tomado del blogs http://www.teologiasinnombre.blogspot.com NO DEJES DE VISITARLO!!!!!

martes, 2 de septiembre de 2008

DUELE...

Duele tu ausencia; duele porque golpea mi alma, porque lastima mi corazón. Por los pocos recuerdos que pude construir contigo, por no haber tenido más tiempo. Duele desear un día más.
Duele buscar tu voz en los rincones de mi memoria. Que tus palabras hayan sido pocas, duele no haberlas entendido todas, no haber aprendido tu lenguaje.

Duele no cumplir mis planes contigo, aquellos que nacieron con tu primer llanto; duele y lloro, no puedo evitarlo, mi dolor no se distrae, no quiero distraerlo.

Duelen los juegos que inventaste, que eran nuestros. Duelen los secretos que guardaste y se quedaron contigo, y aquellos que no escuchaste.

Duele buscar tus manos y ver las mías vacías, duele sonreír sin ti cuando sonrío por ti.
Hoy me dueles, y este dolor me embriaga, empaña mis ojos, opaca mi alma.

Duele saber donde estas y no poder llegar a ti, duelen las fronteras inclementes, la lógica irracional, las mentiras ciertas. Duele el futuro inexistente, los abrazos pendientes.
Duele soñar que te sientas en mi cama, a mi lado, y me dice “papi” después de un beso. Duele porque despierto con tu ausencia.

Duele la música los sábados en la mañana, las noches que no hacen pacto con el sueño.

Duele el abrazo pendiente, las velas que no apagas, los caminos sin ti. Duelen mis deseos que no puedo desear, y que deseo tanto poder hacerlo.

Duele pensar que si pasas por aquí conocerás mi cobardía, duele saber que no pasarás.

Duele obligarme a no dejar correr mi llanto algunos días.

Duele escuchar que algún día te veré. ¿Por qué tiene que ser algún día? ¿Por qué no puede ser hoy?

Duelen los cuentos que son tuyos, que se quedan en mis bolsillos. Duele amarrar mis caricias para ti. Duele no poder espantar este dolor.

Duele creer que es mejor no hablar de ti, duele hablar de ti y no querer escuchar preguntas.

Duele buscar consuelo, vestirme de fuerte. Duele cerrar mis ojos para mirarte, duele buscar en mi memoria para encontrarte. Duele caminar para no llorar, duele no poder guardar una lágrima al volver. Duele amar este dolor, porque es tuyo.

Duele que tu ausencia no escuche mis gritos, duele no poder quitarle el espacio que es tuyo.

Duele luchar contra la muerte y ser vencido.

Duele no poder seguir escribiendo.

Duele saber que un ángel vendrá a mi favor o tal vez en contra… Porque ataca mi dolor...