domingo, 25 de octubre de 2009

ERAMOS ADOLESCENTES...

Éramos adolescentes. Ella, llena de magia, de sonrisa inédita, de ojos llenos de vida.

Tierna, porque así s la vida, y ella es vida. Dulce, porque así es el alma, y ella es alma. Frágil, porque así es el tiempo y ella es tiempo.

Yo, siempre moviéndome, desafiando mi vida, silenciando mi alma, luchando contra mi tiempo, eso fui yo: desafío, silencio, lucha. Fui fugaz, ignorando que la vida era para vivirla, que el alma para sentirla y el tiempo para las treguas. Pero ella logró estacionarme, ágil con su sonrisa y capaz con sus ojos.

Paz en un año de calamidades, eso fue ella. Suave brisa entre aires tempestuosos, luz de mediodía en profundas oscuridades nocturnas. Y se internó en mí, con magia y hechizos, lo desafió todo.

Los años pasaron, cargados de caminos, complicando todo a su paso. Y hoy me detengo para saberlo: perdí mi vida, enredé mi alma, desperdicié mí tiempo. Me enredé en trampas sin rastros, me sumergí en océanos muertos, me perdí en encuentros lejanos y distancias cercanas. Hice hondo el vacío.

Éramos adolescentes y hoy la recuerdo, el recuerdo me alcanza, el recuerdo me dice que la vida es tierna, que el alma es dulce, que el tiempo es frágil. Hoy me detengo, me siento al lado del recuerdo y planteo mi tregua… Tal vez se detenga el tiempo.

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