miércoles, 5 de enero de 2011

SERIE COMPLETA DE "REFLEXIONES ESCRITAS LOS DOMINGOS EN MI HOGAR"...

REFLEXIÓN DE UN DOMINGO EN MI HOGAR...

No soy liberal ni liberador. No pretendo influir en el despertar de nadie, o sumar a su estado dormido. Entiendo que muchos al leerme o escucharme juzguen mi acción como un intento de “convertir a otros”. No es mi intención.

Solo puede ser libre quien desee serlo, se desea ser libre cuando se entiende la opresión de la que no solo se es esclavo, sino muchas veces libertado, digamos, atado libremente. Existe una esclavitud que regocija, una que se fundamenta en una serie de conceptos y ficciones que visten de conocimiento la ignorancia y altera la capacidad que tiene el ser de percibir sus ataduras. Ayuda mucho a esta esclavitud la compañía, yugos grupales, cadenas corporales. Cuando el ser, estando oprimido, atado (dormido), se siente en compañía, habiéndose modificado los conceptos que estructuran la libertad, surgen sentimientos que silencian la sed por verdadera libertad, convirtiéndose la compañía en un consuelo que refuerza la conformidad a la opresión.

Yo comparto sin pretensión de darme a entender, sino de ser entendido, de ser entendido por quien no necesita entender, por quien no necesita leerme, así lo que comparto, escrito o pronunciado, pueda traducirse en un encuentro. Ya no quiero cargar sobre mis hombres con el peso del despertar de nadie (hubo un tiempo en el que si quise llevarlo, peso que es producto de la ortodoxia que heredé de la derecha, y que al salir de la derecha, siendo de izquierda, queriendo ser librador, llevé también, con otros nombres quizá. Hoy no encajo ni en una derecha ni en una izquierda y no pretendo hacerlo, como tampoco pretendo seguir llevando el peso de “liberar” ni con ese ni con ningún otro nombre).

No es “algo lindo” que alguien despierte a causa de lo escrito por uno o hablado por uno, es más bien lamentable que el ser humano siga cultivando dependencia en cualquiera de sus expresiones, dependencia que esclaviza, que se traduce en comodidad y pereza.

¿Qué pasa cuando alguien cree despertar a causa de uno? Sencillo, su intento de mantenerse despierto seguirá dependiendo de uno, antes de saberlo renunciará a la habilidad natural que tiene el ser de generar su propia libertad. Al mismo tiempo se atraviesa por el riesgo de sucumbir ante la tentación de crear un imperio propio, un sistema, de ser esclavizador con el método de vender libertades a precio de fortunas.

Hoy, en este trayecto, creo más en lo encuentros, aclaro que “creo” no es que tengo fe en ellos como método, sino que al momento de compartir por medio de las palabras escritas o de las palabras pronunciadas lo hago para tropezar con gente despierta, que sepa ya de lo que hablo, o sino lo sabe, que esté en la búsqueda constante de lo que yo digo buscar, y que su busca no se adhiera en ninguna manera a la dependencia. Mi pretensión no es una utopía, por medio de los senderos de las palabras escritas y habladas he tropezado con personas que buscan, otras han tropezado conmigo. De allí surge una amistad, sin ser la amistad una dependencia, pues la amistad verdadera no buscar servirse, no es el objetivo de una amistad. Cuando sucede, cuando dentro de la amistad uno parece servirse del otro, el servicio es accidental, no buscado ni generado. No hay yugos en la amistad. Yo creo en la amistad pretendida por quien despierta, así creo en el encuentro entre unos con otros, por medio de los senderos que uno se hace para buscar, creo que es más productivo que el sometimiento constante o cualquier otro grado de dependencia. Yo creo que quien al leerme o escucharme piensa que empieza a entender algo es porque ya lo había entendido antes de tropezar conmigo, así que si en verdad ha sucedido así su búsqueda seguirá continua e independiente.
Querer liberar, pienso, es ya una actitud ortodoxa. Así los llamados de izquierdas los interpreto como otra manifestación de la ortodoxia, de hecho la izquierda dentro de un sistema defiende el mismo sistema, reformando, rediseñando los conceptos y estructuras a favor del grupo que intenta imponerse sobre el grupo que ha estado impuesto sobre ellos. Los conservadores también pretenden liberar en su empeño de “atraer”, “convertir” encerrar a otros en sus círculos. ¿Qué ofrecen liberales y ortodoxos? Con otros conceptos pretenden lo mismo, tienen el mismo propósito, ofrecen el mismo sistema. Entre derecha e izquierda, liberales y ortodoxos, dentro del cristianismo, no hay una verdadera ruptura, ambas desean constantemente imponerse como sistemas, trazarse como esquemas, generar dependencia.

La dependencia es el alimento de todo sistema, se nutre de la dependencia, cuando un liberal u ortodoxo predica libertad ridiculizando la dependencia a un sistema de creencias establecido, lo hace para causar la necesidad de independencia hacia ese sistema de creencia y atrayendo al individuo hacia la dependencia del sistema de creencia propia. Es irónico que la ortodoxia se crea a sí misma como sistema real basándose en una serie de ficciones, así crea un “sistema mundano” como enemigo contra quien luchar y a su vez de quien alimentarse, luego, se desprende de la ortodoxia un grupo llamado liberal que ha aprendido las “mañas” de la ortodoxia y que al parecer no tiene interés de “cambiar sus actitudes” y se declara a sí mismo amigo del “sistema mundano” y libertador del mismo a través de sus “ideologías” apunta contra la ortodoxia como enemigo contra el cual luchar y a su vez de quien alimentarse, pero tanto uno como el otro son parte del mismo sistema, así que ofrecen la misma opción: la opción de hacer sentir el regocijo de la esclavitud.

Creo que despertar equivale a no generar dependencia, creo que las criticas de uno que ha despertado deben estar libres de la pretensión de venderse a sí mismo como opción, como libertador.

OTRA REFLEXIÓN DE UN DOMINGO EN MI HOGAR...
Intento volver a los poemas, pero será la “maldición de noviembre” que no me permite distraerme de estos asuntos.

Constantemente recibo y escucho comentarios de personas que parecen no interpretarme bien, me perciben defensor de algo inexistente, y en sus comentarios, incluso interpretaciones de mí, parten de estructuras tan inexistentes como lo es aquello de lo que me perciben defensor. No pertenezco a ningún grupo, y no podría, al igual que muchos (sí, sé que son muchos) no encajo dentro de algún sistema, y no deseo hacerlo.

No tengo palabras constantes, no puedo adherirme a una forma o estilo de léxico, no confío en palabras establecidas porque detrás de cada palabra hay una estructura que debe ser analizada y por lo general miente en relación a la palabra que lo define, o tal vez miente la palabra en relación a aquello que es definido. Vivo en un laberinto de palabras, eso sí, moviéndome entre estructuras, huyendo tal vez constantemente al mismo ritmo que me voy descubriendo. Le temo al dogmatismo, al que se impone y al que soy tentado imponer. Creo en una libertad aun no encontrada, que me obliga a redefinirla, que me niega su figura como lugar y me habla de caminos que no se cansan; creo en una verdad que no defino, que me obliga a pensar que la verdad es indefinible, que no se puede nombrar, que una vez que se encuentra en una aparente totalidad deja de ser verdad para convertirse en pequeñas mentiras sin un valor real. Creo en la escasez de las palabras, y en ocasiones, en lo innecesario de ellas, en la ineficacia de ellas. No entiendo las formulas porque se contradicen, porque se aplican a contextos permanentes para ser útiles, contextos que no existen pues tiempo y espacio no se detienen y considero que eso merece atención.

Creo en el lenguaje y la comunicación como vehículos que conducen más no como instrumentos de opresión, como medio de imposición. Amo el arte, no el propio pues carezco de habilidades, pero amo y creo en el arte, en el que nace de la interpretación de la belleza, en el que surge espontáneamente y con el único propósito de ser lenguaje y comunicar, de brindar belleza. No creo en el arte que pretende ser instrumento de sistemas, ya su origen miente, no es arte, es banalidad, esclavitud en sí que pretende esclavizar. Yo amo el arte espontaneo, verdadero, puro, infinito en todo lo que ofrece, así como es la verdad que no sé describir. Creo que un artista no se nombra a sí mismo e intenta apartarse de su creación al momento de crear, que llega a despreciarse en cierta medida frente a su obra y ese desprecio de “sí” frente “a” genera amor “hacia”.

Creo en la sed, en la sed desnuda, en la sed natural. Esa que te mueve, que busca, que es como tiempo y espacio, que te distrae de pretender tanto, que te cuida de pretender poco, que no te conforma a nada. Creo en las interrogantes, pienso que se generan a sí mismas cuando uno se niega a sí mismo, creo que las interrogantes trazan un camino que no se sospecha y que no se deben asesinar con presupuestos, que las interrogantes son útiles contra toda herencia, que permiten hacer “camino al andar”, creo en esas interrogantes que asaltan, que atracan en la tranquilidad y causan erupción de la existencia, en esas que surgen sin vicios. Odio los vicios, tanto que en oportunidades he llegado a odiarme a mí mismo, odio los vicios que tienen su origen en la ambición, los que tienen su cuna en las comodidades.

Respeto la historia, la que no se somete sino que se refleja a sí misma, acepto que sea frágil y modificable, pero confío en su poder de sacudirse de toda interpretación y del mismo caos que le genera la retórica. Aprecio la retórica como arte. La exposición de argumentos me aburre, pero intento prestar atención. Me decepcionan, me cansan más allá del mismo cansancio, los argumentos no propios, sin orígenes, sin el aval de la experiencia, sin la disciplina de la búsqueda verdadera, sin el toque suave del arte puro. Admiro la existencia y lo que ella proclama. Admiro los objetos y de dónde provienen y a dónde conducen.

Entiendo que como yo muchos perciben, muchos aman, muchos odian. Comprendo que podemos encontrarnos en el punto de algunas creencias, pero definitivamente no me uniría a nadie como defensor de lo que percibo, de lo que amo y de lo que odio, porque entonces podría pasar que deje de prestarle atención al tiempo y espacio…

OTRA MÁS: REFLEXIÓN DE UN DOMINGO EN MI HOGAR...
“Te vendo mi libertad a precio de tu esclavitud”.

Esta parece ser la frase que mejor define la acción e intención de muchos que se dedican a la tarea de mostrarse liberadores en el escenario religioso. Y no me refiero solo a “liberadores” ubicados en una “izquierda de ficción” (ya he explicado que esta actitud es tan ortodoxa como lo es la ortodoxia formal o “dominante” nombrada derecha). También los que dicen ubicarse en una derecha se muestran liberadores. Ambos escenarios (derecha e izquierda) se adornan de tradiciones, crean y proclaman necesidades, se inventan reformas que guardan la esencia de sus tradiciones cambiando solo la forma de presentarlas. He aprendido a no aceptar sus nombres, sino a analizar sus estructuras, y del análisis caigo siempre en el mismo terreno, convenciéndome cada día de que no existen derecha e izquierda dentro de la religión, aunque sí polos, ubicados o agrupados en extremos opuestos (dentro del mismo escenario, por supuesto) pero unidos por un mismo hilo conductual en sus discursos. La imposición de ideas caracteriza a quienes ofrecen libertades, haciendo percibir la libertad como una criatura que clama por ser domada, por lo tanto, según todo esto para conseguir la libertad se hacen necesarios los nombres, mecanismos, esquemas. Y un nombre suele agrupar “todo lo necesario”. En este sentido si le dices a alguien “libertado al cristianismo” que no necesitas ser cristiano para ser libre, te preguntará o se preguntará “¿Entonces cómo debo llamarme?” “¿Qué debo hacer?” “¿Cuáles pasos seguir?”.

He tropezado con hombres que se jactan de no pertenecer a ninguna iglesia “evangélica”, y ahora ser “testigos de Jehová”, otros que se jactan de no ser más “católicos” y ahora ser “evangélicos”, otros que creen haberse librado de las cadenas de la religión con solo decir “no soy religioso, soy cristiano”. Y desde sus sectas proclaman tener la libertad para quienes les rodean y que ésta solo puede alcanzarse mediante la aceptación de los preceptos dentro de sus sectas. No se dan cuenta que solo cambian de formatos, que “una vida de congregación” nada tiene que ver con la libertad.

¿No se puede concebir la libertad siendo libres?

La religión, hasta las nombradas “no religiones”, ofrece libertades de bolsillos, a cambio de la entrega de los individuos a sus dogmas y preceptos. Es una libertad condicionada, por lo tanto no es libertad, así son liberadores de solo nombre, pero sus predicas delatan sus actitudes esclavizadoras. Quienes se auto nombran conservadores parecen más “obstinados” en el afán de esclavizar al individuo a su sistema, quienes se proclaman liberales se trazan el mismo objetivo y pretenden alcanzarlo con más sutileza.

Yo creo en la ruptura de sistemas como proceso para desdibujar la libertad, sin pretensiones de establecer señales en el camino. Y debo confesar que he perdido la fe en los maestros que afirman “predicar” verdades bíblicas pues al final solo te venden “dogmas biblificados”. Creo en la necesidad de una “libertad libre e inédita”, creo en la diversidad de caminos no señalados ni trazados, creo que no existe un único recurso sino herramientas, creo en la comunicación no forzada por una línea de pensamientos, sin objetivos oculto, creo en el placer puro de comunicar. Creo en las brechas que originan las críticas no doblegadas a ningún sistema. Creo necesaria la libertad, amo la libertad, pero no quisiera pretender jamás (espero librarme siempre de ese vicio) libertar a nadie. Solo espero un día mirar y sentir la alegría de observar que muchos han comprendido que la libertad es un camino sobre el cual hay que andar sin detenerse.

OTRO DOMINGO, OTRA REFLEXIÓN...
Pienso en aquellos años, cuando la “vida congregacional” era para mí una tradición y un requisito. Una tradición vestida de autoridad, incuestionable, insustituible; un requisito para una “salvación” producto de la sistematización de instrumentos sin “autoridad trascendente” y que solo puede ser “comprendida” cuando elementos como “vida congregacional” pasan a ser vicios de “fácil consumo”. (Pues la autoridad que poseen esos instrumentos, que la necesidad de sistematizar ha hecho trascendentes, en realidad caduca en relación a espacio y tiempo y su utilidad evoluciona ajustándose a los cambios y su posición en el espacio sujetos al tiempo). Así, en aquellos años, la llamada, reclamada, pregonada “vida congregacional” era un instrumento para otros que, adictos también pero en calidad de “distribuidores”, aprovechaban sus “posiciones” y para mí era un producto necesario para “regocijarme en esclavitud”.

Es complicado a veces explicarlo, pues hay términos que “cristianizados” parecen “generalizar” al ser utilizados. Sin embargo, creo que una vida congregacional puede llegar a ser productiva, pero no creo en ello como una tradición que debe ser heredada y mucho menos impuesta como herencia (y mucho menos creo en una “vida congregacional” que para imponerse como herencia es parte de un juego de intereses o apunta hacia un interés mayor que el mismo hombre). Creo en su utilidad más allá de las estructuras ficticias de la “religión organizada” (este termino no es mío, pero lo he tomado de quien lo utiliza, en mi afán de hacerme entender sin que se me perciba enemigo de alguna secta específica, a usted que sabe quién es muchas gracias sus “treguas” y “sutilidad” con la “religión organizada” seguro será fructífera).

Creo en una vida congregacional espontánea, no generada, no producida, no hecha “necesaria”, no al servicio de un sistema (aquí me detengo para aclarar también que si bien esta vida congregacional puede ser una “estructura débil” de un sistema, debe estar al servicio del hombre y no del sistema, de hecho para hacerse débil le es estrictamente necesario estar al servicio del hombre y así adaptarse o aceptarse en medio de los cambios necesarios).

Creo en una vida congregacional desvinculada de intereses políticos o religiosos (o de una política religiosa, esto tomando en cuenta la política como herramienta para conseguir poder y control dentro de la religión). Creo en una vida congregacional que no se rinde a rótulos, que nace en el encuentro, que dirige hacia la evolución mucho más que hacia el progreso (he visto que “progreso” es un término utilizado para apuntar o subrayar el resultado de la “mano del hombre” de acuerdo a sus intereses en relación a lo que se proyecta, mientras que la evolución viene a denotar todo aquello que es avance natural, desprendido de intereses prediseñados, si bien la evolución natural de una cuestión puede ser interpretada a favor de un progreso especifico y de todos los intereses que visten tal progreso, también es cierto que el mismo trayecto que va trazando la evolución natural irá desmintiendo las interpretaciones a favor de algún progreso especifico; la historia ya nos ha hablado de ello y confío en la utilidad natural de la historia que asegura que así seguirá siendo ).

Creo en una vida congregacional que no es el producto de “libertades de bolsillos”, que no es vehículo que conduce por un camino prediseñado y heredado y que ha sido señalado por la misma manía de convertir la tradición en autoridad (hago énfasis en “la misma manía”, no me refiero al hombre que se beneficia de esta manía, me refiero al vicio que lo mueve, muchas veces heredado y no percibido por él mismo). Creo en una vida congregacional que así como no es producto de “libertades de bolsillos” tampoco es nido donde se reparten esos folletos o historietas (“las libertades de bolsillos” llamo yo al resultado de la argumentación e interpretación de hechos históricos mediante métodos sistemáticos dirigidos por intereses diseñados o concluidos antes de recurrir a tales hecho históricos, por lo tanto en el camino de la argumentación e interpretación se someterá el análisis a lo ya concluido y no habrá intereses de extraer conclusiones para establecer un supuesto y a partir de allí continuar el estudio de otros aspectos de la Historia). Creo en una vida congregacional que no estorba, que no causa dependencia, que no cercena libertad y verdad (ambos unidos como un solo término), que no la coacciona, que no la condiciona.

Creo en una vida congregacional que no se somete a un sistema; que no dibuja estrictamente la reunión dentro de un local y mucho menos el cumplimiento de prerrequisitos que sin ellos no puede hablarse del dibujo que es descrito por ese término. Creo que cuando tropiezo con un amigo o amiga y nos permitimos dentro de las dos rutinas encontradas un minuto o dos horas para sonreírnos, para “actualizarnos”, para desarrollar ideas en común o contrarias, le damos vida a la cuestión congregacional productiva; creo que cuando chateo a través de cualquier red social con alguien y “discutimos” sobre puntos de igual interés o de interés opuesto le damos vida a la cuestión congregacional, respetando la libertad suprema, por lo tanto desvistiéndonos del “interés maniático” de convertir al otro a mi interés. He sentido muchas veces un mejor calor bajo esa forma congregacional y he visto mayor utilidad en ella que en lo que fue en aquellos años para mí “vida congregacional”.

Creo que la mejor vida congregacional que experimento es esa que respiro cuando estoy en mi hogar.


VARIOS PARRAFOS ESCRITOS VARIOS DOMINGOS EN UN MISMO HOGAR
Estos párrafos que quiero compartir con ustedes los he extraído de mis notas escritas algunos domingos en mi hogar, cada uno ha generado una reflexión, y pretendo unificar cada reflexión para presentar de una forma más entendible mi idea de una nueva forma de hacer sistemas al servicio del hombre… Ya estuve tentado a desarrollar más la idea, pero no quiero extenderme. En mi “obsesión” he introducido muchas de estas ideas en un nuevo proyecto que intento culminar. Gracias por el tiempo que dedican a la lectura de mis intentos de comunicación y encuentros…


“…La historia se escribe con tinta propia, tuerce, genera, produce, esparce. Se revela a la quietud, evoluciona, avanza, arrincona. El hombre, diminuto entre las garras de la historia, es llevado por los vientos que soplan desde más allá de la misma tierra, desde más allá de la naturaleza, intenta sobrevivir, intenta no desaparecer, y mientras el hombre avanza dentro del tiempo inminente, se enfrenta contra las garras de la historia y va caducando dentro del tiempo. No es la evolución enemiga del hombre, es el hombre su propio enemigo y sin saberlo quizá, en su pretensión de control y poder, hace del progreso un instrumento, de la evolución un desvío y de su propia humanidad un objetivo. Y así la historia, que ya ha dado sus pasos muere para seguir renaciendo, y el hombre enemigo de sí mismo convierte la historia en método”.

“…Ha sido la batalla humana de todos los siglos la imposición de sistemas liberales que se originan por la opresión de sistemas conservadores. Y a sido vicio de todos los siglos que el sistema liberador, siendo joven aun, mute a conservador mediante una ortodoxia sutil y le de continuidad a la batalla de todos los siglos. La aparición, nada accidental, de sistemas liberadores revelan los intentos de la historia por dejar ver su trayecto natural y la mutación de estos sistemas a opresores reflejan los causes que parten desde su trayecto natural y que son nombrados progresos aun cuando sus estructuras desmienten sus nombramientos”.

“…Yo veo la historia así como al tiempo, intocable y que todo lo abarca, y la percibo como una forma de expresión de un lenguaje, y soy tentado a creer en la historia como instrumento de búsqueda y comprensión de ese “alguien” a quien los sistemas religiosos, católicos o protestantes, llaman “Dios”. Y sé que es imposible un siglo sin sistemas pero historia y tiempo, y la lucha de la evolución natural de la historia contra el progreso manipulado, nos han dejado ver algunas de las estructuras que deben ser las bases de un sistema natural y a favor de la cuestión humana, que sea útil y no contrario al hombre y su búsqueda”.

“…Y de esta manera pienso que un sistema ha de ser débil, sujeto a la evolución natural, sin pretensión de inmortalizarse como cauce sino más bien abierto a la necesidad de cambios; también debe plantarse como un escenario de dialogo, lo que supone exaltar como cualidad la tolerancia que la ortodoxia intenta silenciar; ha de hacerse percibir como un camino amplio, de innumerables veredas, despojado de pretensiones de poder y control, en el que política, religión y demás subsistemas sean veredas de libertad y no métodos de progresos esclavizadores”.


UNA PARTE DE LA HISTORIA, VISTA A TRAVÉS DE UN DOMINGO EN MI HOGAR...
La religión protestante fue, en el primer tercio del siglo XIX, un instrumento para consolidar el ideal liberador que surgió durante los años de luchas independentistas. Tras siglos de coloniaje, de progreso construido a favor de los colonizadores, los extranjeros que pretendieron conquistar las tierras que llamaron nuevo mundo sintieron nuevamente el furor de la evolución de la historia natural, furor despertado en el hombre latino, furor que surgía de la sed por libertad, de sendero propio, de búsqueda inédita, sed que aunque puede distraerse y apagarse termina dejándose sentir en el alma y según la cantidad de años apagada así mismo es la fuerza con la que mueve al hombre. Se levantó el hombre contra la esclavitud política, contra la manipulación de ideas, contra la religión como instrumento de un progreso cuyas estructuras desfavorecían al mismo hombre. Un huracán de conflictos arrasó contra el orden impuesto tras siglos de coloniaje y se pretendió encontrar independencia a través de la renovación de las estructuras que conformaban el sistema imperante.

Fue un proceso lento, y entre otras estructuras se creyó necesaria la renovación de la religión, una religión propia se hacía necesaria, un instrumento que permitiera la búsqueda del Dios sin que ésta sirviera de tropiezo al ideal liberador y que a su vez fuera un arma contra la religión católica que había venido a ser un sistema religioso al servicio del poder y control social de una política que rebajaba la posición del hombre latino, pues hasta el momento solo había logrado cercenar la libertad. Se encontró en la religión protestante un aliado. Así los independentistas adoptaron y esparcieron a un ritmo lento la fe protestante y más lentamente se fue clavando de raíz en la región latinoamericana, sin embargo, los años de campaña independentista no vieron el éxito de la pretensión de sus precursores a través de la religión. Pero en el primer tercio del siglo XIX ya echaba raíces en varios países y en los países que adoptaron el protestantismo se notó el debilitamiento, desde la religión, de las bases del sistema opresor que aun no desaparecía del todo. Se redescubrió que la interpretación y práctica de la fe que ofrecía el protestantismo era adecuada para el movimiento liberador y se retomó, como instrumento afianzando, las estrategias desde el control social y el poder económico. Así se logró separar la religión católica del Estado en los países liberales, y esto resultó en independencia educativa, la educación ya no era controlada por la religión sino por el estado, la secularización de la religión, el despojo de su poder monolítico, redujo su alcance.

La religión católica se apresuró a mutar para encontrar un lugar dentro del nuevo escenario latinoamericano y redujo, más obligada que por decisión propia, su ambición de poder y control social. El vacío que dejó su mutación fue abarcado por la nueva religión protestante.

Sin embargo, la religión protestante no era del todo inédita, y otras regiones aprovecharon el escenario para incrustarse también en el nuevo mundo y desarrollar una nueva forma de coloniaje que daría vida, mediante una no muy lenta mutación del joven sistema liberador, a un nuevo sistema opresor que se conocería como imperialismo. La nueva religión serviría de vehículo, y éstas regiones y sus ideales fueron aceptados sin oposición, al principio, como aliadas del nuevo sistema liberador. De esta forma, la pretensión de la religión como un camino más amplio, originada en los años de independencia, y la urgencia de una ruptura violenta con la religión católica tomada en serio en los años de expansión liberadora, llevó al hombre a cometer los mismos errores sistemáticos, esta vez a favor del nuevo ideal.

Ha sido la batalla humana de todos los siglos: la imposición de sistemas liberales que se originan por la opresión de sistemas conservadores. Y a sido vicio de todos los siglos que el sistema liberador, siendo joven aun, mute a conservador mediante una ortodoxia sutil y le de continuidad a la batalla de todos los siglos. La aparición, nada accidental, de sistemas liberadores revelan los intentos de la historia por dejar ver su trayecto natural y la mutación de estos sistemas a opresores reflejan los causes que parten desde su trayecto natural y que son nombrados progresos aun cuando sus estructuras desmienten sus nombramientos. Hoy ambos sistemas religiosos han logrado sobrevivir en el escenario de la historia latinoamericana y dentro de la dinámica de sistemas libradores contra sistemas opresores, y para ello han establecido treguas dentro de sí mismo en relación a sus pretensiones y posiciones, han usado instrumentos y canonizado palabras que llegan a integrar una ortodoxia propia, limitando la sed de búsqueda del hombre.

Yo veo la historia así como al tiempo, intocable y que todo lo abarca, y la percibo como una forma de expresión de un lenguaje, y soy tentado a creer en la historia como instrumento de búsqueda y comprensión de ese alguien a quien los sistemas religiosos, católicos o protestantes, llaman Dios. Y sé que es imposible un siglo sin sistemas pero historia y tiempo, la lucha de la evolución contra el progreso manipulado, nos han dejado ver algunas de las estructuras que deben ser las bases de un sistema natural y a favor de la cuestión humana, que sea útil y no contrario al hombre y su búsqueda. Y de esta manera pienso que un sistema ha de ser débil, sujeto a la evolución natural, sin pretensión de inmortalizarse como cauce sino más bien abierto a la necesidad de cambios; también debe plantarse como un escenario de dialogo, lo que supone exaltar como cualidad la tolerancia que la ortodoxia intenta silenciar; ha de hacerse percibir como un camino amplio, de innumerables veredas, despojado de pretensiones de poder y control, en el que política, religión y demás subsistemas sean veredas de libertad y no métodos de progresos esclavizadores, yo insisto hasta el cansancio, es tiempo de generar estructuras débiles a fin de hacer morir “el sistema” e iniciar la era de “los escenarios”.


TRAYECTO NATURAL DE LA HISTORIA, CONCIENCIA HISTORICA, ESTRUCTURAS DEBILES (VISIÓN DE ESCENARIOS).
Aquí voy con esto, y pido disculpa por la manera informal en que lo presento, pero va naciendo un domingo y los domingos, borracho de hogar y fumando tranquilidad, me siento libre para meditar y plasmar esto que nace de mi necesidad de hacer más comprensible lo que he llamado hasta ahora una “visión de escenarios”, que puede generarse mediante la "conciencia histórica" de su constante aparición en el trayecto natural de la historia. Y esta compresión, comienzo a sospechar, depende de que se logre aceptar como construible a partir del contexto actual.

Apunto hacia la “muerte natural de la visión sistemática” y hacia el nacimiento de escenarios donde los bloques inmersos dentro de las estructuras de lo que hasta hoy se percibe como sistema sean más bien ambientes de supervivencia de la especie humana y las estructuras sean veredas dentro del escenario. Esta visión generaría a su vez la muerte de ideales que suponen la supremacía del más fuerte de acuerdo a su habilidad de control, generando actitudes “inhumanas”, hoy asimiladas y aceptadas como parte de la misma condición humana, ya que se han instaurado normales y necesarias también, provocando la autoridad de conceptos totalitaristas y absolutistas que marcan las definiciones del éxito y el progreso, irónicamente contrarias a nuestra evolución en sintonía con la historia. De estas definiciones que surgen de aquellos conceptos (totalitaristas y absolutistas), que se han provocado por actitudes inhumanas y son el resultado de ideales de control (todo esto un juego que crea la misma visión sistemática) se alimenta la pretensión de poder que ha venido a regir la dirección de los cauces llamados progresos. Y esta pretensión de poder la creemos ya inseparable de los bloques inmersos dentro de las estructuras más generales del sistema que afecta nuestra edad, tanto que es defendida y protegida (la pretensión de poder) sin tomar en cuenta que rebaja la cuestión humana y la hace sierva de formas sutiles de esclavitud, esclavitud que hace suponer que la libertad es un solo camino, y es el mejor camino, y por lo tanto el único, aquel más numeroso, más antiguo y de mayor alcance (creencia que depende de ideales construidos sobre la tradición como instrumento de autoridad y no como arte y carácter de la historia escrita), así se crea la negación a la facultad de cuestionar, de encontrar orígenes y medir proyecciones, predicándose dentro de cada bloque (auto nombrado el mejor y único camino) hermandad y tolerancia, como si eso pudiera llamarse hermandad y tolerancia siendo más bien exclusivismo, característica de vicios totalitaristas y absolutistas que siguen manchando la historia y aberrando nuestra condición humana, dándole un sentido cada vez más contrario a su esencia. Hoy se hace necesario un alto, y una pausa en los causes construidos a partir del trayecto natural de la historia y volver a él para tomar su dirección que es más real y humana.


Hasta ahora entiendo que se perciba utópico mi planteamiento de restar espacio a la forma como se generan hasta ahora sistemas, estructuras y bloques que rigen nuestra interacción humana, sobre todo al manifestar que apunto hacia la “muerte natural de la visión sistemática”, pero puedo decir que esta visión puede afectar nuestro aquí y ahora, y puedo decirlo sin el temor tonto de sentirme utópico e idealista. Me confieso atado, en otros tiempos, a este temor, me confieso aun fatalista al mismo tiempo que prisionero de esperanzas, me confieso aun amante del futuro sabiendo o creyendo saber que el futuro es una manifestación del tiempo nunca tangible, carente de “destino” como estado lugar, y tal vez estos son mis errores, pero me mantienen en movimiento y en constante búsqueda, así que no los menosprecio ni me menosprecio por ellos.

He visto que una edad se construye a sí misma (en unidad con el hombre) sobre las bases de la última (a manera de oposición a la edad que muere) y que esta última viene a generar los conceptos y supuestos que alimentarán a la naciente y allí creo que está el punto de encuentro de las edades y la unidad de la historia misma con el hombre y su cualidad evolutiva (ya que estos encuentros vienen a ser como eslabones en su evolución, la de hombre e historia como unidad). Por eso creo necesaria una “conciencia histórica” (no como facultad de la historia separada del hombre, sino de la historia en el hombre mientras el hombre se sumerge en la historia) y que esta sirva de instrumento a la visión de escenarios como sustituta de la visión de sistemas. Y creo que esta conciencia histórica y la posible pretensión de esta visión como planteamiento recuperable por la edad próxima para la construcción de sí misma va ubicándola dentro del contexto actual mirado desde “el futuro” (mi pecado, mi error), así como también asimilar la necesidad de estructuras débiles y de generar espacios para sus orígenes es el punto que amenaza con romper con la utopía dentro de mi planteamiento. Sin embargo, sigo insatisfecho con su inserción en el contexto actual limitada a una mirada desde una edad próxima, es decir, asimilar la necesidad no garantiza la acción a favor de lo que he definido como estructura débiles que vendrían a establecer la visión de escenarios. ¿Cómo generar las estructuras débiles? Considero que llegar a la respuesta sería causar un leve estallido que ubicaría aun más esta propuesta dentro del contexto actual. De manera que me siento en la necesidad no de construir o generar estructuras débiles, sino de hacerlas percibir construible y generables.

En este punto es donde intento constantemente la apertura del dialogo referente al tema, dialogo abierto, arrojando proposiciones e intentando mantenerme al margen de la ambición progresista para adecuarme más bien al ritmo evolutivo. Así que voy proponiendo la ruptura de la percepción del éxito evolutivo basado en la proliferación de un solo escenario y el proselitismo como gasolina del motor evolutivo, es decir, propongo que, mientras siga viva la visión de sistema se intente percibir el éxito evolutivo ligado a una cualidad de mantener el respeto y la valorización del hombre sin someter respeto y valor del hombre a creencias (incluso sistemáticas). Entiendo que, a simple vista, esto hace débil la pretensión de hacer imperante la visión de escenarios y que esta ahogue la de sistemas, pero ya lo he dicho antes: “confío en el trayecto natural de la historia” y en la utilidad de los caracteres naturales que ha arrojado “segundos” antes de sufrir “orígenes de progresos”. Yo creo necesariamente adaptable esta visión incluso a los bloques inmersos dentro de la visión sistemática, y lo creo necesario porque a través de esa débil cualidad de introducirse al servicio de los bloques sistemáticos se puede originar (como naturalmente está sucediendo en muchos bloques en el intento de recuperarse el trayecto) el estallido de las ambiciones totalitaristas y absolutistas, que someten a esclavitudes nombradas libertades; y creo que ese proceso natural (la inserción de la debilidad dentro de las estructuras de la visión actual) evita daños sobre la cuestión humana a manera que la evolución histórica va imponiendo su ritmo y la visión de escenario va instaurándose desde la visión actual, alineándonos al proceso natural (“evolucionista” “¿evolutista?”) romperemos con el vicio progresista y todos sus componentes que desvían al hombre del trayecto natural y que adormece su conciencia histórica. De esta forma planteo la muerte de “la visión sistemática” como un proceso natural en el que el hombre recupera su sintonía con la historia.

Por ahora me conformo con estas dos proposiciones: “la ruptura de la percepción del éxito evolutivo basado en la proliferación de un solo escenario y el proselitismo como gasolina del motor evolutivo”. Que llevan a la construcción de estructuras débiles para erigir escenarios donde hay sistemas. Por ahora lo creo suficiente para desligar mi planteamiento de la seducción utópica. Aun me quedan muchas proposiciones, pero intento avanzar sin afán, trato de aprender de la historia y mantenerme consiente de ella y mi unidad con ella, así que seguiré “arrojando” (termino que, bajo este contexto, agradezco a Carolina García) mi confianza en el ritmo natural de la historia y me permitiré por ahora un pecado poético (sí, tal vez otro de mis errores) para decir que “pretendo escuchar su canción y bailar junto a ella su ritmo”

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